Movimiento de los Focolares
Una acción en conjunto realizada en unidad

Una acción en conjunto realizada en unidad

Soy un voluntario del Movimiento de los Focolares, y el verano pasado, durante una excursión a la montaña con Anna y Toni, amigos de nuestro grupo Nuevas Familias, salió que había trabajado como auxiliar de vuelo para la aerolínea nacional italiana durante muchos años. Enseguida me preguntaron si conocía a un vecino suyo que había trabajado en la misma empresa. Al oír su nombre, lo recordé al instante, aunque habían pasado 30 años. Me contaron que su situación era muy triste. Abandonado por su familia, aquejado de graves enfermedades, vivía solo en una casa grande y deteriorada que necesitaba reparaciones urgentes. Después de nuestra reunión, me di cuenta de que necesitaba echar una mano.

Así que, junto con Toni y Anna, mi esposa Rita y otros, creamos un plan de acción. Empezamos arreglando una puerta ventana con cristales rotos, gracias a la ayuda de un amigo carpintero. Después, instalamos una puerta nueva que daba al sótano y arreglamos la puerta del baño, que el perro había mordido. Después, arreglamos una puerta corredera que dejaba entrar la lluvia y la terraza, que tenía goteras. Contratamos a una persona de limpieza, arreglamos el sistema eléctrico con la ayuda de uno de un voluntario electricista, quien también arregló la calefacción con la ayuda de Toni. Mi esposa le dio un toque delicado decorando el patio con violetas de los Alpes en macetas. En resumen, Cesare, ese es su nombre, ahora vive en condiciones más humanas y se siente feliz porque está rodeado de personas que lo quieren. Estuvo hospitalizado durante las fiestas navideñas y lo visitamos con frecuencia.

Es una alegría saber que esos gestos le han devuelto la fe en la humanidad.

Recogido por Carlos Mana

Foto © Pexels-Ksenia Chernaya

Un pequeño milagro en 27 horas

Un pequeño milagro en 27 horas

Jueves, 5 de febrero, 22:00

Christine Schneider-Heinz y Michael Heinz, de Eggenburg, cerca de Viena, Austria, leyeron un breve mensaje en sus celulares de la comunidad de los Focolares en Kiev: hay una necesidad urgente de ropa de invierno para la gente de Ucrania. Ambos llevan mucho tiempo comprometidos con la ayuda a refugiados de diversos países, habiendo organizado albergues en su ciudad y colaborado con la asistencia inicial. Inmediatamente, comenzaron a pensar en quienes involucrar.

Viernes 6 de febrero, antes del café de la mañana

Llegan los primeros mensajes y solicitudes, la primera a una amiga que trabaja en la fábrica de zapatos cercana y que ha conseguido organizar donaciones de zapatos varias veces. A las 10:00 h, llega la confirmación de 100 pares de zapatos de invierno, con transporte incluido a Eggenburg.

Viernes 6 de febrero – 11:30 h

Se publica un mensaje en WhatsApp y se envía una invitación a todos los amigos de la zona: entregar ropa de abrigo y calzado para la gente de Ucrania por la tarde, entre las 18:00 y las 20:00 h, en la parroquia católica.

Viernes 6 de febrero – 18:00 h

Christine Schneider-Heinz y Michael Heinz ya han revisado sus armarios y se dirigen a la parroquia con las primeras bolsas, con etiquetas en inglés y ucraniano para que puedan empaquetar y etiquetar todo lo que llegue.

Lo que les espera es increíble: presencian una muestra abrumadora de solidaridad y disponibilidad. La alcaldesa compartió la petición en la aplicación municipal, la parroquia a través de la suya, y muchos compartieron compartido el mensaje en sus propios estados y en diversos grupos.

La gente llega con chaquetas, junto con cajas, bolsas y paquetes llenos de cosas. Algunos traen la mercancía, otros la reciben, la clasifican, la empaquetan y la etiquetan. Jóvenes de Járkov y Afganistán, y mujeres de Kiev y Eggenburg trabajan codo con codo.

Algunas familias regresan directamente de sus vacaciones en la nieve y traen espontáneamente su equipo de esquí y ropa térmica. Un hombre se quita su preciada chaqueta de plumas, la deja allí y se va a casa en mangas de camisa. Muchos no se conocen, pero se quedan para ayudar, y todos están contentos de contribuir. A las 22:30, dos minibuses ya están llenos.

