Movimiento de los Focolares
«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios» (Is 52, 10).

«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios» (Is 52, 10).

Llevado al exilio en Babilonia, el pueblo de Israel lo ha perdido todo: su tierra, a su rey, el templo, y con él la posibilidad de dar culto a su Dios, lo cual lo había empujado a salir de Egipto en el pasado.

Y he aquí que la voz de un profeta hace un anuncio sorprendente: es hora de volver a casa. Una vez más, Dios intervendrá con poder y llevará de nuevo a los israelitas cruzando el desierto hasta Jerusalén. Y de ese evento prodigioso serán testigos todos los pueblos de la tierra:

«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

También hoy la crónica está llena de noticias alarmantes: personas que se quedan sin trabajo, salud, seguridad ni dignidad; jóvenes que ven peligrar su futuro a causa de la guerra, de la pobreza provocada por los cambios climáticos en sus países; pueblos que ya no tienen tierra ni paz ni libertad.

Un escenario trágico afecta a todo el planeta, nos deja sin aliento y ensombrece el horizonte. ¿Quién nos salvará de la destrucción de todo lo que creíamos poseer? La esperanza parece fuera de lugar. Y sin embargo, el anuncio del profeta es también para nosotros:

«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

Su palabra revela la acción de Dios en la historia personal y colectiva e invita a abrir los ojos a los signos de este proyecto de salvación. De hecho esta ya está actuando en la pasión educativa de una maestra, en la honestidad de un empresario, en la rectitud de una administrativa, en la fidelidad de los esposos, en el abrazo de un niño, en la ternura de un enfermero, en la paciencia de una abuela, en la valentía de hombres y mujeres que se oponen pacíficamente a la criminalidad, en la acogida de una comunidad.

«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

Se acerca la Navidad. En el signo de la inocencia desarmada del Niño, podemos reconocer una vez más la presencia paciente y misericordiosa de Dios en la historia humana y testimoniarla con nuestras decisiones a contracorriente:

«[…] en un mundo como el nuestro, en el que se teoriza sobre la lucha, la ley del más fuerte, del más astuto y del que no tiene escrúpulos, y donde a veces todo parece paralizado por el materialismo y el egoísmo, la respuesta es el amor al prójimo. Esta es la medicina que le puede devolver la salud. […] Es como una ráfaga de calor divino que se irradia y se propaga, penetrando en las relaciones entre una persona y otra, entre un grupo y otro, y transformando poco a poco la sociedad» [1].

Como para el pueblo de Israel, también para nosotros ha llegado el momento de ponernos en camino; es la ocasión propicia para dar un paso adelante con decisión hacia todos aquellos –jóvenes o ancianos, pobres o
migrantes, parados o sin techo, enfermos o presos– que esperan un gesto de atención y de cercanía, testimonio de la presencia dócil, pero eficaz del amor de Dios en medio de nosotros.

Hoy, los confines hasta los que hay que llevar este anuncio de esperanza son sin duda los geográficos, que tan a menudo se convierten en muros o dolorosas líneas de guerra; pero también los culturales y existenciales. Además, una aportación eficaz para superar la agresividad, la soledad y la marginación puede provenir de comunidades digitales, encarnadas en muchos casos por jóvenes.

Como escribe el poeta congoleño Henri Boukoulou: «¡Oh, divina esperanza! He aquí que en el sollozo desesperado del viento se esbozan las primeras frases del más hermoso poema de amor. ¡Y mañana es la esperanza!» [2]

Letizia Magri y el equipo de la Palabra de Vida


[1] C. LUBICH, Palabra de vida de mayo de 1985: Palabras de Vida/1 (1943-1990) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 339-340.

[2] Cf. AA.VV. Poeti Africani Anti-Apartheid, I vol., Edizioni dell’Arco, Milano, 2003.

Foto: © Ryutaro – Pexels

Una esperanza sin fronteras

Una esperanza sin fronteras

Ante los desafíos globales, los escenarios trágicos que afectan al planeta y las noticias que nos llegan, parece que todo se conjure para quitarnos el aliento, oscureciendo el horizonte. La esperanza aparece como un bien frágil, casi un espejismo. Por eso parece natural hacerse esta pregunta: ¿podemos todavía esperar un futuro mejor para la humanidad, o estamos condenados a la resignación?

