Movimiento de los Focolares
Derrumbe a Limete (R.D. Congo)

Derrumbe a Limete (R.D. Congo)

El Movimiento de los Focolares sigue con aprehensión las noticias que llegan del accidente que sucedió esta tarde en la localidad de Limete, en el norte de Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo. El derrumbe de un silos con varias toneladas de trigo, ha destruído amplios repartos del Hospital Moyi Mwa Ntongo, construído en el 2006 por el mismo Movimiento. Es incierto el balance de las víctimas, con dos muertos acertados, entre los cuales una mujer que se ocupaba de los servicios de lavandería. También se cuentan heridos y dispersos, y graves daños a las estructuras y maquinarias. En una nota reportada por la agencia local Actualite.cd la Dirección sanitaria del Hospital refiere que «pacientes gravemente enfermos y gravemente heridos han sido trasportados con urgencia a los hospitales cercanos” y que la prioridad en éste momento se orienta a liberar a quienes aún están bajo los escombros y en dar sostén a las personas involucradas en el accidente. Son significativos los daños a las estructuras, con la destrucción de los repartos de radiología, diagnóstica y otros servicios. Desde hace apenas dos años en el centro sanitario se habían inaugurado un reparto de maternidad y pediatría y una sala operatoria. El derrumbre del silos, de propiedad de la sociedad FAD Congo, habría interesado también a edificios cercanos, entre los cuales una fábrica, causando más víctimas. Algunas autoridades, como el intendente de la localidad de Limete, han llegado hasta el lugar. El Movimiento de los Focolares expresa su profunda participación y se une al dolor de las víctimas, asegurando la cercanía espiritual a las familias golpeadas por la calamidad.

A 70 años del encuentro entre Chiara Lubich e Giordani

A 70 años del encuentro entre Chiara Lubich e Giordani

LA POLÍTICA COMO VOCACIÓN 70 años después del encuentro entre Chiara Lubich e Igino Giordani en el Parlamento italiano Las raíces de la buena política se sitúan en las aspiraciones más profundas al bien común. Con el encuentro llevado a cabo en la Cámara de Diputados entre el parlamentario Igino Giordani y la fundadora del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, se dio inicio a una historia que ha llegado a todas partes del mundo, y que ha impulsado el compromiso civil y político de hombres y mujeres que creen en la unidad de la familia humana. El encuentro tiene por objeto, además de conmemorar aquel evento, actualizar su mensaje para volver a proponerlo a la sociedad ante los desafíos de hoy. CENTRO CHIARA LUBICH / MOVIMIENTO POLÍTICO POR LA UNIDAD / MOVIMIENTO DE LOS FOCOLARES (CENTRO IGINO GIORDANI) Martes 18 de septiembre de 2018 – Hora: 16:30 Sala del Refectorio – Palacio San Macuto Vía del Seminario 76, ROMA Contacto: Centro Igino Giordani e-mail: info@iginogiordani.info

Palabra de Vida – Septiembre 2018

La Palabra de este mes procede de un texto atribuido a Santiago –figura de relieve en la Iglesia de Jerusalén–, el cual recomienda al cristiano la coherencia entre el creer y el actuar. En el comienzo del versículo se subraya una condición esencial: «desechar toda abundancia de mal» para recibir la Palabra de Dios y dejarse guiar por ella, y de ese modo caminar hacia la plena realización de la vocación cristiana. La Palabra de Dios tiene una fuerza muy peculiar: es creadora, produce frutos buenos en la persona y en la comunidad, construye relaciones de amor entre cada uno de nosotros y Dios y entre las personas. Y, según dice Santiago, ya ha sido «sembrada» en nosotros. «Recibid con docilidad la Palabra sembrada en vosotros, que es capaz de salvar vuestras almas». ¿Cómo es posible? Ciertamente, porque Dios pronunció ya en la creación una Palabra definitiva: el hombre es «imagen» de Él. De hecho cada criatura humana es el «tú» de Dios, llamado a la existencia para compartir la vida de amor y comunión de Dios. Pero, para los cristianos, es el sacramento del bautismo el que nos introduce en Cristo, Palabra de Dios que ha entrado en la historia humana. Así pues, en cada persona Él ha depositado la semilla de su Palabra, la cual llama a la persona al bien, a la justicia, a la donación y a la comunión. Esta semilla, acogida y cultivada con amor en nuestra «tierra», es capaz de producir vida y frutos. «Recibid con docilidad la Palabra sembrada en vosotros, que es capaz de salvar vuestras almas». Un lugar claro donde Dios nos habla es la Biblia, que para los cristianos culmina en los Evangelios. Es preciso acoger su Palabra en la lectura amorosa de la Escritura; y si la vivimos, podemos ver sus frutos. También podemos escuchar a Dios en lo profundo de nuestro corazón, donde con frecuencia sentimos la injerencia de muchas «voces» y «palabras»: eslóganes y ofertas de opciones y modelos de vida, o también preocupaciones y miedos… ¿Cómo reconocer la Palabra de Dios y hacerle espacio para que viva en nosotros? Hace falta desarmar el corazón y «rendirnos» a la invitación de Dios de ponernos a escuchar con libertad y valentía su voz, que suele ser la más sutil y discreta. Y esta nos insta a salir de nosotros mismos y aventurarnos por los caminos del diálogo y del encuentro con Él y con los demás, nos invita a colaborar para hacer una humanidad más bella, en la que todos nos reconozcamos cada vez más hermanos. «Recibid con docilidad la Palabra sembrada en vosotros, que es capaz de salvar vuestras almas». En realidad la Palabra de Dios puede transformar nuestra vida cotidiana en una historia que nos libera de la oscuridad del mal personal y social, pero pide nuestra adhesión personal y consciente, aunque sea imperfecta, frágil y siempre en camino. Nuestros sentimientos y nuestros pensamientos se parecerán cada vez más a los del propio Jesús, nuestra fe y nuestra esperanza en el Amor de Dios saldrán reforzadas, a la vez que nuestros ojos y brazos se abrirán a las necesidades de los hermanos. Así lo sugería Chiara Lubich en 1992: «En Jesús veíamos una profunda unidad entre el amor que Él tenía por el Padre celestial y el amor a sus hermanos los hombres. Había  una coherencia extrema entre sus palabras y su vida. Y esto fascinaba y atraía a todos. Así debemos ser también nosotros. Debemos acoger con la sencillez de los niños las palabras de Jesús y ponerlas en práctica con la pureza y luminosidad que tienen, con su fuerza y radicalidad, para ser discípulos como Él quiere, es decir, discípulos iguales a su Maestro: otros tantos Jesús dispersos por el mundo. ¿Podemos vivir una aventura más grande y más hermosa?»1. Letizia Magri   1 C. LUBICH, «Come il Maestro», en Città Nuova n. 36 (1992/4), p. 33.

