Franco y Anna estaban casados desde el año 1991 y habían tenido tres hijos: Benedetta, Francesca y Federico. En agosto de 2025 Franco partió de improviso al Cielo, a la edad de 63 años. Esta noticia conmovió a muchas personas, no solamente en su ciudad, Poggio Mirteto (Italia), sino también a los muchos amigos del Movimiento de los Focolares que lo habían conocido. Había sido un gen (jóvenes de los Focolares) y luego, siempre encendido por el Ideal de la Unidad, había dicho su sí al llamado a vivir por Jesús, tanto en su trabajo (durante años trabajó en la Casa Editorial Città Nuova – Ciudad Nueva italiana). Allí había tenido contacto con gran cantidad de personas.
Junto a Anna, ese “sí” inicial que había pronunciado, a formar una familia fiel al “donde dos o más…”, se enriqueció con un compromiso en la comunidad local, a lo largo del itinerario de vida que recorrieron juntos. De una manera particular fueron muy activos en el Movimiento Familias Nuevas (rama de los Focolares, compuesta por familias que se proponen vivir la espiritualidad de la unidad) y con el acompañamiento a parejas en su proceso de preparación al matrimonio y al bautismo de los hijos.
Tras un largo período en la Casa Editorial, Franco empezó una nueva experiencia laboral como docente de religión en un Instituto técnico, dedicándose completamente y con pasión para tratar de ayudar a sus alumnos en un crecimiento sereno, aun en medio de las dificultades y dolores personales que los mismos chicos le contaban. El recuerdo que todos conservan más vivamente son las clases al aire libre, a la sombra de los árboles, en el jardín externo del colegio; su profunda capacidad de escucha y su sonrisa. Esa sonrisa la habían conocido también sus compañeros de trabajo, sus colegas, juntamente con su compromiso a crear en la escuela un clima de familia, con paseos por las montañas y momentos de convivencia.
En el último período de vida Franco respondió a un llamado que sintió: el de ser Diácono al servicio de la Iglesia. Lo hizo con humildad, en silencio pero estando siempre presente, dispuesto a ayudar a todo aquel que lo estuviera necesitando ante un problema. Todos los que se cruzaron con él recuerdan su gran sonrisa y que lograba transformar el humor de los que se le acercaban.
En las fotos: Franco con toda su familia; una excursión a la montaña; durante su servicio como diácono
Su casa estaba siempre abierta a todos y lo sigue estando, pues muchos amigos son un apoyo para Anna y sus hijos, gracias al amor que él sembró en estos años.
Incluso durante la internación de Franco en el hospital, la última semana antes del fallecimiento, los médicos quedaron impresionados por las continuas visitas de jóvenes que iban a verlo para despedirse de él, para darle un abrazo a la familia, o simplemente para estar allí presentes a su lado, y rezar juntos.
Un colega suyo, que se manifestaba como no creyente, lo saludó diciéndole que había sido “la persona más cercana al Evangelio” que hubiera conocido.
En la misa de despedida, su funeral, había muchísima gente, y numerosos los jóvenes que ocupaban incluso el atrio. Uno de los carteles que habían colgado decía: “Nos hablaste de fe pero nos ensañaste el amor”. Alrededor del altar un nutrido grupo de sacerdotes y diáconos junto al obispo, Monseñor Ernesto Mandara.
Durante la homilía, el padre Mauro Guida, párroco de la Catedral de la Asunción de Poggio Mirteto, citando a los Santos Lorenzo, Clara, Juana, Ponciano e Hipólito, recordados en los días anteriores, dijo: “Cada vez, cada nombre, cada palabra, cada rostro de santidad, parecía el retrato de nuestro querido Franco. Como hacían antes los niños, que se mostraban las figuritas y repetían el estribillo “la tengo, la tengo…”, de la misma manera Franco se había vuelto de golpe la imagen del que tuviera cualquier cualidad que se describiera, o que uno pudiera imaginar; ‘santidad de la puerta de al lado’, la llamó el Papa Francisco”.