Sábado 7 de febrero, temprano por la mañana

Los dos primeros minibuses parten hacia Viena, donde se descarga el material en el punto de entrega. Mientras tanto, la clasificación, el etiquetado y el embalaje continúan en la parroquia de Eggenburg. El tercer minibús sale hacia Viena a las 14:00.

Las donaciones llegan de todas partes, y participa una gran variedad de personas: el alcalde actual y dos exalcaldes, el asistente pastoral y un profesor de alemán, un pizzero afgano y otros comerciantes, padres con hijos y jubilados.

Se percibe una gran cordialidad entre todos: la gente se abraza, pero también hay quienes dejan sus bolsas en la puerta con timidez y se marchan rápidamente.

Alguien escribió: “Dios mío, algo así nos da esperanza de que la humanidad aún puede cambiar el rumbo. Se percibe el deseo de ayudar después de todas las noticias de la Kiev bombardeada y helada. Entonces alguien empieza a ayudar, y de repente ocurre un pequeño milagro”.

Sábado, 7 de febrero, 15:00 h

Más de una tonelada ha sido clasificada, empaquetada, etiquetada, cargada y entregada al punto de recogida para Ucrania. Han pasado veintisiete horas desde la petición. La entrada de la parroquia está vacía y ordenada. ¿Fue un sueño? No. Pero quizás Eggenburg experimentó un pequeño milagro.

De Christine Schneider-Heinz
https://fokolar-bewegung.at/nachrichten/die-magie-des-augenblicks

Foto: © Sepp Schachinger, Michael Heinz

La enfermedad en comunión

La enfermedad en comunión

Tengo 62 años, soy irlandés y vivo en Taiwán desde hace muchos años. Padezco fibrosis pulmonar desde hace un tiempo, así que cuando empecé a sentirme más cansado, pensé que solo era un empeoramiento. Fui al médico casi sin darle importancia. En cambio, me dijeron, sin rodeos y sin preparación: cáncer en etapa 4, ya extendido al otro pulmón y quizás a otras partes.

Mi primera reacción fue llamar a mi esposa. Ella y mi hija, que vive con nosotros en Taiwán, estaban sentadas junto al teléfono en silencio. Mi otra hija está en Irlanda. En ese momento, no temí por mí: mis pensamientos se dirigieron de inmediato a ellas, al peso que esta noticia les impondría. Y con ello, un profundo arrepentimiento por todas las veces que no las había amado lo suficiente, por las heridas dejadas en el camino. Parecía demasiado tarde para enmendar el daño.

Un día, un sacerdote vino a celebrar misa en nuestra casa. Conozco el Movimiento de los Focolares desde los once años, y siempre he vivido la ofrenda de mí mismo a Dios durante la consagración. Pero esa vez entendí algo nuevo: podía poner en el cáliz, junto conmigo, a todas las personas a las que había hecho daño. Podía encomendárselas a Jesús para que sanara lo que yo ya no podía reparar. Fue un inmenso alivio. Desde entonces, una gran serenidad me acompaña.

Hace ocho años, a mi esposa le diagnosticaron cáncer de mama. Ya hemos pasado por momentos difíciles. Entonces, como ahora, elegimos confiar en el amor del Padre. Cuando rezo el Padrenuestro y digo: “Hágase tu voluntad”, siento que toda mi vida está custodiada en el cielo. El futuro no me pertenece: está en manos de Dios. Solo tengo que decir que sí.

A menudo recuerdo Loppiano, en Italia, donde de joven sentí una poderosa llamada a seguir a Jesús. Con el tiempo, comprendí que era una invitación a reconocerlo sobre todo en el dolor, en ese rostro que el carisma llama “Jesús Abandonado”. Incluso cuando mi esposa estaba enferma, ante la cruz comprendí que no basta con quedarse allí mirando: debemos subir con Él, entrar en su abandono y dejarnos guiar hacia el Padre. La casa está allí.

