Movimiento de los Focolares
Fe y evangelización: a cincuenta años del Concilio Vaticano II

Fe y evangelización: a cincuenta años del Concilio Vaticano II

El año 2012 conlleva un aniversario muy especial: el 11 de octubre de 1962 fue abierto por Juan XXIII el Concilio Vaticano II. La misma fecha fue elegida por Juan Pablo II, treinta años más tarde, para la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica (11 de octubre de 1992). Y siempre el 11 de octubre iniciará el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI con la Carta Apostólica Porta fidei: «Este año –explica la Congregación para la Doctrina de la Fe- será una ocasión propicia para que todos los fieles comprendan más profundamente que el fundamento de la fe cristiana es “el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida y con él la dirección decisiva”. Basada en el encuentro con Jesucristo resucitado, la fe puede ser descubierta en su integridad y en todo su esplendor. “También en nuestros días la fe es un don que hay que descubrir, cultivar y testimoniar”, para que el Señor “nos permita vivir la belleza y la alegría de ser cristianos”».

Para la Iglesia católica este tema tiene una importancia central, como lo testimonia la decisión de Benedicto XVI de constituir, el 20 de septiembre de 2012, un nuevo dicasterio: el  Consejo Pontificio para la promoción de la nueva evangelización. Se trata de un entramado de acontecimientos y de temáticas que se encuentran en el primer y relevante acontecimiento del Año de la Fe, constituido por la XIII Asamblea General Ordinaria de Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar del 7 al 28 de octubre de 2012 sobre el tema de La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

Hemos pedido a tres teólogos una reflexión sobre la temática del Sínodo.

  • Piero Coda, en el texto ‘Vaticano II y nueva evangelización – Un único Kairós’, se refiere al tema de la nueva evangelización desde sus raíces, y de las opciones tomadas en el Concilio Vaticano II.
  • La reflexión de Julie Tremblay, ‘La calidad de nuestra fe’, subraya la condición esencial de la nueva evangelización como tema del Sínodo: vivir el Evangelio en forma nueva.
  • El teólogo anglicano Callan Slipper, en su intervención  ‘La “nueva evangelización” desde una perspectiva anglicana’, subraya cómo el compromiso emprendido por la Iglesia católica ofrece una visión convincente y útil también para las otras Iglesias, que comparten el mismo horizonte problemático. En este contexto se ve muy oportuno el “intercambio de dones” entre las Iglesias.

Para profundizar continua en: Nuova Umanità online

Editorial a cargo de Antonio María Baggio, tomado de la Revista trimestral de cultura Nuova Umanità

Fe y evangelización: a cincuenta años del Concilio Vaticano II

Escenas de un condominio

“Vivimos desde hace quince años en un condominio. Cuatro escaleras, ciento veinte apartamentos. Apenas nos casamos, quisimos establecer relaciones de buena vecindad y tal vez también transmitir con alegría nuestro estilo de vida, guiado por el Evangelio vivido. Pero, trabajando todo el día, no lográbamos ni siquiera ver a nuestros vecinos. Después del nacimiento de los niños, conocimos a otros padres con sus hijos en el parque o en el jardín comunal. Nació la idea de invitar a alguno de ellos a cenar, de aquí se sucedieron otras ocasiones de festejos y paseos al campo. La atmósfera de la vecindad por fin comenzaba a adquirir una relativa calidez.

A veces las relaciones se vuelven más abiertas cuando, habiendo superado la natural reserva, no solo se trata de dar, sino que también se encuentra el ánimo para pedir algo. Un día Marco estaba pasando unos cables a nuestro apartamento pero se dio cuenta que solo no podía hacerlo. Con un poco de humildad pidió ayuda al vecino de enfrente que acudió con amabilidad inesperada.

Un sábado de agosto especialmente tórrido y sofocante volvíamos a medianoche. Los niños dormidos eran como un peso muerto en nuestros brazos. Delante de la luz roja del ascensor dos parejas estaban esperando. No parecía que tuvieran la mínima intención de dejarnos pasar antes a nosotros, a pesar de “la carga”. Con ellos habíamos tenido  discusiones, sobre la inoportunidad –según ellos- de dejar jugar a los niños –los nuestros- en el jardín comunal. Entraron en el ascensor. Mientras esperábamos para subir en nuestro turno, el ascensor se bloqueó y sonó la alarma. La escalera estaba prácticamente desierta, con este calor toda la gente está  fuera de la ciudad. ¿Qué hacer? Llamar a los bomberos o a la asistencia, y luego llevar a la cama a los niños y ¿quedarnos tranquilos? En el fondo no nos habían tratado muy bien. Pero el aire dentro del ascensor se estaría volviendo muy caluroso. Marco corrió al local del motor y con mucho esfuerzo logra que el ascensor vuelva a la planta baja, liberando a los desdichados vecinos.

