La nueva comunicación nace a partir de lo que hemos vivido
“Trabajo profesionalmente en el ámbito de la comunicación desde hace 35 años, en varias campos, pero puedo decir que “nací” en la verdadera comunicación sólo en marzo de 1995, cuando en Milán, en la rueda de prensa del Premio UELCI (Unión Editores y Libreros Católicos Italianos) para el mejor escritor católico conocí a Chiara Lubich y no la abandoné más nunca”. Con estas palabras Alma Pizzi, en junio de 2010, en el último seminario de NetOne, comenzó su presentación.
Ella era una periodista ya muy conocida, encargada de prensa, docente de periodismo y autora, originaria de la región de Lombardía, fue Presidente de la Unión Cristianos Empresarios Gerentes, además de ser una de las más activas sostenedoras de NetOne, la red internacional de operadores de la comunicación inspirada en el carisma de la unidad.
El pasado mes de junio relataba: «tuve un segundo nacimiento, aún más fuerte, en junio de 2000 en Castelgandolfo, cerca de Roma, en el primer congreso internacional de NetOne, que nacía en aquella oportunidad: Desde entonces considero a NetOne mi casa y nunca me alejé de ella. Descubrí una manera nueva de ser periodista, muy distinta a la que conocía anteriormente: comencé a poner en primer lugar la relación con los demás y no el producto de mi trabajo». (La intervención integral está disponible, también en video, en la página de NetOne)
«Me conmovió e impactó leer sus últimos artículos –escribe una periodista que la conoció y que trabajó con ella- “varios son sobre la santidad: desde aquél sobre Chiara Luce Badano hasta el último, sobre Carlos I de Austria, bienaventurado “por medio” y no “a pesar de” la política, publicado el 24 de octubre 2010 (el día anterior de su muerte) en la página web del periódico on line que ella misma compilaba y redactaba. Entre otras cosas cita unas palabras tomadas del diario de Carlos I: “Toda mi inspiración está en conocer siempre y lo más claramente posible, en todas mis cosas, la voluntad de Dios y de cumplirla, y precisamente de la manera más perfecta”».
Colaboradora de la edición italiana de la revista del Movimiento de los Focolares, Ciudad Nueva, en sus páginas había recordado al periodista Giuseppe De Carli, recién fallecido, cerrando así el artículo: “No sabíamos nada de su enfermedad y ahora lo recordamos después de cumplir con el objetivo, allí donde queremos llegar también nosotros con esa misma consciencia del trabajo cuidadosamente cumplido”.
La recordamos con estas últimas palabras e invitamos a la lectura del artículo publicado en Ciudad Nueva italiana para conocer algo más de ella.
[:it]1939 – La Casetta
Musulmanes y Cristianos en Italia
El encuentro promovido por los Focolares y las Comunidades islámicas tiene como objetivo reunir a cristianos y musulmanes que en los últimos años se han encontrado en varias partes de Italia gracias a la experiencia de diálogo, inspirada en la espiritualidad de comunión de Chiara Lubich.
En varias partes de la Península –en Trento, Verona, Treviso, Pádova, Trieste, Rovigo, Turín, Milán, Génova, Parma, Reggio Emilia, Florencia, Roma, Téramo, para citar las principales- son ha empezado una colaboración importante en el territorio. Inspirada en el deseo de ir al encuentro del otro, como propone la Regla de Oro, a menudo se han desarrollado acciones y cooperación que ofrecen modelos de integración en el territorio.
La jornada del 31 de octubre se pone en sintonía con la jornada de la amistad islamo-cristiana que se celebra en toda Italia el 27 de octubre y quiere ser también un momento de reflexión sobre la experiencia vivida hasta ahora.
El programa preparado por un comité promotor compuesto por cristianos y musulmanes, prevé momentos de reflexión ya sea del Corán como del Evangelio, experiencias de vida vivida, una mesa redonda sobre los retos del diálogo, intercalados con momentos artísticos propuestos por grupos musulmanes y cristianos y una presentación de Loppiano, la ciudadela anfitriona.
Se prevé la participación de autoridades religiosas y civiles.
La caridad. El carisma de los carismas.
“Me impresionó el clima alegre de acogida recíproca. Respecto al 2000, cuando Chiara Lubich encontró solamente la familia franciscana, esta jornada ha representado un auténtico desarrollo del diálogo entre carismas antiguos y nuevos. Por la participación de tantas otras familias religiosas, movimientos y nuevas comunidades, como también por la presencia competente de muchos superiores y responsables”. Dijo en su impresión uno de los padres franciscanos presentes en el congreso “Carismas en comunión”, desarrollado el 23 de octubre pasado en Asís.
Diez años después del histórico encuentro, se puede afirmar que las cosas han avanzado, si se considera que en este encuentro estaban presentes no sólo los franciscanos de varias órdenes y los miembros del Movimiento de los Focolares, sino también numerosos representantes de los padres claretianos, de los padres blancos (misioneros belgas), de los salesianos, benedictinos, carismáticos, miembros de la Comunidad de San Egidio, neo-catecúmenos y decenas de otras órdenes y comunidades.
El encuentro inició con la Santa Misa presidida por el Card. Stanislaw Rylko, Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos y concelebrada por obispos, ministros generales, provinciales y numerosos sacerdotes.
El obispo de Asís, Mons. Domenico Sorrentino, en el discurso inaugural, invitó a todos a redescubrir en “la caridad, el carisma de los carismas” conscientes de que “los bienes de unos, son los bienes de todos”.
