Movimiento de los Focolares
Delegados de los Focolares de todo el mundo, de regreso

Delegados de los Focolares de todo el mundo, de regreso

Como es costumbre, el encuentro empezó con tres días de retiro espiritual basados en la Palabra de Dios –punto de la espiritualidad de Chiara Lubich que caracterizará durante este año la vida de los miembros del Movimiento de los Focolares –y sobre la Nueva Evangelización, también en vista del Sínodo de los Obispos que tendrá lugar en el 2012, del 7 al 28 de octubre. Los temas fueron profundizados a la luz de la Exhortación Apostólica post-sinodal “Verbum Domini” de Benedicto XVI y siguiendo el camino de los “Lineamientos” para el Sínodo del 2012. Se presentaron algunas meditaciones de Chiara Lubich recorriendo el camino de su redescubrimiento de la Palabra durante la Segunda Guerra Mundial y cómo es vivida hoy en el Movimiento, con los efectos consecuentes: “cambia la mentalidad, hace resplandecer la vida, hace libres, da alegría, suscita vocaciones, crea la comunidad”. Todo enriquecido con testimonios sobre la vida de la Palabra en contextos muy distintos y –algunas veces- adversos y por momentos de comunión entre los participantes, característica de distingue los encuentros de los Focolares. El trabajo fue introducido por la actual presidente, María Voce, y por el co-presidente Giancarlo Faletti, con una exposición sobre sus actividades del año pasado que subrayaron tres puntos:

  • Los viajes (España, Tierra Santa, Canadá, USA, Santo Domingo, Rusia, Hungría, Chequia, Eslovenia e Inglaterra), con los que se puso de relieve la belleza de cada pueblo y el propio aporte al “proyecto del mundo unido”, junto al gran tema de la inculturación.
  • El diálogo, del que se pudo constatar un desarrollo, una extensión, un cambio: hay personas no pertenecientes a la Iglesia católica, no cristianas, y personas de convicciones no religiosas, que forman parte de la misma “familia” de los Focolares.
  • Las perspectivas y prioridades: la prioridad de las prioridades es la vida, iluminada por la Palabra de Dios.

Nueva Evangelización. En el 2002 Chiara Lubich había hablado de ella a un grupo de Obispos, a partir de las palabras de Juan Pablo II, en donde menciona a los Movimientos como instrumentos especiales para su actuación. La evangelización se considera “nueva” y debe ser tal por su ardor, sus métodos y sus expresiones. El primer anuncio que se debe dar es: Dios te ama. Esta nueva evangelización tiene que llegar a formar comunidades cristianas maduras. Tomando todo el Evangelio, la palabra que se pone de relieve es el amor. Pero ello significa también encarnar el mandamiento nuevo de Jesús “en un modo cada vez más auténtico y radical”. El mundo está presente. Por turno cada zona geográfica habló de la situación en la que viven los miembros de los Focolares en las diversas regiones del mundo. Se le dio especial atención a Medio Oriente mediante la presentación de la experiencia de diálogo vivida con todos los focolarinos de esos países, nacida precisamente de la exigencia de encontrar juntos una línea para afrontar los nuevos retos de esas tierras tan sufridas, en las cuales el diálogo entre culturas diversas, a veces, parece limitado por muros infranqueables. Vincenzo Buonomo, docente de Derecho Internacional, realizó un análisis sobre la situación de Medio Oriente y el desarrollo del mundo árabe. Y después el continente Africano. Los focolarinos que viven allí presentaron la historia religiosa y socio-cultural del continente, describiendo también las etapas de la difusión de la espiritualidad de la unidad en el África Subsahariana. Jóvenes y adultos. Característica de este encuentro fue también la presencia de los jóvenes quienes en varios momentos enriquecieron el programa de los delegados de los Focolares: en la tarde dedicada al Genfest (Budapest, 31 de agosto – 2 de septiembre de 2012); con la presentación de un proyecto de formación para jóvenes a partir de You Cat, y con la proyección del documental “Juntos podemos. Siguiendo las huellas de Carlo y Alberto” sobre la vida de dos gen para quienes se ha encaminado el proceso de beatificación, juntos. Durante la vigilia de las conclusiones, el sábado 8 de octubre, María Voce se conecto por streaming internet con miles de personas para un saludo y un augurio. María Voce expresó a los miembros de los Focolares conectados en todo el mundo un sueño: “Si cada uno de nosotros, empezando desde ahora, se pone a vivir la Palabra de Dios con la intensidad con que la vivían las primeras focolarinas con Chiara, verdaderamente se puede pensar en tantas luces que se encienden y como rayos luminosos señalan las vías del mundo”. Y agregó: “¿cómo no esperarnos todo y más? ¿Cómo no pensar que estas luces tienen la posibilidad de iluminar todos los rincones de ese sótano oscuro que es el mundo?”. El augurio fue de tener “un año espléndido y todo luminoso”, eco del ‘testamento’ espiritual de Chiara Lubich “deja a quien te sigue sólo el Evangelio”.

