Movimiento de los Focolares

Lia Brunet

Feb 4, 2011

Una revolucionaria del Evangelio (25 de diciembre de 1917- 5 de febrero de 2005)

Nace en Cembra, Trento (Italia), precisamente el día de Navidad de 1917, y es llamada Natalia. Su madre pertenece a la burguesía de Trento, mientras que su padre es hijo de campesinos de un pequeño pueblo en las montañas trentinas, en Tonadico. Con 16 años es probada por el dolor: el padre muere repentinamente.

Con 18 años da clases en una escuela técnica. Algunos años después estalla la guerra. El novio parte para el frente. El drama de la guerra la desorienta: “es como si las bombas cayeran también dentro de mí, haciendo caer, –como escribe en sus notas autobiográficas- uno a uno, mis intereses”. Estamos en 1945, cuando una amiga le habla de un grupo de muchachas que “pueden interesarle”.

Es así que se encuentra en el pequeño apartamento de Plaza Cappuccini, donde encuentra a Chiara Lubich quien le habla de la elección radical de Dios de una joven, bella y rica, Clara de Asís. Escribirá: “No sabía si era la historia de Clara de Asís o la suya o… la mía. También yo me encontré en los labios la misma palabra, también yo quiero elegir a Dios como el Ideal de mi vida”. Una elección que se concreta poniendo en común todo: vestidos, pieles, cosméticos y joyas. “Pero –escribe- no me sería igualmente fácil desapegarme de los afectos”. Precisamente en ese momento el novio regresa del frente. “Aun en el desgarro que me laceraba”, como escribe, responde con un sí radical al llamado de Dios.

Una elección que ha suscitado una extraordinaria fecundidad. Basta recordar los 44 años transcurridos en América Latina. La red de amor que había entretejido en aquél primer viaje, en 1958, junto a Marco Tecilla y Fiore Ungaro, se expande no sólo en Brasil y Argentina, sino también en Uruguay, Chile, Bolivia, y poco a poco en todos los países de América Latina. Involucra ahora a más de 520.000 personas de todas las edades y categorías sociales. Más de 35.000 son los miembros activos del Movimiento.

Una red de amor que influye sobre la vida cultural, política y económica de estos países. En el ’98 la Universidad Nacional de Buenos Aires, UBA, asignando un doctorado h.c. a Chiara Lubich, en el curso de un viaje suyo, reconoce que está en acto “un humanismo profético y emancipador, un ideal que establece puentes entre las diversas formas de saber”. Cuando Argentina, en estos últimos años, atraviesa una profunda crisis económica y política, miembros de los Focolares dan su aporte a la “Mesa de diálogo” entre la sociedad y el gobierno.

Lia ha seguido en modo especial, junto a otro de los primeros focolarinos, Vittorio Sabbione, el nacimiento y el desarrollo de la ciudadela de O’Higgins que ha llegado a ser la semilla de una sociedad renovada por el Evangelio, con un polígono empresarial que es punto de referencia para las empresas inspiradas en el proyecto de la Economía de Comunión, lanzado por Chiara Lubich precisamente en América Latina, en Brasil, en 1991.

En estos años, ha entretejido un diálogo profundo también con seguidores de otras religiones. Un budista, dirigiéndose a ella, escribe: “Ahora tú estás allí y nos atraerás cada vez más hacia la eternidad; y llegaremos renovados por el amor, como tú nos decías”. Chiara, anunciando su partida a todo el Movimiento, escribe: “No se siente la separación, porque la unidad con ella es cada vez más fuerte”.

En dos libros editados por Città Nuova, Lia ha hablado de su riquísima experiencia: ‘Giornale di viaggio’, en 1970, (traducido en Argentina por Ciudad Nueva con el título: ‘Tejiendo una red’) y ‘Alle radici’, en el 2003, donde narra los orígenes del Movimiento de los Focolares en Sudamérica.

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