Movimiento de los Focolares

Chiara Lubich: el Resucitado en nosotros y entre nosotros

¡Jesús resucitó! Y nos dejó la consigna de ser los testigos de su presencia viva entre nosotros que transforma la sociedad. Una invitación a ser portadores del anuncio de la Buena Noticia a los ambientes en los que vivimos. Jesús nos aseguró que Él estaría presente allí donde dos o más estuviesen unidos en su nombre.[1] Así pues, dejar vivir al Resucitado en nosotros y en medio de nosotros: este es el secreto, el camino concreto para realizar el Reino de Dios; he aquí el Reino de Dios en acto. […] Una consigna que Jesús dejó no solo a sus apóstoles, sino a toda la Iglesia y a cada uno de nosotros. La tarea de la Iglesia será dar testimonio del Resucitado; y no solo mediante el anuncio que sus ministros deben hacer, sino también y sobre todo a través de la vida de cada uno de nosotros, sus miembros. Dar testimonio del Resucitado significa mostrar al mundo que Jesús es Aquel que vive; y esto será posible si el mundo puede ver que Jesús vive en nosotros. Si vivimos su Palabra, si sabemos vencer las inclinaciones del hombre viejo[2], sobre todo manteniendo encendido en el corazón el amor al prójimo, si nos esforzamos en especial por mantener siempre el amor mutuo entre nosotros, entonces el Resucitado vivirá en nosotros, vivirá en medio de nosotros e irradiará su luz y su gracia alrededor, transformando cada lugar con frutos incalculables. Y será Él quien guíe nuestros pasos y nuestras actividades con su Espíritu; quien disponga las circunstancias y nos proporcione las ocasiones para llevar su vida a las personas que necesitan de Él. […] Sin menospreciar los proyectos que tenemos que programar y los medios que el progreso técnico nos ofrece para llevar el anuncio evangélico, tenemos que hacer sobre todo una cosa: ser sus testigos y dejar que el Resucitado viva en nosotros.

Chiara Lubich

 (Chiara Lubich, en Palabras de Vida /1, Ciudad Nueva, Madrid 2020, pág. 364-365)  [1] Cf. Mt 18, 20. [2] Cf. Ef 4, 22-24 y Col 3, 9-10.

Una familia en acción: solidaridad con Ucrania

Desde el comienzo del conflicto en Ucrania, la Coordinación emergencias del Movimiento de los Focolares ha promovido una recolección de fondos para sostener a la población local.

En este vídeo, Mira, focolarina eslovena que vive en Ucrania y trabaja para la Caritas-Spes, nos cuenta lo que está sucediendo, las acciones y las ayudas que estamos realizando gracias al aporte de todos ustedes.

https://youtu.be/Q3FBpaKQ_3I

Para contribuir en la recolección de fondos de la Coordinación emergencias del Movimiento de los Focolares puedes donar a:

Azione per un Mondo Unito ONLUS (AMU) IBAN: IT 58 S 05018 03200 000011204344 – Banca Popolare Etica Código SWIFT/BIC: ETICIT22XXX

Azione per Famiglie Nuove ONLUS (AFN) IBAN: IT 92 J 05018 03200 000016978561 – Banca Popolare Etica Código SWIFT/BIC: ETICIT22XXX

Causa: Emergencia Ucrania

En diálogo con el Prof. Vincenzo Buonomo

El Rector de la Pontificia Universidad Lateranense (Roma) y docente de Derecho Internacional, afirma que no existe y no puede existir una guerra «justa». Nada puede justificar un conflicto armado. La paz es algo que debemos construir individualmente y juntos. Debemos tener el corazón dilatado sobre el mundo entero; no olvidar ningún conflicto y actuar para dar nuestro aporte a la paz a todos los niveles. https://www.youtube.com/watch?v=JWiJRfRyCXg