Una noche estamos cenando fuera con algunos de nuestros vecinos. En determinado momento sus padres, vecinos nuestros también, los llaman para avisarles que de su apartamento estaba saliendo agua. Nos precipitamos todos a casa. La puertita del lavarropa se había abierto y el agua seguía cargando sin parar. Resultado: dos centímetros de agua por todos lados, sin contar con el agua que estaba cayendo por las escaleras hasta la puerta de entrada. La situación parecía trágica pensando en los posibles daños para los vecinos de planta baja, que habían recién colocado el parquet. Nos ofrecemos a hacer dormir en nuestra casa  a sus hijos. Los hombres comenzaron a empujar el agua fuera del balcón, las mujeres la recogían en baldes con los trapos de piso. Lo peor se había evitado, por suerte.

Una noche, mientras estoy ordenando el living, sentimos gritos espantosos que provienen del piso de abajo. En primer lugar pensamos en no meternos. Pero luego Marco baja. La puerta del apartamento está cerrada. Marco con temor entra. El hijo de 18 años está sujetado en el suelo por dos vecinos. El padre camina por la casa, con los ojos perdidos en el vacío. La madre se desespera y entre sollozos dice que el muchacho quería tirarse por el balcón. Otro vecino se cura con gasa la cara porque había recibido un puñetazo del muchacho, que mientras tanto sigue sobresaltado y maldiciendo con los ojos desencajados y baba en la boca. Ayudamos como podemos, sobre todo consolando a los padres y esperando juntos a la ambulancia para llevar al muchacho al hospital pues estaba con  una sobredosis de estupefacientes. También esto puede ocurrir en un condominio”. (Anna María y Marco, Italia)

Tomado de: Una buona notizia. Gente che crede gente che muoveCittà Nuova Editrice, 2012

Fe y evangelización: a cincuenta años del Concilio Vaticano II

Klaus Hemmerle, pensamientos

Klaus Hemmerle (1929-1994), obispo de Aachen (en Aquisgrana, Alemania), teólogo y filósofo de alto nivel, gracias a su especial característica, dio un aporte importante a la profundización doctrinal del carisma de la unidad y a su difusión entre los obispos.

Mons. Hemmerle, refiriéndose a la frase de Jesús: “Lo que hicieron al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hicieron” (Mt 25, 40), escribe:

  • «Esta Palabra nos dice en modo definitivo quién es el hombre y cuál es su realidad… Esta interpretación del hombre ciertamente es un escándalo, no menor de aquel con el que Jesús escandalizaba a los hombres declarándose Hijo de Dios. En nombre de la propia libertad, en nombre de la propia identidad y peculiaridad el hombre considera que debe objetar el hecho de que se le identifique con Jesucristo. El hombre quiere ser amado por sí mismo, por lo que es, y no ser degradado a una especie de máscara de Jesús. Más bien teme que este amor ´extra’ que él recibe por amor a Jesús, sea algo que no lo tome en cuenta, algo que lo deje fuera, algo que le quite el amor que él desea recibir por sí mismo, del que tiene necesidad. Quien ama de modo tal que por amar a Jesús en el otro descuida al otro como persona, en realidad descuida a Jesús también. Quien considera la presencia de Jesús de forma que disminuye su realidad de hombre, en realidad no ha comprendido absolutamente la presencia de Jesús en el prójimo.
  • Jesús se hace uno conmigo, es decir, no me deja solo. Él está de mi parte en forma radical, me acepta así como soy, y lo que a mí se refiere se refiere a Él. Yo sigo siendo yo mismo, me vuelvo plenamente yo mismo, precisamente porque no estoy solo.
  • El misterio de Cristo es el misterio de cada hombre. ¿Qué significa esto para la persona que encuentro y qué significa para mí y para mi vida? Con respecto al otro significa que yo no me encuentro con un eslabón de la cadena, o un engranaje que una maquinaria, o un simple número en la gran cantidad de material humano. Cada vez que encuentro un rostro humano me encuentro con Dios en su realidad incondicionada, encuentro esa voz que, más allá de ese rostro humano, pronuncia lo que dijo de Jesús en la montaña de la Transfiguración: “¡Éste es mi hijo predilecto!” (Mc 9,7). No hay excepciones.
  • Encontramos a Cristo especialmente en los últimos, en quien parece más lejano de Él, es las personas en las que el rostro de Cristo parece disiparse. ¿Cómo? En la cruz, viviendo el abandono de Dios, haciéndose incluso pecado (2 Cor 5,21), Jesús se identifica con quien está más lejos de Dios, con quien parece oponerse a Él. Sólo descubriendo a Cristo en el prójimo, en quien está más lejos de la persona y del misterio de Cristo, y donando a la persona ese amor humano que se dirige en forma unitaria a él y al mismo Cristo, el prójimo puede descubrir su propia identificación con Jesús, su cercanía a Él, el haber sido plenamente asumido en Él”.

