Movimiento de los Focolares

Evangelio vivido, perdón en acto

Ago 4, 2014

Breves historias de comportamientos audaces y contra la corriente que abren espacio a la intervención de Dios

El pan de papá Freshly_baked_bread_loaves La separación de mi marido me dejó sumergida en una gran desconfianza en mí misma, además de un grave sentimiento de culpa. Había perdido todo punto de referencia. Después, con la ayuda de mi familia y de personas amigas, volví a encontrar un poco de fuerza para vivir. Aprendí a desapegarme de mis ideas, a respetar las elecciones de mi marido, a no juzgarlo. No fue sencillo, todo lo contrario… Además los pasos no fueron de una vez para siempre. Era necesario volver a empezar todos los días. Pero he podido tomar algunas decisiones dolorosas con paz, por ejemplo, quedarme en casa que me recordaba mi vida en pareja. Hablando con mis tres hijos más grandes, entendí que era lo mejor, para darles la posibilidad de seguir viviendo en su propio ambiente. El día de la confirmación de Gael, mi hijo menor, vino también mi marido y se puso a hacer pan. Traté de hacer que todos se sintieran  bien en casa. El perdón venció. Fue un día maravilloso que alcanzó el ápice cuando compartimos el pan hecho por el papá. B.G. Isla Mauricio 2014_07_chitarraLa guitarra Judy y Tom eran una pareja que estaba al borde del precipicio entre la droga y el alcohol. Impresionada por nuestra amistad,  Judy decidió dejar la droga, mientras que Tom seguía siendo hostil con nosotros. Una noche que fuimos a visitarlos, viendo una guitarra en un rincón, le pedí a Tom que tocara algo. Lo hizo y poco a poco empezó a abrirse. Fue el primer paso hacia la gran decisión de volver a trabajar y dejar la droga. Con otros amigos lo ayudamos de muchas formas. Para su 10º aniversario de matrimonio, Judy expresó su deseo de renovar las promesas matrimoniales, «ahora que Dios ha entrado en nuestra vida». Organizamos para ellos una gran fiesta. G.L.O. – Usa Un Pacto Tenía serios problemas de relación con mi padre, tanto que había pensado irme de la casa, a pesar de tener sólo 16 años. Después de hablar con los amigos de la parroquia, entendí que tenía que querer más a mi padre, sin esperar nada de él. Pocos días después de que tomé esta decisión, me quedé en casa trabajando con él. Horas de silencio. Al final del trabajo me dijo confidencialmente que había notado que me estaba comportando con él en forma diferente a mis hermanos. «Entiendo que hubieras preferido tener un padre tierno, pero te pido que me aceptes así como soy». Para mí fue como si hubiésemos hecho un pacto. M.T. – Bélgica Fuente: El Evangelio de cada día (Suplemento del n. 11/2014 de la revista Città Nuova)

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