Antes de mi diagnóstico, tenía una vida plena: enseñaba en la universidad, orientaba a estudiantes y jóvenes, apoyaba a familias y participaba en la vida del Movimiento. Ahora todo se ha reducido. Estoy de baja y rara vez salgo para evitar el contagio. Pero está sucediendo algo sorprendente: la gente me está contactando. Me escriben desde todos los continentes, rezan por mí. Jóvenes de Taiwán han creado un grupo para rezar juntos cada semana. Pensé que había sembrado poco; ahora veo que el amor está volviendo multiplicado.

Cuando hablo abiertamente de mi enfermedad, muchos encuentran el valor para abrir sus heridas. Mi debilidad se convierte en un espacio de comunión. Es como si, elevado en la cruz, Cristo atrajera corazones hacia sí. Esta enfermedad, que humanamente es una condena, se revela como una oportunidad de aceptación.

Hay dolores que se pueden compartir con todos, y otros que solo se pueden decir a Dios, en un diálogo profundo con Él. Sé que llegarán momentos en que ni siquiera tendré la fuerza para ofrecer mi dolor. Por eso me preparo así: repitiendo mi sí: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42). Sé que no soy capaz de afrontar solo lo que viene. Pero también sé que no estaré solo.

En estos meses he aprendido que el amor no es propiedad de quienes conocen a Jesús o se llaman cristianos. En el hospital, los médicos y enfermeras que me atienden no comparten mi fe, pero aman con una delicadeza y un cuidado que me conmueven. He visto en sus gestos cotidianos — una llamada extra, una explicación paciente, una presencia discreta — que el amor es más grande que las etiquetas. Cuando miro el dolor con los ojos del amor, no se queda encerrado en el miedo: se transforma, convirtiéndose en un espacio de esperanza, algo misteriosamente positivo. Es como si cada acto de cuidado, incluso inconsciente, ya fuera un viaje hacia Dios, porque el amor, dondequiera que esté, siempre conduce a Él.

Y dentro de esta inmensa comunión — formada por familiares, amigos, estudiantes, jóvenes, médicos que aman sin quizá comprender del todo por qué — experimento que todo está custodiado en un plan para el bien. No tengo que controlarlo ni comprenderlo del todo: solo puedo habitarlo, día tras día, con gratitud.

Recogido por Carlos Mana

Foto © Engin Akyurt-Pexels

La proximidad: puente para acortar las distancias

La proximidad: puente para acortar las distancias

«A medida que se avanza en la lectura, crece la conciencia de que todos están llamados a la ‘proximidad’, la percepción de ser capaces de vivirla y la liberadora convicción de que un estilo de vida de este tipo produce alegría y construye, ladrillo a ladrillo, el camino hacia un mundo más cohesionado».

Es el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, quien utiliza estas palabras en el prefacio del libro de Margaret Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares, titulado «Prossimità, via alla pace. Pagine di vita».

Un texto fuertemente autobiográfico en el que la autora recorre la historia de su familia y nos habla de sí misma, de sus orígenes, de su infancia en Haifa (Israel), de las personas que encontró y de su decisión de consagrarse a Dios. Pero, al mismo tiempo, se trata de un verdadero itinerario, una guía o, como también lo describe Pizzaballa, «un viaje multidimensional: hacia el interior, hacia el exterior y hacia lo Alto», que permite al lector captar la invitación de la autora a involucrarse en el encuentro con los demás.

El texto fue presentado en la Sala Giubileo de la Universidad Lumsa (Roma, Italia) el 30 de enero de 2026 durante un evento que se transformó en una ocasión única de intercambio y diálogo y que, centrándose precisamente en el tema de la «proximidad», quiso hacer de ella una experiencia concreta.

Fue el Prof. Francesco Bonini, rector de la Lumsa, quien abrió los trabajos; con su saludo dio inicio a este encuentro, moderado por Alessandro Gisotti, vicedirector editorial del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede. Intervinieron junto a la autora el Imam Nader Akkad, consejero para los asuntos religiosos de la Gran Mezquita de Roma; Irene Kajon, miembro de la Comunidad judía y profesora emérita de Filosofía moral en la Universidad La Sapienza de Roma; y Alberto Lo Presti, profesor asociado de Historia de las doctrinas políticas en la Lumsa.