“Una expo de los frutos del Espíritu”, fue como definió el encuentro la presidente de los Focolares, María Voce. Quien en su intervención ilustró las etapas de este camino de comunión, a partir de Pentecostés ’98, un momentos fundamental para los nuevos Movimientos. “En aquella ocasión –recordó Voce- Chiara Lubich hizo una promesa al Papa: ‘Queremos asegurarle, Santidad, que siendo nuestro específico carisma la unidad, nos comprometeremos con todas nuestras fuerzas a contribuir a realizarla plenamente”. Dos años después de esa promesa “Chiara dio un paso ulterior –prosiguió la Presidente de los Focolares-: la comunión con las familias religiosas nacida de carismas menos recientes. Y puso la primera piedra de este diálogo-comunión entre familias religiosas como expresiones de la Iglesia carismática precisamente aquí, sobre la tumba de San Francisco, el 26 de octubre de 2000”. Concluyendo, afirmó que “el Espíritu Santo ha orientado a todos hacia este camino comunitario, que redescubre a la Iglesia como una familia de hermanos unidos por un único Padre”.
Los testimonios han puesto en evidencia esta relación de comunión y las respuestas fuertes y concretas a problemas, divisiones y las más variadas llagas. Como el testimonio de Sor Viviana Ballarin, presidente nacional de la USMI (Unión de Superioras Mayores) sobre las comunidades religiosas de varios órdenes de Kabul: “Pobres, sin nada, junto a los débiles. Sin embargo allí he visto la Iglesia de los orígenes, donde Jesús era el centro de todo”.
El alegre encuentro se concluyó con la firma solemne de un pacto de comunión y de amor recíproco, por parte de decenas y decenas de representantes de carismas antiguos y nuevos, y con la explosión de la fiesta de los jóvenes, en la noche. En la plaza que está delante de la Basílica, un recital musical narró la historia de Chiara Luce Badano, la joven de 18 años proclamada beata recientemente, e indicada por el Papa como modelo para los jóvenes. También ella fruto de un carisma, el de Chiara Lubich, vivido con su familia y con la comunidad parroquial de su pueblo.
Primer obispo vietnamita hacia la santidad
Muchos han conocido las vicisitudes humanas del cardenal vietnamita François-Xavier Nguyên Van Thuân, quien estuvo en la cárcel por más de trece años. Muchos se sintieron alentados por su testimonio heroico de fe y experimentaron personalmente la caridad, forjada en el crisol de la prueba, de esta gran personalidad contemporánea.
Sólo después de 8 años de su desaparición, el 22 de octubre, se abrió para él el Proceso de Beatificación con la ceremonia oficial en San Juan de Letrán.
Nacido en 1928, en Vietnam, en el seno de una antigua familia de tradición cristiana, fue ordenado sacerdote en 1953, y ya en 964 se convirtió en rector del seminario de Hue. El 3 de abril de 1967, Pablo VI lo nombró primer obispo vietnamita de Nha Trang. Eligió como lema Gaudium et Spes porque deseaba ser un apóstol de la alegría y de la esperanza.
Un hombre de rica y profunda espiritualidad, halló gran inspiración para su vida personal y para su misión pastoral en el encuentro, en 1974, con Chiara Lubich y su espiritualidad de la unidad.
En 1975 fue arrestado y encarcelado por el gobierno comunista. Nunca lo procesaron ni condenaron. Transcurrió más de trece años en cárcel, de los cuales nueve en aislamiento.
Su elección de Jesús Crucificado y Abandonado, punto fundamental de la espiritualidad de la unidad, como Aquél a quien hay de imitar, le dio la fuerza para ser un testigo de la esperanza y de la caridad, siempre, y en forma indescriptible durante los oscuros y largos años de prisión. Años después, en julio de 2001, ante 1300 sacerdotes reunidos en Castelgandolfo, afirmó que “el haber conocido a Chiara Lubich y su carisma de unidad, me salvó en aquellos largos años”.
Sus muchos escritos contienen verdaderas joyas de auténtica espiritualidad evangélica, ilustrados por innumerables experiencias que resplandecen como vía de santidad para cualquiera que encuentre este gran testigo de nuestro tiempo.
He aquí uno:
“Una noche, en la cárcel, desde lo más profundo de mi corazón, escuché una voz que me preguntaba: ‘¿Por qué te atormentas? Debes saber discernir entre Dios y las obras de Dios. Todo lo que has hecho y que todavía desearías hacer: visitas pastorales, formar seminaristas, religiosas y a los demás miembros de las órdenes religiosas, construir escuelas, evangelizar a los no cristianos. Todo esto es un óptimo trabajo, es trabajo de Dios, ¡pero no es Dios! Si Él te pide que lo dejes todo y confíes cada cosa a sus manos, hazlo y confía en Él. Dios sabrá hacer las cosas infinitamente mejor que tú: confiará el trabajo a otros más capaces que tú. ¡Tienes que elegir a Dios y no su trabajo!’.Fue una luz que cambió totalmente mi forma de pensar.
Entonces cuando los comunistas me hicieron bajar a la bodega de un barco, la Hai-Phong, repleto, junto con otros 1500 prisioneros que eran transportados al Norte me dije: ‘Ésta es mi catedral, éste es el pueblo que Dios me confía para que yo lo cuide, he aquí mi misión: asegurar la presencia de Dios entre esta gente, entre estos miserables y desesperados hermanos míos. Es Su voluntad que yo esté aquí. Acepto Su Voluntad’. Desde ese momento una nueva paz llenó mi corazón y nunca más me abandonó en esos trece años”.
Autor de numerosos libros –algunos publicados por Ciudad Nueva- incansable predicador, testigo de una fe heroica y de caridad sin límites, Van Thuàn será recordado también por su gran compromiso en la reedición del compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y por los últimos años de su vida gastados intensamente al frente del Consejo Pontifico de Justicia y Paz.


