Movimiento de los Focolares

Noviembre 2009

¿Te causa impresión esta frase?
Creo que tienes razón al quedar perplejo y pensar todo lo que convendría hacer. Jesús no dijo nada al azar. Por lo tanto, es necesario tomar en serio estas palabras, sin pretender diluirlas.
Pero intentemos comprender su verdadero sentido desde Jesús mismo, desde su modo de comportarse con los ricos. Él frecuentaba también personas de buen pasar. A Zaqueo, que regala solamente la mitad de sus bienes, le dice: la salvación ha entrado en esta casa.
Los Hechos de los Apóstoles dan testimonio, entre otras cosas, de que en la Iglesia primitiva la comunión de bienes era libre y por lo tanto que la renuncia concreta a todo cuanto se poseía no era un requisito.
Jesús no pensaba, entonces, en fundar solamente una comunidad de personas llamadas a seguirlo radicalmente, que dejan de lado toda riqueza.
Y sin embargo dice:

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos.”

¿Qué es, entonces, lo que Jesús condena? Seguramente no los bienes de esta tierra en sí mismos, sino al rico que se apega a ellos.
¿Y por qué?
Es claro: porque todo le pertenece a Dios, y el rico en cambio se comporta como si las riquezas fueran propias.
En efecto, con facilidad las riquezas ocupan en el corazón humano el lugar de Dios y enceguecen, inducen a cualquier vicio. Pablo, el Apóstol, escribía: “Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición. Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos."(1)

Ya Platón había afirmado: “Es iposible que un hombre extraordinariamente bueno sea al mismo tiempo extraordinariamente rico”.

¿Cuál debe ser entonces la actitud de quien posee bienes? Se requiere que tenga el corazón libre, totalmente abierto a Dios, que se sienta administrador de sus bienes y sepa, como dice Juan Pablo II, que sobre éstos grava una hipoteca social.
Si los bienes de esta tierra no son un mal en sí mismos, no hay por qué despreciarlos, pero es necesario usarlos bien.
No es la mano, sino el corazón el que debe estar lejos de ellos. Se trata de saberlos emplear para el bien de los demás.

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos.”

Tal vez digas: en realidad, yo no soy rico, de manera que estas palabras no se refieren a mí.
Presta atención. La pregunta que los discípulos, sorprendidos, le hicieron a Cristo enseguida después de esta afirmación fue: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?” (2). Lo cual dice a las claras que esas palabras estaban dirigidas  de alguna manera a todos.
También alguien que lo dejó todo para seguir a Cristo puede tener el corazón apegado a miles de cosas. Incluso el pobre que insulta porque le tocan su bolsa puede ser un rico a los ojos de Dios.

Chiara Lubich

Publicación mensual del Movimiento de los Focolares
Extractos de la palabra de vida de julio de 1979, publicada en Essere la Tua Parola. Chiara Lubich e cristiani di tutto il mondo, vol. II, Città Nuova, Roma 1982, pp. 41-43.
(1) Primera carta a Timoteo, 6, 9-10.
(2) Evangelio de Mateo, 19, 25

(más…)

Me vendí al mundo hasta tocar el fondo. Encontré las fuerzas para recomenzar

Nací y crecí en una familia que se siempre se esforzó en transmitirme valores cristianos, basados en el respeto y atención hacia los demás, sin distinciones. Valores que considero universales. Desde chico mantuve el propósito de vivir de este modo, ya sea con mi equipo de fútbol, o en el colegio o con mis amigos. Siempre me esforcé en ir contra la corriente, o sea, tratar de no dejarme arrastrar por todo lo que el mundo me proponía. De hecho, en Europa, de donde provengo, la sociedad se basa sobre todo en el materialismo y es mucho más importante tener y aparentar que “ser”. Pero llegué a un momento de mi vida en el que la felicidad de un momento y los placeres pasajeros me hicieron perder el rumbo. En síntesis, me vendí al mundo. Quería conocer todo lo que hasta ese momento yo había considerado el camino más simple y, al mismo tiempo, más vacío. Así comenzó un nueva fase de mi vida, donde el respeto hacia las personas y también hacia Dios ya no tenia valor. Experimenté cosas que me satisfacían por un tiempo, pero luego me invadía un gran vacío interior, una gran soledad. De este modo llegué hasta el fondo del pozo. Más de una vez decidí recomenzar y volver a mis orígenes, reencontrarme con los valores en los cuales siempre había creído  y que estaban enterrados bajo muchas cosas vanas. Ahora, en esta ciudadela donde convivo con jóvenes de todo el mundo, estoy haciendo una experiencia muy linda. Estoy descubriendo cosas que no conocía, gracias a las personas que me rodean. Descubro en el hermano un camino para crecer, un espejo donde reflejarme. Estoy buscando y encontrando el amor puro, sin otros intereses, un amor que nace del alma, sin prejuicios. Este amor, que tiene raíces en el Evangelio vivido, me lleva a desapegarme de las cosas pasajeras, y es un camino hacia la verdadera libertad. Un camino que me conduce hacia Dios, junto a los demás. (J. – Italia)

Octubre de 2009

[…]

“Constancia”. Ésta la traducción de la palabra original griega, que es rica en contenido. Incluye también paciencia, perseverancia, resistencia, confianza.
La constancia es necesaria e indispensable cuando sufrimos, cuando somos tentados, cuando somos proclives a desanimarnos, cuando somos atraídos por las seducciones del mundo, cuando somos perseguidos.
Pienso que tú también te has encontrado, al menos, en una de estas circunstancias y has experimentado que, sin constancia, podrías haber sucumbido. A veces quizás has cedido. Ahora tal vez, justamente en este momento, te encuentras inmerso en alguna de estas dolorosas situaciones.
Y bien, ¿qué hacer? Recomienza y… persevera. De otro modo, no puedes llamarte “cristiano”. Lo sabes: quien quiere seguir a Cristo tiene que tomar cada día su cruz, debe amar, al menos con la voluntad, el dolor. La vocación cristiana es una vocación a la constancia. Pablo, el Apóstol, muestra a la comunidad su perseverancia como signo de autenticidad cristiana. Y no duda ubicarla en el plano de los milagros. Si además se ama la cruz y se persevera, se podrá seguir a Cristo que está en el cielo y, por lo tanto, salvarse.

“Gracias a la constancia salvarán sus vidas”.

Se pueden distinguir dos categorías de personas: las que sienten la invitación a ser verdaderos cristianos, pero esta invitación cae en sus almas como la semilla sobre el pedregullo. Mucho entusiasmo, como fuego de paja, y después no queda nada.
Las segundas, en cambio, reciben la invitación, como un buen terreno recibe la semilla. Y la vida cristiana germina, crece, supera dificultades, resiste a las tormentas. Éstas tienen constancia y… “gracias a la constancia salvarán sus vidas”.
Naturalmente, si quieres perseverar no te bastará apoyarte sólo en tus fuerzas. Te hará falta la ayuda de Dios. Pablo llama a Dios: “El Dios de la constancia”.

Es a Él, entonces, que tienes que pedirla y Él te la dará. Porque si eres cristiano no te puede bastar el haber sido bautizado o alguna esporádica práctica de culto y de caridad. Te hará falta crecer como cristiano. Y todo crecimiento, en campo espiritual, no puede acontecer si no en medio de las pruebas, los dolores, los obstáculos, las batallas.
Hay quien sabe ser constante de verdad: es el que ama. El amor no ve obstáculos, no ve dificultades, no ve sacrificios. Y la constancia es el amor probado.
[…]
María es la mujer de la constancia. Pide a Dios que te encienda en el corazón el amor por Él; y la constancia, en todas las dificultades de la vida, te llegará como consecuencia, y con ésta habrás salvado tu alma.

“Gracias a la constancia salvarán sus vidas”.

Pero hay más. La constancia es contagiosa. Quien es constante da ánimo también a los demás para seguir hasta el final.
[…] Apuntemos alto. Tenemos una vida sola y es también breve. Apretemos los dientes día tras día, afrontemos una dificultad tras de la otra para seguir a Cristo… y salvaremos nuestras almas.

Chiara Lubich

Palavra de vida publicada por primera vez en junio de 1979.

No podía traicionar mi conciencia

Después de graduarme de odontóloga deseaba poner en práctica enseguida lo que había estudiado durante años. Me gusta mi profesión y la veo como una posibilidad concreta de construir una sociedad más humana. Pronto recibí una oferta de trabajo, pero me di cuenta que adherir a aquel proyecto significaba adaptarme a comportamientos contrarios a la ética profesional. El sueldo era muy bueno, y lo necesitaba, pero la certeza que no podía traicionar mi conciencia era más fuerte. Decidí no aceptar la oferta. En ese mismo periodo, me invitaron a crear un proyecto socio-educativo: iba a trabajar como maestra en una guardería. Mi decisión causó asombro. Mis familiares y amigos pensaban que yo estaba perdiendo tiempo y fuerzas y, no entendían por qué rechazaba una oferta tan buena en mi campo profesional  para dedicarme a “cambiar pañales”. Pero yo estaba feliz: era una oportunidad concreta para construir la fraternidad. De hecho, la experiencia fue bellísima: éramos varias personas, motivadas para realizar un proyecto que nos parecía la semilla de algo grande: responder a las necesidades de aquella localidad que deseábamos servir. Después, inesperadamente me ofrecieron otro trabajo precisamente como odontóloga. La experiencia de la guardería me había dado una nueva apertura; la profesión no era ya solamente un modo para realizarme como persona, sino un espacio para “dar”, para amar. Las ocasiones para seguir siendo coherente con las opciones fundamentales de mi vida no faltaban. Por ejemplo se me presentó otra oportunidad de ganar una suma considerable, pero con métodos no muy lícitos. En una sociedad como en la que vivo, con tantas necesidades y una mentalidad de corrupción generalizada, la cosa podía parecer hasta “normal”. Pero de nuevo para mí estaba claro que no podía ceder a una propuesta similar. En otra ocasión, en cambio, vino al consultorio un pobre que ninguno de mis colegas quería atender, pero yo sabía que en esa persona estaba Jesús y no pude dejar de atenderlo como si estuviera curando a Jesús mismo. Hace poco tiempo surgió la posibilidad increíble de comenzar un consultorio junto a una persona con las que comparto los mismos ideales. Podremos montar algo propio, ofreciendo a todos un servicio justo y digno de adherir al proyecto de Economía de Comunión! Me parece el “resto que llega por añadidura” ¡por haber buscado el Reino de Dios! Estoy feliz de poder emprender este nuevo camino, para dar todo de mí misma en la construcción de una nueva sociedad. (E. Venezuela)

septiembre 2009

Todo el Evangelio es una revolución. No hay palabra de Cristo que se parezca a la de los hombres. Escucha ésta: «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas (las necesidades de la vida) se os darán por añadidura».

En general, la primera preocupación del hombre es la búsqueda ansiosa de lo que necesita para dar seguridad a su existencia. Quizá para ti también sea así. Pues bien, Jesús te pone ante su modo de ver las cosas y te ofrece su modo de actuar. Te pide un comportamiento totalmente distinto del habitual y no sólo para una vez, sino para siempre. Es éste: buscar primero el reino de Dios.
Cuando estés orientado con todo tu ser hacia Dios y hagas todo lo posible para que Él reine dentro de ti (es decir, para que gobierne tu vida con sus leyes) y en los demás, el Padre te dará todo lo que necesites día tras día.
En cambio, si te preocupas sobre todo de ti mismo, terminarás por preocuparte principalmente de las cosas de este mundo y serás víctima de ellas. Acabarás viendo en los bienes de la tierra tu verdadero problema, la meta de todos tus esfuerzos. Y dentro de ti surgirá la grave tentación de contar únicamente con tus fuerzas y prescindir de Dios.

«Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura».

Jesús invierte los términos. Si tu primera preocupación es Él, vivir por Él, lo demás ya no será el problema principal de tu existencia, sino una “añadidura” o algo “extra”.
¿Te parece una utopía? ¿Es una frase irrealizable para ti, hoy, hombre moderno que vives en un mundo industrializado donde impera la competencia y donde a menudo hay crisis económica? Te recuerdo sencillamente que los problemas concretos de la subsistencia no eran mucho menores para la gente de Galilea cuando Jesús pronunció estas palabras.
No es cuestión de que sea una utopía o no. Jesús te pone ante el planteamiento fundamental de tu vida: o vives para ti o vives para Dios.
Pero tratemos ahora de entender bien esta frase:

«Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura».

Jesús no te exhorta al inmovilismo, a la pasividad en las cosas de esta tierra, o a una conducta irresponsable o superficial en el trabajo.
Jesús quiere cambiar tu preocupación en ocupación, quitándote el ansia, el miedo y la inquietud.
De hecho, Él te dice: «Buscad primero el reino…».
El sentido de primero es antes que nada. La búsqueda del reino de Dios está en primer lugar y no excluye que el cristiano tenga que ocuparse también de las necesidades de su vida.
Buscar el reino de Dios y su justicia significa también tener una conducta conforme a las exigencias de Dios manifestadas por Jesús en su Evangelio.
Sólo si busca el reino de Dios, el cristiano experimentará la potencia de Dios en su favor.

Te cuento un hecho.
Es de hace tiempo y, sin embargo, conserva una increíble actualidad. De hecho, conozco a numerosos adolescentes y jóvenes que se comportan ahora como lo hacía aquella chica.
Se llamaba Elvira. Estudiaba magisterio. Era pobre y sólo una nota media alta podía asegurarle la continuación de sus estudios. Poseía una fe fuerte. Su profesor de Filosofía era ateo, de manera que no era raro que mostrase las verdades sobre Cristo y sobre la Iglesia desenfocadas, cuando no deformadas. A la chica le hervía la sangre, no por ella, sino por amor a Dios, a la verdad y a sus compañeras. Aun siendo consciente de que contradiciendo al profesor, podría sacar una mala nota, lo que sentía en su interior era más fuerte que ella. Por eso a la mínima oportunidad levantaba la mano, pedía la palabra y decía: «No es verdad, profesor». Quizás no siempre tenía todos los argumentos para rebatir las disquisiciones del profesor, pero en ese «no es verdad» estaba su fe, que es don de verdad y da que pensar.
Las compañeras, que la querían, trataban de disuadirla para que sus intervenciones no la perjudicaran. Pero no lo lograron.
Pasaron algunos meses. Llegó la hora de dar las notas. Las recogió temblando. Pero después, un salto de alegría: ¡un diez! La nota máxima.
Había tratado antes que nada de que Dios y su verdad reinaran; lo demás había venido por añadidura.

«Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura».

Si tú también buscas el reino del Padre, experimentarás que Dios es Providencia para todo lo que necesites en tu vida. Descubrirás lo extraordinariamente normal que es el Evangelio.

 

Chiara Lubich

agosto 2009

¿Sabes cuándo aparece esta frase en el Evangelio? La escribe San Juan el evangelista antes de que Jesús se disponga a lavar los pies a sus discípulos y se prepare para su pasión.
En los últimos momentos que vive con los suyos, Jesús manifiesta de una manera suprema y más explicita el amor que desde siempre sentía por ellos.

«Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo».

Las palabras “hasta el extremo” significan hasta el final de su vida, hasta el último aliento. Pero también indican la idea de la perfección. Quieren decir: los amó completamente, totalmente, con una intensidad extrema, hasta el culmen.
Los discípulos de Jesús permanecerán en el mundo mientras que Jesús estará ya en la gloria. Se sentirán solos, tendrán que superar muchas pruebas; precisamente para cuando lleguen esos momentos, Jesús quiere que estén seguros de su amor.

«Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo».

