Movimiento de los Focolares
Asamblea de sacerdotes focolarinos

Asamblea de sacerdotes focolarinos

20141021-02 Responder, junto a todo el Movimiento de los Focolares, a las solicitudes de la Iglesia y de la humanidad; experimentar nuevos caminos para ir al encuentro de todos, plenamente conscientes de la propia identidad y del aporte específico que estamos llamados a dar: «Las periferias son también nuestros enfermos, los ancianos, los que han abandonado el ministerio…; periferia es la Iglesia misma cuando se aleja de la que Dios quiere». Ésta es una síntesis de lo que emergió en los “cinco días intensos, ricos de comunión y de gran alegría”, como relata uno de los presentes describiendo la experiencia vivida en el centro de Castelgandolfo con la Asamblea de los sacerdotes focolarinos. Luego de la aprobación del reglamento y de la agenda de trabajo, el programa preveía, una jornada de retiro y un informe sobre los seis años pasados y las nuevas perspectivas; después se prosiguió con los trabajos por grupos temáticos y la elección del nuevo responsable central. El último día se dedicó a las orientaciones para los próximos seis años, y al diálogo con la presidente de los Focolares, María Voce, y el copresidente, el español, Jesús Morán. Las meditaciones de la mañana, con una selección de textos de Chiara Lubich, fueron momentos de profundización acerca las características de los sacerdotes y diáconos focolarinos. Se recordó la figura del Padre  Silvano Cola quien ayudó a Chiara a fundar esta rama del Movimiento, cuando aún no estaba delineada. En 1965, en un primer encuentro para sacerdotes diocesanos focolarinos, Chiara expuso su visión del sacerdote focolarino, describiéndolo como alguien que guarda siempre en el corazón la oración de Jesús “Padre, que todos sean uno”, y que «no se da paz hasta no verla realizada en su parroquia […]. Por lo  tanto es necesario […] no resignarse sólo a los buenos que van a la iglesia, sino hacer  todo lo posible para  acercarse a todos […] es necesario moverse, no es posible quedarse quietos». Chiara habló de focolares proyectados hacia la Iglesia como fermento de unidad y explicó que el «focolar sacerdotal es como la sal que debe disolverse en la diócesis para sazonar toda la sopa, es decir, para “sazonar” a la diócesis. Pero, si esta sal  queda aislada, entonces va en contra de su propia vocación». Presentando el informe sobre los seis años pasados, se analizaron las prioridades surgidas en la Asamblea anterior, entre ellas la relación con las nuevas generaciones, la vida de familia con los sacerdotes ancianos y enfermos, la irradiación de la espiritualidad de comunión en la Iglesia. Luego se dio un diálogo que testimonió el compromiso y planteó preguntas principalmente sobre tres aspectos: la formación, la vida en común, la necesidad de salir. Estos temas  recuerdan las palabras-claves de las orientaciones surgidas en la Asamblea general: salir, juntos, oportunamente preparados, y todo esto en marcada sintonía con lo que el Papa Francisco indicó en la audiencia del 26 de septiembre a los Focolares. Finalmente, en los trabajos por grupos y en la plenaria, se trazó el camino a recorrer en los próximos seis años. 20141021-01Con todo esto en el corazón se hizo la votación y se eligió a Antonio Bacelar, de Portugal, el cual aceptó «con la gracia de Dios, dispuesto a dar la vida por cada uno de ustedes». Fue un momento de fuerte emoción. El Padre Antonio les confió a los presentes: «Tengo en el alma el deseo de descubrir cada vez más nuestro sacerdocio mariano. Sobre muchas cosas me pregunto “¿cómo será?”. Dejémonos guiar por Dios, por Jesús entre nosotros y encontraremos el camino. Si mirara desde un punto de vista humano, me vendría temor, pero con ustedes será una aventura extraordinaria». En la conclusión se recordó una frase de santa Teresa de Ávila que el mismo Bacelar había mencionado el día anterior: «Si nosotros estamos en el amor, haremos muchas cosas, en poco tiempo, sin fatiga».

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Chiara Lubich: así vi a Pablo VI

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1975 – Chiara Lubich en audiencia con Pablo VI

