La historia de Sergio y Elisa está hecha de encuentros, crisis, enfermedad, hijos, cansancio y nuevos comienzos. Pero, sobre todo, está marcada por una elección que vuelve una y otra vez en los momentos decisivos: aprender a amar al otro incluso cuando no es como quisiéramos. Un camino concreto, hecho de pequeños pasos, que todavía hoy siguen recorriendo.
Sergio: Somos Sergio y Elisa, estamos casados desde julio de 2001 y queremos compartir con ustedes algo de nuestra historia.
Siempre había deseado tener una novia, pero no encontraba a la persona adecuada. Todos los días rezaba un Ave María: «Tú sabes dónde está la mujer que es para mí; algún día le diré “buenos días”». Y una mañana, a las seis, en el peaje de la autopista, conocí a Elisa y le dije: «Buenos días».
Elisa: Nos conocimos en el autobús y no sabíamos quiénes éramos. Íbamos juntos a pasar una semana en Taizé, la comunidad de oración que se encuentra en Francia. Desde el primer momento sentí que Sergio era una persona especial. Me gustaba, tenía muchos intereses y, sobre todo, me llamó la atención algo: iba a compartir con él un valor fundamental para mí, la fe, Dios. Con él descubrí una nueva manera de vivir el Evangelio. Siempre había pensado en Dios como un juez: no hagas esto, si no haces aquello no eres…. Sergio me dijo: «Dios nos ama inmensamente. He descubierto que Dios es Amor». El Dios-Amor entraba en mi vida.
Sergio: Nuestra relación comenzó, pero no fue fácil. Chocábamos por nuestros caracteres, por nuestro propio ego, y se hacía difícil perdonar y volver a empezar. Los conflictos, las discusiones y el no sentirnos libres para decirnos todo muchas veces nos hicieron pensar que quizá no estábamos hechos el uno para el otro. Sentía que la relación me asfixiaba. Me parecía que Elisa dependía demasiado de mí; ya no era la persona que había conocido, llena de intereses y comprometida con los demás. Yo ya no me sentía libre para ser yo mismo. Por eso decidí dejarla.
Elisa: Cuando Sergio me dejó, sin darme ninguna explicación, fui llorando a ver a un padre espiritual, segura de encontrar consuelo. Él, en cambio, me dijo: «Entiendo y siento tu dolor, pero me alegro: es mejor aclarar ciertas cosas ahora que más adelante». Yo no aceptaba aquellas palabras. Para mí era como si todo hubiera terminado. Poco a poco comprendí que, si quería verdaderamente el bien de Sergio, por amor debía respetar y aceptar su decisión. Él necesitaba ese tiempo para discernir.
Sergio: Después de un breve período de pausa, durante el cual hablé con amigos que nos querían de verdad, retomamos nuestra relación de una manera nueva. Por mi parte, me comprometí a ser yo mismo, amando a Elisa desde la verdad, diciéndole lo que realmente pensaba sin tener miedo de hacerle daño.
Elisa: Empecé a reencontrarme conmigo misma. Recuperé mi propia vida y comencé de nuevo a caminar por mi cuenta. Ahora sentía que podía establecer con Sergio una relación de igual a igual. Fue un momento precioso de reconstrucción de nuestra relación, en el que pudimos crecer en el Amor.
Sergio: Esta nueva relación, basada en un conocimiento más profundo, en la aceptación y el respeto del otro y, sobre todo, en compartir nuestra interioridad, nos llevó, después de cuatro años de noviazgo, a madurar la decisión de casarnos.
Elisa: Fijamos la fecha de la boda para julio. Empezamos a preparar nuestra casa y todo avanzaba con el deseo de que pronto se hiciera realidad nuestro proyecto. Pero en abril descubrí que tenía un tumor: un linfoma de Hodgkin en el mediastino. La noticia nos cayó encima y trastornó todos nuestros planes. Yo, que acostumbraba a programar cada instante de mi vida, me preguntaba: «¿Por qué precisamente ahora? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a nosotros?»
Sergio: Cuando comuniqué a Elisa el diagnóstico hubo un momento de desesperación y lágrimas. Pero, al mismo tiempo, nos miramos a los ojos y, entre lágrimas, dijimos sí a la voluntad de Dios, que en aquel momento no coincidía con la nuestra. Elisa comenzó el tratamiento y durante ese período nuestra relación dio un gran salto adelante. Todas las pequeñas dificultades que antes nos parecían insuperables recuperaron su justa dimensión. No recuerdo ni siquiera un momento de enfado entre nosotros. El dolor hacía que todo fuera sagrado y nos llevaba a otro nivel. No tenía tiempo que perder para amar a Elisa: al día siguiente podía no estar ya con nosotros.