Espiritualidad de la unidad:Amor al hermano

La aventura de las jóvenes de Trento unidas a Chiara no podía dejar indiferente ni a la población de la ciudad, en aquel momento pocas decenas de miles de habitantes, ni tampoco a la Iglesia trentina. El comportamiento de las jóvenes de la “casita” de Plaza Cappuccini, sede del primer “focolar”, asombraba a grandes y a pequeños. En aquel apartamento modesto los pobres se sentían en su casa.  Incluso el problema social de la ciudad, desangrada por la guerra, era un problema que las jóvenes sentían suyo. Creían nada menos que lograrían resolverlo, sencillamente, creyendo que las palabras del Evangelio eran verdaderas. Amando al hermano, uno a uno. Chiara escribió: “Entre todas las Palabras, nuestro carisma enseguida nos subrayó las que se refieren específicamente al amor evangélico hacia el prójimo y no solamente hacia los pobres, como cuando leímos en el Evangelio que Jesús dijo: “Cada vez que  lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos (y se entiende con todos), lo hicieron conmigo” (Mt 25,40). De consecuencia,  nuestro viejo modo de concebir el prójimo y de amarlo cambió totalmente.  Si Cristo  de alguna manera estaba en todos, no se podían hacer discriminaciones, no se podían hacer preferencias.  Cayeron los conceptos humanos que clasifican a los hombres: compatriota o extranjero, anciano o joven,  guapo o feo, antipático o simpático, rico o pobre, Cristo estaba detrás de cada uno, Cristo estaba en cada uno. Y cada hermano era realmente “otro Cristo” – si la gracia enriquecía su alma – u “otro Cristo”, un Cristo in fieri – si todavía estaba lejos de Él. “Viviendo así, nos dimos cuenta de que el prójimo era para nosotros el camino para llegar a Dios. Aún más, el hermano se nos presentaba como un arco bajo el cual era necesario pasar para encontrar a Dios. Y lo hemos experimentado desde los primeros días. ¡Qué unión con Dios por la noche, en la oración, o en el recogimiento, después de haberlo amado todo el día en los hermanos! ¿Quién nos daba ese consuelo, ese recogimiento interior tan nuevo, tan celestial, si no Cristo que vivía el  “Den y se les dará” (Lc 6,38) de su Evangelio? Lo habíamos amado todo el día en los hermanos y ahora Él nos amaba a nosotros. ¡Qué útil  ha sido este don interior para nosotros! Eran las primeras experiencias de la vida espiritual, de la realidad de un reino que no es de esta tierra. Así, en el maravilloso camino que el Espíritu nos mostraba, el amor al hermano fue un nuevo punto fundamental de nuestra espiritualidad”.

Delegados de los Focolares de todo el mundo, de regreso

Espiritualidad de la unidad: La Palabra

Vivían una frase del Evangelio y la novedad, para aquel tiempo, consistía en el hecho de que Chiara y sus primeras compañeras, para darse ánimo recíprocamente y para crecer juntas, compartieran los frutos de la vida de la Palabra en sus vidas. Escribía Chiara: “Estamos siempre en tiempos de guerra. Cada vez que suena la sirena de las alarmas aéreas podemos llevar con nosotros al refugio solamente un pequeño libro: el Evangelio. Lo abrimos y esas palabras, si bien tan conocidas, se iluminan por el nuevo carisma, como si debajo de ellas se encendiera una luz. Nos inflaman el corazón y nos empujan a ponerlas enseguida en práctica. Todas nos atraen y tratamos de vivirlas una por una. Yo leo para todas, por ejemplo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 19,19). El prójimo. ¿Dónde estaba el prójimo? Estaba allí, a nuestro lado, en todas esas personas afectadas por la guerra, heridas, sin casa, desnudas, hambrientas y sedientas. Inmediatamente nos dedicamos a ellas de muchas formas. “El Evangelio asegura: “Pidan y obtendrán” (Mt 7,7). Pedimos para los pobres y –una cosa totalmente extraordinaria durante la guerra- ¡vemos cómo nos llenamos de un sinfín de bienes! Un día, y este es uno de los primeros episodios que a menudo se cuenta, un pobre me pidió un par de zapatos n° 42. Sabiendo que Jesús se identificó con los pobres, dirijo al Señor esta oración, en la iglesia de Santa Clara del hospital que lleva el mismo nombre: “Dame un par de zapatos n° 42, para ti en ese pobre”. Saliendo de allí, una señorita me entrega un paquete. Lo abro: es un par de zapatos n° 42”. “Leemos en el Evangelio: “Den y se les dará” (Lc 6,38). Damos, damos y siempre recibimos algo. Un día tenemos sólo una manzana. Se la damos al pobre que viene a pedir. Y esa misma mañana vemos llegar, quizás de parte de un pariente, una docena. Damos también esa docena a otros que piden y esa misma tarde nos llega una maleta. Era así, siempre así”. “Uno tras de otro, estos episodios soprenden y encantan. Nuestra alegría es grande y contagiosa. Jesús lo había prometido y lo sigue manteniendo. Por lo tanto, Él no es una realidad sólo del pasado, sino del presente. Y el Evangelio es verdadero. Esta constatación impulsa el camino emprendido. Comunicamos lo está sucediendo a quien está intrigado por nuestra felicidad en tiempos y horas tan tristes; ellos no advierten el encuentro con un grupo de chicas o con un Movimiento, sino con Jesús vivo”.