Usted tuvo la posibilidad de ser recibida varias veces en audiencia por Pablo VI. ¿Qué impresión quedó en su recuerdo? La impresión más fuerte –responde Chiara Lubich – se me grabó durante la primera audiencia. Tuve la sensación de que me encontraba delante de una persona que amaba de una forma muy especial. El Papa pronunciaba palabras impregnadas de esa sabiduría que supera todos los obstáculos jurídicos hasta ahora vigentes; comprendía, acogía en su alma toda la compleja obra que le presentaba. Me animó a decir todo, porque “allí todo era posible”. Recuerdo que sentí una perfecta sintonía entre lo que el Papa me decía y lo que me parecía que había venido de Dios para la edificación en esta obra. Y la impresión fue tan fuerte que tuve casi la sensación de que la sala donde el Papa me recibió, no tenía techo y de que la tierra y el cielo se unían. (…) Durante estos diálogos, ¿cuál le parece a usted que es la tensión que estimula la acción del Papa? Ciertamente el esfuerzo de adecuarse a su especial vocación al amar más que los demás, que Jesús le pide y le confiere, además del primado de autoridad, el primado de caridad.  El “me amas más que éstos” con el que Jesús interpela a Pedro, es el tormento, el empeño continuo de Pablo VI. Una vez dijo que quien no se limitaba a mirar el espectáculo exterior de las audiencias públicas podía llegar a entender un secreto que está allí presente. Este secreto, causa de alegría y de tomento para el Papa, está encerrado en la sílaba “más”: “me amas más”. (…) Según usted ¿cuál es la actitud característica del Santo Padre hacia la gente? Pablo VI ama a todos sin temor y por lo tanto, crea entre los creyentes y los no creyentes una cierta unidad. Se dona a todos en forma impresionante. Muchísimos protestantes de las más variadas denominaciones han quedado conmovidos por la actitud del Papa, por ese amor que lo consume, por el hacerse –como dice el Apóstol- todo a todos. (…) Es el Papa del diálogo con todo el mundo, es el Papa que ve toda la humanidad potencialmente como una sola familia. Su presencia es muy sobrenatural y cálida, profundamente humana, cercana a todos, desapegada de sí, humilde como “siervo de los siervos de Dios”. (…) ¿Qué respuesta le daría usted a quien juzga a Pablo VI como contradictorio e incierto en las elecciones de su pontificado? (…) En el Santo Padre, como en ningún otro, está presente y actúa el Espíritu Santo. Ahora bien, el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, suscita en ella varias tensiones, que son signo de vida, como la que puede haber entre el pluralismo y la verdad, entre personalidad y socialidad, libertad y gracia, ciencia y caridad, primado y colegialidad. (…) Estas tensiones pueden parecer algunas veces desconcertantes paradojas. Quien en cambio mira a la Iglesia desde dentro ve que el Espíritu Santo todo lo armoniza magníficamente en la unidad del Cuerpo místico. La misma cosa se puede decir de lo que el Espíritu Santo obra en el Santo Padre. El Papa (…) es fiel al depósito de la Revelación como ninguno, y de igual forma a lo que el Espíritu Santo inspira para el bien de la Iglesia hoy. Si, por ejemplo, en la “Humanae vitae”, se advierte la fidelidad del Papa al Espíritu Santo en la Tradición, en el diálogo con el mundo se puede palpar su fidelidad al mismo Espíritu Santo que pone en evidencia los “signos de los tiempos”. (…) Es necesario recordar que la “barca de Pedro” no lleva a la pacífica Iglesia triunfante, sino aquella terrena, sacudida por todos los vientos de este mundo. El Papa debe tomar sus decisiones en nombre del Cristo que representa, en medio de un concierto avasallador de voces que por lo general presionan hacia una dirección contraria a la religión. Por lo tanto, la prudencia nunca sobra. Pablo VI nunca es incierto, sino prudente. Lo demuestra el hecho de que es extremamente valiente, por ejemplo, al afrontar la impopularidad con tal de mantener su amistad con Cristo y los suyos, que no son del mundo. Prudencia, valentía, amor universal son las más preciosas cualidades para quien debe gobernar a la humanidad, sirviendo. Leer más: Notas de prensa: La gratitud del Movimiento de los Focolares hacia Pablo VI.

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Pablo VI el Papa del Concilio