“Hemos quedado profundamente conmovidos con la noticia de la partida al Cielo de Franco y encantados conociendo los detalles de su vida –afirmaron en una carta, Margaret Karram e Jesús Morán, Presidente y Copresidente (en 2025) de los Focolares–. Oraciones y profunda gratitud por su vida tan bella y luminosa. En la certeza de que ya ha sido recibido por Jesús, lo sentimos protector de Familias Nuevas y de las Nuevas Generaciones. Unidos de una manera muy especial a Anna e hijos”.
En las fotos: inauguración del aula al aire libre en el colegio donde daba clase
El colegio en el que Franco trabajó, el Instituto Gregorio da Catino de Poggio Mirteto, quiso dar su nombre a un aula al aire libre. El siguiente es el post publicado en la página del Facebook de la escuela: “Hay profesores que dejan una marca indeleble por su forma de mirar el mundo: Franco Fortuna era uno de ellos. Para recordar el amor que tenía por las clases al aire libre, hoy (5 de junio de 2026) hemos inaugurado una verdadera aula externa (…). Nuestro deseo es que pueda ser un lugar en donde los estudiantes sigan aprendiendo, dialogando y soñando, justamente como lo habría querido el profesor Fortuna”.
Lorenzo Russo Fotos: por cortesía de la familia Fortuna
Silvana “Ave” Cerquetti, artista, escultora y figura destacada del Movimiento de los Focolares, falleció el 3 de julio de 2026 en Padua, Italia, a la edad de 95 años. Nació en Roma el 9 de agosto de 1930, dedicó toda su vida a la búsqueda de la belleza como camino hacia Dios, dejando una profunda huella.
Desde su infancia, transcurrida entre Roma y Montefalco (Umbría, Italia) durante los difíciles años de la guerra, Ave demostró una extraordinaria sensibilidad hacia la creación. Fue en este pueblo de Umbría donde tuvo su primer contacto con el arte: pasaba horas observando a un alfarero trabajar, hasta que comprendió que esa misma arcilla podía convertirse en una herramienta para dar forma al mundo que llevaba dentro. Con el apoyo de su madre, creó un gran pesebre que atrajo la atención de todo el pueblo, anticipando una vocación que se desarrollaría años más adelante.
Después de estudiar en la Escuela de Arte y la Academia de Bellas Artes de Roma, donde se graduó en escultura en 1953, pronto se consolidó como una de las jóvenes promesas del arte italiano. Ya en 1952, una de sus obras fue seleccionada para representar a los estudiantes de la Academia en la Bienal de Venecia. Pero el éxito profesional no bastaba para satisfacer su inquietud interior.
El episodio que marcaría definitivamente su carrera tuvo lugar durante una visita a una exposición de Georges Rouault en el Palazzo Venezia. Ante un rostro de Cristo pintado por el artista francés, Ave vivió una experiencia que ella misma describió como deslumbrante: comprendió que el arte podía convertirse en una herramienta para comunicar a Dios a la humanidad. Desde ese momento, nació una convicción que la acompañaría toda la vida: “Haré arte sacro”.
En los años siguientes, se dedicó principalmente al retrato, ganándose el reconocimiento y la aclamación de los círculos artísticos romanos y un lugar destacado en las exposiciones de Via Margutta, la calle de los artistas de Roma. Quienes contemplaban su obra destacaban su habilidad para captar la esencia de las personas. Para Ave, de hecho, cada rostro merecía un respeto casi sagrado, pues era un reflejo de la obra creadora de Dios.
Un punto de inflexión decisivo se produjo en 1955, durante una estancia en Sassari (Cerdeña, Italia), un tiempo de profunda introspección. Allí descubrió el Movimiento de los Focolares gracias a una visita al focolar de la ciudad, que describió como un redescubrimiento de la armonía y la belleza que siempre había buscado. Marisa Cerini y Caterina Ruggiu la recibieron con alegría. Ave relata: “Aún estábamos en el pequeño vestíbulo, e inmediatamente tuve la extraordinaria sensación de entrar en esa unidad, armonía y belleza de la creación que tantas veces había contemplado, y me dije: ¡Aquí está Dios, aquí está la Iglesia!”. Este fue el episodio culminante en su búsqueda por regresar a la Iglesia Católica, dado que toda su familia se había unido en un momento dado a la Iglesia Valdense. Por ello, Ave siempre atesorará un amor especial por el ecumenismo, sin olvidar jamás orar por la unidad de las Iglesias.
