16 Nov 2020 | Sin categorizar
En la espiritualidad de la unidad la persona no solo busca a Dios en el interior de su alma, sino que descubre su presencia en el espacio que se abre cuando dos o más personas se aman en el espíritu del Evangelio. La imagen que usa Chiara Lubich para describir esta realidad es la de un castillo: no interior, sino exterior. Para los que recorren el camino de la unidad, Jesús en medio de los hermanos es esencial. Es necesario mantener siempre viva su presencia so pena de fracaso personal. Y precisamente esta presencia caracteriza el carisma de la unidad. Así como los dos polos de la luz eléctrica, aunque haya corriente, no producen luz hasta que no se unen, pero lo harán en cuanto entren en contacto, del mismo modo dos personas no pueden experimentar la luz propia de este carisma hasta que no se unen en Cristo mediante la caridad. En este camino de la unidad todo tiene significado y valor –en el trabajo, en el estudio, también en la oración y en el aspirar a la santidad, lo mismo que en la irradiación de la vida cristiana– si se da la presencia de Jesús en medio de los hermanos, que es la “norma de las normas” de esta vida. En esta espiritualidad alcanzamos la santidad si hacemos una marcha en unidad hacia Dios. […] Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, habla de un “castillo interior”: la realidad del alma habitada en el centro por Su Majestad, que hay que descubrir y que debe iluminarlo todo durante la vida superando las distintas pruebas. Este es el culmen de la santidad en un camino prevalentemente individual, aunque luego ella arrastraba a esta experiencia a todas sus hijas. Sin embargo, ha llegado el momento, al menos, nos parece así, de descubrir, iluminar y edificar, además del “castillo interior”, también el “castillo exterior”.[…] Pero si tenemos en cuenta que esta nueva espiritualidad que Dios le dona hoy a la Iglesia llega incluso a responsables de la sociedad y de la Iglesia, comprenderemos inmediatamente que este carisma […] tiende a hacerlo también (el castillo exterior) con el tejido social y eclesial. El Santo Padre, hablando recientemente a unos setenta Obispos amigos del Movimiento, dijo: «El Señor Jesús […] no llamó a los discípulos a seguirlo individualmente, sino que su llamada era inseparablemente personal y comunitaria. Y si esto es verdad para todos los bautizados –continúa el Papa– es válido de un modo especial […] para los apóstoles y sus sucesores, los obispos”1. De este modo, esta espiritualidad, como todos los carismas, está hecha para todo el pueblo de Dios, cuya vocación es ser cada vez más uno y más santo..
Chiara Lubich
De: Una espiritualidad de comunión. Cf. Chiara Lubich, La Doctrina espiritual, Buenos Aires 2005, pp. 66-67. 1) Insegnamenti di Giovanni Paolo II, XVIII (1995) 1, Città del Vaticano 1997, p.382.
14 Nov 2020 | Sin categorizar
Un Webinar promovido por la Comisión Pontifica para América Latina abierto a todos, para reflexionar y analizar el impacto y las consecuencias del Covid-19. La transformación social, económica, política y el pensamiento del Papa Francisco.
El seminario virtual con el título Latinoamérica: Iglesia, Papa Francisco y el escenario de la pandemia tendrá lugar el 19 y 20 de noviembre y estará abierto a todos los interesados en esta parte del mundo, que ha sido tan fuertemente afectada por el virus; un escenario que ya era complicado por sus grandes áreas de pobreza y marginación. Es organizado por la Comisión Pontificia para Latinoamérica, por la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y por la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM). La cita tiene como objetivo reflexionar y analizar la situación de la pandemia en el continente latinoamericano, sus consecuencias y, sobre todo, las líneas de acción y de ayuda de los gobiernos y de la Iglesia. El Papa se hará presente con un video mensaje y entre otros participarán el Card. Marc Ouellet, Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, Mons. Mons. Miguel Cabrejos Vidarte, Presidente del CELAM, Carlos Afonso Nobre, Premio Nobel de la Paz en el 2007, el economista Jeffrey D. Sachs, Director del Centro para el desarrollo sostenible de la Columbia University y Gustavo Beliz, Secretario de asuntos estratégicos de la Presidencia argentina. En la nota introductoria al seminario se explica que en todo el continente latinoamericano, como en el resto del mundo, es imposible calcular los daños de la pandemia: “En muchos casos, los efectos negativos de la clausura de las fronteras y las consecuentes repercusiones sociales y económicas son sólo el inicio de una espiral de daños que todavía no se han cuantificado, mucho menos existe