20141018-01«Con 80 años de edad, en el 15º año de su pontificado, Pablo VI puede volver a mirar su obra pontificia, desarrollada en medio de revoluciones sociales e intelectuales, como una obra de rejuvenecimiento de la iglesia [católica]. […] El Papa Montini recogió el mensaje de “actualización” del Concilio Vaticano II, y realizó contra el frenesí de la “muerte de Dios”, del “cristianismo no religioso”, del conservadurismo arcaico, una obra de paciencia, previdencia, valentía, que incluyó la modernización de los principales institutos pontificios y la institución  de nuevos dicasterios y servicios, entre los cuales –para dar una idea- el de “Justicia y Paz” y el “Consejo Pontificio para los laicos”. Éstos y otros organismos universales desarrollan una creciente colaboración entre los obispos y el clero, religiosos y religiosas, laicos y laicas, reavivando un nuevo sentido eclesial que surge de una nueva conciencia comunitaria, fruto del amor evangélico, con el que se pone fin al individualismo y al clasismo religioso, y se integra a las personas  en las parroquias, en las instituciones locales y mundiales, en el ámbito de la iglesia y de la sociedad, con el fin de realizar la voluntad de Dios así en la tierra como en el cielo. Recuerdan que el cristiano hace la voluntad de Dios tanto cuando reza como cuando trabaja. De hecho, los Padres de la Iglesia consideraban que el fiel esta en oración, también cuando realiza la voluntad de Dios en ocupaciones de cualquier tipo. Por eso la acción social –es decir el servicio a favor del bien común-, si se desarrolla con el pensamiento fijo en el Padre que está en los cielos, adquiere un carácter y un efecto de auténtica religiosidad. Por eso Pablo VI, hablando a un grupo de obispos de Cuba, recordaba que la Iglesia invita constantemente a sus hijos a ser “hombres nuevos”, en la justicia, en la verdad, en la caridad, porque ella educa la conciencia social de los fieles, favoreciendo su activa colaboración a favor del bien y les enseña a vencer el propio egoísmo y a no resignarse nunca a ser “ciudadanos inferiores”. Parte de aquí su inspiración de estimular una reforma social, el surgimiento de un “mundo nuevo”, que ya el joven G. B. Montini había vislumbrado desde los años en los que colaboraba con el periódico católico de Brescia “La Fionda”, en donde propugnaba una escuela libre para poder hacer frente al enfrentar el fascismo naciente. Desde dichas perspectivas, cuya amplitud y cuya modernidad explican el desarrollo social cristiano en curso, al que rinden homenaje también sociólogos no vinculados a la religión, el Papa ha podido recordar al cuerpo diplomático los más audaces principios de la igualdad, en donde no hay distinción de origen ni de raza, a la hora de ejercer el derecho a la libertad religiosa y civil, y de condenar el racismo, la tortura y todo tipo de brutalidad contra los adversarios políticos. En las intervenciones del Papa se manifiesta esa verdad que a menudo también nosotros los católicos olvidamos: es decir, que la religión está hecha para la vida, que Dios es la vida […]. El amor es el tema central de la vida y del trabajo del Santo Padre; es el tema central del cristianismo, de la creación y de la redención. Con el amor él ha vuelto a acercar a la Iglesia a los individuos y a las multitudes, a las iglesias separadas y a los Estados hostiles. En el sector del ecumenismo su actividad, más silenciosa que pública, concretamente ha llevado a un acercamiento de las iglesias, que explica el nombre familiar y profético con el que lo designó Atenágoras: ‘Pablo segundo’. (De: Igino Giordani, Paolo VI il papa del Concilio, “Città Nuova”, 10.7.1978, p. 26.)

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Carismas en comunión: un joven religioso nos cuenta

20141017-01«¡Qué alegría! Hace poco volvi a hablar con Jacopo, Gianluca, Alessandro, Alberto, Matilde, Jenny…. ¡y muchos otros! Y recordé los lindos momentos que pasamos juntos en el último encuentro de Loppiano y de otras experiencias que hicimos. ¡Espero poderlos ver pronto! Siento un gran deseo, es más, siento la necesidad de estar un poco en comunión con ellos. ¿Quieren saber quiénes son estas personas que nombré? Tienen razón, no les hablé todavía de ellas. Son religiosos y religiosas de muchos carismas distintos con los que estoy en comunicación constantemente, con quienes tengo una gran amistad que siempre me colma el corazón» El que habla en la Asamblea general de los Focolares, realizada en el pasado mes de septiembre, es Alessandro, un joven religioso que comparte con otros, jóvenes como él, la espiritualidad de la unidad. El encuentro al que Alessandro se refiere es el que tuvo lugar en la ciudadela de Loppiano a fines de abril del año pasado.  En esa ocasión, un centenar de jóvenes consagradas y consagrados, procedentes de 36 naciones y pertenecientes a 56 familias religiosas, se reencontraron bajo el lema: ¡Sí! ¡Elegimos el Evangelio!. Un encuentro preparado con entusiasmo, con vistas al año 2015 que será dedicado a la vida consagrada, pero también como etapa de un camino que, más allá de la diversidad de los carismas, es compartido por muchos que se dispusieron a seguir el Evangelio. La presencia del Card. Braz de Avis, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las sociedades de vida apostólica, manifestaba la importancia del encuentro. En aquella ocasión, “Don Joao”, como le gusta que lo llamen, había afirmado que “el Papa los ama y nuestra Congregación es la casa de ustedes”. «El Señor nos reunió – continúa Alessandro-, haciéndonos experimentar la alegría de donarnos nuestros carismas el uno al otro. Fue lindísimo y respondió a una exigencia nuestra profunda: la de poder dialogar sobre cosas sencillas, concretas, sobre las cosas cotidianas de nuestra vida, con otros jóvenes consagrados. Nos dimos cuenta también de que atravesamos por los mismos momentos de dificultades y de oscuridad y nos contamos cómo logramos superarlos. Compartir estas experiencias para vivirlas juntos fue como respirar hondo, abrir la ventana del corazón no sólo sobre nuestro carisma sino sobre toda la iglesia, más bien, sobre el mundo entero. Esta mirada universal –concluye el joven religioso- ¡nos permitió volar alto!». Su testimonio parece evocar todo lo que el Papa Francisco afirmó en la audiencia general del 1º de octubre pasado, en la plaza de San Pedro: «Los distintos carismas no deben ser motivo de envidia o de división, de celos, porque en la comunidad cristiana precisamos uno del otro y cuando la Iglesia, en la variedad de sus carismas, se expresa en comunión, no se puede equivocar».

