Ya avanzada la primavera austral se reunieron en la pequeña ciudad de San Pedro de Colalao, conocida como “La Sucursal del Cielo”, personas de distintas provincias del norte argentino (Salta, Catamarca, La Rioja, Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán), para experimentar por algunos días la belleza de la vida cuando se pone a la base la ley del amor que nos trajo Jesús: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.
Durante la Mariápolis las experiencias que se contaron, las reflexiones diarias, las distintas actividades, la comunión que se fue generando entre todos, adultos y niños, personas de distintas procedencias y con raíces culturales diversas, lograron que cada uno se sintiera “en familia”, “entre hermanos” como se oía decir repetidas veces.
Una idea que partió de los jóvenes que habían participado del Genfest 2012 en Budapest fue la de intercambiar videos con jóvenes de países distantes de Argentina, como Pakistan y Filipinas, que habían conocido en esa oportunidad.
Cuando compartieron los videos con los 500 participantes, el “mundo unido” se hizo palpable. De países tan distantes, con culturas, costumbres y rasgos tan distintos, lograron descubrirse iguales, cercanos, unidos a pesar de la distancia.
Reconforta saber que en las antípodas hay hermanos y hermanas que tratan de vivir la fraternidad universal y estimula a “arremangarse” para construir una sociedad más justa en el lugar que nos toca vivir. Con esta conciencia renovada cada uno emprendió el camino de regreso.
El domingo 27 de octubre se vota en toda Argentina y por primera vez son admitidos al voto los adolescentes a partir de los 16 años. Los Chicos por un mundo unido de la Ciudad de Buenos Aires quisieron prepararse para este paso fundamental en el ejercicio de ciudadanía. Para ello invitaron a candidatos de distintos partidos políticos. Respondieron tres: María Eugenia Estenssoro (UNEN), Laura Alonso (PRO) y Liliana Piani (Frente Progresista Cívico y Social). La cita fue el sábado 19 de octubre en un lugar emblemático de la ciudad: la “Manzana de Las Luces”, precisamente en la Sala de Representantes construida en 1821, cuando comenzaba a forjarse la Argentina.
El encuentro fue moderado por cuatro de los chicos que pidieron a las candidatas que contaran su historia personal y el por qué del compromiso político. En un clima de confianza e intimidad, las candidatas se animaron a compartir su trayectoria, algo poco común en encuentros políticos tradicionales.
En un segundo momento, las políticas, presentaron sus respectivos partidos políticos y explicaron por qué formaban parte de los mismos. Las tres coincidieron en la necesidad de que en la política argentina existiera una alternativa al bipartidismo que se afirmó en las últimas décadas del siglo pasado. Casualmente, los partidos que ellas representan surgieron luego del estallido social de diciembre del 2001.
Finalmente, los chicos plantearon a las candidatas su agenda de temas y las invitaron a exponer sus propuestas con respecto a los mismos. Los chicos habían trabajado previamente en la elección de temas y la generación de las preguntas. Los argumentos elegidos fueron Seguridad, Medio Ambiente y Educación. Las preguntas, planteadas desde la perspectiva de los jóvenes, de acuerdo a sus propias vivencias, y el diálogo que fue surgiendo, estuvo regido por el espíritu de fraternidad: escuchar sin prejuicios, estar dispuestos a aprender del otro y -la regla de oro- «hacer al otro lo que quisieras que te hagan a ti». De ese modo las candidatas pudieron plantear sus diferencias de manera respetuosa y casi no hubo interrupciones durante las exposiciones.
A lo largo del encuentro, las candidatas resaltaron la importancia de que los jóvenes se involucraran en política y que se generaran espacios de diálogo como ese. Coincidieron en que si bien la política requiere sacrificio, también da muchas satisfacciones al constituirse como vehículo para construir un país más justo. «Mi deseo es que los jóvenes no nos acompañen, sino que nos reemplacen«, señaló Liliana Piani. María Eugenia Estenssoro les dijo que no debían acostumbrarse a la pobreza que hoy parece estructural, porque en el pasado no era así. Laura Alonso, por su parte, dijo que «la política ha sido generosa conmigo«.
La compleja relación entre la salud, la industria alimentaria y las presiones de la cultura del cuerpo es uno de los temas principales tratados en estas páginas. En una época de rápidos y profundos cambios, el alimento se ha transformado en una mercancía, poniendo en confrontación problemas y conflictos de un mundo global y local.
La autora ofrece tres volúmenes a través de los cuales se profundizan estos temas: uno desde la perspectiva social, otro desde el punto de vista nutricional y el último desde la psicología.
