Movimiento de los Focolares

“Busco tu rostro, señor”

“Busco tu rostro, señor”[1]. El siguiente pensamiento de Chiara Lubich puede iluminarnos para vivir de un modo evangélico también la prueba que estamos pasando todos a nivel planetario. A causa de la pandemia muchos han perdido algún pariente, un amigo o un conocido y todos estamos llamados, de distintas maneras, a responder a los gritos de dolor que esta pandemia suscita por todas partes, reconociendo en ellos algunos rostros de Jesús Abandonado a quien amar.    (…) En estas últimas semanas también han fallecido algunos (de los nuestros). (…) y nosotros que estamos todavía en esta tierra podríamos preguntarnos: ¿qué experiencia habrán vivido al dar ese paso? ¿Qué nos dirían si pudieran hablar? Ya lo sabemos: han visto al Señor. Han encontrado a Jesús. Han conocido su rostro. Es una verdad de fe que proporciona una consolación inmensa. No se puede dudar. San Pablo expresa −son palabras suyas− «deseo partir y estar con Cristo»”[2]. Habla, pues, de una vida con Cristo que sigue directamente a la muerte, sin esperar la resurrección final[3]. (…) Esta es, por consiguiente, la experiencia de los nuestros que han alcanzado la meta del Santo Viaje:  el encuentro con Aquel que no podrá dejar de amarnos, si le hemos amado. Esta –esperemos– será también nuestra experiencia. Pero, para estar seguros, es necesario prepararse desde ahora, es preciso de alguna forma, ir acostumbrándose. ¿Encontraremos al Señor? ¿Veremos su rostro? Ciertamente lo contemplaremos resplandeciente si aquí le hemos mirado, amado y acogido abandonado. Pablo no conocía nada en la tierra, más que a Cristo, y este crucificado. Esto es lo que queremos practicar también nosotros durante el próximo mes: buscar su rostro. Buscarlo abandonado. Lo encontraremos, sin duda, en los pequeños y grandes dolores personales que no faltan nunca; en el rostro de los hermanos que encontremos, especialmente en los que más necesitan ayuda, consejo, consuelo, un empujón para caminar mejor en la vida espiritual. Lo buscaremos en los aspectos más duros, más fatigosos, que implica la realización de las distintas actividades inspiradas por la voluntad de Dios; en todas las desuniones cercanas o lejanas, pequeñas o grandes (…). Buscaremos su rostro también en la Eucaristía, en el fondo de nuestro corazón, en sus imágenes sagradas. Además, debemos contemplarlo y amarlo, concretamente, en todos los grandes dolores del mundo. Sí, aunque frente a ellos nos sintamos a menudo impotentes. Pero quizás no sea así. ¡Con qué frecuencia (…) nos enteramos de ciertas calamidades que están sucediendo o que amenazan a pueblos o naciones enteras! Son calamidades que −si la caridad de Dios habita en nuestro corazón− nos caen encima como losas, dejándonos sin respiro. Porque sentimos −no obstante nuestra buena voluntad y nuestros proyectos− que no podemos hacer nada adecuado para mejorar esas situaciones. Sin embargo, debemos convencernos de que algo se puede hacer. También en esto, al descubrir su rostro en estas catástrofes inmensas, podemos, −con la fuerza de los hijos de Dios que todo lo esperan de su Padre Omnipotente−, poner en manos de Él las preocupaciones que nos aplastan, a nosotros y a grandes sectores de la humanidad, para que procure mover los corazones de los responsables de los pueblos que todavía podrían hacer algo. Tenemos que estar seguros de que lo hará. Así ha ocurrido muchas veces. (…) Actuemos (entonces) de manera que resuene en nuestro corazón lo más a menudo posible, el versículo del Salmo 27 que dice: «Yo busco tu rostro, Señor». Tu rostro dolorido para enjugar en él, como nos sea posible, lágrimas y sangre; y poder verlo resplandeciente en nuestra hora, cuando hagamos la experiencia de los nuestros que ya han llegado. (…)

Chiara Lubich

(En una conferencia telefónica, Rocca di Papa, 25 de abril de 1991) Cf.: “Yo busco tu rostro, Señor”, en: Chiara Lubich, Santificarse juntos, Ciudad Nueva, Madrid 1994, pp. 81-85. [1] Sal 27, 8. [2] Fil 1, 23. [3] Cf. 2Cor 5, 8.