la receta de una solución a medio término”. Por ello el seminario será la ocasión de un encuentro y de un diálogo amplio entre la acción misionera y pastoral de la Iglesia católica y el aporte de varios especialistas del mundo de la economía y de la política, para poder potenciar una red cultural y operativa y garantizar así un futuro mejor para el continente. También el Papa Francisco se hará presente con la presentación de la Task Force contra el Covid-19, instituida por él y representada en el seminario por su director quien expondrá el trabajo. En tiempos de incertidumbre y de falta de futuro la Iglesia mira hacia el “continente de la esperanza” y busca instrumentos compartidos que puedan transformar la crisis en oportunidad o al menos permitir encontrar caminos para salir de ella. El programa del evento Inscríbete aquí
Stefania Tanesini
13 Nov 2020 | Sin categorizar
El Global Compact on Education, ideado por el Papa Francisco, invita a todas las personas a adherir a un Pacto. De ello hablamos con Silvia Cataldi, socióloga, docente de la Universidad La Sapienza de Roma
Los protagonistas son ellos, depositarios de la esperanza de un mundo más justo, solidario y en paz. El Global Compact on Education, que el Papa Francisco ha promovido, apunta a los jóvenes como destinatarios de los recorridos educativos y al mismo tiempo como agentes de los mismos. Se los involucra junto a sus “familias, las comunidades, los colegios y las universidades, las instituciones las religiones y los gobernantes” en una “alianza educativa” para una humanidad más fraterna y en paz. Se habló de todo ello durante el encuentro “Juntos para mirar más allá” que se llevó a cabo en la Pontificia Universidad Lateranense (Roma) el 15 de octubre, durante el cual el Santo Padre, en un video mensaje, exhortó a todas las personas de buena voluntad a que adhiriesen al Pacto. Estaba presente Silvia Cataldi, socióloga, docente en la Universidad La Sapienza de Roma, y ella comenta las palabras del Papa. En los últimos años registramos un fuerte protagonismo de los jóvenes sobre los grandes temas de la actualidad. Parece obsoleto el modelo educativo que los ve como sujetos pasivos… “A menudo el límite de los modelos educativos es el de malinterpretar la cultura como memorismo. El pedagogo Paulo Freire habla de “educación depositaria”, en la que el saber puede ser volcado o depositado como en un contenedor. Sin embargo, este saber tiene dos riesgos: el de que quede abstracto y desenganchado de la vida, o el de presuponer una visión jerárquica del saber. Respecto de esto, el Pacto me impacta como educadora, porque nos invita a escuchar el grito de las jóvenes generaciones, a dejarnos interpelar por sus cuestiones. Debemos darnos cuenta de que la educación es un recorrido participado, no unidireccional”. Entonces, ¿qué significa educar? “El término cultura viene de colere y significa cultivar. Por lo tanto, es un verbo “sedentario”, hay que estar allí, dedicar tiempo y espacio, arrancar por las preguntas y no por la formulación de respuestas que se proveen. Pero tiene también el significado de cuidar y amar. Por ello me impacta mucho el Pacto, que dice con fuerza que “la educación es sobre todo una cuestión de amor”. Cuando se habla de amor uno piensa en el corazón, en el sentimiento. Pero en realidad el amor tiene una dimensión eminentemente práctica y exige las manos. Entonces, nosotros educadores hacemos nuestro trabajo sólo si sabemos reconocer que la educación es cuidar. El cuidado cotidiano es un gesto revolucionario porque es un elemento de crítica y de transformación del mundo. Lo explica muy bien Hannah Arendt cuando dice que “la educación es el momento que decide si nosotros amamos lo suficiente al mundo, pues conduce a su transformación”. ¿Cómo conseguir que el Pacto no quede en un simple llamado? La invitación a la fraternidad universal –el corazón del Pacto– tiene implicaciones importantes, pero para que realmente tenga un poder transformador debe promover un cambio de perspectiva que conduzca a acoger las diversidades y sanar las desigualdades. Dice el sociólogo francés Alain Caillé que la “fraternidad es plural”, y ello significa que mientras en el pasado la fraternidad era sólo entre iguales, consanguíneos, en una clase o en un grupo, hoy exige reconocer “la especificidad, la belleza y la unicidad” de cada uno. Además, si somos todos hermanos, entonces cambia nuestro modo de concebir la realidad porque la miramos desde una perspectiva específica, que es la de los últimos, y estamos impulsados a actuar, por ejemplo para tutelar los derechos fundamentales de los niños, las mujeres, los ancianos, los discapacitados y los oprimidos”.