En el tratamiento del sobrepeso y la obesidad, el objetivo no es sólo la pérdida de peso, sino también evitar su recuperación a largo plazo. La mayoría de las personas hacen dieta porque está insatisfecha con su propio cuerpo. Pero es preciso considerar ciertos aspecto psicológicos y de la imagen corporal, involucrada a veces como factor desencadenante y de mantenimiento de algunos trastornos. El hilo conductor de las obra son las vivencias de Camila, una paciente que sufre en carne propia la patología alimentaria. Asomarnos a sus cartas personales ayuda a comprender cuáles son las implicancias que los trastornos del comer generan en muchas personas.
A través de un lenguaje claro y didáctico, se indican cuáles son los factores a tener en cuenta a la hora de comer, de hacer las compras. De cocinar y al participar de fiestas y reuniones. Se ofrecen métodos para poder encontrar una relación adecuada con la comida y facilitar su elección, tarea que en estos tiempos se ha vuelto difícil.
En síntesis, estas páginas son una invitación a tomar conciencia y a participar en la elección de lo que comemos, más allá de lo que la industria ofrece.
Datos del autor:
María Inés Nin Márquez es médica especialista en nutrición, enfermedades metabólicas y hepáticas. Docente de la Sociedad Argentina de obesidad y Trastornos Alimentarios, docente de la carrera de nutrición en la Universidad Abierta Interamericana, counselor y terapeuta cognitiva postracionalista.
La compleja relación entre la salud, la industria alimentaria y las presiones de la cultura del cuerpo es uno de los temas principales tratados en estas páginas. En una época de rápidos y profundos cambios, el alimento se ha transformado en una mercancía, poniendo en confrontación problemas y conflictos de un mundo global y local. La autora ofrece tres volúmenes a través de los cuales se profundizan estos temas: uno desde la perspectiva social, otro desde el punto de vista nutricional y el último desde la psicología. En el tratamiento del sobrepeso y la obesidad, el objetivo no es sólo la pérdida de peso, sino también evitar su recuperación a largo plazo. La mayoría de las personas hacen dieta porque está insatisfecha con su propio cuerpo. Pero es preciso considerar ciertos aspecto psicológicos y de la imagen corporal, involucrada a veces como factor desencadenante y de mantenimiento de algunos trastornos. El hilo conductor de las obra son las vivencias de Camila, una paciente que sufre en carne propia la patología alimentaria. Asomarnos a sus cartas personales ayuda a comprender cuáles son las implicancias que los trastornos del comer generan en muchas personas. A través de un lenguaje claro y didáctico, se indican cuáles son los factores a tener en cuenta a la hora de comer, de hacer las compras. De cocinar y al participar de fiestas y reuniones. Se ofrecen métodos para poder encontrar una relación adecuada con la comida y facilitar su elección, tarea que en estos tiempos se ha vuelto difícil. En síntesis, estas páginas son una invitación a tomar conciencia y a participar en la elección de lo que comemos, más allá de lo que la industria ofrece. Datos del autor: María Inés Nin Márquez es médica especialista en nutrición, enfermedades metabólicas y hepáticas. Docente de la Sociedad Argentina de obesidad y Trastornos Alimentarios, docente de la carrera de nutrición en la Universidad Abierta Interamericana, counselor y terapeuta cognitiva postracionalista. Grupo Editorial Ciudad Nueva – Buenos Aires
Los doce ensayos reunidos en este libro explican por qué el concepto de bien común ha ido desapareciendo del lenguaje económico y ha sido sustituido por otros como bien público, bien privado o bien total, lo que provoca cierta confusión conceptual. Recuperar la idea de bien común supone recuperar la relacionalidad en economía, dando protagonismo a principios como la reciprocidad, abandonado en la fase capitalista de la economía de mercado. Una propuesta valiente para construir un nuevo modelo económico que tenga en cuenta el interés general. Incluye en apéndices dos trabajos sobre la encíclica Caritas in veritate. Un libro para pensar e idear en lo concreto un futuro distinto, más inclusivo y digno del ser humano. «Cada vez más, un creciente número de personas somos conscientes de que no nos encontramos viviendo ua crisis financiera o económica aislada, sino que las burbujas especulativas, el desempleo, la precariedad laboral, el cambio climático, las crisis energéticas, las desigualdades, el hambre, el consumismo… indican un sistema en decadencia. (…) Algunos dicen: ‘no hay ninguna alternativa’. El libro de Stefano Zamagni rebate esta afirmación. Siempre hay alternativas; esta obra lo demuestra a nivel de pensamiento y de práctica.» (Del Prólogo de Cristina Calvo)