Entre 1958 y 1960, vivió una intensa experiencia en Latinoamérica. Invitada a San Salvador para un intercambio cultural, pronto se estableció allí. Ave impartió clases de escultura en la Academia de Bellas Artes, donde recibió varios premios. Participó en la creación de la primera galería permanente de arte contemporáneo del país y creó obras significativas, incluyendo una estatua monumental de San Ignacio. Su éxito profesional fue notable, pero aún más significativa fue la maduración de su vocación. Su compromiso cristiano siguió guiando cada una de sus opciones, y durante su viaje de regreso a Italia, con paradas en los santuarios de Guadalupe, Lourdes y Montserrat, maduró la decisión de consagrar su vida totalmente a Dios en el focolar, una aventura que comenzó en mayo de 1961.
Al aceptar la invitación de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, de no abandonar el arte y la escultura, sino de ponerlos plenamente al servicio de Dios, sintió un profundo deseo de dejar de crear sola y trabajar en comunión con otras artistas que compartían el mismo camino espiritual. Así, junto con Tecla Rantucci, escultora, y Marika Tassi, pintora, fundó el Centro Ave, el primer taller, llamado así por la Lubich para que cada obra pudiera ser vivida como un regalo a la Virgen María. Fue entonces cuando Silvana adoptó el nombre de Ave, tanto en su vida como en su arte. El taller abrió inicialmente en un sencillo garaje romano, para luego trasladarse a Grottaferrata, una ciudad cerca de la capital, y posteriormente a Loppiano (Florencia).
Bajo su dirección, el Centro Ave se convirtió con el paso de los años en un importante laboratorio internacional de arte sacro. Allí se crearon obras que se han convertido en referentes para numerosos ambientes eclesiásticos, como la Bella Accoglienza, la Madonna del Buon Cammino, la Madonna della Neve y numerosas representaciones de Cristo y la Virgen, que se han difundido por todo el mundo. Al mismo tiempo, se desarrollaron estudios de diseño arquitectónico y litúrgico, que propiciaron la construcción de iglesias, complejos parroquiales e importantes proyectos de remodelación eclesiástica.
El Centro Ave fue reconocido como un claro referente estilístico por la crítica y en la iglesia, donde la arquitectura abraza la escultura y se ve envuelta por la luz de los vitrales, en un equilibrio perfecto entre las artes. Y Ave fue siempre el primer e incansable guardián de esta experiencia de unidad, que comenzó con el compromiso de cada una de dejar que el Maestro, Dios, viviera entre ellas, partiendo precisamente de esta dimensión comunitaria.
“Sacia esta sed de belleza que el mundo siente – afirmó Chiara Lubich en 1961, refiriéndose a esta realidad – manda grandes artistas, pero plasma con ellos grandes almas que, con su esplendor, puedan guiar a los hombres hacia el más bello de los hijos de los hombres: ¡Jesús!”.
Esta visión encontró una de sus máximas expresiones en el Santuario de María Theotokos en Loppiano, donde su contribución especial se hace evidente, considerada por ella como la culminación de una vida artística y espiritual. Incluso en sus últimos días, según cuentan quienes la conocieron de cerca, su rostro se iluminaba con solo oír el nombre.
Además de su creatividad, quienes trabajaron con ella a lo largo de los años recuerdan sobre todo su capacidad para valorar a los demás. Ave sabía reconocer la bondad oculta en las personas y fomentarla. Para muchas generaciones de artistas, fue una maestra no solo de la técnica, sino, ante todo, de la visión: una visión capaz de ver la belleza incluso en las realidades más simples y cotidianas.