 Pensamientos tomados de “Offene Weltformel”

Fe y evangelización: a cincuenta años del Concilio Vaticano II

Argentina: a la búsqueda de lo eterno en el arte

(C) Maria Cristina Criscola

“Para mí pintar es ir al encuentro del misterio”, afirma María Cristina Críscola en una reciente entrevista. Y sigue:  “Nunca me planteé una imagen personal como estilo. Trato de ser muy rigurosa con las técnicas y, al mismo tiempo, ahondar en el despojamiento para llegar a lo más profundo de uno”. Palabras que expresan la búsqueda de la artista argentina, que non es sólo humano-artística, sino espiritual. Y sus obras acompañan este proceso en la búsqueda de la luz. Lo afirma también el Lic. Claudio Villareal, curador de una muestra que reune las obras de Criscola desde el 1978 al 2012, con el título “Encontrar lo eterno en el aluvión de lo insignificante”: “Es, a la vez, presencia y despojo. Es el espíritu de la materia. Ante sus obras, ‘callar es bastante acertado’, como decía Rothko. Las grandes dimensiones de sus telas permiten el contacto con este TODO que todo lo habita. Con este espíritu que prevalece, que es el contenido de la materia a la cual le da forma, liberándola en la luz. Los colores son más que medios y más que símbolos. El blanco, el negro, el rojo…”. Algunas líneas biográficas: María Cristina Críscola nació en 1943 en Buenos Aires. En la década del ’70 egresa de las Escuelas de Bellas Artes “Manuel Belgrano”, “Prilidiano Pueyrredón” y “Ernesto de la Cárcova” como Profesora Nacional Superior de Pintura, Especialidad Pintura Mural. Fue docente hasta el 2007 (y en los últimos 10 años directora)  en la Escuela de Bellas Artes “Manuel Belgrano”. En 1989, en la Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Bellas Artes, asiste al curso de Doctorado “Color, Forma y Contenido”.

(C) CSC – Maria Cristina Criscola

Se suceden luego infinidad de exposiciones y muestras en Argentina y otros países. Momentos importantes para Críscola son los prolongados períodos que pasa en el Centro Ave Arte, en Loppiano, Italia, con distintos proyectos de vitrales y puertas para templos. Corona esta experiencia en el 2004 el boceto y la realización de la puerta principal de la Basílica María Théotokos de la Ciudadela de Loppiano (Florencia, Italia). Tiene también su casa taller “Il Bello” en la Mariápolis Lía (O’Higgins, Buenos Aires), un lugar donde experimentar que se crea, como afirma la artista “desde un punto de quietud, desde un lugar absoluto donde todo habita”. El arte como forma de conocimiento y comunicación, o mejor, de comunión. La muestra que recorre toda su producción artística permanecerá abierta hasta el 7 de octubre en Berazategui (Buenos Aires)

Octubre 2012

“Si tú lo dices, echaré las redes”

Después de una noche infructuosa, como experto pescador que era, Pedro hubiera podido sonreír y rechazar la invitación de Jesús a echar las redes de día, en el momento menos propicio. Por el contrario, yendo más allá de su razonamiento, confió en él.

Se trata de una situación típica por la que también hoy todo creyente, precisamente porque lo es, está llamado a pasar. En efecto, su fe es probada de mil maneras.

Seguir a Cristo comporta decisión, compromiso y perseverancia, mientras que en el mundo en que vivimos todo parece invitar al relajamiento, a la mediocridad, al “dejar pasar”. La tarea parece demasiado grande, imposible de alcanzar, ya fracasada desde el vamos.

