Movimiento de los Focolares

Evangelio vivido: “El que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes…”

Oct 30, 2024

Tratando de poner en práctica las palabras del Evangelio, en cualquier situación en que nos encontremos, podemos ponernos al servicio de nuestro hermano.

En la sala de espera

Hace algunos meses se me diagnosticó un tumor. El médico aconsejó empezar un tratamiento alternativo, para luego terminar con la radioterapia.

Cuando llegó mi primer día del ciclo de radioterapia me encontraba en una gran sala de espera, con muchos pacientes; yo los veía con la cabeza gacha… Presenté mi tarjeta magnética para anunciarme, pero me quedé de pie, porque ya no quedaban sillas. Ése fue el momento más fuerte, pero abracé y acepté el dolor que me provocaba esa situación. Al segundo día, le pedí a Dios que me diese la fuerza y empecé a hablar con uno, dos y hasta tres pacientes, preguntándoles de dónde venían, cómo les había ido en el viaje para llegar hasta allí, dado que venían de diferentes sitios. Por todo ello, día tras día, la sala de espera se transformó en un ambiente de alegría. Respirábamos otro clima, que eran el amor, la paciencia y la templanza. Empezamos a tratarnos usando sobrenombres que nos adjudicamos, inspirándonos en personajes famosos. En mi último día de tratamiento, llevé algo dulce para todos, nos pusimos sombreros para hacernos fotografías; y por último pusimos la mano derecha en el centro para hacer un pacto de hermandad “hasta que la muerte nos separe”.

La doctora directora del servicio me llamó para darme el informe médico que tenía que llevarle al especialista. Me saludó con un abrazo y un beso, y me dijo: “¡Cómo te vamos a echar de menos! Porque nos has hecho reír mucho… te oía siempre desde mi consultorio”. Cuando salí, en la sala de espera, estaban todos de pie y me aplaudían. Caían las lágrimas; saludé a todos y cuando llegué a la calle dije para mis adentros: “¡Qué bonito es poner en práctica las palabras del Evangelio. Con un poco de amor, todo se transforma”.

J.J.A

El empleado

En la fábrica necesitábamos a alguien que se ocupase de la limpieza, de la cocina, de los baños y de otros espacios comunes.

Durante mi horario de trabajo, tengo que hablar bastante tiempo por el teléfono móvil y, si puedo, aprovecho para pasear; de esa forma puedo estar al sol por un rato. Un día, salí del trabajo dispuesto a encontrar a alguien por la zona que pudiera realizar la limpieza. A poco distancia de allí, había un señor anciano en la puerta de su casa que cortaba el césped y aproveché para acercarme a él. Me presenté y le dije que estábamos buscando a alguien que nos diese una mano con la limpieza. Y que tal vez él conociera a alguien que estuviese buscando trabajo.

Me miró y me dijo que su hijo podía hacer ese trabajo. Le respondí: “Perfecto, dígale que venga mañana”. Después me explicó que el muchacho tenía esclerosis múltiple. “Dígale que venga mañana”, insistí.

Al día siguiente se presentó Mauro, un hombre de 36 años. Me dijo que había entrado a formar parte de un programa de investigación por el cual se le inyectaba un fármaco especial una vez a la semana y que ello lo dejaba muy débil al día siguiente, además de que el tratamiento no era siempre el mismo día. También me dijo que justamente por ese tema era difícil para él encontrar trabajo.

Mauro está con nosotros desde hace cinco meses. No sólo desempeña las tareas de limpieza que le hemos encomendado, sino que también se ocupa del jardín y del mantenimiento, entre varias otras cosas.

La reciprocidad, dar y recibir, la comunión y la valorización de la persona son la mejor manera como quiero vivir y trabajar.

V.C.P.

A cargo de Carlos Mana

Foto:© Truthseeker08 – Pixabay

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