El debate, a la luz del libro de Karram, abordó varias temáticas. Entre las primeras intervenciones, una mirada atenta al valor de la identidad, como proceso, como movimiento. Un tema que se repite sobre todo en las primeras páginas —explica la profesora Kajon—, donde se muestra una realidad que revela el entretejido y la convivencia de muchas culturas, lenguas y religiones diferentes. En la lógica de la proximidad —continúa Kajon—, es bueno que la identidad, sea una identidad que, en el entrelazado de diferentes elementos, mantenga siempre una inquietud (…) porque precisamente esto garantiza la apertura al otro (…). Lo que unifica la identidad es precisamente la proximidad, es decir, el ser humano. Es la familia humana la que permite unificar las identidades que se encuentran en cada uno».

El imán Nader Akkad, al pensar en su ciudad, Alepo (Siria), habló de la proximidad como un concepto nada abstracto, sino más bien concreto que encuentra en la cercanía al otro y en la fraternidad el único camino posible de realización. La proximidad se convierte en la posibilidad de alcanzar un «significado compartido» y es el concepto de «familia» el que está a la base de la sociedad, —sigue diciendo el imán Akkad—: un puente colgante en sí no sirve para nada. Se necesitan dos orillas. A veces, las orillas se endurecen (…). La proximidad acorta las distancias, nos hace comprender lo cerca que estamos. Cuando me aproximo, reconozco al hermano, sus sufrimientos, sus alegrías. La proximidad nos ayuda a viajar entre las diversas identidades (…) y a sentirnos ‘no como minorías, sino como ciudadanías’, para construir juntos la paz.

El profesor Lo Presti, refiriéndose al concepto de «Amor inventivo» como agente de transformación social, política y cultural propuesto por Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, a la luz de las crisis actuales, afirma: «Cuando vemos que en el sistema internacional hay conflictos y divisiones, lo que entra en crisis no es la visión del mundo unido de Chiara Lubich (…), sino todas aquellas creencias, aquellas filosofías, aquellas visiones demasiado modernas, que creían que el hombre habría alcanzado los objetivos más hermosos de su aventura civil a base de racionalidad o confiando en el progreso científico y tecnológico, o simplemente logrando extender los mercados en una globalización indistinta, etc. (…). El mundo unido, que debería ser el fruto de la proximidad —continúa Lo Presti— no es una marcha triunfal, es una carrera de obstáculos. Se necesitan personalidades capaces de dirigir la mirada más allá del obstáculo y no rendirse ante él. Se necesitan figuras de personas tan capaces de albergar la esperanza que brota de su propio corazón, que ven en las crisis las oportunidades futuribles. Y todo esto significa, precisamente, ser inventivos, creativos».

Por lo tanto, un intento de levantar la mirada, un intento que, a partir de los encuentros con varias personas y personalidades, llevó a Margaret Karram a escribir ese texto. Este momento de diálogo auténtico, afirmó Karram, «me hace comprender que somos muchos los que llevamos en el corazón las esperanzas y los interrogantes de nuestro tiempo. Este libro no nace solo de mí. Es una historia plural. El tiempo en el que vivimos es particular, corre velozmente, vivimos constantemente conectados. Sin embargo, esto crea también nuevas distancias, a menudo invisibles, pero muy profundas. Por eso, entrar en el tema de la proximidad no ha sido para mí ni para el Movimiento de los Focolares una elección tomada a la ligera. Cuanto más escuchaba a las personas, a las comunidades, a los jóvenes, a las familias, más veía surgir una necesidad universal, la necesidad de sentirnos cercanos unos a otros, no cercanos a través de una pantalla, sino cercanos en la concreción de la vida».

El evento, que partía de la presentación de un libro, se convirtió en un momento de comunión que abre a la visión del prójimo como el primer escalón hacia el camino de la paz; se transformó en oportunidad: la de reencontrarse, de escucharse de manera sinodal y descubrir que construir relaciones cotidianas, pequeñas chispas de esperanza, puede hacer la diferencia.

Maria Grazia Berretta

Para revivir el evento https://youtu.be/eGvxpf29BlU

Fotos © J. Garcia, J. Masera – CSC Audiovisivi

Proximidad más allá de la distancia

Proximidad más allá de la distancia

Soy Vida, y desde hace unos años, junto con algunas personas de la comunidad lituana, apoyamos a la familia de Julia, de Indonesia. La conocí en 2018 en Manila, Filipinas, en el Genfest, el encuentro internacional de jóvenes del Movimiento de los Focolares. Con los años, a pesar de la distancia, hemos desarrollado un vínculo fraterno. Su familia vive en Medan y forma parte de la comunidad de los Focolares. Hemos podido apoyarlos en varios momentos difíciles, y siempre que han recibido ayuda, me ha sorprendido y dado alegría que pensaran inmediatamente en otras personas.

