Es fundamental comprender los mecanismos, a menudo inconscientes, que pueden dañar poco a poco el vínculo de pareja y luego comprometerse a repararlo. Paolo y Patrizia buscan ayuda tras una infidelidad de ella. Paolo no sabía nada de la relación extramatrimonial hasta que Patrizia se lo confesó. Ahora ella parece desesperada y decidida a recuperar la relación a toda costa. Paolo, en cambio, se siente profundamente herido y enfadado; ni siquiera logra mirarla a los ojos.
Él comienza la sesión diciendo:
“No estoy aquí por ella ni por nosotros, sino para proteger a nuestro hijo y evitar que sufra demasiado por esta situación.”
Desde las primeras sesiones emergen varios temas significativos.
Patrizia cuenta que durante muchos años fue “la esposa buena”, adaptándose completamente a la relación. Ella misma se describe como la clásica “esposa de Furio” del cine italiano: totalmente aplastada bajo el orden y la rigidez de su marido. Después de muchos años sintiéndose equivocada e inadecuada frente al perfeccionismo de él, tuvo una aventura con otro hombre, completamente distinto a su marido: poco fiable, imperfecto y, precisamente por eso, tranquilizador, porque junto a él sus propias imperfecciones parecían finalmente aceptables.
Durante la terapia, Patrizia comprende que confesar la infidelidad a Paolo también fue una manera de gritarle su derecho “a equivocarse y a ser imperfecta”.
Paradójicamente, fue un grito que decía:
“Mírame y acéptame tal como soy: desordenada, confusa, diferente de ti.”
La pregunta es: ¿por qué Patrizia necesitó llegar tan lejos, hasta traicionar a su marido, para poder expresar esto? ¿Por qué reprimió durante tanto tiempo todos esos sentimientos, adaptándose constantemente a su marido y complaciéndolo en todo, sin comunicar casi nunca sus miedos y necesidades? ¿Por qué guardó todo eso dentro de sí durante años, acumulando rabia hasta implosionar?
Quizás por primera vez en su vida, Patrizia logra tomar verdadera conciencia de sí misma y decir:
“Me siento liberada.”
“Por fin me quito de encima una carga que yo misma me había construido.”
Lamentablemente, la historia de Patrizia y Paolo nos muestra que expresar las vivencias emocionales puede resultar difícil debido a condicionamientos de la infancia. Tal vez la persona nunca experimentó de niña la validación de sus sentimientos o teme mostrarse vulnerable. En algunos casos incluso puede existir un verdadero problema de alexitimia, es decir, la incapacidad para identificar y describir las propias emociones, a menudo relacionada con una desconexión entre las sensaciones corporales y la representación mental.
Ahora, durante las sesiones, Paolo también se sorprende de la apertura de Patrizia, que por primera vez expresa claramente sus sentimientos. Ambos comprenden que durante años vivieron una relación simbiótica y que la infidelidad de Patrizia surgió, en realidad, de la rabia hacia esa simbiosis.
Sin embargo, la rabia expresada a través de la infidelidad terminó reforzando la simbiosis en lugar de romperla. Al traicionar a su marido, Patrizia manifestó rabia hacia él, pero sin actuar de manera emocionalmente madura comunicando abiertamente sus sentimientos. Más bien, permaneció atrapada en un mecanismo de dependencia que, mediante la infidelidad, se transformó en contradependencia, pero ciertamente no en autonomía.
Salir de la simbiosis significa, para Patrizia, asumir la responsabilidad de su rabia frente a la rigidez de su marido y expresarla abiertamente, reconociendo su malestar emocional. Precisamente por eso, cuando logra hacerlo por primera vez durante la terapia, siente una gran liberación: es el primer paso para salir de esa dinámica simbiótica. Un camino que Patrizia siente importante comenzar con convicción.
El problema ahora, sin embargo, también consiste en reparar el daño causado.
Al principio, Paolo parece completamente reacio a cualquier proceso de reconstrucción de la relación con su esposa. Dentro de su sistema de valores, lo sucedido es simplemente inaceptable.
Pero sesión tras sesión comienza a aparecer la posibilidad de reparar la herida infligida al vínculo.
En este punto, siguiendo el modelo de la Terapia de Pareja Focalizada en las Emociones, comienza otra etapa del trabajo. En concreto, como explica Sue Johnson en su enfoque Abrázame fuerte (Hold Me Tight), se ponen en marcha los siguientes pasos.
El primer paso consiste en reconocer abiertamente la herida y el dolor causado. La persona herida puede expresar su angustia y vulnerabilidad, mientras que la pareja que causó el daño permanece presente y escucha sin ponerse a la defensiva.
El segundo paso consiste en percibir la resonancia emocional en el otro: la persona que ha herido demuestra que realmente “siente” el dolor de la otra. De hecho, solo cuando alguien ve reflejado su sufrimiento en los ojos del otro pueden restablecerse la conexión, la resonancia y la empatía.
El tercer paso, explica Johnson, se refiere a asumir la responsabilidad: la persona que cometió el error reconoce sus actos y el impacto que estos han tenido sobre el vínculo de pareja.
A continuación, se trabaja en la reelaboración de la narrativa: la pareja construye una nueva historia alrededor de la herida, transformándola de un momento de ruptura en una oportunidad para fortalecer la relación.
Finalmente llega el último paso: restablecer una conexión segura. El proceso de perdón se completa cuando la persona herida logra volver a confiar y sentirse emocionalmente segura, mientras que quien causó el daño responde con afecto y disponibilidad emocional, reparando así la herida provocada.
Patrizia y Paolo apenas han comenzado este camino. La ruta parece larga y exigente, pero nuevamente, para ambos, posible.
(Fuente: www.cittanuova.it – Autora: Lucia Coco-De Angelis)
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