Elisa: Durante aquel período, mi relación con Dios se hizo más verdadera y más profunda. Aquel Dios-Amor que había descubierto cuando conocí a Sergio lo reencontré precisamente allí, en el dolor. El secreto fue vivirlo hasta el fondo, descubriendo la cruz cada día, tratando de vivir el momento presente con alegría y haciendo bien lo que tenía que hacer en ese momento. Ahora aquel dolor tenía un rostro: el de Jesús Crucificado, que había hecho suyo mi dolor.
Sergio: Durante aquel período, además de la fe, nos ayudó mucho la presencia de tantas personas que estuvieron cerca de nosotros, físicamente y con su oración. Después de un año comenzamos a pensar de nuevo en nuestra boda. Sentíamos que ya no era solamente un deseo nuestro, sino la realización de un Proyecto de Amor sobre nosotros. Experimentamos esta plenitud el día de nuestra boda, junto a todas las personas que estaban presentes, cuando nos declaramos nuestro amor. En las palabras del Sacramento sentimos la Gracia que se nos estaba dando.
Elisa: Después de casarnos, debido a mi enfermedad, los médicos nos habían dicho que quizá no podríamos tener hijos. Sin embargo, una vez más dimos el paso de confiar en Aquel que había tejido sobre nosotros su Proyecto de Amor. La llegada de Lapo, dos años después, fue el ciento por uno. Tanto el embarazo como los primeros tiempos no fueron fáciles: las primeras noches sin dormir, los días sin horarios, una vida completamente transformada. Para mí fue muy importante la presencia de Sergio, que me ayudó a superar aquellos momentos intentando comprenderme incluso en mis crisis de llanto, mis miedos y mis angustias como madre.
Sergio: Cuando Lapo tenía seis meses, recibimos otra buena noticia: estábamos esperando otro hijo. La idea de afrontar otro embarazo tan seguido y todo lo que implicaría nos preocupaba un poco.
Elisa: Pero en la primera ecografía llegó otra sorpresa: ¡eran gemelos! Mi reacción no fue precisamente de alegría. Rompí a llorar y me pregunté: «Señor, ¿otra vez…?» No sabía dónde encontraría la fuerza para afrontar lo que me esperaba.
Sergio: Siempre había deseado tener gemelos, pero cuando conocimos la noticia también me pregunté: «¿Cómo cambiará nuestra vida? ¿Tendremos que cambiar de coche, adaptar la casa? ¿Cómo nos organizaremos?» Pero, sobre todo, teníamos que encontrar un nuevo equilibrio. En cuanto llegaba a casa, Elisa me decía: «Ya no puedo más, no puedo con todo esto». Yo no me sentía ni acogido ni amado.
Elisa: Cuando nacieron Emma y Duccio fue una inmensa alegría y comenzó una nueva aventura, conscientes del gran regalo que habíamos recibido. Pero entre nosotros aparecía cada vez más el cansancio, a veces por encima de la alegría de estar juntos. Nos dábamos cuenta de que los niños nos llevaban a concentrarnos cada vez más en ellos, con el riesgo de alejarnos como pareja. Yo sentía que Sergio solo tenía exigencias y no me sentía comprendida. Era muy fuerte la necesidad de recuperar el equilibrio entre mi ser esposa y mi ser madre.
Sergio: Después de hablarlo juntos, aunque al principio Elisa tenía algunas dudas, decidimos tomarnos unos días de vacaciones solos, para poder reconstruir nuestra relación más allá de nuestro papel de padres.Cada vez que dejábamos a los niños sentíamos el dolor de la separación. Pero hoy lo vivimos de otra manera y experimentamos el bien que esto aporta a nuestra familia.
Elisa: Cinco años después nació Sara. Ahora sentimos que seguimos estando en camino, también gracias a la ayuda de otras familias que caminan junto a nosotros. Sin esta comunión nunca lo habríamos conseguido. Nos ayuda mucho no encerrarnos en nosotros mismos, sino abrirnos a los demás y ofrecer nuestro tiempo, también en los cursos de preparación al matrimonio. Allí recibimos mucho Amor a cambio.
Sergio: Al mirar atrás y releer nuestra historia, nos damos cuenta de que incluso en los momentos más difíciles había un Proyecto de Amor sobre nuestra familia. En aquellos momentos era invisible para nosotros. No hubo solamente momentos difíciles, sino también la alegría y la belleza de haber experimentado que vivir y afrontar las dificultades con amor nos ha ayudado a crecer como pareja y a construir nuestra familia.
Elisa: Podemos dar testimonio de que ¡el Amor lo vence todo!
(S. y E. – Italia)