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Filipinas, sentirse en casa

20141013-01«Chiara Lubich, nos dejó como herencia el espíritu de familia, permaneciendo abiertos a la humanidad. Esta es la “magna carta” de nuestra comunidad local en Dumaguete, situada en la región central de Visayas, en Filipinas. No faltan las ocasiones para experimentarlo. Nos comunicaron la situación de una madre y un niño que precisaban una casa, por un período indeterminado. Ofrecimos la nuestra, sin pensar en las consecuencias. Para acogerlos de la mejor manera posible, preparamos todo. Estudiamos también un poco la cultura de su pueblo de origen. Después de un mes de su llegada nos dimos cuenta de que se trataba de un gran desafío pues tuvimos que cambiar muchas de nuestras costumbres. Ambos traían consigo el malestar de la experiencia anterior. La madre, agitada y llena de odio, dudaba del amor de Dios. El niño estaba siempre inquieto, era violento y caprichoso. Cuando la situación se volvió insostenible dirigimos nuestra mirada a Jesús Crucificado, que parecía que nos dijera: “Si no me aman ustedes, ¿quién me amará?”. Este pensamiento nos dio coraje para seguir adelante. Comprendíamos que teníamos que dialogar con ellos para amar más concretamente. Cocinando por ejemplo sus comidas favoritas o realizando las actividades más apropiadas. Nos parecía importante que el niño asistiera a la escuela y que la mamá encontrara un trabajito. Nos ocupamos de esto: cada uno hizo sugerencias sobre el trabajo y a través de una comunión de bienes cubrimos algunas necesidades como por ejemplo el uniforme para que el niño asistiera a la escuela. Algunos de nosotros hacìan turnos para estar con él cuando la mamá estaba en el trabajo. Esto procuró mucha alegría a todos. Los invitaron a los cumpleaños y a las fiestas de los miembros de la comunidad y la mamá y el hijo encontraron así un círculo de amigos y poco tiempo después dijeron que se sentían como “en su casa”. Con el correr del tiempo, gracias al amor de todos, empezaron a reconocer el amor de Dios; la madre tuvo la oportunidad de comenzar una nueva vida, alquilando un apartamento –que amueblamos entre todos- y encontró su autonomía. Otro episodio que se nos presentó fue el de una pareja a la que ofrecimosnuestra cercanía cuando al esposo se le diagnosticó un tumor en fase avanzada. Solo la esposa tenía un sueldo estable y enseguida se empobrecieron al tener que comenzar el tratamiento. La comunidad trató de amarlos concretamente: no se trataba de contribuir sólo con dinero, sino que también había que colaborar con el propio tiempo para atenderlo, o compartir los conocimientos sobre cómo tratar con un enfermo como él. Cuando ya estaba postrado en su cama, las religiosas de la congregación de Hermanas de San Francisco, dedicada a los pobres, se ofrecieron a llevarle la Comunión cada día. Vivimos toda esta situación con esta pareja hasta el final. Durante el funeral, la comunidad se hizo cargo de ese momento, de los preparativos de la Iglesia y del servicio fúnebre. Se sentía fuerte el clima de familia. Una amiga de nuestra hija vino a vernos mientras que jóvenes y adultos estábamos preparando una actividad. Fue algo nuevo para ella ver que una persona adulta le otorgaba mucho respeto y credibilidad a las opiniones de los jóvenes, algo que no es común en el ambiente donde ella había crecido. Nos contó que antes de encontrar a las gen (jóvenes del Movimiento), su vida “era un desastre”. No tomaba en serio el estudio y se drogaba. En determinado momento mi hija, que es su mejor amiga, se mudó a otra ciudad, debido a sus estudios, pero las gen siguieron permaneciendo cerca de esta joven. Nosotros la recibimos en casa y poco a poco comenzó a cambiar, hasta que mejoró su rendimiento escolar y abandonó el uso de la droga».