Movimiento de los Focolares

Enfermedad: el límite transformado en riqueza

Feb 15, 2016

El testimonio de Giulio Ciarrocchi a propósito de la Jornada mundial del enfermo (11 de febrero). Desde hace 21 años sufre las graves consecuencias de un ictus.

20160213-02«Hace 21 años, el 3 de mayo, al salir de casa para llegar al banco donde trabajaba, no pensaba que a la noche no habría vuelto. Un fuerte dolor de cabeza obligó a mis colegas a llevarme a urgencias de un hospital. Tenía 49 años, una vida profesional bien encaminada, un ascenso inminente, una hermosa familia con tres hijas, desde los 18 a los 14 años. Imprevistamente me encontré en una silla de ruedas que ni siquiera lograba manejar, porque había perdido el uso de la pierna y también el del brazo. Me había convertido en una nada: me tenían que ayudar a comer, a lavarme, a vestirme… dependía de los demás en todo. Sentía dentro desesperación y angustia, sentimientos que trataba de apartar porque sabía que no eran la solución. Desde que había abrazado la espiritualidad de los Focolares, había aprendido a aceptar la voluntad de Dios, y aunque no entendía el porqué de esta ruina, con mi esposa Pina, queríamos creer que también esto era amor de Dios para mí, para nosotros. También nuestras hijas se involucraron en esta elección y desde los primeros días me encontré con una fuerza y una paciencia que nunca habría imaginado tener. En pocos meses recuperé el uso de la pierna y con gran esfuerzo y con el apoyo de un colega que me acompañaba, logré volver al trabajo por otros 7 años. Después no pude más. 20160213-01Mi discapacidad no me permitía caminar más que por breves tramos. No podía manejar el auto, bañarme solo, abrocharme la ropa, cortar la comida en el plato, preparar una cafetera, abrazar a mi esposa y a mis hijas. En síntesis, no podía hacer todos aquellos gestos en los que se precisa el uso de las dos manos. A veces, el miedo me resultaba aún más amargo que todo. Miedo a no poder ir adelante como pareja, miedo a la soledad, a mi fragilidad frente a las distintas situaciones, dudaba si sabía desarrollar el rol de padre y otras cosas. Después comenzaron otras etapas en mi salud: internamientos en el hospital, un tumor que fue frenado a tiempo, caídas con fracturas de huesos, etc. Hoy con tenacidad, sigo haciendo la fisioterapia, aunque sé que no existen perspectivas de curación. Pero por lo menos ayudan a enlentecer el proceso de invalidez. Más fuerte que todo sin embargo, es la gracia de la ceranía de Dios en cada momento que advierto dentro de mí. En estos 21 años la refinada fidelidad de Dios me ha acompañado siempre, con la delicadeza y la ternura que sólo Él sabe dar. Con Pina aprendimos a dejarnos llevar por El y a dejarnos sorprender por su amor. Y cuando todo parecía derrumbarse, o se volvía precario o confuso, en el fondo del corazón percibíamos que este modo de participar –en alguna medida- en el misterio de Jesús en la cruz, era para nosotros un privilegio. Como Él también yo, también nosotros tratábamos de superar el dolor amando a todos los que estaban a nuestro alrededor, experimentando, eso que podríamos llamar ‘alquimia divina’, es decir, que el dolor es un talento que se puede convertir en amor. 20160213-03Dios me/nos tomó de la mano y fue revelando poco a poco su proyecto sobre nosotros, nos hizo el don de entrar en profunda intimidad con Él y entre nosotros, haciéndonos comprender – en la luz- también el misterioso significado del dolor. Y aquello que podía parecer un límite se transformó en riqueza, aquello que podía frenarnos se transformó en una carrera, gracias a la fuerte experiencia compartida con muchos otros. Dios nos ha hecho más sensibles y misericordiosos hacia todos aquellos que con tanta fantasía nos pone al lado. Nos hace experimentar que ni siquiera una enfermedad invalidante puede quitar la posibilidad de ser instrumentos en las manos de Dios para el prójimo» Giulio Ciarrocchi

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