En 1999, junto con Michel Pochet y Liliana Cosi, contribuyó a la creación de la Comisión Central para la Inundación del Arte, una hermosa expresión acuñada por Chiara Lubich para describir el impacto de la espiritualidad de la unidad en la cultura artística contemporánea. Esta iniciativa se ha extendido hasta convertirse en una vibrante red mundial itinerante de artistas.
Con su partida, Ave Cerquetti deja un legado vivo de obras, comunidades artísticas y relaciones humanas. Una vida entera dedicada a traducir al lenguaje de la materia, la forma y la luz la Palabra del Evangelio que se convirtió en el propósito de su vida: “Amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios” (1Jn 4,7).
“El Señor sigue llamando a través de Su palabra”, afirmó monseñor Stefano Russo, obispo de la Diócesis de Velletri-Segni y Frascati, cerca de Roma, Italia, en su homilía en la celebración Eucarística el sábado 17 de enero, con motivo de la conclusión de la Investigación diocesana iniciada en Albano para la causa de beatificación y canonización de Domenico Mangano, voluntario de Dios del Movimiento de los Focolares. Monseñor Russo continúa: “Así como le sucedió a Juan el Bautista, quien, iluminado por el amor de Dios, reconoció al Hijo de Dios y lo señaló a los demás (…) Algo similar sucede al inicio del camino de canonización de una persona cuando alguien señala la presencia de la santidad, consecuencia de un encuentro con Cristo. Esto también sucedió con Domenico, una comunidad ha dicho: lo hemos conocido, compartimos muchas experiencias con él participando juntos en un viaje santo, vimos sus acciones iluminadas por el Señor, particularmente desde el momento en que encontró el carisma de la unidad”.
La familia de Domenico Mangano, amigos y miembros del Movimiento estuvieron presentes en el auditorio del Centro Internacional de los Focolares, y una transmisión en vivo permitió a muchos seguir el evento desde todo el mundo.
¿Quién era Domenico?
Margaret Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares, describió la vida de Domenico como “una vida marcada por la disponibilidad, la atención a los demás y un amor concreto, vivido con discreción, pero con fidelidad. Como el Buen Samaritano, Domenico supo detenerse, hacerse prójimo y transformar el encuentro con los demás en un don”.
“Un laico cristiano que se tomó en serio su fe en su vida concreta”, dijo Jesús Morán, copresidente del Movimiento de los Focolares. “Esposo, padre, trabajador y ciudadano profundamente comprometido con su comunidad, nunca consideró el Evangelio como un asunto privado, sino como una luz capaz de iluminar las decisiones públicas, las responsabilidades sociales y el compromiso con el bien común. Su espiritualidad estaba profundamente encarnada: arraigada en la fe, que no aleja del mundo, sino que siempre está atenta a la historia, a los problemas de la gente y a las expectativas de la sociedad”.
Domenico sintió la llamada evangélica a servir a la comunidad, promoviendo el respeto, la dignidad, la corresponsabilidad social y una cultura de participación, para que cada ciudadano se sintiera parte vital de la sociedad. Fue un hombre de diálogo por decisión propia y responsabilidad cristiana. Para él, la política nunca fue un lugar de conquista, sino un espacio de servicio, una forma concreta de caridad social, vivida con seriedad moral, juicio claro y un profundo sentido de la justicia. Buscó constantemente unir el Cielo y la tierra traduciendo el mensaje del Evangelio a la vida social.
Margaret Karram, Presidenta del Movimiento de los Focolares; Jesús Morán, Co-presidente del Movimiento de los Focolares; Dr. Waldery Hilgeman, Postulador de la Causa y Mons. Stefano Russo, obispo de Velletri-Segni y de Frascati (Italia).
En este camino, la savia vital brotó de la espiritualidad de la unidad y del compromiso con los Voluntarios de Dios, definidos por Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, como “los primeros cristianos del siglo XX que viven para hacer visible a Jesús dondequiera que estén”.