Es necesaria, entonces, la fuerza para ir adelante, para resistir el ambiente, el contexto social, los amigos, los medios de comunicación.

Es una prueba dura que hay que combatir día tras día, o mejor dicho hora tras hora.

Pero si se la enfrenta y se la acepta, nos hará madurar como cristianos, nos hará experimentar que las extraordinarias palabras de Jesús son verdaderas, que sus promesas se realizan, que se puede emprender en la vida una aventura divina mil veces más fascinante de lo que puede imaginarse, y que podemos ser testigos, por ejemplo, de que mientras en el mundo la vida es a menudo penosa, chata e infructuosa, Dios llena de todo bien a quien lo sigue, le da el céntuplo en esta vida, además de la vida eterna. Se renueva la pesca milagrosa.

“Si tú lo dices, echaré las redes”

¿Cómo poner en práctica esta Palabra?

Haciendo nosotros también la opción de Pedro: “si tú lo dices…”. Tener confianza en su Palabra; no dudar de lo que nos pide. Es más, apoyar nuestra conducta, nuestra actividad, nuestra vida sobre su Palabra.

Construiremos así nuestra existencia sobre lo más sólido que hay, lo más seguro, y contemplaremos asombrados que precisamente donde todo recurso humano desaparece interviene él; y que donde es humanamente imposible, nace la vida.

Chiara Lubich

Este texto fue publicado por primera vez en enero de 1983.

Fe y evangelización: a cincuenta años del Concilio Vaticano II

AMU: juntos por la fraternidad

Da Podemos nombrar Rio+20 en LoppianoLab, o   el proyecto que está  en marcha en Bolivia o también  la Jornada de la alfabetización. Estos son solo  algunos de los frentes donde está actualmente comprometida AMU, la ONG de los Focolares.

Recorramos su historia. Cuando el Movimiento de los Focolares se difundió en Europa y en los otros continentes, se encontraba a menudo con situaciones de extrema pobreza. El amor hacia los pobres y el “hacerse uno” con las realidades locales se hizo  concreto a través de acciones sociales como escuelas, centros ambulatorios, centros sociales.

A medida que estas acciones se iban encaminando, se advertía la necesidad de contar con un instrumento que las sostuviera económicamente y  ayudase a encontrar soluciones que no fueran asistencialismo, sino que estuvieran dentro de la óptica del desarrollo y de la reciprocidad.

Es así que en 1986, se constituyó la Asociación Acción por un mundo unido (AMU). Organización No Gubernamental, reconocida por el Ministerio de Negocios del Exterior italiano para trabajar en el campo de la cooperación, de la formación y de la educación, y del desarrollo.

Hasta el día de hoy AMU ha formalizado 350 proyectos en 56 Países en las más variadas  áreas: en  la instrucción y  formación profesional, en el apoyo de necesidades primarias (alimentación, casa, salud), en la  construcción de infraestructuras, en el auxilio luego de catástrofes naturales, en el micro crédito y en las micro empresas.

Pero todo esto no es suficiente si no es acompañado por un cambio cultural que llega a todos, en el Norte y en el Sur del mundo. Por esto, junto con  los proyectos de desarrollo, AMU trabaja en la promoción de los derechos humanos. A través de  cursos de formación propone la atención a los bienes comunes, la práctica de estilos de vida sobrios y solidarios, el uso responsable de los recursos, la ciudadanía activa a nivel local y global.

En el centro de cada una de sus intervenciones, AMU trata de considerar como centro a la persona con sus derechos y sus necesidades. Lo logra aplicando la comunión como metodología, trabajando con las personas, para resolver juntos los problemas y producir cambios eficaces y sostenibles en el tiempo.

Cuando se crea entre las personas una relación en la cual cada uno tiene la posibilidad de dar y recibir-en una palabra cuando se crea la reciprocidad- entonces el proyecto alcanzó su objetivo. El que da siente  también que recibe y el que recibe siente el deseo de darse, se pasa así de la solidaridad a la fraternidad.

Muchas personas, en todas partes del mundo, están vinculadas con AMU a través del sitio web y de la revista AMU Noticias.

Donantes y beneficiados, cada uno participa y colabora según su propia sensibilidad, sus exigencias y posibilidades. Todos, sin distinción, pueden formar parte de esta red que es para AMU la riqueza más grande.