Movimiento de los Focolares
Diálogo con los Pentecostales

Diálogo con los Pentecostales

Participantes en el congreso – (C) Thomas Klann

«El carisma de la unidad […] escogió a una cristiana que Dios quiso que fuese católica, pero […], no es para los católicos solamente, no tendría sentido si fuera sólo para ellos. Es para toda la cristiandad». Con estas palabras de Chiara Lubich comenzó el Curso organizado por el Centro Uno – secretaría de los Focolares para el ecumenismo– que se desarrolló desde el 11 al 13 de abril en Castelgandolo, sobre “Los Pentecostales”, una realidad muy variada que nació en 1901 en los Estados Unidos (con antecedentes en los siglos anteriores) y que está en continuo crecimiento.

Udo e Ilona Knoefel, fundadores de la comunidad pentecostal Jesus-Gemeinde Sohland (Alemania) – (C) Thomas Klann

Durante el Curso, hubo cinco exposiciones desarrolladas por expertos: la profesora Teresa Rossi de la Pontificia Universidad Angelicum (Roma), Mons. Juan Usma del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, el Pastor Albert Pataki, Presidente de las Iglesias Pentecostales de Hungría, Michelle Morán, Presidente de la Renovación Carismática Católica Internacional (ICCRS) y Udo e Ilona Knöfel, fundadores de la “Jesus-Gemeinde Sohland” (Alemania), una comunidad pentecostal.

Asitieron un centenar de personas –entre ellos pentecostales, reformados, católicos, una luterana y una ortodoxa – de una veintena de países europeos, además de Brasil y de Corea.

La profesora Rossi  brindó una panorámica sobre el nacimiento y el desarrollo histórico del Pentecostalismo. Monseñor Usma ilustró el diálogo con la Iglesia católica, afirmando que se trata de “una realidad compleja con la cual el Vaticano aceptó dialogar”. Recordamos que ya en el Concilio Vaticano II había un observador pentecostal. Citando el documento de Aparecida, publicado por los obispos latinoamericanos en el 2007, Monseñor Usma subrayó que no pocos católicos emigran hacia el Pentecostalismo y lo hacen  no tanto por motivos doctrinales o teológicos, sino porque están en búsqueda de Dios.

El Presidente de las Iglesias Pentecostales Húngaras, el Pastor Albert Pataky, quien participa desde hace tiempo en un grupo ecuménico promovido por los Focolares, que se reúne mensualmente para meditar juntos la Palabra de Dios, expresó: “Nuestro Movimiento nació en la oración, que continuamente lo renueva y lo fortalece”.

(C) Thomas Klann

En Alemania del Este, en torno a Udo e Ilona Knófel, cuando todavía cuando estaban bajo el régimen comunista, se formó una comunidad que por su modalidad carismática, en primera instancia no fue aceptada por la Iglesia evangélica local. Al vincularse con el Movimiento de los Focolares, en el año 2004, buscó la reconciliación. Ahora la comunidad está comprometida en difundir el conocimiento de Jesús en esa región que es considerada “la más atea de Europa”.

Son muchas las experiencias del “diálogo de la vida”, contibución característica de los Focolares. Un diálogo basado en “el arte de amar” que crea las condiciones para que Jesús, según su promesa, esté espiritualmente presente entre cristianos de Iglesias distintas (Mt 18, 20). En  Bari existe un intercambio vivaz entre los Focolares y una comunidad Pentecostal nigeriana. En Venezuela, en el transcurso de los años, se ha desarrollado una relación ecuménica que permitió ofrecer en el Congreso Misionero Americano, realizado en 2013 (con la asistencia de 4000 delegados), un Foro ecuménico con la participación de un Pastor Pentecostal venezolano.

Durante el curso en Castelgandolfo, después de haber escuchado un discurso de Chiara Lubich sobre el amor recíproco, una de las participantes pidió perdón a los pentecostales presentes por los prejucios que conservaba en su corazón. Sus palabras expresaron lo que muchos estaban sintiendo. “Lo más importante es el amor –dijo el Pastor Pataky de Hungría-. El orgullo divide, el amor une. Las verdades de fe que cada Iglesia profesa nos unirán si nosotros vivimos el amor. La obra del Espíritu Santo quiere unirnos”.

Diálogo con los Pentecostales

Trinidad ¿modelo social?

La originalidad cristiana no consiste en el hecho de afirmar la existencia de Dios, sino de creer que «Dios es Amor».