María Voce: salvar el mundo con el amor

 ¿Qué aprendimos de la pandemia? ¿Con qué herramientas podemos construir un mundo nuevo? ¿Cuál es la contribución específica de cada uno de nosotros? El diálogo espontáneo de María Voce el 16 de julio con una comunidad de los Focolares. Desde hace algunos años, el 16 de julio es siempre una doble fiesta para las comunidades de los Focolares en el mundo: se recuerda el especial  pacto de unidad  que Chiara Lubich vivió con Igino Giordani en el año 1949 y también el cumpleaños de su presidenta, María Voce. También este año, el momento de fiesta para ella se ha convertido en una oportunidad de diálogo espontáneo e informal para abrir su corazón a los presentes hablando sobre el significado de ese día especial, sobre la vida de los Focolares en estos últimos tiempos y sobre la contribución del carisma de la unidad en este período tan crucial para la humanidad. Las expresiones de buenos deseos y afecto que le han llegado desde todo el mundo han sido numerosas y, por eso María Voce desea agradecer a cada uno particularmente. Publicamos a continuación parte de su diálogo, adjuntando también fragmentos de algunos videos espontáneos de ese momento. “(…) Esta pandemia también nos ha dado una gran lección, ¿no? Hay que reconocerlo. Nos ha hecho sufrir, y todavía nos está haciendo sufrir. No sabemos cuántas consecuencias dolorosas podrán provenir todavía de esta pandemia ¿verdad? Pero ha sido también una gran lección. La lección principal es que nos ha dicho: todos ustedes son iguales. Todos ustedes son iguales: los ricos, los pobres, los poderosos, los miserables, los niños, los adultos, los inmigrantes… todos son iguales. Esto es lo primero. Lo segundo: todos son iguales, pero hay alguien que sufre más a pesar de la igualdad. Entonces, ¿cómo es que son todos iguales? Todos ustedes son iguales porque Dios los creó a todos iguales; muy diferentes unos de otros, pero todos hijos suyos, todos creados por Él con el mismo amor, un gran amor. Después llegaron los hombres y comenzaron a hacer distinciones, y seguimos haciendo distinciones: este sí, este no; este vale más, este menos. Este puede darme algo, este no puede darme nada; este me explota, este menos… y empezamos a hacer las diferencias y ¿qué sucede con las diferencias? Ocurre que hay países donde los hospitales están bien equipados y otros donde no los hay; países que tienen mascarillas para todos, y aquellos que no las tienen. Hay poblaciones, incluso en nuestra Italia, donde llega la fibra óptica y pueden seguir las clases a distancia, y hay pueblos que no la tienen. Por lo tanto: todos iguales ante Dios, pero no todos iguales ante los hombres, no todos son iguales en el corazón de los hombres. ¿Esto también es así para nosotros? Tal vez yo también a veces estoy más a gusto con una persona que con otra y hago esta diferencia entre una persona y otra; lo veo yo también y entonces ¿vivo realmente el pacto si soy así?¿Ese pacto que me lleva a estar dispuesta realmente a dar la vida el uno por el otro? Pero no por el otro que me gusta, sino por cualquier otro sea quien sea. Hoy se dice que hay que crear un mundo nuevo; la humanidad, todos dicen que debemos construir un mundo nuevo. Pues bien, a pequeña escala Chiara hizo un mundo nuevo; la familia de Chiara esparcida en el mundo es −en pequeño− un mundo nuevo. Naturalmente es un intento, es un boceto, una pequeña señal, pero significa que es posible. Entonces, si ha sido posible hacerlo a pequeña escala, porque este pequeño grupo −que además es pequeño relativamente porque lo componen varios cientos de miles de personas esparcidas por el mundo−, este pequeño pueblo que es el pueblo de Chiara, ¿no está a disposición de todos diciendo que el mundo nuevo es posible? Es posible. Debemos estar convencidos de que es posible; además ¿cómo era el pasapalabra de hoy? ‘Creer en la fuerza del amor’. Por eso, en primer lugar creer que el amor es una fuerza. ¿Lo hemos experimentado? Sí, lo hemos experimentado muchas veces. Pero ahora, ha disminuido un poco; el termómetro del amor ha disminuido. ¡Pongámosle un poco de mercurio que lo haga subir! Hagamos subir el amor y verás cómo sube todo. Seremos esta realidad que pasa por el mundo al que beneficiaremos, sin necesidad de ir diciendo: ‘Mira, nosotros hacemos esto, ven con nosotros porque somos así’. No, nosotros somos los que somos, somos como los demás; somos unos desastres como todos, pero vivimos el paraíso y no queremos salir del paraíso. Sin embargo queremos estar con los otros, no queremos quedarnos entre nosotros en el paraíso. Queremos llevar este paraíso a los demás, no queremos tenerlo para nosotros, porque sería cómodo… y luego que el mundo se las apañe. ¡No! El mundo debe salvarse, el mundo debemos salvarlo con nuestro amor”.

