Un focolar ecuménico

Ewa: joven, alta, de cabellos negros y ojos negros. Comprender cual es su tierra de origen no es tan fácil; pues son los colores claros los que distinguen a los habitantes de su tierra natal, con una fuerte y radical presencia católica, de cuya raíz nació el Sindicato Solidarnosc, que contribuyó notablemente en el cambio de ese País después de la caída del muro de Berlín. Hablamos de Polonia.

Es aquí que Ewa creció y un día encontró al Movimiento de los Focolares y en su Espiritualidad encontró el camino que quería recorrer. Es cierto, tal vez no sabía que un día se le habría aparecido la posibilidad de una historia completamente nueva para ella.

En Alemania, es allí que Ewa vive ahora, la realidad de las distintas Iglesias cristianas está muy difundida, y en su mismo «focolar» viven focolarinas de tres distintas Iglesias; a la mayoría católica se agregan Doina, de la Iglesia Rumano Ortodoxa y Anke, de la Iglesia Evangélica Luterana.

Es una experiencia que tiene sus características interesantes si pensamos que la unidad – según la oración de Jesús ‘que todos sean uno’ (Jn 17) es el fin último de los Focolares. Le pedimos a Ewa, ya que ella vive esta experiencia como protagonista de la misma, que nos cuente y nos diga cómo es posible vivir la unidad, es más, construir la unidad, aún siendo a veces de diversas doctrinas.

«Para mi, esta experiencia de focolar ecuménico es muy fuerte. Ensancha mi corazón, mi mentalidad porque nosotros buscamos de verdad vivir una por la otra aunque a menudo vemos que existen muchas cosas que podrían dividirnos.

Pero el desafío más grande es el de no hacérselo notar a Anke y a Doina que están en minoría. Muchas veces no fue así, ¡pero hemos siempre recomenzado!

Es necesario profundizar cada vez más el conocimiento de la Iglesia de la otra. Tratar de comprender qué cosa es importante para cada Iglesia, por lo tanto asistir, como se puede, a las funciones acompañando a una o a otra.

Por ejemplo el Viernes Santo, para nosotros católicos es una solemnidad importante, pues forma parte del Triduo Pascual. Para la Iglesia evangélica, en cambio, es la fiesta principal. Y en nuestro focolar hemos tratado de honrarlo de verdad, yendo de mañana a la función religiosa con Anke y de tarde vamos a la católica.

Y así también, recordarnos de las fiestas de la Iglesia Ortodoxa, que a menudo ocurren en días distintos de los nuestros. Y recordarnos de estas fiestas también cuando caen durante un fin de semana en el que estamos muy ocupadas, encontrando el modo de que sientan siempre que nosotras compartimos con ellas la función. Y además, acordarnos del ayuno semanal que en la Iglesia Rumano Ortodoxa es muy importante, por eso, junto con Doina, el miércoles cenamos sin carne, sin huevos, sin leche….

Con respecto al ayuno, antes pensaba que amar al prójimo cuando es trabajoso o fastidioso fuese una forma de “ayunar”. Me di cuenta que lo que importa es “estar” con el otro, en el otro, tal vez sin comprender bien todo, pero descubriendo poco a poco la riqueza que existe dentro de la Iglesia del otro. Veo así que dando pequeños pasos, en la vida cotidiana se construye una relación en Dios que nace de un diálogo basado en la vida de la espiritualidad de la unidad que nos hace avanzar en el camino hacia la plena comunión entre las Iglesias»

3 Comments

  • Wasze życie jest nadzieją na pełną jedność Kościołów,ale też pokazuje jak można wielbić Boga czerpiąc z bogactwa braci innego wyznania. Tym co najważniejsze jest miłość.
    Maria

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