Encarnando el estilo de vida evangélico, maduró en él una profunda dimensión espiritual: aprendió gradualmente a dejar que Dios fuera el centro, guiando su vida y sus decisiones, y, con Él, el hombre, la comunidad y el bien común. De ahí surgieron su libertad interior, su serenidad y la capacidad de amar concretamente.
El padre Andrea De Matteis, vicario judicial de la diócesis de Albano y delegado episcopal para esta Causa, recordó en su presentación que muchos han descrito a Domenico como “un místico de lo cotidiano: en él, la oración, la familia, el trabajo y el compromiso cívico formaban una sola realidad. Vivía una mística de la presencia, reconocible en los gestos más sencillos: en la escucha, en la palabra discreta, en la sonrisa. Un corazón contemplativo inmerso en el mundo, un hombre que buscaba agradar a Dios en lo concreto de la vida cotidiana. En su desconcertante sencillez, demostró cómo es posible hacer de lo ordinario algo extraordinario, de lo normal algo excepcional, y atraer lo divino a la frágil situación humana de cada persona”.
Domenico también afrontó la prueba de la enfermedad con una fe exigente, como un momento de confianza y sacrificio. En ese doloroso camino, reconoció una vez más la presencia de Dios que llama, transforma y conduce a la plenitud.
En las fotos: 1- Las cajas que contienen los documentos de la Causa – 2 – desde la izquierda, el Dr. Waldery Hilgeman, Postulador, y a continuación los miembros del Tribunal Diocesano de la Causa: Prof. Marco Capri, notario, Don Andrea De Matteis, vicario judicial de la diócesis de Albano y delegado episcopal, y el Prof. Emanuele Spedicato, promotor de justicia – 3 – a la izquierda, Ing. Juan Ignacio Larrañaga, responsable central de los Voluntarios de Dios; en el centro, el Dr. Paolo Mottironi, responsable central de los Voluntarios de Dios en el momento del inicio de la Causa.
La solemne conclusión de la fase diocesana de Domenico, que durante mucho tiempo contó con la dedicación del Ordinario de Albano, primero monseñor Marcello Semeraro y ahora monseñor Vincenzo Viva, del Tribunal, de algunos colaboradores y de numerosos testigos, fue un acontecimiento de profundo significado eclesial.
Con este acto oficial se declaró ante Dios y la comunidad eclesial que el trabajo paciente y apasionado de escucha, recogida y valoración de pruebas fue realizado por muchos con rectitud, verdad y fidelidad a las normas de la Iglesia, y con profunda conciencia del don a ellos confiado.
En Domenico Mangano vemos cómo la santidad puede florecer en la vida ordinaria, en las elecciones hechas con amor y verdad, allí donde el Señor nos pone, cuando el hombre se deja vaciar de sí mismo para dejarse llenar por Dios.
Un viernes llegó Moisés por recomendación de otro muchacho venezolano que vive en la misma Casa-Refugio; le había dicho que pasara a vernos, ya que –le aseguró– nosotros íbamos a poder ayudarlo como migrante. Moisés se nos acercó unas semanas antes de Navidad. Venía viajando desde Colombia, y tenía solo tres mudas de ropa, y además típicamente caribeñas; las había traído consigo en el viaje. Tenía frío. Gracias a Dios enseguida encontró trabajo en un restaurante, como lavaplatos y ayudante de cocina. Son pocos días por semana en los que trabaja, pero por lo menos recibe almuerzo y cena.
Lo primero que hicimos fue entregarle ropa invernal y una manta porque dormía en el suelo sobre una colchoneta que le había prestado el dueño de casa, un señor que incluso había aceptado, muy amablemente, que pagara el alquiler cuando recibiera el primer sueldo. Sin duda, tuvo mucha suerte, porque nada más llegar había conseguido ese trabajo, una habitación y un dueño de casa muy generoso. No todos los migrantes son tan afortunados. Se puso a llorar cuando vio lo que le estábamos entregando y “el amor de la familia” (así lo definió) que recibía.
Es un joven profesional en el campo contable y comercial. Estamos rezando y le hemos pedido a Dios que en un futuro pueda ejercer su profesión.
