Durante la primera Escuela de focolarinos casados, Chiara Lubich, parafraseando una expresión que unos dias antes, en la audiencia general, Pablo VI había dirigido a los jóvenes de los Focolares, anunció que en esa fecha (19 de julio de 1967) nacía en el seno de los Focolares “un Movimiento orientado al mundo de la familia, explosivo, apostólico y difusivo” .
Cincuenta años después se puede muy bien decir que las Familias Nuevas ciertamente realizaron esas palabras con su vida. En estos años, miles de parejas de casados, novios y todos los que están relacionados con el mundo de la familia, viviendo el Carisma de la Unidad han experimentado que el vínculo entre ellos se reforzava gracias al amor que brota del Evangelio, transformándolo en testimonio del amor de Dios por la humanidad.
Un amor que ha generado, como consecuencia, la difusión del Movimiento en la mayor parte de los países del mundo, llegando inclusive hasta las islas Fiji (Océano Pacífico).
Familias Nuevas rata de dar una respuesta a las necesidades de la familia de hoy, en línea con la exhortación “Amoris Laetitia”. No son palabras, es el fruto de la vida de una multitud de familias que, con su testimonio cotidiano de unidad y en la realización de un centenar de proyectos de cooperación internacional a la infancia menos favorecida mediante el apoyo a distancia , contribuyendo así a la renovación de la sociedad y a la realización del testamento de Jesús: “Que todos sean uno”.
Del 7 al 12 de agosto, en Foligno (PG), Percorsi di Luce ofreció a las parejas un espacio para cuidar su relación y descubrir nuevas herramientas para afrontar juntos los distintos desafíos de la vida.
Del 6 al 25 julio de 2026 en la ciudadela de Loppiano (en la provincia de Florencia, Italia) se llevó a cabo la tercera edición de la Loppiano Family Experience (LFE 2026), la propuesta de verano de la Escuela Loreto. Una experiencia que ha involucrado a unas 18 familias con sus hijos, provenientes de varios países del mundo. Compartimos la experiencia de Tony y Walaa, de Tierra Santa.
A veces las parejas llegan a terapia después de una infidelidad que ha dañado profundamente su vínculo, reabriendo antiguas dinámicas de rigidez y adaptación emocional. Durante el proceso terapéutico emergen la rabia, la dependencia emocional y las dificultades para expresar las propias necesidades, pero también la posibilidad de reparar la relación a través del reconocimiento mutuo de la herida.
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