San Valentín

 
¿Por qué San Valentín, además de obispo y protector de Terni, es el célebre protector de los enamorados?

Se cuenta que un día el Santo vio a dos enamorados que
discutían; para hacer algo por esos dos jóvenes, pensó en
acercarse y regalarles una rosa roja. Los dos, con ese
gesto, sintieron que eran amados y dejaron de discutir y, tal vez,
se amaron para siempre. Esto pareció un milagro.
Dejando a un lado la rosa roja, hay que imaginar con qué amor el
santo se acercó a los dos y a sus corazones afligidos;
hay que imaginar con cuánta caridad y con qué sonrisa les
habló, qué paz trajo consigo con su presencia y
qué «estela de luz» dejó tras de sí el santo.
Este episodio es importante porque nos hace descubrir a San Valentín, por fin,
no solo como protector de las tarjetas y las cenas
a la luz de las velas, sino también de la caridad recíproca entre los
enamorados, algo mucho menos frívolo, más concreto y realmente
más importante.
San Valentín, por tanto, es nuestro protector y no solo por
esto.
En 1967, al fundar Familias Nuevas, Chiara nos dijo, entre
otras cosas, que nuestra función es secar las lágrimas de las familias que
nos rodean, ayudarlas a encontrar la paz que todos
buscan, esa paz que el Señor nos ha dado el privilegio de
experimentar.
A partir de hoy, cuando nos enfrentemos a alguna desunión cercana a nosotros,
a alguna disputa familiar, a la tristeza de quienes viven
un momento de crisis en la pareja, además de a Chiara y Foco,
Siervos de Dios, también tendremos a San Valentín a quien pedir unidad
y protección para la familia.

Roberto di Pietro – Italia

Foto: © Pixabay