El arte de amar en la vida diaria

 
El camino de Daniele y Michela entre la familia, la acogida y la confianza. Ellos están casados desde hace más de cuarenta años y cuentan cómo «El arte de amar» ha iluminado su vida familiar, apoyándolos en las alegrías y en las dificultades. Entre gestos cotidianos, acogida de personas frágiles y retos inesperados, descubren que el amor concreto puede transformar cualquier situación.

Somos Michela y Daniele, casados desde hace más de 40 años, y tenemos tres hijos y dos nietos.
Michela:
Desde que nos enamoramos, hemos visto el matrimonio como un camino privilegiado, un lugar donde el amor siempre podía estar presente. Esto nos ha dado mucha alegría y serenidad. Por supuesto, ha habido momentos felices y otros difíciles o dolorosos. Pero nuestro compromiso diario de vivir «El arte de amar» ha iluminado y moldeado nuestra vida juntos, abriéndola también a las necesidades de los demás.
A veces tenemos formas diferentes de afrontar las cosas. Un día, mientras intentaba sin éxito abrir un paquete de carne al vacío y me quejaba, Daniele intentó ayudarme quitándome torpemente el paquete de las manos. No me gustó el gesto y le respondí bruscamente: «¡Pues hazlo tú!», y me fui resoplando.
A diferencia del pasado, al poco tiempo, reflexionando sobre el valor de ser comprensivos y amables, volví a la cocina. Le pedí perdón, él me dio un beso y cocinamos juntos.

Daniele:
He trabajado durante 40 años como formador profesional en una cárcel. Gracias a las circunstancias, Michela también ha conocido a algunos reclusos. Con uno de ellos, tras su traslado, surgió una bonita relación. Como su condena estaba a punto de terminar, Michela y yo decidimos ayudarle a encontrar trabajo y alojamiento.No fue fácil: muchos nos dijeron que no, pero no nos desanimamos. Al final, la última oportunidad resultó ser Otra noche, mientras nevaba, el timbre sonó insistentemente a las 2:30. Era otro chico que había conocido en la cárcel. Estaba borracho, empapado y desesperado, con el coche averiado. Había tenido una violenta discusión con sus padres. Le ofrecí llevarlo a casa, pero no quiso. En esas condiciones, temía por la seguridad de Michela y de nuestros hijos, pero no sabía qué hacer.
En ese momento, fue Michela quien me sugirió que lo dejáramos pasar la noche con nosotros. Era justo lo que él quería. A la mañana siguiente, me pidió que lo llevara de vuelta a casa de sus padres, porque quería empezar de nuevo.

El amor que acoge.
Michela:
Nos importa mucho el mundo de la familia, con sus alegrías y dificultades, y prestamos especial atención a quienes viven situaciones de soledad o precariedad.
Esta visión nos ayudó cuando mi padre, que no era autosuficiente debido a un derrame cerebral, enviudó. A pesar de que ambos teníamos trabajos exigentes y tres hijos pequeños (de 3 a 14 años), Daniele me propuso acogerlo en nuestra casa. Mi padre se quedó con nosotros durante cuatro años. Con sus cambios de humor y sus caprichos debidos a la enfermedad, nos dejó como legado el descubrimiento del perdón, el valor de la ternura y la atención a las necesidades del otro.
Mi padre era diabético y mi madre le preparaba un menú especial. Yo seguí haciéndolo, hasta que un día me dijo: «No me prepares comida aparte, yo como lo mismo que vosotros».
Así que, por amor a él, empezamos a comer todos alimentos para diabéticos, permitiéndonos algunos dulces con edulcorante. Esto también benefició nuestra salud.
Me di cuenta de lo mucho que habían mejorado las cosas en nuestra relación de pareja cuando me dispuse a escuchar a Daniele hasta el final, a compartir sus sufrimientos y a participar en sus alegrías.
Por ejemplo, él iba a menudo a visitar a su madre. Al principio esto me molestaba: lo consideraba excesivo, pensando que ella estaba bien y tenía una cuidadora. Me avergonzaban mis pensamientos, hasta que un día me pregunté: «Si estuviera en su lugar, ¿qué querría?».
En ese momento comprendí que cuidar de mi suegra era como cuidar de cualquier persona que lo necesitara. Así que intensifiqué la relación con ella, prestándole la atención que me hubiera gustado prestar a mi madre, a la que ya no tenía.

La luz en la dificultad
Daniele:
Hay momentos en los que el dolor llama con fuerza a la puerta de la vida familiar. Últimamente estamos afrontando una situación delicada con uno de nuestros hijos, que nos ha pedido ayuda.
Después de un momento de desconcierto, nos hemos lanzado a esta nueva realidad. Afrontar esta dificultad nos da la fuerza para buscar soluciones que por nosotros mismos nunca hubiéramos pensado.
No estamos solos, porque muchos nos apoyan con su cariño y su presencia.
Estamos seguros de que «nada es imposible» y que incluso las situaciones más difíciles pueden conducir a un bien mayor.

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