Esto implica consecuencias muy importantes respecto de la concepción de Dios, ya que el amor supone relaciones, un yo que se da y un tú que recibe, cuya manifestación más plena se expresa en la reciprocidad de la comunión. Por lo tanto es la dinámica misma del amor que, al mismo tiempo que reconoce que «el Señor es uno solo» (Dt 6, 4), requiere que en Dios se encuentre pluralidad, alteridad, donación, acogida, reciprocidad… Por eso el Dios que presenta el cristianismo es no sólo don de sí, sino don en Sí.

Este es el motivo por el cual no puede soeprender que la fe cristiana afirme un solo Dios en tres Personas. Las relaciones de amor recíproco son constitutivas del ser y de la vida del Dios Uno y Único. ¿Cuáles son las características típicas de tales relaciones divinas unitrinitarias? Y, dado que el ser humano está hecho «a imagen y semejanza» de Dios (Gn 1, 26) y llamado a «participar de la naturaleza divina» (2 Ped 1, 4), ¿cuál es la importancia de vivir en los vínculos humanos y en todos los aspectos de la sociedad, el mismo tipo de relaciones que existen en el Dios unitrino? Intentar ofrecer alguna respuesta a estos dos interrogantes, decisivos no sólo para la fe cristiana sino para el futuro humano, será el objeto de este texto.

Datos del autor:

Cambón, Enrique, sacerdote católico argentino (dióscesis de Avellaneda, Buenos Aires). Doctor en filosofía y teología, y licenciado en Ciencias de la Educación. Docente en instituciones de América Latina y Europa. Autor de numerosos artículos y obras en varios idiomas, sobre temáticas teológicas, ecuménicas, catequísticas y sociales. Reside actualmente en Roma, donde forma parte de un grupo de estudios del Movimiento de los Focolares.

Grupo Editorial Ciudad Nueva – Buenos Aires

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Trinidad ¿modelo social?

La originalidad cristiana no consiste en el hecho de afirmar la existencia de Dios, sino de creer que «Dios es Amor».

Esto implica consecuencias muy importantes respecto de la concepción de Dios, ya que el amor supone relaciones, un yo que se da y un tú que recibe, cuya manifestación más plena se expresa en la reciprocidad de la comunión. Por lo tanto es la dinámica misma del amor que, al mismo tiempo que reconoce que «el Señor es uno solo» (Dt 6, 4), requiere que en Dios se encuentre pluralidad, alteridad, donación, acogida, reciprocidad… Por eso el Dios que presenta el cristianismo es no sólo don de sí, sino don en Sí.

Este es el motivo por el cual no puede soeprender que la fe cristiana afirme un solo Dios en tres Personas. Las relaciones de amor recíproco son constitutivas del ser y de la vida del Dios Uno y Único. ¿Cuáles son las características típicas de tales relaciones divinas unitrinitarias? Y, dado que el ser humano está hecho «a imagen y semejanza» de Dios (Gn 1, 26) y llamado a «participar de la naturaleza divina» (2 Ped 1, 4), ¿cuál es la importancia de vivir en los vínculos humanos y en todos los aspectos de la sociedad, el mismo tipo de relaciones que existen en el Dios unitrino? Intentar ofrecer alguna respuesta a estos dos interrogantes, decisivos no sólo para la fe cristiana sino para el futuro humano, será el objeto de este texto.

Datos del autor:

Cambón, Enrique, sacerdote católico argentino (dióscesis de Avellaneda, Buenos Aires). Doctor en filosofía y teología, y licenciado en Ciencias de la Educación. Docente en instituciones de América Latina y Europa. Autor de numerosos artículos y obras en varios idiomas, sobre temáticas teológicas, ecuménicas, catequísticas y sociales. Reside actualmente en Roma, donde forma parte de un grupo de estudios del Movimiento de los Focolares.

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La originalidad cristiana no consiste en el hecho de afirmar la existencia de Dios, sino de creer que «Dios es Amor».

Esto implica consecuencias muy importantes respecto de la concepción de Dios, ya que el amor supone relaciones, un yo que se da y un tú que recibe, cuya manifestación más plena se expresa en la reciprocidad de la comunión. Por lo tanto es la dinámica misma del amor que, al mismo tiempo que reconoce que «el Señor es uno solo» (Dt 6, 4), requiere que en Dios se encuentre pluralidad, alteridad, donación, acogida, reciprocidad… Por eso el Dios que presenta el cristianismo es no sólo don de sí, sino don en Sí.

Este es el motivo por el cual no puede soeprender que la fe cristiana afirme un solo Dios en tres Personas. Las relaciones de amor recíproco son constitutivas del ser y de la vida del Dios Uno y Único. ¿Cuáles son las características típicas de tales relaciones divinas unitrinitarias? Y, dado que el ser humano está hecho «a imagen y semejanza» de Dios (Gn 1, 26) y llamado a «participar de la naturaleza divina» (2 Ped 1, 4), ¿cuál es la importancia de vivir en los vínculos humanos y en todos los aspectos de la sociedad, el mismo tipo de relaciones que existen en el Dios unitrino? Intentar ofrecer alguna respuesta a estos dos interrogantes, decisivos no sólo para la fe cristiana sino para el futuro humano, será el objeto de este texto.