Claudia Di Lorenzi
11 Nov 2020 | Sin categorizar
El compromiso de los jóvenes de los Focolares de Ho Chi Minh en Vietnam con las personas en dificultad: atender sus necesidades distribuyendo 300 paquetes de mercaderías a las familias y 370 pequeños obsequios para los niños.
En el mes de julio de 2020, algunos Gen2, de los Focolares de la ciudad de Ho Chi Minh, en Vietnam, querían hacer algo concreto para la operación #daretocare – la campaña de los jóvenes de los Focolares para “hacerse cargo” de nuestras sociedades y del planeta -, para ayudar a las personas de la comunidad necesitadas. Decidieron ir a compartir su amor en el distrito de Cu M’gar de la provincia de Dak Lak. Es un lugar con la mayor superficie cafetera y la gente es de otra etnia. Está a 8 horas de coche del HCMC. “Empezamos a envasar y vender fruta, yogur y batatas online. Recolectamos ropa usada para adultos y niños, recibimos algunas donaciones, y cuando terminaron las restricciones por COVID19, pudimos vender mercadería como “recaudación de fondos” a la parroquia. Durante la preparación fue un gran desafío para nosotros ver las cosas juntos, no faltaron los malentendidos y los desacuerdos. Pero sabiendo que hay 300 familias esperándonos, seguimos adelante con amor, paciencia y un poco de sacrificio.
Del 17 al 18 de octubre, con 30 jóvenes enérgicos y entusiastas, hicimos un viaje significativo. Pudimos distribuir 300 paquetes de mercaderías a las familias y 370 pequeños obsequios para los niños. Durante el viaje nos dimos cuenta de lo afortunados y felices que somos con respecto a la situación de estas familias. Compartimos lo que trajimos para demostrar nuestro amor, pero al final recibimos más AMOR a través de sus sonrisas… De hecho, cada vez que nos acercamos a ellos se siente como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo. Durante el viaje algunos jóvenes trajeron a sus amigos. Éramos de diferentes partes de Vietnam. Estábamos contentos de conocernos, de reír y trabajar juntos como hermanos y hermanas sin distinción. Gracias por este proyecto #daretocare, una buena excusa para trabajar juntos y construir esta fraternidad entre nosotros”.
Los gen y los jóvenes de los Focolares en Vietnam
9 Nov 2020 | Sin categorizar
Una espiritualidad comunitaria conoce también una “purificación” comunitaria, como explica Chiara Lubich en el siguiente texto. Así como el hermano amado con el estilo del Evangelio, es causa de enorme alegría, así la ausencia de relaciones y de unidad con los demás puede causar sufrimiento y dolor. Puesto que tampoco el camino comunitario es ni puede ser solo eso, sino que es también plenamente personal, una experiencia que en general hacemos es que cuando estamos solos después de haber amado a los hermanos, sentimos en el alma la unión con Dios. […] Por ello se puede afirmar que quien va hacia el hermano […], amando como el Evangelio enseña, descubre que es más Cristo, más «hombre». Y dado que procuramos estar unidos a los hermanos, además del silencio amamos de modo especial la palabra, que es un medio para comunicarse. Hablamos para «hacernos uno» con los hermanos. En el Movimiento, hablamos para comunicarnos nuestras experiencias sobre la Palabra de Vida o sobre nuestra vida espiritual, conscientes de que el fuego cuando no se comunica se apaga y de que esta «comunión del alma» tiene un gran valor espiritual. San Lorenzo Giustiniani decía: “(…) Nada en el mundo da mayor alabanza a Dios y lo revela más digno de alabanza que el humilde y fraterno intercambio de dones espirituales…”[1]. […] Y cuando no hablamos, escribimos: cartas, artículos, libros, diarios para que el Reino de Dios avance en los corazones. Usamos todos los medios modernos de comunicación. […] También en nuestro Movimiento practicamos las mortificaciones que son indispensables en toda vida cristiana, hacemos penitencia, sobre todo la que aconseja la Iglesia, pero nos gusta especialmente la que nos brinda la vida de la unidad con los hermanos. Esta vida no resulta fácil para el «hombre viejo», como lo llama san Pablo[2], que está siempre dispuesto a abrirse paso dentro de nosotros. Además, la unidad fraterna no se realiza de una vez por todas; es preciso reconstruirla siempre. Y si, cuando la unidad existe -y por ella la presencia de Jesús en medio de nosotros- experimentamos la inmensa alegría prometida por Jesús en su oración por la unidad, cuando la unidad falta se infiltran las sombras y la desorientación. Entonces vivimos en una especie de purgatorio. Y esta es la penitencia que tenemos que estar dispuestos a afrontar. Aquí es donde debe entrar en acción nuestro amor por Jesús crucificado y abandonado, clave de la unidad. Es en ese momento cuando, por amor a Él, resolviendo primero en nosotros cualquier dolor, hacemos de todo para recomponer la unidad.
