Bolivia: un viaje que se transforma en encuentro y amistad sin fronteras

 
Dos familias de Vicenza han vivido en Bolivia una experiencia intensa y profundamente significativa, entrando en contacto directo con los proyectos de apadrinamiento a distancia promovidos por Azione Famiglie Nuove. No se trató de una simple visita, sino de una inmersión en la vida cotidiana de quienes, día tras día, convierten la solidaridad en una oportunidad de superación.

El viaje nació de un regalo de los hijos con motivo de los sesenta años de su madre. Un obsequio inesperado y valioso que hizo posible lo que parecía casi inalcanzable: volver a encontrarse con amigos lejanos conocidos durante el congreso de Famiglie Nuove en Castel Gandolfo. De aquel encuentro nació un vínculo sencillo y auténtico con las familias bolivianas, un lazo que nadie imaginaba que continuaría hasta transformarse, años después, en un nuevo encuentro al otro lado del mundo.

Las dos parejas de Vicenza — Redi y Giacomo, Annalisa y Sergio — comprometidas con Famiglie Nuove de Vicenza, pudieron también visitar el proyecto de AFN en Bolivia: el centro infantil “Clara Luz” en Santa Cruz y el centro social “Rincón de Luz” en Cochabamba.

En Santa Cruz, en el barrio de La Guardia, el centro “Clara Luz” acoge cada día a niños pequeños y en edad preescolar. “Las aulas son sencillas, pero cuidadas y acogedoras”, cuentan las parejas de Vicenza. “Aquí los niños encuentran un ambiente educativo seguro, mientras que los hermanos mayores reciben apoyo escolar”. A su alrededor se desarrolla además un trabajo más amplio que involucra también a las familias: huertos domésticos, pequeños criaderos y programas de formación que ayudan a construir autonomía y dignidad.

Durante la visita quedaron profundamente conmovidos por el encuentro con Reyna, quien relató los orígenes del proyecto. Después de regresar a Bolivia tras un período de formación en la Scuola Loreto de Loppiano (Italia), sintió un fuerte deseo de encarnar concretamente el ideal de Chiara Lubich. Así, involucrando a toda su familia — hijos, nueras y esposo — comenzó a acoger en su propia casa a unos diez niños. Poco a poco, el proyecto creció y se estructuró hasta llegar a atender a unos 150 niños. “Nos impactó la concreción de su decisión y la implicación de toda su familia en una experiencia que sigue generando tanta vida”.

En Cochabamba, el centro Rincón de Luz representa un punto de encuentro para muchas personas necesitadas, ya que se encuentra en uno de los barrios más pobres de la ciudad. El objetivo principal es ayudar a las personas a vivir con dignidad y sentirse amadas. Por ello, también se desarrollan diversas actividades de apoyo escolar y talleres tanto para padres como para niños. El Banco de Alimentos apoya este centro con la entrega de alimentos frescos y secos. Las familias que reciben estas provisiones también ofrecen su ayuda en la organización y preparación de los paquetes, asegurándose además de que nada sea vendido y de que todo beneficie realmente a las familias necesitadas.

Las familias de la zona viven a menudo situaciones de gran fragilidad: pobreza, soledad, historias marcadas por el duelo y las dificultades. Es emblemática la historia de una abuelita que cuida de su esposo inválido y de su nieta huérfana. “Parecía mayor de lo que realmente era, marcada por el sufrimiento. Cada día recorre muchos kilómetros para llegar al centro, no solo para encontrar algo de comida, sino también para ayudar a los voluntarios”, cuentan.

Entre las personas encontradas también está Silvio, uno de los primeros niños acogidos por el proyecto. Hoy es una parte activa de la realidad de Rincón de Luz: “acompaña a las familias con mucha delicadeza, distribuye ayudas y pone su tiempo al servicio de los demás. Se percibe claramente que este lugar es realmente su hogar”.

El viaje resultó ser una experiencia muy intensa, capaz de hacer “tocar con la mano” no solo la pobreza, sino también la dignidad y la reciprocidad entre las personas de la comunidad. “Ya era un regalo para nosotros conocer y escuchar las historias de estas mujeres”, cuentan, “pero recibimos mucho más”.

Un gesto, entre todos, permanece en sus corazones: “Había un árbol de aguacates allí y enseguida una persona mayor tomó una escalera mientras otra señora acompañada por el centro se esforzaba en recoger los frutos para regalárnoslos; realmente fue una señal que llevamos con nosotros con gran gratitud: estás allí escuchándolas y te preguntas qué podrías dar, y ellas, aun en medio de su pobreza, son las primeras en encontrar algo concreto para ofrecernos”.

De esta experiencia nació el deseo de continuar esta amistad a la distancia. “Comprendimos que lo que realmente hace falta es una gota constante de apoyo, y ya estamos imaginando nuevas iniciativas para involucrar a otros: una cena solidaria, momentos de intercambio para dar a conocer el proyecto, maneras de ampliar esta experiencia de familias entre familias, donde la distancia geográfica se acorta y deja espacio para una amistad profunda y auténtica”.

(Fuente: AFN – Autora: Giovanna Pieroni)

Descubre y apoya el Proyecto Bolivia