¿No percibes en esta frase el estilo de vida de Cristo, su modo de amar? Lava los pies a sus discípulos. Su amor lo lleva a realizar hasta ese servicio que en aquel tiempo estaba reservado a los esclavos. Jesús se está preparando para la tragedia del Calvario, para dar a los suyos y a todos, además de sus extraordinarias palabras, de sus mismos milagros, de todas sus obras, incluso la vida. Lo necesitaban; es la mayor necesidad que tiene todo hombre: ser liberado del pecado, que significa de la muerte, y poder entrar en el Reino de los Cielos. Debían tener paz y alegría en la Vida que ya no acaba.
Y Jesús se ofrece a la muerte, gritando el abandono del Padre, hasta tal punto que al final puede decir: «Todo está cumplido».

«Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo».

Hay en estas palabras la tenacidad del amor de un Dios y la dulzura del afecto de un hermano.
Nosotros, los cristianos, también podemos amar así, porque Cristo está en nosotros.
Sin embargo, ahora no quisiera proponerte que imites a Cristo en el morir por los demás (cuando era su hora); no quisiera ofrecerte como modelos necesarios al Padre Kolbe, que muere por un hermano prisionero, ni al Padre Damián, que haciéndose leproso con los leprosos, muere con ellos y por ellos.
Puede ser que a lo largo de tus años, nunca se te pida ofrecer tu vida física por los hermanos. Pero lo que sin duda Dios sí te pide es que los ames hasta el fondo, hasta el final, hasta tal punto que tú también puedas decir: «Todo está cumplido».

Eso hizo la pequeña Cetti, de 11 años, en una ciudad italiana. Vio a su amiga y compañera Georgina, de su misma edad, muy triste. Quiso tranquilizarla, pero no lo consiguió. Entonces quiso ir hasta el fondo y saber el porqué de su angustia. Se le había muerto su papá y su mamá la había dejado sola con su abuela y se había ido a vivir con otro hombre. Cetti intuyó la tragedia y se puso en acción. Aun siendo pequeña, le pidió a su compañera que le permitiera hablar con su madre, pero Georgina le ruega que antes la acompañe a la tumba de su papá. Cetti la acompaña con gran amor y oye cómo Georgina le pide entre el llanto a su papá que venga a llevársela.

A Cetti se le parte el corazón. Había allí una pequeña iglesia en ruinas. Entran. Sólo quedaban un pequeño sagrario y un crucifijo. Cetti dice: «¡Mira, en este mundo todo se destruirá, pero ese crucifijo y ese sagrario quedarán!» Georgina responde, secándose las lágrimas: «¡Sí, tienes razón!» Después, con delicadeza, Cetti coge a Georgina de la mano y la acompaña a ver a su mamá.
Al llegar, le dice decididamente estas palabras: «Mire, señora, aunque esto no me incumba, le digo que usted ha dejado a su hija sin un cariño materno que necesita. Y aún le digo más, que usted nunca estará en paz hasta que no se la lleve con usted y se arrepienta”.

Al día siguiente, Cetti anima con amor a Georgina cuando se ven en el colegio. Pero sucede algo nuevo: un coche viene a buscar a Georgina; lo conduce su mamá. Y desde aquel día el coche sigue viniendo, porque Georgina ya vive con ella, que ha dejado definitivamente la amistad con aquel hombre.
De la pequeña y gran acción de Cetti se puede decir: “Todo está cumplido”. Todo lo hizo bien. Hasta el fondo. Y lo consiguió.
Piensa un poco. ¿Cuántas veces has empezado a interesarte por alguien al que después has abandonado, acallando tu conciencia con mil excusas? ¿Cuántas acciones has comenzado con gran entusiasmo y luego no las has continuado ante dificultades que te parecían superiores a tus fuerzas?…
La lección que Jesús te da hoy es ésta:

«Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo».

Hazlo.
Y si algún día Dios te pidiera de verdad la vida, no titubearás. Los mártires iban a la muerte cantando. Y el premio será la gloria más grande, porque Jesús ha dicho que nadie en el mundo tiene mayor amor que aquél que derrama su sangre por sus amigos.

 

Chiara Lubich

«Como el Padre me ha enviado a mí, yo los envío a ustedes»

Como el Padre me ha enviado a mí… Entre las divinas palabras que pronunció [Jesús], hay una que da vértigos si se la piensa pronunciada por Dios y permite comprender la excelencia de una elección. Es una comparación paradójica, pero verdadera y cargada de misterio. Cristo la dirige a los que serían, en los siglos, sus sacerdotes: “Como el Padre me ha enviado a mí, yo los envío a ustedes” (Jn 20, 21). ¿Quién es, entonces, el sacerdote? Es aquel que Cristo ha elegido para continuarlo en el tiempo. Lamentablemente a veces el sacerdote no es así. Por otra parte, si el sacerdote no es Cristo, es bien poco. Sus prédicas suenan vacías y las iglesias quedan desiertas. Porque la palabra que Cristo daba era él mismo. Si el sacerdote primero vive lo que predica y luego habla, su palabra será Cristo y será, también él, otro Cristo. Entonces sus palabras arrastrarán multitudes y las iglesias se verán desbordadas. En efecto, no es la ciencia lo que hace al sacerdote, sino el carisma vivificado por el amor. Chiara Lubich, El celibato sacerdotal, Città Nuova 14 (1970/3), p. 9 Extraido del libro: Come il Padre ha amato me… 365 pensieri per l’anno sacerdotale, Città nuova 2009 http://editrice.cittanuova.it/notizia.asp

Más allá de la ganancia: objetivos más grandes, que tienen sabor a eternidad

 Un relato a dos voces: Tom, que nos ha dejado hace algunos años, y Jeanne, su esposa, que ha compartido con él esta experiencia. “Mi campo de trabajo se estaba reduciendo, y habiendo ahorrado algo de dinero, pensé que era el momento de empezar una actividad propia. Precisamente en ese momento supe de la Economía de Comunión, y con mi esposa Jeanne nos sentimos atraídos en seguida por la posibilidad de ser responsables de proveer a las necesidades de nuestra familia sino también a las de muchos en el mundo”. “Saber preparar y compartir la comida era tradicional en la familia Petrucci desde hacía varias generaciones, y fue así que decidimos abrir un restaurante en Camarillo, California: el Petrucci’s”. Jeanne, quien trabajó los últimos años en el restaurante, describe cómo Tom administraba la empresa: “Quería dar a cada uno de sus colaboradores la posibilidad de mejorarse: si alguien había sido contratado como lavaplatos o chofer, pero quería aprender un trabajo de nivel superior, Tom le daba siempre la posibilidad de hacerlo; después si alguien se volvía experto en el nuevo trabajo y no había un cargo adecuado para él, no trataba de retenerlo en la empresa: muchos tenían una familia a quien sostener y Tom deseaba que pudieran mejorar y tener éxito”. Tom escribía: “En nuestro restaurante tratamos de trabajar como si todo dependiese de nosotros, pero sabiendo que en realidad todo depende de Dios. Jean y yo sabemos muy bien que no tendremos nunca grandes ganancias, pero sentimos que logrando dar trabajo a diez personas, asegurando de este modo una entrada a diez familias, y además contribuyendo a reducir el problema de la pobreza, hemos logrado objetivos mucho más grandes que tienen sabor a eternidad”. “Durante el breve espacio de meditación matutina escogemos un pensamiento clave para poner en práctica durante el día. A veces me bombardean miles de ideas sobre cómo administrar mejor el restaurante, sobre cómo ganar más, y así por el estilo, pero la unidad de los demás hace que me mantenga orientado en ‘lo que cuenta verdaderamente’. Este momento de la mañana vivido juntos refuerza en mi alma la decisión que con Jeanne tomamos cuando comenzamos con esta aventura: que es amar el momento presente y buscar la voluntad de Dios, no la nuestra. Cuando empezamos esta actividad sabíamos muy poco sobre cómo administrar un restaurante. Si tiene éxito, es porque está en Sus planes”. “Desde el mes de apertura del restaurante, decidimos dar siempre una suma mensual para los pobres. Un acto de fe que nos ha ayudado a mantener siempre en el primer lugar la importancia del dar”. (Tom y Jeanne Petrucci, de L’amore come piatto principale en Economía de Comunione, Revista  quadrimestrale, Anno X/n.2, noviembre 2004).

julio de 2009

La verdadera riqueza

¿Eres joven y reclamas una vida ideal, totalitaria, radical? Escucha a Jesús. Nadie en el mundo te pide tanto. Tienes la oportunidad de demostrar tu fe y tu generosidad, tu heroísmo.
¿Eres maduro y anhelas una existencia seria, comprometida, pero segura? ¿O anciano, y deseas vivir tus últimos años abandonado a quien no engaña, sin preocupaciones que te agotan? Vale también para ti esta palabra de Jesús.
Contiene una serie de exhortaciones por las cuales Jesús te invita a no preocuparte por lo que comerás o vestirás, exactamente como hacen los pájaros del aire que no siembran y los lirios del campo que no hilan. Por eso, debes alejar de tu corazón toda inquietud por las cosas de la tierra, porque el Padre te ama mucho más que a los pájaros y que a las flores, y él mismo piensa en ti. Por eso te dice:

“Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla.”

El Evangelio, en su conjunto y en cada palabra, constituye un requerimiento totalitario hacia los hombres de lo que son y de lo que tienen. Dios no pedía tanto antes de que viniera Cristo. El Antiguo Testamento consideraba un bien, una bendición de Dios la riqueza terrenal y, si pedía dar limosna a los necesitados, era para obtener benevolencia del Omnipotente.
Más tarde, en el judaísmo, la idea de la recompensa en el más allá se había vuelto más común. Un rey respondía a quien le reprochaba por derrochar sus bienes: “Mis antecesores acumularon tesoros para este mundo, yo en cambio acumulé tesoros para el cielo”. […].
Entonces, la originalidad de la palabra de Jesús está en el hecho de que Él te pide un don total, te pide todo. Quiere que tú seas un hijo despreocupado, que no tenga preocupaciones por este mundo, un hijo que se apoya solamente en Él. Sabe que la riqueza es un obstáculo enorme para ti, porque ocupa tu corazón, mientras que Él quiere tener todo el espacio para sí.

Y si no puedes deshacerte de los bienes materialmente, porque estás ligado a otras personas, o porque tu posición te obliga a un entorno digno y adecuado, ciertamente tienes que desprenderte de los bienes espiritualmente y comportarte como un simple administrador. Así, mientras te manejas con la riqueza de los demás y, la administras para ellos, te haces un tesoro que la pollilla no corre y el ladrón no se lleva.
Pero ¿estás seguro de que tienes que retener todo? Escucha la voz de Dios dentro de ti; pide consejo, si no sabes decidir. Verás cuántas cosas superfluas encontrarás entre lo que tienes. No las conserves. Da, da, a quien no tiene. Pon en práctica las palabras de Jesús: “Vende… y da”. Así llenarás las bolsas que no envejecen. Es lógico que para vivir en el mundo haga falta interesarse también por el dinero, por las cosas. Pero Dios quiere que te ocupes, no que te preocupes. Ocúpate de lo mínimo que es indispensable para vivir según tu estado, según tus condiciones. Por el resto:

“Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla.”

Pablo VI era realmente pobre. Lo testimonió el modo con el cual quiso ser sepultado: en un pobre féretro, en la tierra. Poco antes de morir había dicho a su hermano. “Desde hace tiempo preparé las valijas para este importante viaje”.
Esto es lo que debes hacer: preparar las valijas. En los tiempos de Jesús tal vez se llamaban bolsas. Prepáralas día a día. Llénalas lo más que puedas de lo que puede ser útil a los demás. Tienes verdaderamente lo que das. Piensa en cuánta hambre hay en el mundo. Cuánto sufrimiento. Cuántas necesidades…
Pon allí también cada acto de amor, cada obra a favor de los hermanos.
Cumple estas acciones por Él. Díselo en tu corazón: por Ti. Y hazlas bien, con perfección. Están destinadas al cielo, permanecerán por la eternidad.

Chiara Lubich

 

Palabra de vida, marzo de 1979, publicada por entero en Essere la Tua Parola. Chiara Lubich e cristiani di tutto il mondo, vol. I, Città Nuova, Roma 1980, pp. 189-191.

«La fraternidad universal: necesidad para Europa»

«La fraternidad universal: necesidad para Europa»

En la vigilia del voto europeo, proponemos un pensamiento de Chiara Lubich sobre Europa,  sacado del discurso que expuso en el primer encuentro de «Juntos por Europa» en mayo del 2004. Estaban presentes 10.000 personas en la ciudad alemana de Stuttgart  y más de 100.000 conectadas en encuentros contemporáneos en varias capitales europeas. El evento fue promovido por más de 150 movimientos y comunidades eclesiales de varias iglesias, de todo el continente europeo. La intervención de Chiara se centro  en la fraternidad, definida justamente en estos días por el sociólogo Bauman como «perfecto emblema de la identidad europea» .   La fraternidad universal ha sido también el programa de personas que no estaban inspiradas por motivos religiosos. El proyecto mismo de la Revolución francesa tenía como lema: “libertad, igualdad, fraternidad”, pero después numerosos países, al implantar regímenes democráticos, lograron poner en práctica, de algún modo, la libertad y la igualdad, mientras que la fraternidad fue, en cambio, más anunciada que vivida. Pero quien sobre todo ha proclamado la fraternidad universal y nos ha dado el modo de realizarla ha sido Jesús. Revelándonos la paternidad de Dios ha derribado los muros que separan a los “iguales” de los “diferentes”, a los amigos de los enemigos. Y ha liberado a cada hombre de mil formas de subordinación y de esclavitud, de toda relación injusta, provocando así una auténtica revolución existencial, cultural y política. (…) El instrumento que Jesús nos ha ofrecido para realizar esta fraternidad universal es el amor: un amor grande, un amor nuevo, distinto del que conocemos habitualmente. En efecto, él ha traído a la tierra el estilo de amar del cielo. Este amor exige que se ame a todos: es decir, no solamente a parientes y amigos. Pide que se ame al simpático y al antipático, al compatriota y al extranjero, al europeo y al inmigrante, al de la propia Iglesia y al de otra, de la propia religión y de la que es diferente. Hoy pide que los Países de Europa occidental amen a los de Europa central y oriental, y viceversa, y a todos, que se abran a los demás continentes, según la visión de los fundadores de Europa unida. Este amor también pide que se ame al enemigo, y que se lo perdone si es que nos hubiera hecho mal. Después de las guerras que han ensangrentado nuestro continente, muchos europeos han sido modelos de amor al enemigo y de reconciliación. (…) Me estoy refiriendo a un amor que no hace distingos y toma en consideración a todos aquellos que están físicamente a nuestro lado, y también a aquellos de los que hablamos o se habla; a los destinatarios del trabajo que nos ocupa día tras día, como a aquellos de quienes sabemos algo por los periódicos o la televisión… Porque así ama Dios Padre, que manda el sol y la lluvia sobre todos sus hijos, sobre buenos y malos, sobre justos e injustos (cf. Mt.5,45). (…) El amor que Jesús trajo no es un amor platónico, sentimental, basado en las palabras, es un amor concreto. Exige que se vaya a los hechos. Y esto es posible si nos hacemos “todo a todos”: enfermos con quien está enfermo; alegres con quien está alegre; preocupados, inseguros, hambrientos, pobres con los demás.  Y habiendo probado lo que los demás sienten, actuar en consecuencia. ¡Cuántas formas nuevas de pobreza conoce hoy Europa! Pensemos un poco, por ejemplo, en la marginación de los discapacitados y de los enfermos de SIDA, en el tráfico de las mujeres obligadas a prostituirse, en los vagabundos, en las madres solteras… Pensemos también en quien recurre a los falsos ídolos del hedonismo, del consumismo, en la sed de poder, en el materialismo. Jesús en cada uno de ellos espera nuestro amor concreto, eficaz. Él considera hecho a sí mismo el bien o el mal que hacemos a los demás. Cuando habló del juicio final dijo que a los buenos y a los malos repetirá: “Me lo hicieron a mí” (cf Mt. 25,40). Y cuando este amor es vivido por varias personas, se hace recíproco. Esto es lo que más subraya Jesús: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn. 13,34). Es el mandamiento que El llama suyo y nuevo. A este amor recíproco no están llamados sólo los individuos, sino también los grupos, los Movimientos, las ciudades, las regiones, los Estados… Los tiempos actuales exigen que los discípulos de Jesús adquieran una conciencia “social” del cristianismo. Es más que nunca urgente y necesario que se ame la patria del otro como la propia: Polonia como Hungría, el Reino Unido como España, la República Checa como Eslovaquia… El amor que trajo Jesús es indispensable para Europa, para que sea también una familia de naciones, la “casa común europea”.

junio 2009

¿Puedes imaginar un sarmiento separado de la vid? No tiene futuro, nin-guna esperanza, ha dejado de ser fecundo y no le queda más que secarse para que lo quemen.
Imagina a qué muerte espiritual estás destinado, como cristiano, si no permaneces unido a Cristo. Da miedo. Aunque trabajes mucho de la maña-na a la noche, aunque creas ser útil a la humanidad, aunque tus amigos te aplaudan, aunque tus bienes terrenales crezcan, aunque hagas sacrificios notables…la esterilidad es completa. Todo ello podrá tener sentido para ti en esta tierra, pero no significa nada para Cristo y en función de la eternidad. Y es la vida que más importa.