(S.R. – Perù)
La verdadera riqueza
Con mi cuñado la relación seguía siendo difícil. Primero habían sido las deudas por una actividad suya que había resultado deficitaria comercialmente y que había sido gestionada con inexperiencia y poca previsión. Por otro lado, tenía graves problemas de salud, que le exigían tratamientos y operaciones costosas. En todas esas ocasiones lo ayudamos, proveyéndole del dinero necesario, a costa de hipotecar nuestra casa y de usar los fondos acumulados para los estudios de nuestros dos hijos. No era fácil ir más allá de los límites humanos de ese pariente nuestro, pero constatando a qué extremo penoso había llegado solo venía a nuestra mente ese Jesús Abandonado que mi marido y yo queríamos amar. Tal vez nadie nos habría reprochado si no hubiéramos seguido pagando por los errores ajenos; pero, sin embargo, como cristianos, se nos pedía que fuéramos fieles a otra lógica. Hablando de todo ello con mi esposo, él trajo a colación una cuenta bancaria que había abierto para eventuales emergencias. Por más que íbamos a perder los intereses, lo ponía a disposición de su hermano. Inmediatamente nos sentimos más en paz y más unidos entre nosotros. Creo que esa es nuestra verdadera riqueza.
(C. – Corea del Sur)
Maria Grazia Berretta
(extraído de Il Vangelo del Giorno, Città Nuova, año XII– número 1° enero-febrero 2026)
Gratitud y reconocimiento a Dios. Estas palabras resumen la multitud de mensajes que han llegado de todo el mundo por Paolo Rovea. El 3 de julio de 2025, en un accidente de montaña, Paolo puso fin a su vida terrenal. Casado con Barbara, tienen cinco hijos: Stefano, Federico, Francesco, Miriam y Marco.
En 1975 conoció el Ideal de la unidad del Movimiento de los Focolares. “Me cambió la vida radicalmente”, dijo. Ese año, asistió al Genfest en Roma, y regresó con el deseo de vivir al 100% con los gen, los jóvenes del Movimiento de los Focolares. Durante 14 años, se comprometió incansablemente, haciendo del Evangelio su estilo de vida.
Con Barbara, también una gen, comenzaron a planear formar una familia. Las parejas comprometidas y las familias jóvenes comenzaron a considerarlos cada vez más como puntos de referencia. Una de ellas escribió: “Con gran dolor por esta pérdida, estamos profundamente agradecidos por el amor, la estima, y la confianza que recibimos de Paolo. Agradecidos por los muchos años de acciones extraordinarias y alocadas que compartimos. Con Barbara, él forjó la historia de Familias Nuevas —la rama de los Focolares para el apoyo familiar— y la historia de muchas parejas, incluida la nuestra”.
Paolo también se va consolidando cada vez más en su profesión, con experiencia y sensibilidad. Se graduó en medicina por la Universidad de Turín (Italia), especializándose en oncología y radioterapia oncológica. En la misma universidad, impartió un máster plurianual. Trabajó como médico de hospital y posteriormente se convirtió en jefe del departamento de Oncología y Radioterapia Oncológica en Turín, hasta su jubilación en 2021. También obtuvo un máster y realizó cursos de perfeccionamiento de bioética.
En 1989, sintió la llamada de Dios al camino del focolar y le confesó a Danilo Zanzucchi, uno de los primeros focolarinos casados: “Estoy en un momento muy importante de mi vida: mi trabajo como médico debe convertirse en permanente; me casé hace cinco meses. (…) Doy gracias a Dios por todos los dones que me ha concedido: en primer lugar, por el ideal de unidad (…), por mi familia (…) la vida gen (…); por Barbara, mi esposa, con quien estoy viviendo unos meses maravillosos (…) Te aseguro que emprendo con un renovado deseo de santidad este camino único que es el focolar”.
Una vida arraigada en un crecimiento constante en su relación con Dios.