María y la Iglesia

María y la Iglesia

«Efectivamente, la Virgen María […] es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor. Redimida de modo eminente, en previsión de los méritos de su Hijo, y unida a Él con un vínculo estrecho e indisoluble, está enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo; con el don de una gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las otras criaturas, celestiales y terrenas ». (Lumen Gentium, 53) « Ella sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que confiadamente esperan y reciben de El la salvación.». (Lumen Gentium, 55) « Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida (cf. Jn 19, 25), sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio…» (Lumen Gentium, 58) «El amor y la veneración de la Madre de Dios es el alma de la piedad ortodoxa, su corazón que da calor y vivifica a todo el cuerpo. El cristianismo ortodoxo es la vida en Cristo y en comunión con su madre purísima […] el amor a Cristo que no se puede separar del amor de la Madre de Dios […] El que no venera a María no conoce tampoco a Cristo, y una fe en Cristo que no incluye la veneración de la Madre de Dios, es otra fe. Otro cristianismo diferente del de la iglesia». (S. Bulgakov: La Ortodoxia, p. 356) «En María está presente el sí de la humanidad entera, y este sí incondicional es una copa que se ofrece, que acoge y que transmite. Y así ella, que vivió la hora de Dios, que pronunció repetidas veces el sí de la aceptación, que llevó en ella al verbo, ahora es Madre de la misericordia, salud de los enfermos y refugio de los pecadores, reina de los apóstoles y de la paz, madre de todos nosotros e imagen viva de la Iglesia». (Klaus Hemmerle, Scelto per gli uomini, p. 156)