Chiara Lubich: la esencia del amor cristiano

En el corazón de la Semana Santa que estamos iniciando, el Jueves Santo reviviremos el lavatorio de los pies que Jesús hace a sus discípulos, en el que realiza este acto de amor poniéndose en el último lugar. Chiara Lubich nos introduce con el siguiente texto en la esencia del amor cristiano, que se traduce en comportamientos concretos, capaces de generar reciprocidad y paz. La unidad que nos ha traído Cristo debe ser siempre renovada y traducida en comportamientos sociales concretos, totalmente inspirados por el amor recíproco. De aquí parten las indicaciones sobre cómo orientar nuestras relaciones: Benevolencia: querer el bien del otro. Es “hacerse uno” con él, acercarse a él completamente vacíos de nosotros mismos, de nuestros intereses, de nuestras ideas, de muchos preconceptos que nos nublan la vista, para hacernos cargo de lo que le pesa, de sus necesidades, de sus sufrimientos, para compartir sus alegrías. Es entrar en el corazón de aquellos con quienes nos relacionamos para compartir su mentalidad, su cultura, sus tradiciones y, en cierto modo, hacerlas nuestras; tratar de comprender verdaderamente qué necesitan y saber captar esos valores que Dios ha sembrado en el corazón de cada persona. En pocas palabras: vivir para quien está a nuestro lado. Misericordia: aceptar al otro tal como es, no como querríamos que fuese, con un carácter distinto, con nuestras mismas ideas políticas, nuestras convicciones religiosas, y sin esos defectos o modos de comportarse que tanto nos chocan. No: hay que dilatar el corazón y hacerlo capaz de aceptar a todos en su diversidad, en sus límites y miserias. Perdón: ver al otro siempre nuevo. Incluso en las convivencias más hermosas y serenas, en familia, en la escuela, en el trabajo, no faltan momentos de roce, divergencias, choques. Se llega a no dirigirse la palabra, a evitar encontrarse, cuando no arraiga en el corazón un verdadero odio hacia quien no piensa como nosotros. El compromiso fuerte y exigente es tratar cada día de ver al hermano, a la hermana, como si fueran nuevos, novísimos, sin recordar las ofensas recibidas, sino cubriendo todo con el amor, con una amnistía completa de nuestro corazón, a imitación de Dios, que perdona y olvida. Por otra parte, la paz verdadera y la unidad se alcanzan cuando la benevolencia, la misericordia y el perdón se viven no solo individualmente, sino juntos, en la reciprocidad. Al igual que en una chimenea encendida, hay que remover las brasas de vez en cuando para que no las cubran las cenizas, también es necesario de vez en cuando proponerse renovar el amor recíproco, reavivar las relaciones con todos, para que no las cubran cenizas de la indiferencia, de la apatía, del egoísmo Estas actitudes requieren traducirse en hechos, en acciones concretas. El mismo Jesús demostró lo que es el amor cuando sanaba a los enfermos, cuando daba de comer a multitudes, cuando resucitaba a los muertos, cuando lavó los pies a sus discípulos. Hechos, hechos: eso es amar. También nuestra jornada puede llenarse de actos de servicio concretos, humildes e inteligentes, expresión de nuestro amor. Veremos crecer a nuestro alrededor la fraternidad y la paz.

Chiara Lubich

(Chiara Lubich, en Parole di Vita, Città Nuova, 2017, pag. 786/8)

Evangelio vivo: “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda criatura”. (Mc 16,15)

Proclamar la Palabra no es simplemente hablar, más bien es una acción concreta, que se manifiesta en la vida, en la relación con los demás, con la creación. Es una misión: ser hermanos y hermanas, la imagen del Reino de Dios en nuestro tiempo. Artesanos de paz Burundi es un país muy bonito, pero después de la guerra civil miles de personas de diferentes grupos étnicos emigraron y ahora estamos dispersos en todo el mundo. Los tutsis huyen de los hutus y viceversa, sin contar el regionalismo que enfrenta a la gente del sur con la del norte y que es muy fuerte, sobre todo en lo que respecta al reparto del poder. ¿Y qué hacemos los cristianos? Aquí en Canadá, mi marido y yo pensamos en crear un pequeño mundo nuevo dentro de la comunidad burundesa: a través de diversas actividades culturales y deportivas, damos paso no solo a nuestros compatriotas, también a otros africanos y a nuestros amigos y vecinos de Quebec, de reunirse en torno a una comida tradicional, una bebida y buena música. Nuestro principal objetivo es contribuir a la realización del testamento de nuestro Señor: «Que todos sean uno». Estamos convencidos, de hecho, de que cada cristiano debe contribuir, a su manera, a la realización de este proyecto. Ahora, varios burundeses están en contacto permanente y se dan la mano, cosa que antes no hacían. (Florida K. – Canadá) Una decisión común Un día, al notar que algo preocupaba a una colega, me acerqué a ella y le pregunté amablemente cómo estaba. Fue entonces cuando me confió que había decidido acoger en su casa una hermana con cáncer en fase terminal. Como me dijo que necesitaba comida especial, incluyendo un tipo de leche muy cara, sentí que también quería contribuir. Podía extraer de mi cuenta, segura de que mi marido estaría de acuerdo, pero esta vez quería decidir con él. No siempre había hecho esto en el pasado, especialmente para los gastos pequeños. Pero desde que nos comprometimos a vivir las Palabras del Evangelio con más convicción, nos volvimos más sensibles al hecho de que “es mejor juntos”. Así que, cuando ambos llegamos a casa del trabajo, le hablé de mi colega y de la ayuda que quería brindarle. Me apoyó inmediatamente. No sólo eso, sino que sugirió dar el doble de la cantidad que yo había planeado. Su rostro expresaba una gran alegría. Esta atención al prójimo que sufre nos hizo sentir más unidos. (Thanh – Vietnam) Optimizar las relaciones A menudo tengo la tentación de “optimizar el tiempo” de acuerdo con mi propio programa, decepcionándome cuando el orden establecido de las cosas por hacer, se ve alterado por un imprevisto: aquel imprevisto que tan a menudo comunica la voluntad de Dios y da un sabor diferente a la jornada. Sin embargo, cada vez me doy más cuenta de que, en el entramado de la vida cotidiana, la mejor actitud es “optimizar las relaciones” con cada prójimo que encuentro. ¡Y aquí la prisa es el gran enemigo! Así que intento detenerme, por ejemplo, con los jubilados debajo del edificio, con la vecina del piso, recién salida del hospital. Me detengo para dar los “buenos días” al habitante en arresto domiciliario, al que muchos marginan por miedo, y para advertirle de que hoy se cortará el agua a todo el barrio por obras de mantenimiento. (Ciro – Italia)

Por Maria Grazia Berretta

(extraído de Il Vangelo del Giorno, Città Nuova, año VIII, nº 2, marzo-abril de 2022)