En esta circunstancia puede ayudarnos lo que piensa el filósofo alemán Ernst Bloch (1885-1977): “la esperanza no es una ilusión pasiva, sino un ‘sueño hacia adelante’, un principio activo que anticipa aquello que todavía no se ha dado. Está vinculada a la idea de que el futuro está abierto y es moldeable, no predeterminado” [1].

Es así como cada uno de nosotros “puede seguir esperando”, como quien sueña despierto. Si sabemos mirar con atención, podemos vislumbrar el alba de un nuevo despertar que ya está presente. Lo vemos en la pasión educativa de una maestra, en la honestidad de un emprendedor, en la rectitud de quien administra con integridad, en la fidelidad de una pareja, en el abrazo de un niño, en el cuidado de una enfermera, en la paciencia de una abuela, en el coraje de quien resiste pacíficamente a la violencia, en la acogida de una comunidad.

Más aún nos habla de esperanza el testimonio de los niños en los lugares de guerra, donde encuentran espacios protegidos en los que custodiar el futuro. Así lo muestran los dibujos realizados por las niñas y los niños que participan en los programas de apoyo psicosocial de SavetheChildren. Entre lápices y colores emergen sueños de convertirse en médicos, escritores o diseñadores de moda… Estos lugares seguros donde se reúnen les ofrecen un entorno donde jugar, expresarse e imaginar un futuro más allá del conflicto. Los trabajos fueron difundidos con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, el pasado 10 de octubre de 2025, y testimonian la resiliencia de los más pequeños frente a la guerra[2].

Y no menos importante, encontramos esperanza en millones de personas en todo el mundo — niños, jóvenes, adultos y ancianos— que, golpeados por enfermedades graves, afrontan con fuerza, tenacidad y resiliencia el desafío de superar este obstáculo que la vida ha puesto en su camino. ¡Cuánta valentía y cuánta lección de amor por la vida nos ofrecen estas personas!

Estos signos, pequeños y cotidianos, nos recuerdan que la esperanza no es una ilusión, sino una fuerza real, fruto del amor que se irradia y que es capaz de transformar la sociedad paso a paso.

Todos tienen sed de esperanza, tanto los que están cerca de nosotros como los que están lejos (física, existencial o culturalmente). Esta idea nos invita a no quedarnos quietos, sino a dar un paso para llevar esperanza a quienes la necesitan y han perdido el sentido de la vida.
Acerquémonos con un gesto de atención, haciéndonos prójimos, llevando nuestro amor con delicadeza y gratuidad. Son muchos los que lo esperan, y estamos llamados a alcanzarlos a todos.
Como escribe el poeta congoleño Henri Boukoulou: «[…] ¡Oh, divina esperanza! He aquí que, en el sollozo desesperado del viento, se trazan las primeras frases del más bello poema de amor. Y mañana… ¡es la esperanza!» [3].

Foto: © Freepik.com

[1]Ernst Bloch (1885-1977), Das Prinzip Hoffnung (1954-1959)-“Il principio speranza” (ed. italiana)

[2]https://www.cittanuova.it/multimedia/i-sogni-dei-bambini-di-gaza-tra-guerra-e-colori

[3]Cf. AA.VV. Poeti Africani Anti-Apartheid, I vol., Edizioni dell’Arco, Milano, 2003.

LA IDEA DEL MES, es elaborada por el «Centro para el diálogo con personas de convicciones no religiosas» del Movimiento de los Focolares. Se trata de una iniciativa nacida en 2014 en Uruguay para compartir con amigos no creyentes los valores de la Palabra de Vida que es la frase de la Escritura que los miembros del Movimiento se esfuerzan por poner en práctica en su vida cotidiana. Actualmente LA IDEA DEL MES es traducida a 12 idiomas y se distribuye en más de 25 países, con adaptaciones del texto según las diferentes sensibilidades culturales. www. dialogue4unity.focolare.org