Una dificultad que se vuelve oportunidad

La vida del Gen Verde durante la pandemia “Estábamos en pleno tour por España y desde Italia llegaban noticias preocupantes sobre el Covid-19 y el aumento de contagios. Había que decidir si suspender o no la gira y cómo regresar a Italia. Pocas horas (mejor dicho, minutos) para tomar la decisión, comunicarlo a los organizadores y tan sólo en un día, embarcarnos en el último barco que salió de Barcelona”. Un recuerdo que sigue todavía muy vivo y que Mileni del Gen Verde comparte meses después, cuando parece que la pandemia del Covid-19 esté volviendo. Y en estos 4 meses el Gen Verde ha transformado una situación dolorosa en una gran oportunidad: “enseguida nos preguntamos –cuenta Annalisa– cómo ayudar a las personas; a diario recibíamos noticias de amigos que habían contraído el virus y nos pedían que estuviésemos cerca de ellos… pero ¿cómo? ¿De qué forma no dejarlos solos en estos momentos tan terribles respetando la distancia social? Nos vino de inmediato una idea, tal como han hecho muchos otros artistas en todo el mundo: la de conectarnos desde nuestra casa”. Así comenzó la aventura del primer streaming: pocos instrumentos, una escasa red de internet para soportar una conexión que quién sabe cuántos verían. Transcurridos unos meses, podemos decir que han sido muchos los streaming que ha llevado a cabo el Gen Verde, así como decenas y decenas han sido las reuniones a través de zoom, instagram, skype… ocasiones todas ellas de encontrar a jóvenes y menos jóvenes del mundo entero: desde Filipinas a Argentina, desde USA a Rumanía, desde Italia a Australia… También estos meses han sido la cuna apropiada para la creación de nuevas composiciones: desde el monólogo Il silenzio a la pieza musical Tears and light, sin olvidar los videos realizados expresamente para compartir, incluso a la distancia, el triduo pascual… y todo se ha compartido inmediatamente por las redes sociales, el canal YouTube e Internet. Un trabajo enorme, puede que hasta mayor del que se hace durante una gira o en los talleres con los jóvenes, y el Gen Verde no ha escatimado esfuerzos ni ha dicho nunca no a cualquiera que quería vivir un momento de intercambio con ellas. “Estamos súper contentas -dice Marita- porque en este tiempo, a pesar de las dificultades, con estas citas digitales nos hemos encontrado con cientos de miles de personas; no puedo decir que sea lo mismo que en vivo… falta el contacto físico, mirarnos a los ojos, pero puedo decir que nunca en sólo 4 meses, habíamos podido encontrarnos con tantas personas. Para nosotras del Gen Verde ha sido una experiencia que ha superado cualquier expectativa”. Y ahora, tras el último encuentro de este primer ciclo, el Gen Verde se dedica a nuevos proyectos y a nuevas propuestas para compartir lo más pronto posible. En resumen, el Gen Verde mira siempre a lo lejos y no se detiene jamás. Pero ¿cuál es el secreto? “Nosotras vivimos sin mirarnos a nosotras mismas – explica Sally – lo que nos interesa es construir relaciones orientadas hacia la fraternidad universal. En este periodo de pandemia hemos recibido muchísimos ecos después de nuestros directos y estas impresiones son las que nos han hecho ir siempre adelante tratando de dar lo mejor de nosotras. No nos engañamos, ni queremos engañar a nadie: la pandemia no ha sido una broma y la situación en muchos países es muy crítica todavía, pero estamos seguras de que todo lo que hemos hecho ha significado para muchos vivir un momento de respiro y de alivio, al menos”. De hecho, los correos y los mensajes que han llegado al Gen Verde por las redes hablan precisamente de esta sensación de paz y de serenidad. Ahora, seguimos adelante con la preparación de nuevos proyectos y el lanzamiento de nuevas canciones para poder dar esperanza a este mundo tan necesitado.“