Evangelio vivido: corazón de madre

Droga en la escuela Tenía que hacerme cargo de un alumno que había utilizado estupefacientes. En este caso se les castiga con una semana de expulsión de las clases. Para evitar el riesgo que esto le permitiera tener todavía más tiempo para estar en malas compañías, organicé las cosas de modo que durante ese período pudiera frecuentar una comunidad y la escuela, donde tenía permiso de venir, y todo el tiempo lo pasé con él en la biblioteca. Lo ayudé a proseguir con el programa que se desarrollaba en las clases, para que no se atrasara. Fue un trabajo muy comprometedor que me ayudó a comprender qué quiere decir amar concretamente al prójimo. M.M. – España Nuevo estilo en casa Junto con otra pareja llevamos adelante encuentros para novios. Un día, antes de ir a una de estas reuniones, estalló una pelea con nuestro hijo. Mi esposa y yo nos fuimos igualmente, pero no estábamos tranquilos. Después de algunos kilómetros de viaje comprendimos claramente que así no teníamos nada que ofrecer a los novios. Detuvimos el auto, y llamamos por teléfono a nuestro hijo para pedirle perdón por la forma como nos habíamos comportado. Pero una vez que habíamos retomado el camino, mi esposa me hizo notar el tono acelerado con el que le había hablado. Empezó entonces una discusión entre nosotros. Después de otros kilómetros de camino tomamos conciencia de que no estábamos en grado de dar un testimonio de amor recíproco. Entonces llamamos por teléfono a la otra pareja para avisar que estábamos regresando. Apenas entramos en casa, le explicamos a nuestro hijo, quien estaba sorprendido, el por qué habíamos regresado. La lección nos sirvió para establecer en la familia un estilo de vida diferente. K.E. – República Checa Paseo escolar Mientras estaba en un paseo, durante el picnic me di cuenta de que muchos de mis compañeros botaban la comida intacta. Para mí fue un shock. Al día siguiente, durante el almuerzo, me adelanté y pasando entre mis compañeros recuperé la comida que no habían tocado, con la que llené una bolsa que llevé a algunos indigentes que estaban en un lugar cercano. N. – Italia Traslado Después de 35 años de servicio el obispo me pidió que me transfiriera a otra parroquia. De consecuencia pasé un momento de oscuridad interior, que viví en oración. Después entendí que no tenía que ver las cosas sólo desde mi punto de vista. Y le pude dar mi disponibilidad.  De repente el temor que sentía ante la novedad y la preocupación por mi salud desaparecieron. Me pareció claro que no era un favor que le estaba haciendo a nadie sino una gracia que estaba recibiendo. Con este estado de ánimo la vida en la nueva parroquia empezó con un fundamento mucho más sólido, distinto de cuando había empezado el ministerio, tantos años atrás, cuando era un sacerdote joven. E.B. – Eslovenia Un pequeño gesto de amor Me enteré que un colega había sido internado. Durante algunos meses, todos los fines de semana, al regresar de un curso que estaba haciendo en otra ciudad, iba a visitarlo. Sus papás habían llegado de otra región para estar cerca de él. Pensé que para ellos sería un alivio ir a cenar una noche a la pizzería. Esa noche traté de hacer mía toda la ansiedad que tenían y al regreso los acompañé al lugar donde estaban alojados. Me contaron que desde el día que habían internado a su hijo no habían pasado una velada tan bella. A. – Italia

El viaje de Mohamed

El viaje de Mohamed

«Pensaba que me estaba pidiendo ayuda y estoy trabado en este abrazo. Tus brazos anchos, fríos, esperaban mi calor, un gesto amable. Como tierra que espera la lluvia, como templo que respira oración, como una sonrisa ambiciona los labios, como equipaje que sueña con un viaje. No es posible que todo termine así, no puede ser. Si has realizado este viaje y has llegado a mi puerto, quiero vivirte todavía, siempre. Si mi camino ha llegado hasta ti, quiero que me acompañes aún por un trecho. Quiero verte envejecer, oírte hablar mi lengua cada vez mejor. Quiero sentirte que te confías con mi esposa como si fuera tu madre y volver a reír con mis hijos como si fueran tus hermanos. Quiero asistir al abazo con tu madre, la que te dio a luz, con tus hermanas, con tu hermano. Te lo ruego. Escúchame. Abre los ojos. Sonríe. Te enseñaré otro truco de magia. Pon en mis manos tus células enloquecidas: las haré desaparecer como monedas, como cartas. Y en su lugar, te las pondré nuevas, sanas. Y tu cuerpo volverá a funcionar como un mecanismo precario e increíble. No tengo frases importantes para decirte, pensamientos para recordar, gestos memorables. Tengo palabras descartadas, conceptos olvidados antes de ser paridos, signos insignificantes. Nunca estamos listos para una desapego, nunca es el momento justo, no logramos concebir la ausencia. Aunque me hayas contado que tu Dios te espera radiante, que la muerte es un umbral natural que hay que atravesar para llegar a la fase sucesiva de la existencia, que como no hiciste mal a nadie en el más allá serás premiado. Aunque yo creo firmemente que morir es un volver a subir a los orígenes, como enseñó María: un maravilloso, inexhausto perderse en Dios. A pesar de todo eso, no quiero que tú te vayas Necesito hablarte todavía, escucharte, resolver juntos los problemas. Contigo: osar, desafiar el viento contrario, pretender, dialogar, aspirar al paraíso viviendo el infierno, prometer y mantener. Es inútil tratar de fingir: no estoy preparado para verte morir, para seguirte con la mirada mientras doblas ante la esquina oscura de las cosas que se ven y te metes por el túnel de la luz de lo que no conocemos. No estoy preparado y consigo sólo tomarte de la mano y guiar tu boca y la mía en la oración hacia el único Padre. Porque lo que es natural para lo divino, es oscuro para los hombres. Asignemos nombres distintos, construyamos preceptos. Pero, al final, lo que cuenta es el amor hacia los demás. Nos conocimos por casualidad, por esas circunstancias mínimas que cambian la dirección de nuestra vida, por un respiro más largo, por una puerta giratoria que se abrió en un momento en lugar de otro. Pero ahora te siento un hermano y, mientras espero con todas mis fuerzas verte despierto, empiezo contigo a decir: Padre Nuestro…».


Mira el video https://vimeo.com/204006490