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer”.

¿Cómo puedes permanecer en Cristo y Cristo en ti? ¿Cómo ser un sarmiento verde y lozano de la vid?
En primer lugar, es necesario que creas en Cristo. Pero no basta. Tu fe tiene que influir en la dimensión concreta de la vida: debes vivir conforme a esta fe, poniendo en práctica las palabras de Jesús. Por lo tanto, no puedes descuidar los medios divinos que Cristo te dejó, mediante los cuales obtener o ganar nuevamente la unidad con él, eventualmente quebrada. Aún así, Cristo todavía no te sentirá bien unido a él si no te esfuerzas por estar injer-tado en tu comunidad eclesial, en tu Iglesia local.

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer”.

“El que permanece en mí, y yo en él”. ¿Adviertes que Cristo habla de la unidad tuya con él, pero también de la suya contigo? Si estás unido a él, él está en ti, está en lo íntimo de tu corazón, y nacen una relación y un colo-quio de amor recíproco, una colaboración entre Jesús y tú, discípulo suyo.
La consecuencia es dar mucho fruto, tal como un sarmiento bien unido a la vid da racimos sabrosos. “Mucho fruto” significa que tendrás una verdadera fecundidad apostólica, es decir, la capacidad de abrir los ojos de muchos a las palabras únicas y revolucionarias de Cristo; y estarás en condiciones de darles la fuerza para seguirlo. “Mucho fruto” significa “mucho”, y no “poco”. Esto puede querer decir que sabrás llevar a las personas que te rodean una corriente de bondad, de comunión, de amor recíproco.

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer”.

Pero “mucho fruto” no significa sólo el bien espiritual y material de los de-más, sino también el tuyo: crecer interiormente, santificarte personalmente depende de tu unión con Cristo.
Santificarte. Quizás esta palabra, en los tiempos que corren, te parecerá un anacronismo, una inutilidad o una utopía. No es así. Los tiempos presen-tes pasarán y con ellos las miradas parciales, erradas, contingentes. Queda-rá la verdad. Hace dos mil años Pablo, el Apóstol decía claramente que Dios quiere para todos los cristianos la santificación. Teresa de Ávila, doctora de la Iglesia, está segura de que cualquiera, incluso el hombre común y corrien-te, puede alcanzar la más alta contemplación. El Concilio Vaticano II afirma que todo el pueblo de Dios está llamado a la santidad.
Estas son voces certeras. Trata, entonces, de recoger en tu vida también el “mucho fruto” de la santificación que será posible sólo si estás unido a Cristo.

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer”.

¿Observaste que Jesús ve el fruto como consecuencia del “perma-necer” unidos a él?
Podrías caer en el error de muchos cristianos: activismo, activismo, obras, obras…por el bien de los demás, sin darse tiempo para considerar si están realmente unidos a Cristo. Se trata de un error: creer que se da mucho fruto, pero no es lo que Cristo en ti y contigo puede dar.
Para dar un fruto duradero, que lleve el sello divino, es necesario perma-necer unidos a Cristo; y cuanto más permanezcas unido a él, mucho más fruto darás.
Además, el verbo empleado por Jesús, “permanecer”, da la idea no tanto de momentos en los que se da fruto, sino de un estado permanente de fe-cundidad. De hecho, si conoces a personas que viven de esta manera, ve-rás que tal vez con una simple sonrisa, con una palabra, con el comporta-miento cotidiano, con la actitud frente a las distintas situaciones de la vida, llegan a los corazones y, a veces, provocan un encuentro con Dios.
Algo similar sucedió con los santos. Pero no debemos desalentarnos, por-que también los cristianos comunes pueden dar fruto.

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer”.

Estamos en Portugal. María del Socorro, terminada la secundaria, entró a la universidad. El ambiente es difícil. Muchos de sus compañeros se enfren-tan, siguiendo sus ideologías, y cada uno quiere arrastrar detrás de sí a los que todavía no se definen. María sabe bien cuál es su camino, aunque no sea fácil explicarlo: seguir a Jesús y permanecer unida a él. Sus compañe-ros la tildan de poco definida, carente ideales. No conocen sus ideas. A ve-ces sintió un cierto reparo, sobre todo al entrar en la iglesia. Pero sigue yen-do porque siente que tiene que permanecer unida a Jesús.
Se acerca la Navidad. María se da cuenta de que algunos de sus compa-ñeros no van a poder viajar a sus casas porque viven demasiado lejos, y les propone a los demás hacerles un regalo a los que no se quedan. Se sor-prende mucho cuando todos aceptan.
Luego llegan las elecciones universitarias y otra sorpresa: es elegida re-presentante de su curso. Pero el estupor es más fuerte todavía cuando oye decir: “Es lógico que te hayan elegido porque eres la única que tiene una lí-nea precisa, que sabe lo que quiere y cómo realizarlo”. Algunos se interesa-ron por su ideal y quisieron vivir como ella. Un buen fruto de la perseveran-cia de María del Socorro en el permanecer unida a Jesús.

                                                                      Chiara Lubich

Una victoria, y no sólo en el campo de juego

Mi país acaba de salir de una guerra que duró muchos años. Actualmente la situación política es estable; hay un gran desarrollo, y la vida ha vuelto a la normalidad. Pero no para todos. Desde hace un tiempo algunos muchachos que se quedaron sin familia, se reunían cerca de la iglesia para pedir limosna. El lugar se convirtió en un punto de encuentro; allí dormían y vivían. Con el tiempo se empezaron a crear situaciones cada vez más difíciles; robos, peleas entre ellos, giro de droga, y se volvió peligroso andar por ahí de noche. El sacerdote había hablado con ellos para buscar una solución, pero algunos eran muy rebeldes y rechazaban cualquier relación. Con algunos jóvenes nos preguntamos qué cosa podíamos hacer: decidimos intentar conocerlos. Nos presentamos, y cada vez que íbamos a misa, nos deteníamos a saludarlos. Poco a poco se creó una relación con algunos de ellos y surgió la idea de hacer algo juntos. Organizamos así un partido de fútbol. Buscamos la cancha y logramos conseguir que nos regalaran bellísimos uniformes para los dos equipos. El día del partido llegamos con merienda, bebidas, sándwich, tortas y pancitos. Fue un momento muy fuerte, la amistad creció muchísimo. ¡La alegría más grande fue la victoria de ellos! Desde entonces los empezamos a invitar a nuestros encuentros. Su respuesta ha superado toda expectativa. La relación que ha nacido encendió en ellos una nueva esperanza, el deseo de hablar con el sacerdote para buscar trabajo (y muchos lo han encontrado), y volver a injertarse en la vida normal. Nos dimos cuenta de que lo más importante no es dar dinero, sino una mayor atención. Teníamos que dar nuestro tiempo, nuestro afecto; la amistad y los frutos de este amor han sido mucho mayores de lo que hemos dado.  (T. P. – Angola)

mayo 2009

Edith, ciega de nacimiento, vive con otras invidentes en una residencia donde el capellán sufre una parálisis en las piernas y no puede celebrar la misa. Por este motivo quieren quitar a Jesús Eucaristía de la casa. Edith ha recurrido al obispo para que lo deje allí como única luz de sus tinieblas. Ha obtenido el permiso y, además, la aprobación para distribuir ella misma la comunión al capellán y a sus compañeras.

Deseosa de ser útil, Edith ha conseguido que le concedan unas horas en una emisora de radio. Las utiliza para ofrecer lo mejor que tiene: consejos, pensamientos válidos, aclaraciones de tipo moral para ayudar con sus experiencias a los que sufren. Podría contarte otras muchas cosas de Edith… Es ciega pero el sufrimiento la ha iluminado.

¡Cuántos ejemplos más te podría contar! La bondad existe, pero no hace ruido. Edith vive su cristianismo concretamente: sabe que cada uno de nosotros ha recibido dones y los pone al servicio de los demás.

«Que cada uno ponga al servicio de los demás los dones que haya recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios»

Sí, porque un “don” (o “carisma”, en griego) no se refiere sólo a las gracias con las que Dios enriquece a los que tienen que gobernar la Iglesia. Tampoco se refiere únicamente a esos dones extraordinarios que Él se reserva para enviar directamente a algún fiel, para el bien de todos, cuando considera que hay que poner remedio en la Iglesia a situaciones excepcionales o a peligros graves, para los que no bastan las instituciones eclesiásticas; por ejemplo: la sabiduría, la ciencia, el don de hacer milagros, el de hablar lenguas, el carisma de suscitar una nueva espiritualidad en la Iglesia, y otros.

Por dones o carismas no se entienden sólo éstos, sino también otros más sencillos que muchas personas poseen y que se notan por el bien que hacen. El Espíritu Santo es el que obra.
Además, podemos llamar también dones o carismas a los talentos naturales. Cada uno tiene los suyos. También tú.
¿Cómo tienes que usarlos? Hay que pensar cómo hacerlos fructificar, pues te han sido dados no sólo para ti, sino para el bien de todos.  «Que cada uno ponga al servicio de los demás los dones que haya recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios».
La variedad de dones es inmensa. Cada uno tiene el suyo y, por tanto, tiene su función específica en la comunidad.  ¿Y qué me dices de ti? ¿Tienes algún título? ¿No has pensado nunca en poner a disposición de los demás algunas horas a la semana para enseñar al que no sabe, o al que no tiene medios para estudiar?  ¿Tienes un corazón especialmente generoso? ¿No has pensado nunca en movilizar esas fuerzas que aún quedan sanas en la sociedad, a favor de la gente pobre o marginada, y restablecer en el corazón de muchos el sentido de la dignidad del hombre?
[…]  ¿Tienes cualidades especiales para consolar? ¿O, tal vez, para llevar una casa, para cocinar, para confeccionar con poca cosa ropa útil, o para los trabajos manuales? Mira a tu alrededor para ver quién tiene necesidad de ti.  Siento una gran pena cuando veo que hay unos que buscan y otros que enseñan cómo llenar el tiempo libre. Nosotros cristianos no podemos tener tiempo libre mientras haya en la tierra un enfermo, un hambriento, un encarcelado, un ignorante, uno que tenga dudas, alguien que esté triste, un drogadicto, […] un huérfano, una viuda…  ¿Y no te parece también que la oración es un don formidable que debemos usar, ya que en todo momento podemos dirigirnos a Dios que está presente en todas partes?

«Que cada uno ponga al servicio de los demás los dones que haya recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios». 

¿Te imaginas una Iglesia en la que todos los cristianos, desde los niños hasta los adultos, hacen todo lo que pueden para poner a disposición de los demás sus dones?
El amor mutuo adquiriría tal consistencia, tal amplitud y relieve que […] todos podrían reconocer de esto a los discípulos de Cristo. […]
Y entonces, si el resultado es éste, ¿por qué no poner todo de tu parte para conseguirlo?

Chiara Lubich

Terremoto en Abruzzo: una experiencia que cambia la vida

Mucho más que solidaridad “Entre el polvo de L’Aquila se respiró mucha humanidad – nos cuenta Humberto, voluntario de la unidad de rescate alpina, comprometido en las operaciones de salvamento entre los escombros -. Se derrumbaron prejuicios, presunciones, arrogancia y parecía que sólo hubiese quedado la “pureza” del hombre, como si apenas nos hubiesen creado. Había mucho más que sólo solidaridad: la humanidad de todos emergió en su espléndida grandeza”. Una experiencia que te cambia. Marta, de diecinueve años y estudiante de ingeniería civil de la Universidad de L’Aquila, no puede evitar conmoverse: “Es una experiencia que te cambia. Sólo Dios queda. Lo sabía, lo creía, pero ahora lo he experimentado. ¿De qué sirvió programar la vida? Ahora vivo un día a la vez, es más, un instante a la vez”. El domingo 5 de abril el temblor, de las 11 de la noche fue acompañado por un bramido.  Marta se asustó mucho. Ni ella ni sus compañeras sabían qué hacer, a pesar de que la casa que alquilan, construida en los años noventa, parecía segura. Llamaron por teléfono a sus respectivos padres. Parecería que se hubieran puesto de acuerdo en la respuesta: no se preocupen, no tiene sentido exagerar, piensen más bien en estudiar. ¿Quién sabe cuántos remordimientos, a pesar de que sus hijas lograron salvarse. Chiara, 24 años, cursa odontología, recuerda muy bien el temblor de las 10:45 de la noche. Estaba hablando por teléfono con Lisa: ¡qué susto! Las otras estudiantes de las respectivas habitaciones ya habían abandonado L’Aquila. Solas en dos casas. Deciden dormir juntas, “¿Voy a tu casa? “¿Vienes tú a la mía?”. Menos mal que Chiara fue donde su amiga. Su casa estaba ubicada en una de las zonas que quedaron más afectadas. Reconstruir. También por dentro No se puede olvidar otra tipo de reconstrucción. La de las muchísimas personas traumatizadas por el sisma. Las crisis de pánico, el estado de ansiedad y de inseguridad, la dificultad de administrar la cotidianidad y de proyectar se ven acompañados con frecuencia por insomnio y falta de reactividad. Los síntomas del trauma duran meses, cuando no quedan permanentes. “Saberlos dominar – nos explica Giuseppe Riccio, neurólogo, dirigente de psiquiatría de la Asl de Teramo, que trabaja con los damnificados – es posible, pero no es suficiente el apoyo de la psicoterapia y de las medicinas. Sirven contextos ricos en relaciones. Entonces los daños del trauma sí pueden ser reversibles”. En esta crucial reconstrucción interior, la generosidad y el calor humano de grupos, movimientos y asociaciones pueden ser de mucha ayuda». Como ya se está viendo mientras todavía la tierra sigue temblando. Los testimonios han sido publicados en Cittá Nuova n.8 del 25.04.2009

Un comunicador al servicio de un gran ideal

Publicamos algunos fragmentos de la ponencia de Nedo Pozzi sobre la figura de “Giordani comunicador”, realizada el18 de abril, día del 29º aniversario del nacimiento al Cielo de “Foco”, durante el reciente congreso de NetOne Italia.

Hace veintinueve años Igino Giordani, a quien Chiara y todos nosotros llamábamos Foco, estaba dejando esta tierra. (…) Para Giordani, una de las figuras más representativas del siglo XX italiano, tiene lugar. en el ápice de la fama y de una actividad frenética, el evento que conduce su vida hacia una nueva experiencia espiritual, que abarca todo su ser.