Muchos recuerdan cómo Pablo rara vez decía que no a una petición o necesidad; estaba presente para quien lo necesitara con un amor concreto. Su talento y profesionalismo estaban al servicio de quienes lo rodeaban: si había que cantar o tocar música, cantaba y tocaba; si había que escribir un texto, escribía; si había que dar un consejo médico, estaba dispuesto; si había que dar un consejo, lo daba con desapego, animando a los temerosos y animando a los inseguros. Su capacidad para acercarse a la vida de todos los que iba conociendo, hizo que, con el tiempo, muchos lo percibieran como un verdadero hermano, un miembro de la familia, un amigo fiel.
Doy gracias a Dios por todos los dones que me ha concedido: en primer lugar, por el ideal de unidad (…), por mi familia (…) la vida gen (…); por Barbara, mi esposa, con quien estoy viviendo unos meses maravillosos (…) Te aseguro que emprendo con un renovado deseo de santidad este camino único que es el focolar”.
El compromiso de Paolo y Barbara con el Movimiento de los Focolares va creciendo, especialmente dentro de Familias Nuevas (FN). Una de los ámbitos que les apasiona profundamente es la educación sobre la afectividad y la sexualidad. Gracias a ellos, en 2011, en sinergia con las diversas agencias de formación del Movimiento de los Focolares, nació un programa en este ámbito, Up2Me, basado en la visión antropológica característica de los Focolares.
Maria y Gianni Salerno, responsables de Familias Nuevas, dicen: “Aunque a Paolo y Barbara los conocemos desde cuando éramos jóvenes, hemos trabajado juntos a diario durante los últimos 10 años en la Secretaría Internacional de Familias Nuevas. La pasión, la generosidad, la creatividad y el compromiso incansable con el que Paolo lo llevaba a cabo todo, siempre atento a la relación con cada persona, siguen siendo un testimonio muy grande para nosotros y siempre han sido un incentivo para avanzar juntos, para esforzarnos cada vez más y mejor por servir a las familias de todo el mundo. A menudo, cuando hablábamos con él sobre cómo abordar los desafíos que enfrentan las familias hoy en día, para estar cada vez más cerca de todos, sugería ideas innovadoras, útiles para adaptarse a los nuevos tiempos y a las necesidades de la gente. Viajó mucho con Barbara y dejó una estela de luz en todo el mundo”.
“Muchas de las nuevas iniciativas de Familias Nuevas, continúan los Salerno, fueron sugeridas y coordinadas por él, junto con Barbara. Entre ellas se incluyen el programa Up2me, Formato Familia, un programa de diálogo y crecimiento con otras familias en la ciudadela internacional de los Focolares en Loppiano, y, por último, pero no menos importante, la Loppiano Family Experience, una escuela de tres semanas para animadores de Familias Nuevas de todo el mundo, también en Loppiano. Incluso en esta dolorosa pérdida, sabemos que podemos contar con su apoyo irremplazable, que ahora, desde el Cielo, será aún más fuerte…”.
En el mundo también surgen espacios en los que la fraternidad se cultiva con propósito. Uno de ellos es MilONGa, un proyecto que se ha establecido como una iniciativa clave en el ámbito del voluntariado internacional, con el objetivo de promover la paz y la solidaridad a través de acciones concretas.
MilONGa propone una alternativa concreta: vivir la solidaridad en primera persona, a través de experiencias que trascienden fronteras culturales, sociales y geográficas.
Su nombre, que proviene de “Mil organizaciones no gubernamentales activas”, es mucho más que un proyecto. Es una red que une a jóvenes con organizaciones de diversas partes del mundo, brindándoles la oportunidad de involucrarse activamente en iniciativas sociales, educativas, medioambientales y culturales. Desde su creación, el programa ha crecido tejiendo una comunidad global que se reconoce en valores compartidos: la paz, la reciprocidad y la ciudadanía activa.
Lo que distingue a MilONGa no es solo la diversidad de sus destinos o la riqueza de sus actividades, sino el tipo de experiencia que propone: una inmersión profunda en realidades locales, donde cada voluntario y voluntaria no llega a “ayudar”, sino a aprender, intercambiar, construir juntos. Se trata de un camino de formación integral que transforma tanto a quienes lo viven como a las comunidades que los acogen.
