Caminos de luz: Un tiempo para la pareja

 
Del 7 al 12 de agosto, en Foligno (PG), Percorsi di Luce ofreció a las parejas un espacio para cuidar su relación y descubrir nuevas herramientas para afrontar juntos los distintos desafíos de la vida.

Cada pareja atraviesa momentos y etapas diferentes, y puede haber ocasiones en las que sea necesario detenerse, alejarse de la rutina cotidiana, mirar la propia relación con ojos nuevos, afrontar lo que se está viviendo y dar voz también a aquello que muchas veces permanece sin expresar. Eso es lo que hicieron las parejas que participaron en Percorsi di Luce. Diferentes en edad, historia y trayectoria, vivieron unos días de formación, reflexión, ejercicios prácticos, encuentros personales y de pareja, momentos de diálogo y espacios de ocio. Estuvieron acompañadas por cuatro parejas animadoras, entre ellas la psicoterapeuta Lucia Coco y su marido Umberto De Angelis, junto con el padre Gianpietro Baldo.

El recorrido favoreció un clima de apertura, autenticidad y confianza. Así quedó reflejado también en los testimonios recogidos durante el encuentro final y que aquí aparecen con nombres ficticios.

Mirar más profundamente
Matteo y Elena pudieron mirar de frente sufrimientos y responsabilidades que durante mucho tiempo les había resultado difícil reconocer. «Mientras hacíamos uno de los ejercicios, vi de repente todo el enorme sufrimiento de mi mujer. Sabía que sufría emocionalmente, pero no imaginaba hasta qué punto», cuenta Matteo. «Algunas de las causas  de nuestros problemas eran cosas muy concretas que yo llevaba dentro, pero que nunca había identificado con claridad». Descubrir también las propias responsabilidades abre una posibilidad de futuro: «Tengo una responsabilidad importante en algunas cosas; hubo una infidelidad por mi parte. Pero también comprendí mejor hasta qué punto algunos problemas proceden de su infancia. Han salido a la luz cosas que ahora veo mucho más claras y para las que intentaremos encontrar una solución, poniendo todo nuestro empeño». Cuando intenta resumir lo que se lleva a casa, Matteo elige dos palabras: «Conciencia y sorpresa». Para Elena, el mayor regalo ha sido ver que su marido aceptaba implicarse de verdad: «Quizá vino conmigo porque prácticamente tuve que arrastrarlo, pero día tras día lo vi cada vez más dispuesto. Los dos hemos descubierto cosas y ahora, naturalmente, tenemos que trabajar en ellas. Es un comienzo, no el punto de llegada. Pero ver el compromiso de la persona que está a mi lado para trabajar en nuestra relación es realmente un primer paso muy importante, porque significa que al otro lado no hay un muro, sino alguien dispuesto a hacer su parte… Para mí esto es importantísimo: es como si por fin un muro se hubiera resquebrajado».

El silencio que abre el camino al diálogo
Chiara y Daniele también participaron en Percorsi di Luce llevando consigo una historia compleja. Para Chiara, uno de los descubrimientos más importantes fue aprender a hacer silencio, como un espacio necesario para escuchar y comunicarse con mayor cuidado. «Nosotros siempre hemos hablado, pero las cosas que teníamos que decirnos eran demasiadas, estaban demasiado enredadas y, sobre todo, llenas de resentimiento. Por eso el silencio fue tan importante para mí: escuchar, darnos tiempo para comprender y después comunicarnos. Un silencio que abre el camino a la comunicación y que, en ese momento, se vuelve constructiva y ordenada: no ponerlo todo junto, sino decirnos esto y después aquello…». Chiara había llegado con «un profundo deseo de afrontar la verdad» y ahora siente que ha adquirido una mirada nueva y una perspectiva diferente: «Ya no se trata tanto de una crisis que hay que resolver, sino de toda nuestra vida, que puede recuperar nuevos impulsos, nuevos recursos y nuevas maneras de ser vivida, sin estar siempre en “código rojo en urgencias”». Daniele reconoce que, incluso cuando existe amor, el amor no siempre es suficiente: «Hacen falta herramientas, hacen falta estrategias, hace falta trabajar en ello, a pesar de toda la buena voluntad». La metáfora que elige es la de Google Maps: «Cuando nos equivocamos de camino, no te dice: “Te has equivocado”, sino: “Recalculando la ruta”». Hablar con otras parejas y comprender profundamente determinados mecanismos psicológicos fue para ellos una manera de «recalcular la ruta». Y también de recuperar la sensación de que podían empezar de nuevo.