Es el encuentro con Chiara Lubich, en septiembre de 1948. Con ella empieza una relación espiritual singular por su humildad, transparencia, unidad. Dirá más tarde: “Todos mis estudios, mis ideales, las vicisitudes mismas de mi vida, parecían que estaban dirigidas hacia esta meta…Podría decir que antes buscaba; ahora he encontrado”. (…)

Y fue precisamente a partir de aquel encuentro entre Chiara y Giordani de 1948 que comenzó a florecer una renovación radical del vivir, del pensar, del interactuar social en todos los sentidos, también en lo político, también en lo mediático…

Giordani es un personaje extremadamente poliédrico, pero hoy lo miramos sobre todo como comunicador al servicio de un gran ideal: la humanidad como familia.

Su compromiso como hombre de los medios de comunicación es impresionante: 4000 artículos en 49 medios de prensa italianos y de otros países, fundador de varios periódicos, director de dos diarios y de otros 10 periódicos, autor de más de 100 libros (un promedio de casi dos por año) para un total de 26.000 páginas, traductor de los principales idiomas, sin contar los ensayos, los folletos, las cartas y los discursos. Por tres décadas se mantuvo activo en el fermento político y cultural, nacional e internacional, encendiendo luces proféticas sobre los acontecimientos con frecuencia dramáticos del siglo XX. Además de su pluma, de escritor de pura cepa, su don mediático más impresionante era la palabra, el don de una conversación que a través de la belleza y la propiedad del discurso y de una sutil ironía, transmitía ideas contracorriente, de una altura insólita.

Y he aquí algunas frases de este artista de la palabra, de este político “ingenuo” y “demasiado cristiano”. He aquí algunas perlas de sus escritos sobre la comunicación:

“Si para el hombre ser es pensar, vivir es comunicar.”

“El comunicador está llamado a iluminar, no a oscurecer. …Debería renovarse cada día, proveerse de ideas a cada momento. … Puede ser que el comunicador no tenga ni un centavo en el bolsillo, pero si tiene una idea en la cabeza, una llama en el corazón, vale en el mercado más que un financista.”

“El amor lo es todo; sin el amor todo es nada: la comunicación puede y debe alimentar esta verdad que es el único cemento social duradero, antes de que el miedo, madre de la atómica, tome la delantera.”

“El comunicador es el constructor más directo de una ciudad nueva”.

“La humanidad se mata siempre por las mismas razones… Por ejemplo dice: ‘Si vis pacem, para bellum’ (‘Si quieres la paz prepara la guerra’ -n.d.t.) . Pero para nosotros es otra la verdad. Si quieres la paz, prepara la paz. Si preparas la guerra, los fusiles a un cierto punto dispararán ellos solos… Si queremos alcanzar la paz, debemos comenzar a construirla entre nosotros… porque la paz empieza verdaderamente por cada uno de nosotros”. Estas mismas palabras las pronunció en el Parlamento el 21 de diciembre de 1950.

Y para finalizar, ¿qué diría hoy Giordani si le preguntáramos qué debemos hacer concretamente?

“Abrir el corazón como una concha para recoger la voz de la humanidad y poner a circular el amor y la riqueza – el bien y los bienes – suprimiendo los obstáculos de raza y de clases, las fronteras del espíritu, los peajes de la felicidad… Ver en el hombre, quienquiera que sea, un hermano…”.

Es una propuesta y una invitación que data de 1961 pero que siento es siempre actualísima, y que me interroga cada mañana, cada vez que encuentro a alguien o que me siento frente a la computadora para hacer mi… y su deber.

Nedo Pozzi

Abril 2009 – Con los ojos abiertos

 

¿Observaste cómo en general no vives la vida sino que la arrastras en espera de un “después”, en el que tendría que llegar lo “bello”?
El hecho es que un “después-bello” tiene que llegar, pero no es lo que esperas.
Un instinto divino te lleva a esperar a alguien o algo que pueda satisfacerte. Y piensas tal vez en el día de fiesta, o en el tiempo libre, o en un encuentro particular… pero pasados éstos, no quedas satisfecho, al menos plenamente. Y retomas el tran tran de una existencia vivida sin convicción, siempre en espera.
La verdad es que, entre los elementos que componen también tu vida, hay uno del que nadie puede escapar; es el encuentro cara a cara con el Señor que viene. Esto es lo “bello” a lo que inconscientemente tiendes, porque estás hecho para la felicidad. Y la felicidad plena te la puede dar solamente Él.
Y Jesús, sabiendo que tú y yo estamos ciegos en esta búsqueda, nos amonesta:

“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.”

Vigilen. Estén bien atentos. Estén despiertos.
Porque hay muchas cosas de las que no estás seguro en el mundo, pero de una ciertamente no puedes tener dudas: de que un día tienes que morir. Y esto para el cristiano significa presentarse delante de Cristo que viene.
Puede ser que también tú seas como la mayoría que quiere olvidarse de la muerte, a propósito. Tienes miedo de ese momento y vives como si no existiera. Dices con tu vida terrenal, con el enraizarte cada vez más en ella: la muerte me hace temblar, por lo tanto, no existe. En cambio, ese momento vendrá. Porque Cristo seguramente viene.
Con estas palabras Jesús entiende su venida en el último día. Así como subió al Cielo entre los apóstoles, volverá.
Pero estas palabras quieren decir también la venida del Señor al final de la vida de cada hombre. Además, cuando el hombre muere, para él, el mundo terminó.
Y ya que no sabes si Cristo viene hoy, esta tarde, mañana, o dentro de un año o más, debes estar alerta. Justamente como aquellos que están despiertos porque saben que los ladrones vendrán a desvalijar su casa, pero no saben la hora.
Y, si Jesús viene, quiere decir que esta vida es pasajera. Y si es así, más que desvalorizarla, tienes que darle la máxima importancia. Debes prepararte para ese encuentro con una vida digna. (…)

“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.”

Ciertamente, hace falta que tú también estés atento. Tu vida no es solamente un pacífico sucederse de actos. Es también una lucha. Y las tentaciones más variadas, como las sexuales, las de la vanidad, las del apego al dinero, las de la violencia, son tus primeros enemigos.
Si vigilas siempre, no te dejarás tomar por sorpresa. Vigila bien quien ama. Es propio del amor vigilar. Cuando se ama a una persona, el corazón vigila siempre esperándola, y cada minuto que pasa sin ella es en función de ella.
Así hace una esposa amorosa cuando se esfuerza, o prepara cuanto puede servir a su esposo ausente: hace todo pensando en él. Y cuando llega, en su saludo exultante está todo el alegre trabajo del día.
Así hace una madre, cuando toma un pequeño descanso durante la asistencia de su hijo enfermo. Duerme, pero su corazón vigila.
Así actúa quien ama a Jesús. Hace todo en función de Él, a quien encuentra en las simples manifestaciones de su voluntad de cada momento, y a quien encontrará solemnemente el día en el que vendrá.
Es el 3 de noviembre de 1974. Se concluye en Santa María, en el sur de Brasil, un encuentro espiritual de 250 jóvenes, de las cuales la mayor parte proviene de la ciudad de Pelotas. El primer ómnibus, con cuarenta y cinco personas, parte: muchas canciones, mucha alegría, mucho amor a Jesús. En un momento del viaje, algunas chicas dicen juntas el rosario con los misterios dolorosos y le piden a la Virgen la fidelidad a Dios, hasta la muerte.
En una curva, por un desperfecto mecánico, el colectivo cae en un barranco de unos cincuenta metros, y vuelca tres veces. Mueren seis chicas.
Una sobreviviente dice: “Vi la muerte de cerca, pero no tuve miedo, porque Dios estaba allí”. Otra: “Cuando me di cuenta de que podía moverme, en medio de los hierros retorcidos, miré el cielo estrellado y, arrodillada entre los cuerpos de mis compañeras, recé. Dios estaba allí al lado nuestro…”. El padre de Carmen Regina, una de las víctimas, contó que su hija a menudo repetía: “Es hermoso morir, papá, se parte para estar junto a Jesús”.

“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.”

Las jóvenes de Pelotas, porque amaban, vigilaban, y cuando llegó el Señor fueron a recibirlo con alegría.

Chiara Lubich

Marzo 2009

 

El espectáculo más absurdo que puedes observar en este mundo es, por una parte la presencia de hombres desorientados, siempre en busca de algo, que, en las inevitables pruebas de la vida, sienten con angustia la necesidad de ayuda y el sentimiento de orfandad, y, por otro lado la realidad de Dios, Padre de todos, cuyo mayor anhelo es usar su omnipotencia para satisfacer los deseos y las necesidades de sus hijos.
Es como un vacío que reclama ser llenado. Es como un lleno que pide un vacío. Pero no se encuentran.
La libertad de la que el hombre está dotado puede causar también este daño.
Pero Dios no cesa de ser Amor para los que lo reconocen.
Escucha lo que dice Jesús:

«Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre Él os lo concederá»

Aquí tienes una de esas palabras ricas en promesas que, de vez en cuando, Jesús repite en el Evangelio. A través de ellas te enseña, con matices y explicaciones distintas, cómo obtener lo que necesitas.
(…)
Sólo Dios puede hablar así. Sus posibilidades son ilimitadas. Tiene en su poder todas las gracias: las de esta tierra, las espirituales, las posibles y las imposibles.
Pero, escucha bien.
El te sugiere “como” tienes que presentarte al Padre para pedírselas. Dice: “en mi nombre”.
Si tienes un poco de fe estas tres breves palabras tendrían que darte alas.
Mira, Jesús, que ha vivido entre nosotros, conoce las infinitas necesidades que tienes tú y que tenemos todos, y siente pena por nosotros. Y por eso, en la oración se ha puesto Él de intercesor y es como si te dijese: “Ve al padre de mi parte y pídele esto y esto y después aquello”. Él sabe que el Padre no puede decirle que no. Es su hijo y es Dios.
Tú no vas al Padre en tu nombre, sino en nombre de Cristo. El embajador, como se suele decir, es sólo un mensajero.
Cuando vas al Padre, en nombre de Cristo, actúas como un simple mensajero.
Los asuntos se resuelven entre los dos interesados.
Así es como rezan muchos cristianos que podrían dar testimonio de las innumerables gracias que han recibido. Son una demostración de que la paternidad de Dios, atenta y amorosa, cuida de ellos cada día.

«Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre Él os lo concederá»

Pero puede ser que ahora tú me digas: “He pedido y pedido en nombre de Cristo, y no he obtenido”.
Puede ser. Te decía más arriba que Jesús, en otros pasajes del Evangelio en los que invita a pedir, da más explicaciones que quizá se te han escapado.
Dice, por ejemplo, que obtiene quien “permanece” en Él, que quiere decir en su voluntad.
(…)
Puede ser que tú pidas algo que no forma parte del designio que Dios tiene para ti, y por tanto Él no lo vea útil para tu existencia en la tierra o en la otra vida, o incluso lo considere perjudicial.
¿Cómo te va a escuchar Él, que es tu padre, en estos casos? Te engañaría. Y esto no lo hará nunca.
Entonces será útil que, antes de orar, te pongas de acuerdo con Él y le digas: “Padre, yo te pido esto en nombre de Jesús, si crees que es bueno”.
Y si la gracia que pides forma parte del plan que Dios con su amor ha pensado para ti, se cumplirá la palabra:

«Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre Él os lo concederá»

También puede ser que tú pidas gracias, pero que no tengas la más mínima intención de adecuar tu vida a lo que Dios te pide.
¿Te parecería justo que Dios te escuchase también en este caso? Él no quiere darte sólo un don, sino la felicidad plena. Y ésta se obtiene tratando de vivir los mandamientos de Dios, sus palabras. No basta con pensar en ellas, ni siquiera con meditarlas, hay que vivirlas.
Si haces así, lo obtendrás todo.
En conclusión: ¿quieres obtener gracias?
Pide cualquier cosa en nombre de Cristo, atendiendo antes que nada a su voluntad, con la decisión de obedecer la ley de Dios.
A Dios le hace feliz conceder gracias; pero somos nosotros los que, por desgracia, le cerramos las manos la mayoría de las veces.

Chiara Lubich

El Evangelio vivido “irradia luz”

He aquí algunos frutos de la Palabra. Pero todos los frutos aquí citados tienen su origen en un hecho. Como sabemos, la Palabra de Dios no es como las otras, no sólo puede ser escuchada, sino que tiene el poder de realizar lo que dice. La Palabra, que es una presencia de Cristo, genera a Cristo en nuestra alma y en las almas de los demás. Es verdad: también antes de vivir la Palabra con radicalidad, si somos cristianos, tenemos la vida de Cristo en nosotros y con ella, sin dudas, la luz de Dios y también el amor, pero a menudo están encerradas, como en una crisálida. Viviendo el Evangelio el amor irradia luz y la luz hace crecer el amor: la crisálida empieza a moverse, hasta que sale la mariposa. La mariposa es el pequeño Cristo que empieza a tomar lugar en nosotros y después crece cada vez más… para llenarnos cada vez más de Él. Existe una magnífica descripción de Pablo VI sobre los efectos de la Palabra “¿Cómo se puede presentar a Cristo en las almas? A través del vehiculo y de la comunicación de la Palabra (…) pasa el pensamiento divino, pasa el Verbo, el Hijo de Dios hecho Hombre. Se podría afirmar que el Señor se encarna dentro de nosotros, cuando nosotros aceptamos que su Palabra venga (…) a vivir dentro de nosotros” .   Tomado de: Vivere. La Parola che rinnova – Editorial Città Nuova, Roma 2008

«La fraternidad universal: necesidad para Europa»

México: en fiesta y en oración

Son numerosas las iniciativas en todo el mundo para recordar a Chiara Lubich y seguir viviendo su herencia. En este espacio abrimos un zoom sobre México. Está todavía vivo en muchos el recuerdo de la visita de Chiara a México, en junio de 1997. Especialmente aquel encuentro en el Santuario de la Ciudad de México en el cual se benera a la Virgen de Guadalupe, la Morenita, mestiza como lo es la mayoría de la población. También en Guadalajara, el 14 de marzo, se celebrará una misa solemne que será transmitida en directo por la red satelital Mariavisión. En Santa Cruz, región de mayoría indígena, la comunidad se reunirá en oración por Chiara, siguiendo ritos ancestrales, por 9 días. Al décimo día se celebrará una misa en lengua Náhuatl de los Aztecas (antiquísima civilización mexicana) y la misma con la que Virgen de Guadalupe se dirigió a Juan Diego cuando se le apareció. Participarán los adherentes del Movimiento de las 32 comunidades indígenas de la zona. El canal Mariavisión, además de la misa en la Catedral de Guadalajara, transmitirá un programa sobre la vida, el carisma y la obra de Chiara. Otras iniciativas en México PUEBLA -26/3 Evento Cultural, con  la participación de diversos exponentes de la cultura,  de otras religiones y del mundo del arte – 19.00 horas – Palacio Municipal. PUEBLA – 28/3 S. Misa en la Catedral – 18:00 horas; preside S. Em. Mons. J. Trinidad Medel, vicario de la Arquidiócesis de Puebla y delegado para los Laicos. NETZAHUALCOYOTL – 20/3 S. Misa en la Catedral – 19.00 horas; preside el Obispo S. Em. Mons. Carlos Garfias. CIUDAD DE MÉXICO – 26/3 Homenaje a Chiara, en el IMDOSOC, Instituto Mexicano de Doctrina Social de la Iglesia – 19,00 horas – testimonios de varias personas del ámbito  político, religioso y cultural. SANTA CRUZ – 6-15/3 Ritos tradicionales – 9 días en oración  por Chiara; al 10º día, S. Misa en lengua Náhuatl con pertenecientes de las 32 comunidades indígenas de la zona. (Nota: El Náhuatl es el idioma hablado por los Aztecas y por la Virgen de Guadalupe cuando se dirigió a Juan Diego). CIUDADELA EL DIAMANTE – 22/3 Tarde dedicada a Chiara – Bendición de la Cruz – 13,00 horas; según las usanzas del lugar, la Cruz, enalzada de la tierra como símbolo de la resurrección, se llevará en procesión, mientras se esparcirán pétalos de flores a lo largo de la calle, como signo del camino definitivo hacia el Paraíso. Se plantará la cruz en el Campo Santo de la Ciudadela, al que Chiara le dio el nombre de “Resurrección”.  

