Movimiento de los Focolares

La divina aventura

May 18, 2020

El siguiente pensamiento de Chiara Lubich transforma nuestra manera habitual de leer los acontecimientos gozosos o dolorosos que tejen la trama de nuestra vida. Nos invita a hacer un verdadero cambio, a mirar todo con otros ojos, los de la fe en Dios, en el amor al cual nada le escapa. Esta convicción íntima nos llena de esperanza y, como consecuencia, nos hace actuar con valentía.

El siguiente pensamiento de Chiara Lubich transforma nuestra manera habitual de leer los acontecimientos gozosos o dolorosos que tejen la trama de nuestra vida. Nos invita a hacer un verdadero cambio, a mirar todo con otros ojos, los de la fe en Dios, en el amor al cual nada le escapa. Esta convicción íntima nos llena de esperanza y, como consecuencia, nos hace actuar con valentía.  (…)  Si amamos a Dios, la vida –nuestra vida, con todas sus vicisitudes– es una divina aventura en la cual no hay un momento en que uno deje de sorprenderse por algo nuevo; una divina aventura llena de tesoros por descubrir, con los cuales nos enriquecemos momento a momento, como numerosas piedrecitas que se añaden continuamente al mosaico de nuestra santidad. [La Escritura] (…) de hecho nos dice: «Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman».[1] Todo contribuye al bien… para quienes aman a Dios. Todo. Porque nada –tenemos que creerlo– sucede por casualidad. Ningún acontecimiento alegre, indiferente o doloroso, ningún encuentro, ninguna situación familiar, de trabajo, de estudio, ninguna condición de salud física o moral deja de tener sentido. Todo, cada cosa –acontecimientos, situaciones, personas– es portadora de un mensaje por parte de Dios, que tenemos que saber leer y recibir con todo el corazón. Todo contribuye al bien para quienes aman a Dios. Porque Él tiene su propio designio de amor para cada uno de nosotros; nos ama con un amor personal y, si creemos en este amor y le correspondemos con el nuestro – ¡esta es la condición!–, Dios lleva cada cosa hacia el cumplimiento de ese designio sobre nosotros. Basta mirar a Jesús. Sabemos cómo Él amó al Padre. Pues bien, si pensamos en Él, aunque sea solo un momento, podemos observar que realizó [esta] Palabra durante toda su vida. Para Él nada sucedió por casualidad y todo tuvo un significado. La personificación de esta Palabra en Él se ve de modo muy especial sobre todo en el último tramo de su existencia; porque nada sucedió por casualidad durante su pasión y muerte. Para Él, incluso el abandono por parte del Padre –prueba extrema– cooperó al bien, porque al superarlo Jesús dio cumplimiento a su Obra. Tal vez las causas eran ciegas, porque quienes lo sometieron a padecimientos y después a la muerte no sabían lo que hacían; y no solo en el sentido de que no sabían a quién flagelaban y crucificaban, sino también porque no sabían que eran autores de un sacrificio –del sacrificio por excelencia– que habría de fructificar la salvación de la humanidad. Los dolores le llegaban a Jesús sin esa intención, pero Él, porque amaba al Padre, supo traducirlos todos en medios de redención, y más aún, supo ver en aquellos terribles momentos la hora esperada desde siempre, el cumplimiento de su divina aventura terrenal. El ejemplo de Jesús tiene que ser una luz para nuestra vida; todo lo que llega, todo lo que sucede, todo lo que nos rodea y también todo lo que nos hace sufrir, tenemos que saber leerlo como voluntad de Dios que nos ama, o una permisión de Él, que es igualmente amor. Entonces, todo será más que interesante en la vida; todo tendrá sentido y todo será extremadamente útil. ¡Ánimo! Aún estamos vivos. Todavía estamos en viaje. La vida puede convertirse en una divina aventura. El designio de Dios sobre nosotros aún puede cumplirse. Basta amar y tener los ojos abiertos a su voluntad siempre espléndida.

Chiara Lubich

(De una conferencia telefónica, Rocca di Papa, 2 de agosto de 1984)  Extraído de: «La divina aventura «, en: Chiara Lubich, Juntos en Camino, Ciudad Nueva, Buenos Aires 1988, pp28-30.   [1] Rm 8, 28.

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