Llevarse algo a casa
Sara y Marco regresan a casa con una nueva conciencia. «Nos llevamos muchísimas ideas y estímulos», cuenta Sara. «Y también la sensación de que algunas cosas han recuperado su verdadera dimensión. Problemas que parecían enormes se han vuelto más pequeños, quizá precisamente gracias a las herramientas que hemos conocido y experimentado un poco». Permanece cierta preocupación por la vuelta a la vida cotidiana, pero también el deseo de cuidar lo vivido: «Tengo un poco de miedo de salir de este lugar protegido, llegar a casa y volver a caer en nuestras costumbres. Siento que harán falta método y constancia, pero también tengo muchas ganas de conservar esta experiencia. Es como un pequeño tesoro que nos llevamos a casa». Marco, por su parte, identifica un propósito concreto: «Me propongo poner en práctica algo que también ha surgido esta mañana: buscar el momento para hablar y confrontarnos. Es difícil, porque sentarnos y escuchar lo que no funciona no es fácil». Por otro lado, observa, «muchas veces nos amargamos la vida con las discusiones» y terminamos reservando «lo peor precisamente para la persona que tenemos al lado». Y finalmente sonríe: «¡Deberíamos hacer una revisión mensual!».

Una segunda oportunidad
Francesca llegó con «la casi certeza de que ya no había ninguna posibilidad, ningún futuro para nosotros», pero decidió concederse una última oportunidad.
Durante la semana empezó también a reconocer su propia responsabilidad en la dinámica de la crisis y a mirar a su marido de otra manera.«Me di cuenta de que no veía ningún error por mi parte. Sin todo lo que hemos aprendido aquí, nunca los habría visto. Y así habíamos entrado en un círculo vicioso en el que no podíamos hacer otra cosa que destruirnos».«Durante muchos años le decía a Luca: “No estamos bien, algo no funciona entre nosotros”. Él huía, pero quizá también huía porque yo no sabía comunicar adecuadamente mi malestar. Así entramos en una espiral negativa y llegamos a un punto en el que realmente estábamos muy mal».Antes de salir de casa le había dicho a su marido:«Si quieres ir al curso, yo voy contigo, pero no solucionaremos nada, porque tú nunca has querido cuestionarte». Pero en Foligno, poco a poco, algo cambió: «Comprendí que yo también le comunicaba mi malestar de una manera completamente equivocada».Cuando hablaron de la «Perla» —aquello que les había hecho enamorarse el uno del otro—, al principio pensó que quizá nunca había existido. «Después comprendí que había tantas cosas encima que ya no podía verla». Y durante uno de los ejercicios, algo se hizo evidente de repente:«¡Por eso elegí estar con Luca! Se me había olvidado durante todos estos años». Luca cuenta lo importante que fue para él la relación que nació con las demás parejas: «Al final de cada día nos reuníamos para seguir hablando de todo lo que había salido a la luz. Conseguimos crear algo realmente hermoso. Deberíamos encontrar la manera de continuar esta relación». Y añade: «Nos comprometimos a apoyarnos para ser el estímulo mutuo del otro. Para mí, esto tiene mucha fuerza».

Volver a dar tiempo a la relación
Para Valentina y Andrea, aquella semana fue como una revisión de su relación: un tiempo que, en la vida cotidiana, parece casi imposible encontrar entre los hijos, el trabajo, la casa y los padres. «Agradecí muchísimo la ayuda que recibimos desde el punto de vista psicológico y los ejercicios, porque nos permitieron profundizar un poco más en nuestro diálogo. Era una parte que sentía que me faltaba», cuenta Valentina.
«Yo soy la que habla siempre, así que mi próximo trabajo será aprender a escuchar. Andrea, en cambio, tiene más dificultad para abrirse. Si aquí ha conseguido hacerlo, es porque vosotros le habéis transmitido que era posible hacerlo compartiendo con los demás». Andrea explica: «Encontrar personas con las que hablar de estas cosas no es algo que se pueda dar por supuesto. Esto me dio el impulso para animarme todavía más a buscar la manera de hablar, de no callar mis emociones y mis ideales. Para mí es fundamental». Y también poner nombre a aquello de lo que antes no era plenamente consciente, añade, «significa poder identificar en qué tengo que trabajar».
(Giovanna Pieroni – www. focolaritalia.it)