«La fraternidad universal: necesidad para Europa»

Alemania: “La Fuerza del Evangelio”

Son numerosas las iniciativas en el mundo para recordar a Chiara Lubich y seguir viviendo su heredad. En este sitio abrimos un zoom sobre Alemania. Con ocasión del primer aniversario de la muerte de Chiara Lubich, quisiéramos dirigir nuestra atención nuevamente a esa fuerza que emana del Evangelio y que ha cambiado la vida de Chiara y la de tantas personas”. Es éste el compromiso que Movimientos y Comunidades de varias Iglesias de Alemania quieren reafirmar en la iglesia evangélico-luterana de Munich, el próximo 14 de marzo. Particularmente significativa la elección del lugar. En esta iglesia que el 8 de diciembre de 2001 tuvo lugar un evento importante, como se lee en la siguiente invitación: “Chiara Lubich y el Obispo evangélico Ulrich Wilckens habían dado una contribución esencial al camino de comunión entre Movimientos y Comunidades de varias Iglesias, hasta llegar al pacto de amor recíproco que fue la base del desarrollo de la gran red de “Juntos por Europa”. Intervendrán: El Metropolita Serafim Joanta, de la Iglesia Rumeno Ortodoxa El Pastor Thomas Römer, de la YMCA de Munich Padre Michael Marmann, del Movimiento de Schönstatt (München) Renata Simon y Herbert Lauenroth, del Movimiento de los Focolares (Ottmaring) Otras iniciativas en Alemania: Dresda – 14/03 Santa Misa – a las 11horas; celebra S.E. Mons. Joachim Reinelt Conmemoración en la Sala del Consejo del Land, con el patrocinio del Presidente Erich Iltgen. Hannover – 14/03 Programa conmemorativo con el Obispo luterano Christian Krause, ex – presidente de la Federación Luterana Mundial Presentación del proyecto escolar: “Fuertes sin violencia” con el apoyo de la Unión Europea, y la participación del Gen Rosso. Solingen – 14/03 Entrega del premio de la ciudad de Solingen al Centro Mariápolis “Zentrum Frieden” por su contribución al desarrollo de la ciudad. Münster – 14/03 Santa Misa – 14:30 horas – seguida por un momento de encuentro y presentación de la vida de Chiara. Regensburg – 14/03 Santa Misa – seguida por un momento de encuentro y presentación de la vida de Chiara. Mainz – 14/03 Santa Misa – celebra S.E. Mons. Ulrich Meymeyr – seguida por un momento de encuentro y presentación de la vida de Chiara.

Radicalidad cristiana – Febrero 2009

 

¿Qué dice? ¡Son palabras con exigencias tremendas, radicales, jamás escuchadas!
Y, sin embrago, ese Jesús que dijo que el matrimonio es indisoluble y dio como mandato que amáramos a todos y por lo tanto particularmente a los padres, ese mismo Jesús ahora pide que pongamos en segundo lugar todos los bellos afectos de la tierra, si es que son un impedimento para el amor directo, inmediato, a Él. Sólo Dios podía pedir tanto.
Jesús, de hecho, arranca a los hombres de su modo natural de vivir y los quiere ligados antes que nada a sí mismo, para componer sobre la tierra la fraternidad universal.

Por esto, donde encuentra un obstáculo para su proyecto “corta” y en el Evangelio habla de “espada”, espiritual, se entiende. Y llama “muertos” a aquellos que no supieron amarlo a Él más que a la madre, a la esposa, a la vida. ¿Recuerdas a ese hombre que le pidió que lo dejara sepultar a su padre antes de seguirlo? Justamente a él Jesús le respondió: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”1.
Quizás ante tanta exigencia habrás temblado de miedo, quizás habrás pensado relegar estas palabras de Jesús a su tiempo, o destinarlas a los que deben seguirlo de un modo particular.
Te equivocas. Esta palabra vale para cualquier época, incluso para la actual, y vale para todos los cristianos, también para ti.
En los tiempos que corren se te pueden presentar muchas ocasiones para poner en práctica la invitación de Cristo.
¿En tu familia alguien critica el cristianismo? Jesús quiere que tú lo testimonies con la vida y en el momento oportuno con la palabra, incluso a costa de que se burlen de ti o te calumnien.
¿Eres madre y tu marido te invita a interrumpir un embarazo? Obedece a Dios y no a los hombres. ¿Un hermano te quiere agregar a una compañía con fines poco claros, o incluso reprobables? Desasóciate. ¿Algún pariente te invita a aceptar dinero poco limpio? Mantiene tu honestidad. ¿La familia entera te quiere involucrar en un laxismo mundano? Corta, para que Cristo no se aleje de ti.

“Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo”.

¿Eres de una familia poco creyente y el hecho de tu conversión a Cristo produjo división? No te alarmes, es un efecto del Evangelio. Ofrece a Dios el desgarro del corazón por aquellos que amas, pero no decaigas.
¿Cristo te llamó de modo particular y ahora llegó el momento en que tu donación total requiere dejar el padre y la madre, o tal vez renunciar a la novia? Concretiza tu elección. Quien no tiene lucha, no tiene victoria.

“Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo”.

“… y hasta a su propia vida”. ¿Estás en una tierra de persecución y el exponerte por Cristo pone en peligro tu vida? Ten coraje. A veces nuestra fe puede pedir también esto. No se termina nunca del todo la época de los mártires en la Iglesia.
Cada uno de nosotros, en su existencia, se encontrará ante la elección entre Cristo y todo el resto para seguir siendo auténtico cristiano. Por lo tanto, te tocará también a ti.
No tengas miedo. No tengas miedo por la vida: mejor perderla por Dios que no encontrarla jamás. La otra Vida es una realidad.
Y no tengas miedo por los tuyos. Dios los ama. Un día – si tú los sabes posponer por Él – pasará al lado de ellos y los llamará con las palabras fuertes de su amor. Y tú los ayudarás a volverse, contigo, verdaderos discípulos de Cristo.

Chiara Lubich

1. Palabra de vida de octubre de 1978, publicada en Essere la Tua Parola, Chiara Lubich e cristiani di tutto il mondo, vol. I, Roma 1980, p. 111-113.
2. Evangelio de Lucas, cap. 9, versículo 60.

“Me fascinaba su vida transparente”.

Soy libanesa, ortodoxa, de padre ortodoxo y madre católica. Mis padres son creyentes. En la familia nunca se le había dado importancia a la palabra ‘católico’ u ‘ortodoxo’. Era natural festejar las dos Pascuas junto con las dos familias. A los 15 años empecé a rechazar ambas religiones, también porque en Líbano, religión y política están estrechamente relacionadas. Pensaba que los hombres habían mezclado todo y no distinguía nada. Para mí Dios no podía existir y permitir la guerra y la injusticia. Fue así como perdí la poca fe que tenía.. Después de algunos años llegamos al ápice de la guerra en Líbano. Mis padres se fueron a París. Yo me quise quedar para defender mi país. Traté de entrar en el ejército; sin embargo, hastiada ya de la inutilidad de mis esfuerzos y de mí misma, obedecí a la voluntad de mis padres y los alcancé en Francia. Sin embargo mi vida allí ya no tenía ningún sentido: tenía que liberar a mi país… Para no pensar en ello, me distraje en las diversiones de la vida. Mientras tanto mi hermano había conocido y empezado a vivir el Evangelio. Su vida me fascinaba: era tan transparente. Me invitó a conocer a otras personas y fui. Era otro mundo. Veía gente que me acogía con mucho amor, muy sonriente. Volví a casa feliz, el amor estaba renaciendo dentro de mí. Comencé a frecuentar mi Iglesia, a descubrirla y amarla. Leí su historia, fui a un curso de teología. Comprendí que tenía que estar unida a ella, experimentando la ayuda de esta espiritualidad evangélica, que te hacer ir más allá de las divisiones en el respeto de las diferencias. ¡Era ésta la verdadera revolución! (S. W. – Libano)

«La fraternidad universal: necesidad para Europa»

Fieles a los valores tradicionales, pero abiertos a lo nuevo

Impresionantes fueron los testimonios de las familias de los cinco continentes contados en el momento cúlmen del Encuentro Mundial de las Familias promovido por el Pontificio Consejo para la Familia.  Desde África, la familia Simango -el padre, la madre y dos gemelos de 14 años- vive en un ambiente permeado por preciosos valores tradicionales. Pero es también fuerte el riesgo de que el consumismo, con la presión de los medios de comunicación, borre todo e imponga otros modelos. Es importante educar a los hijos en el respeto de las tradiciones, pero siempre abiertos a lo nuevo… Dennis (padre) Como en tantos países de África, también entre nosotros sube continuamene el precio de las cosas mientras que los sueldos permanecen igual. Como consecuencia, cada vez hay más personas bajo el nivel de la pobreza. Nuestros mercados se llenan de productos lujosos y modernos: juegos, vestidos de todo tipo, teléfonos… y la publicidad incita a comprarlos. De este modo, en lugar de intentar combatir la pobreza creando nuevas oportunidades de desarrollo, la gente se apasiona por estas cosas y sufre porque no puede conseguirlas. Como padres sentimos el deber de enseñar a nuestros hijos a distinguir lo que es esencial en la vida y lo que no lo es, como es el caso de todas esas cosas que ellos, en un primer impulso, desearían tener. Intentamos que comprendan que la tecnología no puede sustituir nuestra buena voluntad de respetar lo que ya tenemos y que debemos comprar sólo cosas nuevas cuando es necesario. Pero más que mediante nuestras palabras, lo hacemos escuchando juntos el Evangelio. Una tarde hemos reflexionado, también con los niños, sobre las palabras de Jesús: “Cualquier cosa que hayáis hecho a uno de estos mis hermanos más pequeños, me la habéis hecho a mí”. Al día siguiente nos contamos unos a otros, de manera espontánea, cómo habíamos llevado a la práctica esta palabra y hemos visto que todos hemos podido compartir algo con los demás, pensando en dárselo a Jesús. Yo había dado el tiempo del descanso de la comida a un alumno con dificultades; mi mujer había dado arroz a una vecina que no tenía nada; los niños habían prestado uno el lápiz y el otro la goma a sus compañeros. Al contarnos estas cosas, los más felices eran los niños, que habían comprendido que no es necesario ser ricos para poder compartir. Margaret (14 años) En el colegio nos dan sólo la comida básica, no siempre suficiente. El año pasado, muchos de mis compañeros se quejaban de hambre y con frecuencia yo les daba todo lo que había traído de casa. Al regresar a casa por las vacaciones, mi madre se dio cuenta de que estaba un poco delgada. Cuando supo el motivo, me recomendó no dar de lo necesario para vivir pero me ha dado otras cosas para que pudiera compartirlas. Modesta (madre) En nuestra cultura, compartir está considerado un gran valor, como dice un antiguo proverbio africano: “…A diferencia de un pedazo de tela, la comida no es nunca tan poca que no se pueda compartir.” Pero con la influencia de los medios de comunicación, muchos han comenzado a pensar que es mejor retener para uno mismo todo lo que se posee. Otro peligro ligado al uso incontrolado de la Televisión son las telenovelas y los dibujos animados de importación, que ofrecen modelos de vida muy distintos a los de nuestra cultura, sobre todo en lo que respecta al consumismo y a las relaciones entre hombres y mujeres. En familia hemos acordado unas reglas, por ejemplo nada de televisión durante los días de colegio y en los fines de semana y en las vacaciones sólo dos horas al día y teniendo cuidado con los programas que se ven. A veces conseguimos DVDs, procurando que sean buenos, los cuales luego los intercambiamos con las familias de los diversos grupos que atendemos, sea en nuestra ciudad o en las zonas rurales. Pero sobre todo hablamos con los jóvenes sobre lo que han visto, a fin de suscitar en ellos un sentido crítico adecuado, “para poder discernir –como enseña San Pablo- la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rm 12,2). Mario (14 años) Cuando estaba en el colegio estaba impaciente por regresar a casa para pasar todo el tiempo ante el televisor. Hablando con mi familia, he comprendido que no es ésta la verdadera libertad y que la televisión a veces puede convertirse en una trampa. Así he aprendido a pasar incluso varios días sin encenderla. Modesta ¡Oh María, que eres la reina de África!, tú sabes que es una tierra rica en recursos, pero que atraviesa por grandes dificultades: pobreza, desnutrición, sida, epidemias, conflictos y guerras. Danos gobernantes sabios y mantennos fieles a aquella cultura de la vida que nos han enseñado nuestros padres. Ayúdanos a vivir y a transmitir a nuestros hijos la buena noticia del Evangelio, compendio de valores humanos y cristianos, que nos hace hijos tuyos y hombres nuevos.

Enero de 2009

¿Alguna vez estuviste en una comunidad viva de cristianos realmente auténticos? ¿Alguna vez asististe a una asamblea entre ellos? ¿Penetraste en su vida? Si es así, habrás notado que se distribuyen muchas funciones entre aquellos que la componen: quien tiene el don de hablar y te comunica realidades espirituales que te tocan el alma; quien tiene el don de ayudar, de asistir, de proveer y te hace maravillar ante los éxitos alcanzados en beneficio de cuantos sufren; quien enseña con tanta sabiduría que te infunde una fuerza muy nueva en la fe que ya posees, quien tiene el arte de organizar, quien de gobernar, quien sabe comprender a aquellos a los que se acerca y es distribuidor de consuelo a los corazones que lo necesitan. Sí, todo esto lo puedes experimentar, pero sobre todo lo que te impresiona de una comunidad tan viva es el único espíritu que caracteriza a todos y te parece que sientes aletear y hace de esa original sociedad un unum, un solo cuerpo.

“Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo».

Incluso Pablo, y particularmente él, se encontró frente a comunidades cristianas vivísimas, suscitadas justamente por su extraordinaria palabra.
Una de éstas era aquella, joven, de Corinto, en la cual el Espíritu Santo no había sido parco en el difundir sus dones o carismas, como se les dice; es más, en ese tiempo se manifestaban extraordinarios, por la especial vocación que tenía la Iglesia naciente.
Sin embrago, esta comunidad, habiendo hecho la experiencia exaltadora de los distintos dones dados por el Espíritu Santo, había conocido también rivalidades o desórdenes, justamente entre aquellos que habían sido beneficiados. Fue necesario entonces dirigirse a Pablo, que estaba en Éfeso, para obtener aclaraciones.

Pablo no vacila, y responde con una de sus extraordinarias cartas, explicando cómo debían ser usadas estas gracias particulares.
Explica que existe diversidad de carismas, diversidad de ministerios, como el de los apóstoles o de los profetas o de los maestros, pero que uno solo es el Señor del que provienen. Dice que en la comunidad existen operadores de milagros, de curaciones, personas llevadas de modo excepcional a la asistencia, otras al gobierno, como existe quien sabe hablar lenguas, quien las sabe interpretar, pero agrega que uno solo es el Dios en el que se originan.

Y entonces, como los distintos dones son expresiones del mismo Espíritu Santo, que los infunde libremente, no pueden no estar en armonía entre ellos, no pueden no ser complementarios. Éstos no son para el goce personal, no pueden ser motivo de enorgullecimiento o de afirmación de sí mismo, sino que se dan para una finalidad común: construir la comunidad; su finalidad es el servicio. No pueden, por lo tanto, generar rivalidades o confusión.

Pablo, aun pensando en los dones particulares que tenían que ver justamente con la vida de la comunidad, es de la idea de que cada miembro tiene su capacidad, su talento para hacer fructificar para el bien de todos, y cada uno debe estar contento con el propio.
Él presenta a la comunidad como un cuerpo y se pregunta: si el cuerpo fuera todo ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si fuera todo oído, ¿dónde el olfato? En cambio, Dios dispuso los miembros de modo diferente en el cuerpo, como Él quiso. Si todo fuera un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? En cambio:

“Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo”.