Los países donde se pueden realizar estas experiencias son tan diversos como los jóvenes que las protagonizan y abarca distintas latitudes: México, Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Perú en América, Kenia en África, España, Italia, Portugal y Alemania en Europa, Líbano y Jordania en Medio Oriente.
En cada uno, MilONGa colabora con organizaciones locales comprometidas con el desarrollo social y la construcción de una cultura de paz, ofreciendo a los voluntarios oportunidades de servicio que tienen un impacto real y duradero.
Detrás de MilONGa hay un sólido entramado de alianzas internacionales. El proyecto cuenta con el respaldo del AFR.E.S.H., project, co-financiado por la Unión Europea, que permite consolidar su estructura y ampliar su impacto. Además, forma parte del ecosistema de New Humanity, organización internacional comprometida con la promoción de una cultura de unidad y diálogo entre los pueblos.
Una historia que deja huella
Francesco Sorrenti fue uno de los voluntarios que viajó a África con el programa MilONGa. Su motivación no fue solo el deseo de “ayudar”, sino una necesidad más profunda de comprender y acercarse a una realidad que sentía lejana. “Era algo que me llevaba dentro desde hacía años: una curiosidad profunda, casi una urgencia de ver con mis propios ojos, de intentar acercarme a una realidad que sentía lejana”, cuenta Francesco sobre su experiencia en Kenia.
Su experiencia en Kenia estuvo marcada por momentos que lo transformaron. Uno de ellos fue su visita a Mathare, un barrio marginal de Nairobi. “Cuando uno de ellos me dijo: ´Mira, aquí viven mis padres. Yo nací aquí, mis hijos también. Mi esposa la conocí aquí, y probablemente muramos aquí´, sentí una impotencia muy fuerte. Entendí que antes de hacer cualquier cosa, era necesario detenerse. Que no estaba allí para arreglar las cosas, sino para mirar. Para no dar vuelta la cara”.
También vivió momentos de luz en su trabajo con niños en una escuela local. “La alegría de esos chicos era contagiosa, física. No hacían falta muchas palabras: bastaba estar ahí, jugar, compartir. Ahí comprendí que no se trata de hacer grandes cosas, sino simplemente de estar presente”, cuenta.
Dos años después de su experiencia, Francesco sigue sintiendo su impacto. “Mi manera de ver las cosas cambió: ahora valoro más lo que realmente importa y aprendí a apreciar la simplicidad. Esta experiencia también me dejó una forma de fuerza, una tenacidad interior. Te queda dentro una especie de resistencia, como la que vi en los ojos de quienes, al amanecer, querían hacerlo todo aunque no tuvieran nada”.
Encuentros que multiplican el compromiso
En abril de 2025, MilONGa formó parte del congreso internacional “Solidarity in Action, Builders of Peace” que tuvo lugar en la ciudad de Porto, en Portugal. Este encuentro fue organizado en conjunto por AMU (Azione per un Mondo Unito), New Humanity NGO y el Movimiento de los Focolares de Portugal, reuniendo a jóvenes líderes de todo el mundo vinculados a los programas Living Peace International y MilONGa.
Durante tres días, Porto se convirtió en un laboratorio de diálogo y acción, en el que los y las jóvenes participantes intercambiaron experiencias, compartieron buenas prácticas y construyeron estrategias conjuntas para fortalecer su rol como agentes de paz. MilONGa tuvo un rol clave, no solo a través de la participación activa de sus voluntarios, sino también mediante la creación de sinergias con otras redes juveniles comprometidas con la transformación social.
Uno de los momentos más significativos del congreso fue el espacio de talleres colaborativos, donde los y las participantes imaginaron y diseñaron proyectos concretos de impacto local y global.
MilONGa no se define solo por lo que hace, sino por el horizonte que propone: un mundo más justo, más unido, más humano. Un mundo donde la solidaridad no es una consigna, sino una práctica cotidiana; donde la paz no es una utopía, sino una responsabilidad compartida.