Antes de Navidad, Julia me contó su deseo de ayudar a los niños de un asilo para huérfanos. Necesitaban almohadas y colchones, que habían quedado destruidos por la inundación. Como es una persona muy práctica, ya había calculado la cantidad necesaria. Así que escribí a la comunidad lituana en nuestra página web, con la esperanza de que alguien pudiera donar algo. ¡Me quedé maravillada! Rápidamente recaudamos una suma mayor, que envié de inmediato a Julia, quien hizo todo lo posible por hacer felices a los niños. Además de los colchones y las almohadas, también recibieron un árbol de Navidad por primera vez.

Vida Laniauskaite

Foto: © Pexels on Pixabay

El Evangelio que pone “al otro” en el centro

El Evangelio que pone “al otro” en el centro

Soy un sacerdote anglicano de Uganda y descubrí la espiritualidad del Movimiento de los Focolares hace quince años, cuando cursaba mi formación ministerial en el seminario. Esta espiritualidad ha influido profundamente en mí, en mi familia y en mi Iglesia, ya que expresa idealmente dos aspectos fundamentales: el amor y la unidad. En ninguna parte de la Biblia encontramos pasajes que enfaticen la división, la separación, el odio, la malicia, el tribalismo, las divisiones denominacionales o la segregación racial. Al contrario, la Biblia invita a la unidad y al amor entre las personas, incluso cuando existen diferencias.
Estamos llamados a amar al prójimo sobre todas las cosas, porque por medio de él amamos a Dios. Así he aprendido a ver a Jesús en cada persona cercana a mí (cf. Mt 25) y siento una gran paz cada vez que comparto lo poco que tengo con quienes lo necesitan.

Jesús en una de sus últimas oraciones antes de su ascensión, en Juan 17:21, dice: “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti”. Esto implica que la unidad debería ser nuestro objetivo en la vida. Gracias a esta consciencia, he tenido la oportunidad de conocer y dialogar con muchas personas de diferentes denominaciones, como católicos, ortodoxos, luteranos, y también con personas de otras religiones, budistas y seguidores de religiones tradicionales, de todos los niveles y edades. Esto me ha dado una visión más amplia de cómo vivir y gestionar la vida de forma integral. He experimentado la alegría de ver en ellos a hermanos y hermanas.

También he visto a obispos de la Iglesia anglicana de Uganda abrazar esta espiritualidad a través de nuestra experiencia, la expresión de sus vidas y su testimonio. Actualmente, cinco obispos son amigos del Movimiento, incluyendo al arzobispo de la Iglesia anglicana de Uganda. Algunos de ellos también han participado en las en las conferencias ecuménicas internacionales de obispos organizadas por el Movimiento de los Focolares.

Actualmente hemos creado un grupo de comunión en la Universidad Cristiana de Uganda, con el objetivo de poner en práctica el amor y la unidad entre los jóvenes universitarios. Al mismo tiempo, también compartimos el valor de “Ubuntu” [1] dentro de la iniciativa Together for a New Africa, en la que participo como tutor en esta segunda edición. Después de todo esto, la gente suele hacerme preguntas que me cuesta responder: “¿Por qué siempre estás feliz? ¿Nunca te enojas? ¿Por qué siempre estás disponible? ¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Por qué eres tan generoso?”. Mi respuesta siempre ha sido: “Haz el bien, la recompensa está en el Cielo”.

Después de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, el quinto Evangelio que todos deberíamos leer es el del “tú” en el otro. Debemos considerarnos un testimonio vivo, para que nuestras obras y acciones reflejen la imagen de Dios, haciendo a los demás lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros. Poner en práctica lo que enseña la Biblia: amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente y con toda el alma, y al amar al prójimo como a nosotros mismos.

Reverendo Canónigo Bwanika Michael Eric


[1] Ubuntu es una palabra de origen bantú del África subsahariana que expresa una filosofía de vida centrada en la compasión, el respeto y la interdependencia humana, que se puede resumir en la máxima “Yo soy porque nosotros somos”, subrayando