Si cada uno es diferente, puede ser un don para los demás, y así ser sí mismo y realizar el propio designio de Dios en relación con los otros.
Y Pablo ve en la comunidad, en la que los distintos dones funcionan, una realidad a la que da un espléndido nombre: Cristo. El hecho es que ese original cuerpo que componen los miembros de la comunidad es verdaderamente el Cuerpo de Cristo. En efecto, Cristo sigue viviendo en su Iglesia y la Iglesia es su cuerpo. En el bautismo, de hecho, el Espíritu Santo incorpora a Cristo al creyente, que es inserto en la comunidad. Y allí todos son Cristo, se borra toda división, se supera toda discriminación.

“Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo».

Cuando el cuerpo es uno, los miembros de la comunidad cristiana actúan correctamente su manera de vivir, es decir, realizan entre ellos la unidad, aquella unidad que supone la diversidad, el pluralismo. La comunidad no se asemeja a un bloque de materia inerte sino a un organismo viviente con diversos miembros.
El provocar las divisiones es, para los cristianos, hacer lo contrario a lo que deben.

“Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo».

¿Cómo, vivirás, entonces, esta nueva Palabra que la Escritura te propone?
Hace falta que tengas un gran respeto por las diferentes funciones, por los dones y los talentos de la comunidad cristiana.
Será necesario que dilates el corazón sobre toda la variada riqueza de la Iglesia y no sólo sobre la pequeña Iglesia que frecuentas y te es conocida, como la comunidad parroquial o la asociación cristiana a la que estás ligado, o bien al movimiento eclesial del que eres miembro, sino sobre toda la Iglesia, en sus múltiples formas y expresiones.
Debes sentir tuyo el todo, porque eres parte de este único cuerpo. Y así debes hacer para con cada miembro del cuerpo espiritual. (…)
Por todos debes tener la misma estima, hacer tu parte para que puedan ser útiles a la Iglesia en el mejor de los modos.
(…) Mientras tanto, no desprecies lo que Dios te pide allí donde estás, aunque el trabajo cotidiano te pueda parecer monótono y sin un gran significado: pertenecemos todos a un mismo cuerpo, y, como miembro, cada uno participa de la actividad del cuerpo entero, permaneciendo en el lugar que Dios eligió para él.
Además, lo esencial es que tú poseas ese carisma que, como dice Pablo, supera todos los demás, y es el amor: el amor para con cada hombre que encuentras, el amor para con todos los hombres de la tierra.
Es con el amor, con el amor recíproco, que los muchos miembros pueden ser un solo cuerpo.

Chiara Lubich

Esta Palabra de vida fue publicada en enero de 1981.
Referencia a la 1º Carta a los cristianos de Corinto, en el cap. 12, versículos del 17 al 19.

7 de diciembre de 1943: Aquel «Sí para siempre»

Era el 7 de Diciembre de 1943. He aquí como ella misma recuerda aquel momento,cuando, muy temprano, sola, fue al Colegio Seráfico de los Capuchinos: allí, en la capilla, la esperaba un sacerdote. En el momento de la comunión había pronunciado su sí para siempre a Dios, roca de la cual todo comenzó: “Imagínense a una joven enamorada: enamorada por aquel amor que es el primero, el más puro, aquel que todavía no se ha declarado, pero que empieza a quemar el alma. Con una sola diferencia: la joven que se enamora así, en el mundo, tiene en los ojos el rostro de su amado; pero esta en cambio no lo ve, no lo siente, no lo toca, no advierte su perfume con los sentidos del cuerpo, sino con los del alma, a través de los cuales el amor ha entrado en ella y la ha totalmente invadida. De aquí nace una alegría característica, difícil de volver a saborear en la vida, alegría secreta, serena, exultante. La pequeña iglesia estaba adornada lo mejor posible. En el Altar, en el fondo, se erguía una Virgen Inmaculada. Antes de comulgar, me di cuenta, por un instante, de lo que iba a hacer: Había atravesado un puente con la consagración a Dios; el puente se derrumbaba detrás de mí, no habría podido regresar nunca más al mundo. Yo me estaba desposando con Dios. Y era aquel Dios que, más tarde, se me habría manifestado como abandonado. Aquel “abrir los ojos” a lo que estaba haciendo – recuerdo – fue inmediato, breve – pero al mismo tiempo tan fuerte que se me cayó una lágrima sobre mi pequeño misal. Creo que hice el camino de regreso a casa corriendo. Me parece que me detuve solamente cerca, en el Obispado, para comprar tres claveles rojos para el Crucifijo que me esperaba en mi habitación, habrían sido el signo de la fiesta común”.  

El Evangelio vivido “irradia luz”

He aquí algunos frutos de la Palabra. Pero todos los frutos aquí citados tienen su origen en un hecho. Como sabemos, la Palabra de Dios no es como las otras, no sólo puede ser escuchada, sino que tiene el poder de realizar lo que dice. La Palabra, que es una presencia de Cristo, genera a Cristo en nuestra alma y en las almas de los demás. Es verdad: también antes de vivir la Palabra con radicalidad, si somos cristianos, tenemos la vida de Cristo en nosotros y con ella, sin dudas, la luz de Dios y también el amor, pero a menudo están encerradas, como en una crisálida. Viviendo el Evangelio el amor irradia luz y la luz hace crecer el amor: la crisálida empieza a moverse, hasta que sale la mariposa. La mariposa es el pequeño Cristo que empieza a tomar lugar en nosotros y después crece cada vez más… para llenarnos cada vez más de Él. Existe una magnífica descripción de Pablo VI sobre los efectos de la Palabra “¿Cómo se puede presentar a Cristo en las almas? A través del vehiculo y de la comunicación de la Palabra (…) pasa el pensamiento divino, pasa el Verbo, el Hijo de Dios hecho Hombre. Se podría afirmar que el Señor se encarna dentro de nosotros, cuando nosotros aceptamos que su Palabra venga (…) a vivir dentro de nosotros” .   Tomado de: Vivere. La Parola che rinnova – Editorial Città Nuova, Roma 2008

Dios en nuestra historia – Diciembre 2008

 

¿Lo recuerdas? Es la palabra que Jesús le dirige al Padre en el monte de los Olivos y da sentido a su pasión, seguida de la resurrección. Expresa en toda su intensidad el drama que Jesús vive en su interior. Es la laceración interior provocada por la repugnancia profunda de su naturaleza humana de frente a la muerte querida por el Padre.
Pero Cristo no esperó ese día para adecuar su voluntad a la de Dios. Lo hizo toda su vida.
Si ésta fue la conducta de Cristo, ésta debe ser la actitud de todo cristiano. También tú debes repetir en tu vida:

“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Tal vez hasta ahora no lo has pensado, aunque seas bautizado, aunque seas hijo de la Iglesia.
Tal vez redujiste esta frase a una expresión de resignación, que se pronuncia cuando no se puede hacer otra cosa. Pero no es ésta su verdadera interpretación.
Mira, en la vida puedes elegir dos direcciones: hacer tu voluntad o libremente elegir hacer la voluntad de Dios.
Y tendrás dos experiencias: la primera, te desilusionará pronto, porque quieres treparte al monte de la vida con tus ideas limitadas, con tus medios, con tus pobres sueños, con tus fuerzas.
De aquí, antes o después, la experiencia de la rutina de una existencia que conoce el aburrimiento, lo inacabado, lo opaco y, a veces, la desesperación.
De aquí, una vida chata, aunque quieras hacerla colorida, que no te satisface nunca en lo íntimo, lo más profundo de ti.
De aquí, al final, una muerte que no deja huella: alguna lágrima y el inexorable total universal olvido.
La segunda experiencia: aquella en la que repites también tú:

“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Verás: Dios es como sol. Del sol parten muchos rayos que besan a cada uno de los hombres. Son la voluntad de Dios sobre ellos. En la vida, el cristiano, y también el hombre de buena voluntad, está llamado a caminar hacia el sol, en la luz de su propio rayo, diferente y distinto de todos los demás. Y cumplirá el maravilloso, particular designio que Dios tiene sobre él.
Si también tú haces así, te sentirás envuelto en una divina aventura jamás soñada. Serás actor y espectador al mismo tiempo de algo grande, que Dios obra en ti y, a través de ti, en la humanidad.
Todo lo que te suceda, como dolores y alegrías, gracias y desgracias, hechos notables (éxitos y buena suerte, accidentes o muertes de personas queridas), hechos insignificantes (el trabajo cotidiano en casa, en la oficina o en la escuela) todo, todo adquirirá un significado nuevo, porque te es ofrecido por la mano de Dios que es Amor. Él quiere, o permite, todo para tu bien. Y aunque primero lo pienses solamente por la fe, después verás con los ojos del alma un hilo de oro que liga acontecimientos y cosas y compone un magnífico bordado. El designio, justamente, de Dios sobre ti.
Tal vez esta perspectiva te atrae. Tal vez quieres sinceramente dar un sentido más profundo a tu vida.
Entonces escucha. Antes que nada te diré cuándo tienes que hacer la voluntad de Dios.
Piensa un poco: el pasado se fue y no puedes recuperarlo. No te queda más que ponerlo en la misericordia de Dios. El futuro todavía no existe. Lo vivirás cuando se vulva actual. En la mano tienes solamente el momento presente. Es en éste que debes tratar de cumplir la palabra:

“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Cuando quieres hacer un viaje – y la vida es también un viaje – estás tranquilo en tu asiento. No se te ocurre caminar por el vagón para adelante y para atrás.
Así haría quien quiere vivir la vida soñando un futuro que todavía no existe, o pensando en el pasado que jamás volverá.
No: el tiempo camina por sí mismo. Hace falta estar quietos en el presente y llegaremos al cumplimiento de nuestra vida aquí abajo.
Me preguntarás: ¿Cómo hago para distinguir la voluntad de Dios de la mía?
En el presente no es difícil saber cuál es la voluntad de Dios. Te indico un camino. Escucha dentro de ti: hay una voz sutil, quizás por ti sofocada demasiadas veces y que se ha vuelto casi imperceptible. Pero escúchala bien: es voz de Dios2 . Ella te dice que ése es el momento de estudiar, o de amar a quien necesita, o de trabajar, o de superar una tentación, o de seguir tu deber de cristiano, u otro de ciudadano. Ella te invita a escuchar a alguien que te habla en nombre de Dios, o a afrontar con valentía situaciones difíciles…
Escucha, escucha. No la hagas callar. Es el tesoro más precioso que posees. Síguela.
Y entonces, momento tras momento, construirás tu historia, que es historia humana y divina al mismo tiempo, porque está hecha por ti en colaboración con Dios. Y verás maravillas: verás lo que puede hacer Dios en una persona que dice, con toda su vida:

“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Chiara Lubich

 

(más…)

INSTITUTO SOPHIA, CONJUGAR DOCTRINA Y VIDA EN EL SIGNO DE LA UNIDAD

ZENIT ha hablado con Maria Emmaus Voce, presidenta del Movimiento de los Focolares, de la idea inspiradora del «Sophia» y de sus perspectivas. El instituto Sophia, una institución de alta cultura, nace de una paradoja: «dejar los libros en el desván» de Chiara Lubich… Maria Emmaus Voce: Chiara tenía un gran deseo de conocer la verdad y esperaba conocerla a través del estudio de la filosofía. Un día sintió dentro de sí que Jesús le pedía no buscar la verdad en los libros, sino seguirle a Él que era la Verdad encarnada. Por esto optó por dejar sus libros en el desván, renunciar al sueño del estudio, para dedicarse completamente a Jesús. Sintió también que Jesús le prometía revelarle su Verdad, su Saber y de esta revelación –Jesús– extraería luego todas las consecuencias, es decir el carisma de la unidad. Precisamente de la profunda convicción de que el carisma de la unidad que Jesús donó a Chiara tiene en sí la capacidad de generar una doctrina tal que ilumina los diversos ámbitos del saber, nace hoy un instituto universitario. Sophia quiere ser un laboratorio de formación e investigación en el que se ponen en contacto las relaciones profundas entre vida y pensamiento, entre estudio y experiencia. ¿Qué significa esto concretamente? Maria Emmaus Voce: El intento de vivir la unidad entre estos aspectos significa que aquellos que se inscriben en este instituto universitario vienen ya con una condición previa, la de estar dispuestos a amar a los otros, estar abiertos a todas las personas, a prescindir de la cultura, la religión, el mundo y la raza a la que pertenecen. Los estudiantes del Sophia aceptan hacer y hacen una experiencia de vida en la que descubren que no sólo como personas pueden estar abiertas las unas a las otras, sino que incluso las propias culturas pueden estar abiertas las unas a las otras. Descubren, además, que cada disciplina está ligada profundamente a las demás y el fundamento de todo el saber es la Sabiduría, es decir la visión de Dios sobre los hombres y sobre la realidad humana. ¿Qué expectativas tanto personales como del Movimiento siente ante el nacimiento de Sophia? Maria Emmaus Voce: Deseamos formar hombres y mujeres que sepan conjugar la doctrina con la vida y sean, por tanto, capaces de ofrecer una aportación de unidad –ser hombres y mujeres constructores de unidad–, allí donde la sociedad les conduzca, a través de los propios caminos profesionales y las actividades sociales. Esperamos verdaderamente que estas personas, integradas como catalizadores en cualquier grupo social, puedan poco a poco ser un punto de atracción, un fulcro en torno al cual se construyan células de unidad que se ensanchen cada vez más en la sociedad hasta que «todos sean uno», hasta que la familia humana sea restaurada en la unidad. Esta es la oración de Jesús al Padre, es el sueño de Chiara, el nuestro y, por tanto, también el mío personal. Por Chiara Santomiero, traducido del italiano por Nieves San Martín 20.11.2008

Seguir las huellas de Jesús – Noviembre 2008

 

No creas que, porque estás en el mundo, puedes nadar en él como un pez en el agua. No creas que, porque el mundo entra en tu casa a través de ciertas radios y de la televisión, estás autorizado a escuchar cualquier programa o a ver todas las transmisiones.
No creas que, porque recorres los caminos del mundo, puedes mirar impunemente todos los afiches y puedes comprarte en el kiosco o en la librería cualquier publicación indiscriminadamente. No creas que, porque estás en el mundo, todas las formas de vivir del mundo pueden ser tuyas: las experiencias fáciles, la inmoralidad, el aborto, el divorcio, el odio, la violencia, el hurto.
No, no. Tú estás en el mundo. ¿Y quién lo puede negar? Pero tú no eres del mundo .

Y esto representa una gran diferencia. Esto te clasifica entre los que no se nutren de las cosas que son del mundo sino de aquellas que te son expresadas por la voz de Dios dentro de ti. Esa voz está en el corazón de todo hombre y – si la escuchas – te hace entrar en un reino que no es de este mundo, donde se viven el amor verdadero, la justicia, la pureza, la mansedumbre, la pobreza, donde rige el dominio de uno mismo.

“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga”

¿Por qué muchos jóvenes escapan a Oriente, por ejemplo, a India, para encontrar un poco de silencio y captar el secreto de ciertos grandes espiritualistas que, por larga mortificación de su yo interior, dejan transparentar un amor (…) que impresiona a todos aquellos que se les acercan? Es la reacción natural al alboroto del mundo, al ruido que vive fuera y dentro de nosotros, que ya no deja espacio al silencio para escuchar a Dios. ¡Ay de mí! ¿Hace falta ir hasta la India, cuando desde hace dos mil años Cristo te dijo: “Renuncia a ti mismo… renuncia a ti mismo…”?
La vida cómoda y tranquila no es propia del cristiano, y Cristo no pidió y no te pide menos si lo quieres seguir. El mundo te embiste como un río crecido y debes caminar en contra de la corriente. El mundo para el cristiano es tupida espesura y hay que mirar dónde poner los pies. ¿Y dónde hay que hacerlo? En las huellas que Cristo mismo te marcó a su paso por esta tierra: son sus palabras. Hoy Él vuelve a decirte:

“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo…”.