Octubre 2011

«Sígueme» Jesús les había dirigido ya esta palabra a Andrés, Pedro, Santiago y Juan a la orilla del lago. Y la misma invitación, pero con otras palabras, le hizo a Pablo por el camino de Damasco. Pero Jesús no se detuvo ahí; a lo largo de los siglos ha seguido llamando a hombres y mujeres de todos los pueblos y naciones. Hoy también lo hace; pasa por nuestra vida, nos aborda en distintos lugares, de maneras diferentes, y de nuevo nos invita a seguirlo. Nos llama a estar con Él porque quiere entablar una relación personal, y al mismo tiempo nos invita a colaborar con Él en el gran proyecto de una humanidad nueva. No le importan nuestras debilidades, nuestros pecados, nuestras miserias. Él nos ama y nos elige tal como somos. Será su amor el que nos transforme y nos dé la fuerza para responderle y el valor para seguirlo, como hizo Mateo. Y para cada uno tiene un proyecto de vida, una llamada, un amor especiales. Lo percibimos en el corazón gracias a una inspiración del Espíritu Santo, o mediante determinadas circunstancias, o por un consejo o una indicación de alguien que nos quiere… Y aunque se manifieste de los modos más diversos, resuena la misma palabra: «Sígueme» Recuerdo cuando yo también sentí esta llamada de Dios. Era una mañana muy fría de invierno en Trento. Mi madre le pidió a mi hermana más pequeña que fuera a comprar leche a dos kilómetros de casa, pero hacía demasiado frío y no le apetecía ir. Mi otra hermana también dijo que no; entonces me ofrecí: «Voy yo, mamá», le dije, y cogí la botella. Salí de casa y a mitad de camino sucedió algo especial. Me pareció que el cielo se abría y Dios me invitaba a seguirlo. En el corazón sentí: «Entrégate completamente a mí». Era una llamada explícita a la que quise responder enseguida. Hablé con mi confesor y él me dio permiso para consagrarme a Dios para siempre. Era el 7 de diciembre de 1943. Nunca podré describir lo que mi corazón sintió ese día: me había desposado con Dios; podía esperarlo todo de Él. «Sígueme» Esta Palabra no se refiere solamente al momento de la elección determinante de nuestra vida. Jesús nos la sigue diciendo todos los días. «Sígueme», parece decirnos ante los deberes cotidianos más sencillos; «sígueme» en esa prueba que debo abrazar, en esa tentación que superar, en ese servicio que llevar a cabo. ¿Cómo responderle concretamente? Haciendo lo que Dios quiere de nosotros en el presente, que conlleva siempre una gracia especial. Este mes nos comprometeremos a entregarnos con decisión a la voluntad de Dios, al hermano o a la hermana que debemos amar, al trabajo, al estudio, a la oración, al descanso o a la actividad que debemos realizar. Aprendamos a escuchar en lo más profundo del corazón la voz de Dios, que habla también a través de la voz de la conciencia, y nos dirá en cada momento lo que Él quiere de nosotros. Y estemos dispuestos a sacrificarlo todo para llevarlo a cabo. «Concédenos, oh Dios, no sólo que te amemos cada día más, porque pueden ser muy pocos los días que nos queden, sino que te amemos en cada momento presente con todo el corazón, el alma y las fuerzas haciendo tu voluntad». Éste es el mejor sistema para seguir a Jesús. Chiara Lubich


 Palabra de vida, junio 2005, publicada en Ciudad Nueva nº 421.