Tiziana Nicastro

El pacto del 16 de julio de 1949

Chiara Lubich relata el especial pacto de unidad hecho con Igino Giordani (a quien llamó «Foco») el 16 de julio de 1949, preludio de su experiencia mística de ese verano. De una entrevista concedida a la periodista Sandra Hoggett en 2002 https://vimeo.com/438640671

El cuidado, un nuevo estilo de vida

El cuidado, un nuevo estilo de vida

Los jóvenes de los Focolares han comenzado una nueva campaña #daretocare para cuidar nuestras sociedades y el planeta Tierra y ser ciudadanos activos para tratar de construir un trozo de mundo unido. La entrevista con Elena Pulcini, profesora de filosofía social en la Universidad de Florencia, en Italia. Elena Pulcini, profesora de filosofía social en la Universidad de Florencia (Italia), se ha dedicado como investigadora al tema de la cuidado durante muchos años. Ha participado en la primera transmisión en vivo #daretocare de los jóvenes del Movimiento de los Focolares, el pasado 20 de junio. ¿Qué impacto ha tenido la experiencia de la pandemia que estamos atravesando en su visión del cuidado? “Me parece sobre todo que ha surgido una imagen del cuidado como asistencia, explicó Pulcini. Pensamos en todo el personal médico y sanitario. Esto ha despertado elementos positivos, pasiones que habían sido algo olvidadas, como la gratitud, la compasión, el sentimiento de nuestra vulnerabilidad. Y esto fue muy positivo porque realmente lo necesitamos y es necesario despertar lo que yo llamo pasiones empáticas. Al mismo tiempo, sin embargo, el cuidado se ha mantenido algo encerrado dentro de un significado esencialmente de asistencia, lo que en inglés se llama “atención” y no “cuidado”. El cuidado se tiene que volver un modo de vivir”. Nos gusta soñar con una sociedad donde el cuidado sea la piedra angular de los sistemas políticos locales y globales. ¿Es una utopía o es realizable? “Seguramente el cuidado significa responder a algo. En este caso significa darse cuenta de la existencia del otro. Desde el momento en que me doy cuenta de esto y no estoy cerrado en mi individualismo, hay una capacidad que tenemos dentro de nosotros que es la empatía, es decir, ponerse en el lugar del otro. ¿Pero quién es el otro hoy? Aquí, están surgiendo nuevas figuras de lo que consideramos que es el otro para nosotros. Entonces, el otro hoy es diferente, también son las generaciones futuras, también es la naturaleza, el medio ambiente, la Tierra que nos alberga. Por lo tanto, el cuidado realmente se convierte en la respuesta general a los grandes desafíos de nuestro tiempo, si sabemos encontrarla a través de la capacidad empática de relacionarnos con el otro. Así que no sé si es realmente realizable, pero creo que no podemos perder la perspectiva utópica. La responsabilidad no es suficiente, también es necesario cultivar la esperanza”. ¿Qué sugerencias nos daría para hacer esto y para orientar a nuestras sociedades, desde las instituciones, hacia el cuidado? “Creo que debemos actuar en todos los lugares donde operamos para sacar el cuidado de la esfera restringida de la privacidad. (…) Tengo que pensar en mí mismo como un sujeto de cuidado en mi familia, en mi profesión docente, cuando me encuentro con una persona pobre marginada en la calle o cuando voy a bañarme a la playa, tengo que cuidar todas las dimensiones. Debemos adoptar el cuidado como un estilo de vida capaz de romper nuestro individualismo ilimitado, que está trayendo no solo la autodestrucción de la humanidad, sino también la destrucción del mundo viviente. Por lo tanto, debemos tratar de responder a las patologías de nuestra sociedad, que significa educar para la democracia. Siempre me ha gustado un filósofo del siglo XIX llamado Alexis de Tocqueville, quien dijo que “debemos educar para la democracia”. Es una lección aún por aprender y creo que esto significa cultivar las propias emociones empáticas para ser estimulados en el cuidado con gusto, con satisfacción, no con restricciones”.

 Los jóvenes del Movimiento de los Focolares