Tal vez esto te exponga al desprecio, a la incomprensión, al escarnio, a la calumnia; esto te aislará, te invitará a mostrarse tal cual sos, a dejar un cristianismo a la moda. Pero hay más: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.”
Lo quieras o no, el dolor amarga cualquier existencia. También la tuya. Y pequeños y grandes dolores llegan todos los días. ¿Quieres esquivarlos? ¿Te rebelas? ¿Suscitan en ti manifestaciones de enojo? No eres cristiano.
El cristiano ama la cruz, ama el dolor, aun en medio de las lágrimas, porque sabe que tienen valor. No por nada entre los innumerables medios que Dios tenía a su disposición para salvar la humanidad, eligió el dolor.

Pero Él – recuérdalo – después de haber llevado la cruz y haber sido clavado, resucitó. La resurrección es también tu destino , si en lugar de despreciar el dolor que te procura tu coherencia cristiana y cualquier otro que la vida te presente, sabes aceptarlo con amor. Experimentarás entonces que la cruz es el camino, desde esta tierra, a una alegría jamás probada; la vida de tu alma comenzará a crecer. El reino de Dios en ti adquirirá consistencia y afuera, de a poco, el mundo desaparecerá ante tus ojos y te parecerá de cartón. Y no envidiarás más a nadie. Entonces te podrás llamar seguidor de Cristo. Y, como Cristo, a quien seguiste, serás luz y amor para las innumerables llagas que laceran a la humanidad de hoy.

Chiara Lubich

 

¿Cómo vivir el Evangelio en cada momento presente?

Viviendo el momento presente, vivo todo el Evangelio. Si las Escrituras enseñan a hacer bien las cosas pequeñas, esta es precisamente la característica del que no hace otra cosa, con todo el corazón, que lo que Dios le pide en el presente. Si uno vive en el presente, Dios vive en él y si Dios está en él, en él está la caridad. Quien vive el presente es paciente, es perseverante, es manso, es pobre de todo, es puro, es misericordioso, porque tiene el amor en su máxima y más genuina expresión; ama verdaderamente a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas; está iluminado interiormente, y guiado por el Espíritu Santo y por lo tanto no juzga, no piensa mal, ama al prójimo como a sí mismo, tiene la fuerza de la locura evangélica de poner la otra mejilla, de caminar dos millas… A menudo tiene la ocasión de dar al César lo que es del César porque en muchos momentos presentes tendrá que vivir plenamente su vida como ciudadano…y así por el estilo. Quien vive el presente está en el Cristo Verdad. Y eso sacia, sacia el alma que siempre anhela poseer todo en cada momento de su vida.   (de Essere tua Parola, Città Nuova Editrice – 2008 p. 51)

«La fraternidad universal: necesidad para Europa»

Último saludo al Imán de la paz: W.D. Mohammed

“Nos comprometemos más que nunca a recorrer juntos el camino que nos han abierto nuestros dos grandes guías”, escribe la presidente de los Focolares, Emmaus María Voce a los familiares y seguidores “del queridísimo Imán W.D. Mohammed, quien ofreció su vida por la paz y la fraternidad universal”.

Una profunda amistad espiritual de más de diez años unía a Chiara Lubich y al Imán, reconocido por su autoridad moral, como el mayor líder de los musulmanes afro- americanos, fallecido en su casa en Markham, Illinois, el pasado 9 de septiembre, a la edad de 74 años.

“Las miles de personas que acudieron de todos los Estados Unidos a su funeral, le rinden homenaje – según se lee en la prensa norteamericana – al más grande líder musulmán de los Estados Unidos”. Y acota: “Grupos de musulmanes en otros tiempos heridos por divisiones internas, se ha encontrado unidos delante de un hombre que dedicó su vida a llevar la unidad”. De las impresiones recogidas entre los presentes: “El 11 de septiembre de 2001 había significado un día triste para los musulmanes. Hoy en cambio, es para nosotros un día que nos llena de orgullo” afirma un seguidor del Imán.

En 1975, sobre su lecho de muerte, su padre, Elijah Mohammed, le había confiado la conducción de la comunidad afro-americana “Nation of Islam”, fundada por él para el rescate moral y social de los afro-americanos. W.D. trabajó para guiar a sus seguidores hacia un Islam más fiel a sus raíces, subrayando la tolerancia racial y la universalidad del Islam. Se convirtió en un constructor de puentes entre los musulmanes afro-americanos y los musulmanes que emigraron a Estados Unidos de Medio Oriente y de Asia, con los cristianos, entre blancos y negros. Por su extraordinario trabajo en el campo interreligioso, en 1994 fue nombrado entre los presidentes internacionales del “World Council for Religions and Peace” (Consejo Mundial de las Religiones por la Paz).

El camino recorrido juntos por los seguidores del Imán Mohammed y Chiara Lubich comenzó en el histórico 18 de mayo de 1997 en la Mezquita Malcolm Shabazz (conocida también como Malcolm X) en Harlem, Nueva York. Era la primera vez que una mujer cristiana, blanca, tomaba la palabra en la mezquita. Tres mil musulmanes y una buena representación de los miembros del Focolar estaban presentes. Mientras Chiara contaba su experiencia cristiana, citando el Evangelio y algunas frases del Corán que ilustraban cuánto tenemos en común, fue interrumpida con frecuentes aplausos y exclamaciones “¡Dios es Grande!”. Poco después, en un encuentro privado, W.D. Mohammed y Chiara hicieron un pacto en el nombre del Dios único: trabajar sin descanso por la paz y la unidad.

La fidelidad a este pacto ha dado innumerables frutos de unidad entre las comunidades del Focolar y sus seguidores: el diálogo que se ha desarrollado se ha vuelto signo de esperanza, luz para muchos. Se ha mostrado particularmente importante después de los atentados del 11 de septiembre.

Luego se dieron varios viajes del Imán Mohammed y de sus seguidores a Roma, para participar en los encuentros interreligiosos organizados por los Focolares. En 1999, en representación de todo el mundo musulmán, fue invitado a hablar en el gran encuentro interreligioso como preparación al Jubileo, en Plaza San Pedro, con la presencia del Papa Juan Pablo II. En dicha ocasión el Papa alentó y bendijo el diálogo iniciado con los Focolares.

En el 2000 invitó nuevamente a Chiara a hablar a los 7.000 musulmanes y cristianos reunidos en Washington en un encuentro de dos días con el título: “Faith Communities Together” (Comunidades Religiosas Juntas), porque, decía, “América tiene necesidad de escuchar tu mensaje, de ver esta unidad que nos une”.

Desde ese momento han nacido y continúan desarrollándose en muchas ciudades de los Estados Unidos (desde Washington a Los Ángeles, Miami, Chicago, Nueva York, etc.) “Encounters in the Spirit of Universal Brotherhood” (Encuentros bajo el espíritu de la fraternidad universal), encuentros de diálogo en los cuales se profundiza un punto de la espiritualidad de la unidad, sea desde el punto de vista cristiano como del musulmán, con intercambios de experiencias de vida concreta.

Resale a pocos días atrás los últimos contactos de los responsables de los Focolares, en Chicago, con el Imán Mohammed. De hecho se había programado para asistir, junto con un grupo de sus seguidores, al próximo congreso internacional de diálogo cristiano-musulmán que se desarrollará en Castelgandolfo del 9 al 12 de octubre próximos. Sin embargo, su médico le había prohibido hacer viajes largos debido a disturbios cardíacos.

Un hombre profundamente de Dios, el Imán Mohammed durante su convenio nacional del 2005, hablando a 4.000 de sus seguidores, había afirmado con fuerza: “Tenemos que amar a todos como deben ser amados: tenemos que amar a los cristianos de modo que sean mejores cristianos, tenemos que amar a los musulmanes de modo que sean mejores musulmanes”.

Cuando se le había preguntado a Chiara acerca de su relación con el Imán Mohammed, había respondido: “Con él me siento a mis anchas, pues me parece que el Señor lo puso a nuestro lado, así como nos puso a nosotros a su lado, por un plan de amor Suyo que comprenderemos conforme vayamos adelante en nuestra comunión y trabajando juntos”.

Y el Imán Mohammed, en una entrevista había declarado: “Yo creo que es posible librarnos del veneno de los prejuicios si somos sanados espiritualmente. Esto es lo que nosotros podemos mostrar, cómo personas de religiones diversas se reconocen parte de una única humanidad. Creo que estamos haciendo un gran trabajo, que damos la posibilidad a personas que se odiaban, de liberarse del odio, de encontrar una vida nueva, una felicidad nueva, porque el peso de los prejuicios ha sido retirado de sus corazones”.

octubre 2008

La entrega desinteresada

¿Te sucedió alguna vez que al recibir un regalo de un amigo sentiste la necesidad de responder? ¿Y de hacerlo no tanto por saldar una deuda, sino por amor verdadero, de reconocimiento? Ciertamente que sí.
Si te pasa a ti, puedes imaginarte a Dios, a Dios que es Amor.

Él responde siempre a cada don que nosotros le hacemos a nuestros prójimos en nombre suyo. Es una experiencia que los cristianos verdaderos hacen, y a menudo. Y todas las veces es una sorpresa. Uno no se acostumbra nunca a la inventiva de Dios. Podría darte mil, diez mil ejemplos, podría escribir un libro con ejemplos. Verías cuánto hay de real en esa imagen: “Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante”. Significa la abundancia con la que Dios responde, su magnanimidad.

“Ya había caído la noche sobre Roma. Y en ese departamento casi subterráneo el exiguo grupo de chicas que quería vivir el Evangelio se daba las buenas noches. En ese momento, suena el timbre. ¿Quién sería a aquella hora? Un hombre que se presentaba a la puerta en estado de pánico, desesperado: al día siguiente lo habrían desalojado junto a su familia de su casa por no pagar el alquiler. Las chicas se miraron y en un mudo acuerdo abrieron el cajoncito en el que, en sobres diferentes, habían guardado lo que quedaba de sus sueldos y una reserva para las facturas de gas, teléfono, luz. Le dieron todo a ese hombre, sin pensarlo. Esa noche durmieron felices. Alguien habría pensado en ellas. Todavía no clarea el día, cuando suena el teléfono. ‘Voy enseguida en taxi’, dice el hombre. Sorprendidas por la elección del medio de transporte, las chicas esperan. La cara del visitante dice que algo cambió: ‘Anoche, apenas volví a casa, me encontré con la noticia de una herencia que nunca hubiera imaginado recibir. Mi corazón me dijo que compartiera la mitad con ustedes’. La suma era exactamente el doble de lo que le habían dado generosamente.”

“Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante.”

¿Has hecho esta experiencia? Si no es así, recuerda que el don tiene que hacerse desinteresadamente, sin esperar el retorno, a cualquiera que pida.
Prueba. Pero hazlo no para ver el resultado, sino porque amas a Dios.
Me dirás: “Pero yo no tengo nada”.
No es verdad. Si queremos, tenemos tesoros inagotables. Nuestro tiempo libre, nuestro corazón, nuestra sonrisa, nuestro consejo, nuestra cultura, nuestra paz, nuestra palabra para convencer a quien tiene para que dé a quien no tiene…
Me dirás todavía: “No sé a quién dar”.
Mira alrededor: ¿Te acuerdas de ese enfermo en el hospital, de esa señora viuda siempre sola, de ese compañero que fue tan humillado, de ese joven desocupado siempre triste, de tu hermanito que necesita ayuda, de ese amigo que está en la cárcel, de ese aprendiz vacilante? Es en ellos que Cristo te espera.

Asume el nuevo comportamiento del cristiano – del que está impregnado todo el Evangelio – que es el del anti-encierro y de la anti- preocupación. Renuncia a sentirte seguro en los bienes de la tierra y apóyate en Dios. Así se evidenciará tu fe en Él, que será pronto confirmada por el don que te volverá.
Lógicamente, Dios no se comporta así para enriquecerte o para enriquecernos. Lo hace para que otros, muchos otros, viendo los pequeños milagros que recoge nuestro dar, hagan otro tanto.
Lo hace para que cuanto más tengamos, más podamos dar; para que – como verdaderos administradores de los bienes de Dios – hagamos circular cada cosa en la comunidad que nos rodea, hasta que se pueda decir como de la primera comunidad de Jerusalén: ninguno padecía necesidad .
¿No sientes que con esto colaboras en el entregar un alma segura a la revolución social que el mundo espera?

“Den, y se les dará”

Ciertamente, Jesús pensaba en primer lugar en la recompensa que tendremos en el Paraíso, pero cuanto sucede sobre esta tierra es ya un anuncio y una garantía.

Chiara Lubich

 

El perdón a cualquier precio

Tanto mi marido como mis hijos son alcohólicos. Hasta hace un año, Tom, el más grande, convivía con una muchacha. Los dos resultaron ser, no sólo alcohólicos, sino también toxico dependientes. Hace alrededor de un año mi hijo volvió a casa pues ya no se entendía con la mujer con quien vivía. Sólo que para entonces había nacido un niño. La idea de este nietecito me daba mucha pena pues la situación era sumamente dolorosa. Yo culpaba a la madre y un día, encontrándomela por la calle, la acusé abiertamente de muchas cosas. Nos dejamos llenas de amargura. Está de más decir que volviendo a casa me sentía culpable por no haber amado. Y todas las justificaciones que trataba de encontrar, el repetirme que en el fondo yo tenía razón, que lo había hecho por mi nieto, no me daban paz. Algo dentro de mì me impulsaba a llamarla para pedirle disculpas, a pesar de que me parecía muy difícil. No sabía si me escucharía. En cambio, cuando le pedí perdón, fue ella quien después la que se disculpó conmigo. Varias semanas después de este episodio, a Dorothy la pusieron presa. Las cosas iban de mal en peor, y yo, preocupada por la situación de mi nietecito, sentía un fuerte resentimiento hacia los padres, por haberlo traído al mundo en esa situación. Al no estar casados, el niño sería confiado al Estado. El resentimiento que sentía dentro crecía hora tras hora, y ni siquiera las palabras de Jesús sobre el perdón me daban la paz. Tenía que amar también a Dorothy, independientemente de lo que le sucediera a mi nieto. Después de varios intentos, finalmente la Palabra hizo brecha en mi corazón y con un alma nueva fui a visitarla a la prisión: me abrazó, conmovida. Creo que sintió que fui para amarla y aceptarla así como era. Fue ella quien me habló del niño y me pidió si podía cuidarlo yo. Así la custodia legal de mi nieto pasó a mi hijo y ahora ambos viven bajo mi techo. Me pareció que el céntuplo prometido por Jesús al que busca su Reino, haciendo su voluntad, el fruto por haberme empeñado en amar, hasta el fondo.

Septiembre 2008

«Amad a vuestros enemigos». ¡Esto sí que es fuerte! ¡Esto sí que transforma nuestro modo de pensar y nos hace a todos dar un giro al timón de nuestra vida!

Porque, no nos engañemos, algún enemigo…, pequeño o grande, todos lo tenemos.
Está ahí, detrás de la puerta del piso de al lado, en esa señora tan antipática e intrigante, que trato de evitar cada vez que va a entrar conmigo en el ascensor…
Está en ese familiar que hace treinta años ofendió a mi padre y por ello le he negado el saludo…
Se sienta detrás de tu pupitre, en el colegio, y no has vuelto a mirarle a la cara desde que te acusó ante el profesor…
Es esa chica que era amiga tuya y luego te dejó plantado para irse con otro…
Es ese comerciante que te ha engañado…
Son los que no piensan como nosotros en política, por lo cual los consideramos enemigos nuestros.
Igual que existen, y siempre han existido, los que ven como enemigos a los sacerdotes y odian a la Iglesia.