Datos del autor:

Cambón, Enrique, sacerdote católico argentino (dióscesis de Avellaneda, Buenos Aires). Doctor en filosofía y teología, y licenciado en Ciencias de la Educación. Docente en instituciones de América Latina y Europa. Autor de numerosos artículos y obras en varios idiomas, sobre temáticas teológicas, ecuménicas, catequísticas y sociales. Reside actualmente en Roma, donde forma parte de un grupo de estudios del Movimiento de los Focolares.

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La originalidad cristiana no consiste en el hecho de afirmar la existencia de Dios, sino de creer que «Dios es Amor».

Esto implica consecuencias muy importantes respecto de la concepción de Dios, ya que el amor supone relaciones, un yo que se da y un tú que recibe, cuya manifestación más plena se expresa en la reciprocidad de la comunión. Por lo tanto es la dinámica misma del amor que, al mismo tiempo que reconoce que «el Señor es uno solo» (Dt 6, 4), requiere que en Dios se encuentre pluralidad, alteridad, donación, acogida, reciprocidad… Por eso el Dios que presenta el cristianismo es no sólo don de sí, sino don en Sí.

Este es el motivo por el cual no puede soeprender que la fe cristiana afirme un solo Dios en tres Personas. Las relaciones de amor recíproco son constitutivas del ser y de la vida del Dios Uno y Único. ¿Cuáles son las características típicas de tales relaciones divinas unitrinitarias? Y, dado que el ser humano está hecho «a imagen y semejanza» de Dios (Gn 1, 26) y llamado a «participar de la naturaleza divina» (2 Ped 1, 4), ¿cuál es la importancia de vivir en los vínculos humanos y en todos los aspectos de la sociedad, el mismo tipo de relaciones que existen en el Dios unitrino? Intentar ofrecer alguna respuesta a estos dos interrogantes, decisivos no sólo para la fe cristiana sino para el futuro humano, será el objeto de este texto.

Datos del autor:

Cambón, Enrique, sacerdote católico argentino (dióscesis de Avellaneda, Buenos Aires). Doctor en filosofía y teología, y licenciado en Ciencias de la Educación. Docente en instituciones de América Latina y Europa. Autor de numerosos artículos y obras en varios idiomas, sobre temáticas teológicas, ecuménicas, catequísticas y sociales. Reside actualmente en Roma, donde forma parte de un grupo de estudios del Movimiento de los Focolares.

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La originalidad cristiana no consiste en el hecho de afirmar la existencia de Dios, sino de creer que «Dios es Amor».

Esto implica consecuencias muy importantes respecto de la concepción de Dios, ya que el amor supone relaciones, un yo que se da y un tú que recibe, cuya manifestación más plena se expresa en la reciprocidad de la comunión. Por lo tanto es la dinámica misma del amor que, al mismo tiempo que reconoce que «el Señor es uno solo» (Dt 6, 4), requiere que en Dios se encuentre pluralidad, alteridad, donación, acogida, reciprocidad… Por eso el Dios que presenta el cristianismo es no sólo don de sí, sino don en Sí.

Este es el motivo por el cual no puede soeprender que la fe cristiana afirme un solo Dios en tres Personas. Las relaciones de amor recíproco son constitutivas del ser y de la vida del Dios Uno y Único. ¿Cuáles son las características típicas de tales relaciones divinas unitrinitarias? Y, dado que el ser humano está hecho «a imagen y semejanza» de Dios (Gn 1, 26) y llamado a «participar de la naturaleza divina» (2 Ped 1, 4), ¿cuál es la importancia de vivir en los vínculos humanos y en todos los aspectos de la sociedad, el mismo tipo de relaciones que existen en el Dios unitrino? Intentar ofrecer alguna respuesta a estos dos interrogantes, decisivos no sólo para la fe cristiana sino para el futuro humano, será el objeto de este texto.

Datos del autor:

Cambón, Enrique, sacerdote católico argentino (dióscesis de Avellaneda, Buenos Aires). Doctor en filosofía y teología, y licenciado en Ciencias de la Educación. Docente en instituciones de América Latina y Europa. Autor de numerosos artículos y obras en varios idiomas, sobre temáticas teológicas, ecuménicas, catequísticas y sociales. Reside actualmente en Roma, donde forma parte de un grupo de estudios del Movimiento de los Focolares.

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