Chiara Lubich
De: Una espiritualidad de comunión. Cf. Chiara Lubich, La Doctrina espiritual, Buenos Aires 2005, pp. 65-66. [1] S. Lorenzo Giustiniani, Disciplina e perfezione della vita monastica, Roma 1967, p. 4. [2] Hombre viejo: en el sentido paulino de hombre prisionero del propio egoísmo, Cf. Ef 4,22.
7 Nov 2020 | Sin categorizar
El economista Luigino Bruni, uno de los expertos llamados por el Papa a formar parte de la Comisión Vaticana Covid-19, está convencido de que la lección de la pandemia ayudará a redescubrir la verdad profunda conectada a la expresión “bien común”.
Salud, educación, seguridad son el arquitrabe de cualquier nación y por ello no pueden quedar libradas al juego del lucro. El economista Luigino Bruni, uno de los expertos llamados por el Papa Francisco a formar parte de la Comisión Vaticana Covid-19 (Proyecto “Covid 19 Construir un futuro mejor”, creado en colaboración entre el Dicasterio para la Comunicación y el del Desarrollo Humano Integral), está convencido de que la lección de la pandemia ayudará a redescubrir la verdad profunda conectada a la expresión “bien común”. Porque él sostiene que todo es fundamentalmente bien común: lo es la política en su sentido más alto y lo es la economía que apunte al hombre más que al interés. Pues bien, en este nuevo paradigma global que puede nacer del post-Covid la Iglesia –él afirma– debe hacerse “garante” de ese patrimonio colectivo, en cuanto ella es ajena a las lógicas del mercado. La esperanza para Bruni es que esa experiencia condicionada por un virus sin confines no nos haga olvidar “la importancia de la cooperación humana y de la solidaridad global”. Usted forma parte de la Comisión Vaticana COVID 19, el mecanismo de respuesta instituido por el Papa Francisco para afrontar una pandemia sin precedentes. Personalmente, ¿qué espera aprender de esta experiencia? ¿De qué manera la sociedad, en su conjunto, podrá inspirarse en el trabajo de la Comisión? Lo más importante que aprendí de esta experiencia es la importancia del principio de precaución y de los bienes comunes. El principio de precaución, pilar de la Doctrina de la Iglesia, el gran ausente en la fase inicial de la epidemia, nos dice algo extremadamente importante: el principio de precaución es vivido de una manera obsesiva a nivel individual (pensemos en los seguros que están ocupando el mundo) pero está totalmente ausente a nivel colectivo, lo cual hace que las sociedades del siglo XXI sean muy vulnerables. Por ello esos países que habían salvado un poco de welfare state se demostraron mucho más fuertes que los que se gestionaban enteramente por el mercado. Y luego los bienes comunes: un mal común nos reveló qué es el bien común y la pandemia nos ha hecho ver que con los bienes comunes son necesarias las comunidades y no sólo el mercado. La salud, la seguridad, la educación no pueden quedar libradas al juego del lucro. El Papa Francisco le ha pedido a la Comisión COVID 19 que prepare el futuro en lugar de prepararse para el futuro. En esta empresa, ¿cuál tendría que ser el rol de la Iglesia Católica como institución? La Iglesia Católica es una de las poquísimas (si no es la única) institución que garantiza y custodia el bien común global. No teniendo intereses privados, puede tratar de alcanzar el interés de todos. Por ello hoy es muy escuchada, y por esa razón tiene una responsabilidad que ejercer a escala mundial. ¿Qué enseñanzas personales (si las ha tenido) ha sacado de la experiencia de esta pandemia? ¿Qué cambios concretos espera ver después de esta crisis, tanto desde un punto de vista personal como global? La primera enseñanza es el valor del bien relacional: no pudiendo abrazarnos en estos meses, he vuelto a entender el valor de un abrazo y de un encuentro. El segundo: podemos y debemos tener muchas reuniones online y mucho smart working, pero para decisiones importantes y encuentros decisivos las redes no son suficientes, es necesario el cuerpo. Por ello, el boom de lo virtual nos está haciendo descubrir la importancia de los encuentros de carne y hueso y de la inteligencia de los cuerpos. Espero que no olvidemos las lecciones de estos meses (porque el hombre olvida muy rápidamente), en particular la importancia de la política como la hemos redescubierto en estos meses (como el arte del bien común contra los males comunes), y también espero que no nos olvidemos de la importancia de la cooperación humana y la solidaridad global.
