Movimiento de los Focolares

Junio 2014

May 27, 2014

«Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28, 21).

Jesús se refería también a todos nosotros, que tendríamos que vivir en medio de la vida compleja de cada día. Como Amor encarnado que es, habrá pensado: yo quisiera estar siempre con los hombres, quisiera compartir con ellos sus preocupaciones, quisiera aconsejarles, quisiera caminar con ellos por los caminos, entrar en las casas, reavivar su alegría con mi presencia. Por eso quiso permanecer con nosotros y hacer que sintiésemos su cercanía, su fuerza y su amor. El Evangelio de Lucas cuenta que después de haberlo visto ascender al cielo, sus discípulos «se volvieron a Jerusalén con gran alegría» (Lc 24, 52). ¿Cómo podía ser? Porque habían experimentado la realidad de esas palabras suyas. También nosotros estaremos llenos de alegría si creemos de verdad en la promesa de Jesús: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo». Estas palabras, las últimas que Jesús dirige a sus discípulos, marcan el final de su vida terrena y, al mismo tiempo, el inicio de la vida de la Iglesia, en la cual está presente de muchos modos: en la Eucaristía, en su Palabra, en sus ministros (los obispos, los sacerdotes), en los pobres, en los pequeños, en los marginados…, en todos los prójimos. A nosotros nos gusta subrayar en particular una presencia de Jesús: la que Él mismo nos indicó en este mismo Evangelio, el de Mateo: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). Mediante esta presencia, Él quiere poder establecerse en cualquier lugar. Si vivimos lo que Él manda, especialmente su mandamiento nuevo, también podemos experimentar esta presencia suya fuera de las iglesias, en medio de la gente, en los lugares donde la gente vive, por todas partes. Lo que se nos pide es ese amor mutuo, de servicio, de comprensión, de participación en los dolores, en las ansias y en las alegrías de nuestros hermanos; ese amor que todo lo cubre y que todo lo perdona y que es propio del cristianismo. Vivamos así para que todos tengan la oportunidad de encontrarse con Él ya en esta tierra.

Chiara Lubich

Palabra de vida publicada en Ciudad Nueva n. 387 (5/2002), p. 24.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a la Newsletter

Pensamiento del día

Artículos relacionados

Tiempo de la creación 2026: la transformación de una comunidad

Tiempo de la creación 2026: la transformación de una comunidad

El “Tiempo de la creación” es una iniciativa cristiana ecuménica que cada año empieza el 1 de septiembre y concluye el día de la fiesta de San Francisco de Asís, el 4 de octubre. Este año 2026, con el tema «Agua Viva», a los cristianos de todo el mundo se los invita no solamente a contemplar el agua de la orilla, sino también a sumergirse en lo que ella representa: vida, relación, sanación, esperanza y amor de Dios que fluye a través de toda la creación. Aquí les damos un testimonio que llega del Congo, África.

1° de septiembre, inicia el “Tiempo de la Creación”

1° de septiembre, inicia el “Tiempo de la Creación”

En su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, León XIV exhorta a superar la crisis ética y cultural actual, que incluye el deseo de guerra, dominación y la búsqueda de lucro. Lo que se necesita es una “auténtica conversión ecológica” que nazca del corazón.