Pues bien, a todos éstos y a muchísimos otros que llamamos enemigos, hay que amarlos. ¿Hay que amarlos?
Sí, ¡hay que amarlos! Y no creas que podemos salir del paso sencillamente cambiando el sentimiento de odio por otro más benévolo.
Hay algo más.
Escucha lo que dice Jesús:

«Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os maltratan»

¿Comprendes? Jesús quiere que venzamos al mal con el bien. Quiere un amor traducido en hechos concretos.
Podríamos preguntarnos: ¿cómo es que Jesús da un mandamiento semejante?
La verdad es que Él quiere modelar nuestro comportamiento según el de Dios, su Padre, «que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos»2.
Así es. No estamos solos en el mundo, tenemos un Padre y debemos parecernos a Él. Y no sólo esto, sino que Dios tiene derecho a que nos comportemos así porque, cuando éramos enemigos suyos y estábamos todavía en el mal, Él fue el primero3 en amarnos, enviándonos a su Hijo, que murió de ese modo tan terrible por cada uno de nosotros.

«Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian…»

Esta lección la había aprendido el pequeño Jerry, ese niño negro de Washington que por tener un coeficiente alto de inteligencia había sido admitido en una clase especial con los demás chicos blancos. Pero la inteligencia no le había bastado para hacer comprender a los compañeros que era igual que ellos. Su piel negra le había acarreado el odio general; tanto que el día de Navidad todos los chicos se intercambiaron regalos ignorando a Jerry. El niño se puso a llorar; ¡se comprende! Pero al llegar a casa pensó en Jesús: «Amad a vuestros enemigos», y de acuerdo con su madre compró regalos y los distribuyó con amor entre todos sus «hermanos blancos».

«Amad a vuestros enemigos…, rezad por los que os maltratan»

¡Qué dolor aquel día para Isabel, una niña de Florencia, que al subir las escalinatas para ir a misa oyó que se burlaban de ella un grupo de compañeros de su edad! A pesar de que quería reaccionar contra ellos sonrió y, una vez en la iglesia, rezó mucho por ellos. Al salir la pararon y le preguntaron el motivo de su actitud. Ella les explicó que era cristiana y por tanto tenía que amar siempre. Lo dijo con una ardiente convicción. Y su testimonio fue premiado. Al domingo siguiente vio a todos aquellos jóvenes en la iglesia, atentísimos, y en primera fila.

Así es como acogen la Palabra de Dios los niños. Por eso son grandes delante de Él.

Quizá convenga que también nosotros arreglemos alguna situación, ya que seremos juzgados según juzguemos a los demás. De hecho somos nosotros los que damos a Dios la medida con la que Él nos medirá4. ¿Acaso no le pedimos: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»5? Por tanto, ¡amemos al enemigo! Sólo si actuamos así podremos arreglar las desuniones, destruir las barreras y construir la comunidad.

¿Es difícil? ¿Es penoso? ¿Nos quita el sueño sólo con pensarlo? Ánimo. No es el fin del mundo; un pequeño esfuerzo por nuestra parte y luego el 99 por 100 restante lo hace Dios y… en nuestro corazón habrá un torrente de alegría.

Chiara Lubich

1) Palabra de Vida escrita en mayo de 1978, publicada en «Ser tu Palabra», Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 1980, pág. 17-20.
2) Mt 5, 45.
3) Cf 1 Jn 4, 19.
4) Cf Mt 7, 2.
5) Mt 6, 12.

agosto de 2008

En todos los prójimos que encuentras durante el día –de la mañana a la noche–, trata de ver a Jesús.

Si tu ojo es simple, quien mira a través de él es Dios. Y Dios es Amor, y el amor quiere unir conquistando. ¡

Cuántos –equivocándose– miran a las criaturas y a las cosas para poseerlas! Y su mirada es egoísmo o envidia o, de cualquier modo, pecado. O miran dentro de sí mismos para poseerse, para poseer su alma, y su mirada está apagada, porque está aburrida o turbada.

El alma, a imagen de Dios, es amor; y el amor replegado sobre sí mismo es como la llama que, si no es alimentada, se apaga. Mira fuera de ti: no a ti, no a las cosas, no a las criaturas: mira al Dios fuera de ti para unirte con Él. Él está en el fondo de toda alma que vive, y, si el alma está muerta, es el sagrario de un Dios que espera, para alegría y expresión de la propia existencia. Mira, entonces, a cada hermano amando, y amar es donar.

Pero un don reclama otro don y serás, a tu vez, amado. Así, el amor es amar y ser amado: como en la Trinidad. Y Dios en ti arrebatará los corazones, y encenderá la Trinidad que quizá descansa en ellos, por la gracia, pero está apagada.

No enciendes la luz en un ambiente –aunque haya corriente eléctrica– hasta que no provocas el contacto de los polos. Así es la vida de Dios en nosotros: se pone en circulación para irradiarla más allá, para que testimonie, a su vez, Cristo: quien liga Cielo y tierra, hermano y hermano.

Mira por lo tanto a cada hermano donándote a él para donarte a Jesús, y Jesús se donará a ti. Es ley de amor: “Den, y se les dará” (Evangelio de Lucas 6,38).

Déjate poseer por él – por amor a Jesús –, déjate “comer” por él –como otra Eucaristía–; pon todo a su servicio, que es servicio de Dios, y el hermano vendrá a ti y te amará. Y en el amor fraterno está el cumplimiento de todo deseo de Dios, que es mandato: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros.” (Evangelio de Juan 13, 34).

El amor es un Fuego que compenetra los corazones en fusión perfecta. Entonces reencontrarás en ti no más a ti mismo, no más al hermano, reencontrarás el Amor que es Dios viviente en ti. Y el Amor saldrá a amar a otros hermanos porque, simplificado el ojo, se reencontrará a sí mismo en los demás y todos serán uno. Y alrededor de ti crecerá la Comunidad: como alrededor de Jesús: doce, setenta y dos, miles…

Es el Evangelio que al fascinar –Luz en amor– arrebata y entusiasma.

Después, tal vez morirás sobre una cruz para no ser más que el Maestro, pero morirás por quien te crucifique, y así el amor tendrá la última victoria. Su linfa –esparcida en los corazones– no morirá. Fructificará, fecundando, alegría y paz y Paraíso abierto.

Y la gloria de Dios crecerá.

Pero tú debes ser aquí el Amor perfecto.

 

Chiara Lubich

 

Publicada en el diario “La Via”, 12 de noviembre de 1949, y reimpresa parcialmente en: Chiara Lubich, La doctrina espiritual, Bunos Aires 2005 pp. 116-117.

Giancarlo Faletti

El 7 de julio de 2008, Giancarlo Faletti fue elegido por la Asamblea General como co-presidente, con la particular responsabilidad, entre otras cosas, de seguir la rama de los sacerdotes diocesanos y de los religiosos de las diversas congregaciones. Giancarlo nació en Cerro Tanaro (Asti) el 14 de septiembre de 1940, es una familia de origen campesino, cristiana pero no muy practicante. Su madre, ama de casa. Por el trabajo del padre, obrero de los Ferrocarriles del Estado, la familia se transfiere a Turín. Ya a los 10 años advierte el deseo de donar su vida a Dios, pero eran fuertes los condicionamientos que provenían de la familia y del ambiente en el que vivía. A los 16 años entra en un período de crisis y de búsqueda. A los 19 años casualmente adquiere en la puerta de su parroquia un número de la revista Città Nuova (Ciudad Nueva). “Fue como si aquel domingo de invierno me hubiese introducido en un ambiente cálido. Leyendo aquellos artículos, percibí que existía algo que unía a una familia. Quise en seguida saber más al respecto”. De aquí el contacto con el focolar. Fue decisivo para su vida un encuentro internacional, al año siguiente, en Grottaferrata. Se aclara cuál es su camino: la donación a Dios en el focolar. Finalizados los estudios en Economía, comienza a trabajar en un banco. A los 25 años empieza su nueva vida en el focolar de Turín. Del ’72 al ’83 se encuentra en Génova, como co-responsable del Movimiento de Liguria, donde sigue particularmente a los jóvenes, entre los cuales florecen también frutos de santidad: ha iniciado este año la causa de beatificación de dos de ellos: Alberto Michelotti y Carlo Grisolia. Después, durante 14 años trabajó en el Centro del Movimiento en Rocca di Papa; fue también co-responsable de la comunidad de los Castillos Romanos y de parte de la región de Lazio. En 1997 obtiene la licenciatura en Teología y es ordenado sacerdote. En ese mismo año es transferido a Roma, como co-responsable del Movimiento para zona de Lazio, Abruzzo y Cerdeña. En el 2000 Chiara Lubich, que siempre tuvo un amor especial por la ciudad sede del papado y de la cristiandad, lanza “Roma-Amor”, una gran experiencia de nueva evangelización. Giancarlo Faletti ayuda de cerca a la fundadora que sigue paso a paso esta iniciativa. El objetivo es contribuir a animar, de forma capilar, con el ideal evangélico de la unidad, la vida de la ciudad a nivel civil y religioso. Entre las más variadas iniciativas, se encuentran la apertura del diálogo con la comunidad islámica de Roma que desemboca en la invitación a hablar de la experiencia cristiana y del diálogo interreligioso del Movimiento en la Mezquita de Roma.  

julio de 2008

¿Has experimentado alguna vez una sed de infinito? ¿Has sentido alguna vez en tu corazón el deseo ardiente de abrazar la inmensidad? ¿O tal vez has advertido en algún momento, en lo más íntimo de ti, la insatisfacción por todo lo que haces y por lo que eres?
Si es así, te gustará encontrar una fórmula que te dé la plenitud que anhelas: algo que no te deje sinsabores por los días que se van medio vacíos…
Hay una frase del Evangelio que nos deja pensando y que, apenas la comprendemos un poco, nos hace exultar de alegría. En ella está concentrado todo cuanto debemos hacer en la vida. Resume todas las leyes impresas por Dios en el fondo del corazón de cada hombre. Escúchala: Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.
Esa frase se llama “la regla de oro”. La trajo Jesús, pero ya era conocida universalmente. El Antiguo Testamento la poseía, y es patrimonio de todas las grandes religiones mundiales. Eso denota la importancia que tiene para Dios: hasta qué punto Él quiere que todos los hombres la conviertan en norma de su vida. Cuando se lee es bonita y suena como un eslogan. Escúchala de nuevo:

«Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos»

Amemos así a cualquier prójimo –hombre o mujer– que encontremos durante el día.
Imaginémonos que estamos en su situación y tratémoslo como quisiéramos ser tratados nosotros en su lugar. La voz de Dios que habita dentro de nosotros nos sugerirá la expresión de amor adecuada para cualquier circunstancia.
¿Tiene hambre? Pensemos: soy yo quien lo tiene. Y démosle de comer. ¿Sufre injusticias? ¡Soy yo quien las sufre! ¿Está en la oscuridad o en la duda? Soy yo quien lo está. Digámosle palabras de consuelo y compartamos sus sufrimientos, y no nos quedemos tranquilos hasta que no esté iluminado y aliviado. Nosotros quisiéramos ser tratados así. ¿Es un discapacitado? Quiero amarlo hasta el punto de sentir en mi cuerpo y en mi corazón su limitación física, y el amor me sugerirá el modo exacto de actuar para que se sienta igual que los demás, es más, con una gracia mayor, porque los cristianos sabemos cuánto vale el dolor.
Y así con todos, sin discriminación alguna entre el simpático y el antipático, entre el joven y el anciano, entre el amigo y el enemigo, entre el compatriota y el extranjero, entre el lindo y el feo… El Evangelio quiere decir a todos.
Me parece oír un murmullo general… Comprendo… Quizá mis palabras parezcan simples, pero ¡qué transformación exigen! ¡Qué lejanas están de nuestro modo habitual de pensar y de actuar! Pero, ¡ánimo! Intentémoslo. Un día empleado de este modo vale una vida. Y por la noche ya no nos reconoceremos a nosotros mismos. Una alegría desconocida nos invadirá. Una fuerza nos investirá. Dios estará con nosotros, porque está con quienes aman. Los días se irán sucediendo con plenitud.
Quizás a veces aflojemos, estemos tentados de desanimarnos, de claudicar. Y desearíamos volver a la vida de antes… ¡Pero no! ¡Ánimo! Dios nos da la gracia.
Volvamos a empezar siempre. Si perseveramos, veremos cambiar lentamente el mundo a nuestro alrededor. Comprenderemos que el Evangelio contiene la vida más fascinante, enciende la luz en el mundo, da sabor a nuestra existencia, contiene el principio para resolver todos los problemas.
Y no estaremos tranquilos hasta que no comuniquemos nuestra extraordinaria experiencia a otros: a los amigos que puedan comprendernos, a los familiares, a todo aquél a quien nos sintamos impulsados a dársela.
Renacerá la esperanza.

«Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos»

Chiara Lubich

Texto publicado en La doctrina espiritual, Buenos Aires, 2006, p. 162.

 

“En el amor de esa nueva familia descubrí el verdadero rostro de Dios”

Tenía 6 años cuando mi mamá se fue de la casa. Somos 4 hermanos y con mi padre la vida se hizo cada vez más difícil: todos los días regresaba a la casa borracho y a menudo nos pegaba, sin motivo.  Era una vida insoportable.  Un día mi hermano más grande decidió ir a la policía para denunciarlo. Papá fue a la cárcel y a nosotros nos dejaron en un orfanato. En ese ambiente no encontraba paz: dificultades por doquier. Una noche nos escapamos a escondidas y por algún tiempo encontramos refugio con algunos parientes. Hasta que el asistente social me confío a una nueva familia, junto con otros dos de mis hermanos, una vez más estaba asustado… En cambio en el amor de esta nueva familia, descubrí el verdadero rostro de Dios: Dios Amor. No lo había experimentado nunca. Ahora me doy cuenta de que estos nuevos padres nos han amado “dando la vida” por nosotros, desde el primer día y siempre. Junto a ellos descubrí que el amor sanaba poco a poco todas las heridas de mi pasado. Pero ¿hacia dónde dirigir mis pasos? ¿Qué significaba para mí amar? Un día recibí una invitación y participé en un gran encuentro en Roma. Una experiencia extraordinaria, intuí que mi sed de un gran ideal, de un ideal auténtico por el cual vivir, encontraba una respuesta. Después de algún tiempo me esperaba el servicio militar, que en Grecia es obligatorio. Estaba preocupado, nuevamente me encontraría en un ambiente pobre de esos valores que estaba descubriendo.  Preparando la maleta, tomé conmigo un libro de Chiara Lubich que alguien me había dado y, en las largas noches de guardia, cuando era posible, lo sacaba del bolsillo y lo leía. La luz del Evangelio que Chiara me explicaba era tan fuerte que me sostuvo también en esos meses. También yo quiero amar de este modo, sin límites, quiero aprender mejor el arte de amar y después llevarlo a mi país, a Grecia. Realmente puedo decir que “todo lo vence el amor”. (L. K. – Grecia)

«La fraternidad universal: necesidad para Europa»

Ser el ‘espejo’ de Jesús

¡Las palabras de Jesús! Deben haber sido su mayor arte. El Verbo que habla con palabras humanas: ¡qué contenido, qué intensidad, qué entonación, que voz! La volveremos a escuchar en el paraíso. Él nos hablará. La Palabra de Dios no es como las demás. Ella tiene el poder de obrar todo lo que dice. Genera a Jesús en nuestra alma y en el alma de las otras personas. La Palabra debe transformarse en acción y guiar la vida. De este modo es atrayente. Bastan pocas letras y pocas reglas gramaticales para saber leer y escribir, pero si no se conocen, uno se que analfabeta para toda la vida. Del mismo modo,  quien no asimila una por una las palabras del Evangelio, no sabe escribir Cristo con su vida. Se necesitan pocas frases para formar a Jesús en nosotros. Nosotros no tenemos otro libro que el Evangelio, no tenemos otra ciencia, otro arte. ¡Ahí está la Vida! Quien la encuentra, no muere. Chiara Lubich