Preparar el mundo post-covid significa también preparar a las generaciones futuras, las que en un mañana se verán llamadas a decidir y a trazar nuevos caminos. La educación, en este sentido, ¿no es acaso un “gasto” que hay que considerar, incluso en tiempos de crisis? La educación, sobre todo la de los niños y jóvenes, es mucho más que un “gasto”… es la inversión colectiva con la tasa más alta de rendimiento social. Espero que cuando se reabran las escuelas y colegios en esos países en donde aún están cerrados, se considere un día de fiesta nacional. La democracia empieza en los bancos de la escuela y allí renace en cada generación. El primer patrimonio (patres munus) que nos transmitimos entre generaciones es el de la educación. Varias decenas de millones de chicos y chicas en el mundo no tienen acceso a la educación. ¿Se puede ignorar el artículo 26 de la Declaración de los Derechos Humanos que afirma el derecho a la educación para todos, gratuita y obligatoria, por lo menos en lo que se refiere a la enseñanza primaria? Obviamente no se debería ignorar, pero no podemos pedir que el costo de la escuela sea sostenido totalmente por países que no tienen suficientes recursos. Tendríamos que dar vida rápidamente a una nueva cooperación internacional con el lema: “la escuela para niños y adolescentes es bien común global”, en donde países con más recursos ayuden a los que tienen menos para hacer efectivo el derecho al estudio gratuito. Esta pandemia nos está mostrando que el mundo es una gran comunidad, debemos transformar este mal común en nuevos bienes comunes globales. Incluso en los países ricos, la parte del presupuesto nacional dedicado a la educación sufrió recortes, a veces importantes. ¿Puede haber un interés en no invertir en las generaciones futuras? Si la lógica económica lleva las de ganar aumentarán los razonamientos de este tipo: “¿por qué tengo que hacer algo para las futuras generaciones, qué han hecho ellos por mí?”. Si el “do ut des” y el registro comercial se vuelven la nueva lógica de las naciones, invertiremos cada vez menos en la educación y seguiremos provocando deudas que pagarán los niños de hoy. Tenemos que ser generosos, cultivar virtudes no económicas como la compasión, la mansedumbre y la magnanimidad. La Iglesia Católica está en primera línea para ofrecer una educación a los más pobres. Incluso en condiciones de gran dificultad económica, porque como vemos en este período de pandemia, los confinamientos y aislamientos han tenido un impacto considerable en las escuelas católicas. Pero la Iglesia está y recibe a todos, sin distinción de credo, haciéndose espacio de encuentro y diálogo. ¿Cuál es la importancia de este último aspecto? La Iglesia siempre fue una institución del bien común. La parábola de Lucas no nos dice cuál era el credo del hombre medio muerto socorrido por el Samaritano. Justamente en las grandes crisis la Iglesia recupera su vocación de “Madre y maestra”, que acrecienta la estima de los no cristianos respecto de ella y que es como ese mar que lo recoge todo para volver a dar todo a todos, sobre todo a los más pobres, porque la Iglesia siempre supo que el indicador de todo bien común es la condición de los más pobres. La enseñanza de la religión y de las religiones, en un mundo que cada vez más pareciera dividirse más y que favorece el miedo y la tensión; ¿qué resultados puede ofrecer? Depende de cómo se la enseña. La dimensión ética, que sin duda está en toda religión, no es suficiente. La gran enseñanza que las religiones hoy pueden dar se refiere a la vida interior y a la espiritualidad porque nuestra generación en el arco de pocas décadas ha dilapidado un patrimonio milenario formado por la sabiduría antigua y la piedad popular. Las religiones tienen que ayudar a los jóvenes y a todos a redactar una nueva gramática de la vida interior, y si no lo hacen la depresión será la peste del siglo XXI.
Fuente: Vatican News
Haga clic aquí para ver la entrevista en inglés