
La idea nació algunos meses antes, en octubre, cuando el Congreso 2026 de las Secretarías de Familias Nuevas se celebró, de forma excepcional, no en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo, sino en Nairobi, Kenia. Para muchos participantes, aquella experiencia fue mucho más que un congreso: fue un encuentro capaz de dejar una huella profunda.
“Existe un antes y un después de Nairobi”, cuenta Erica. “Cuando uno entra en contacto con estas realidades, ya no puede permanecer indiferente.”
Durante la visita, los participantes conocieron de cerca el proyecto Magnificat, apoyado desde hace años por AFN. La escuela se encuentra en uno de los asentamientos más poblados de Kenia, donde viven cerca de medio millón de personas. Allí conocieron a Millycent, directora de la escuela, quien también había recibido apoyo del proyecto cuando era niña. Su historia refleja cómo el acompañamiento, la educación y la confianza pueden transformar una vida y abrir nuevas oportunidades de futuro, despertando además el deseo de ayudar a los demás.
A pesar de las enormes dificultades que enfrentan las familias locales, el proyecto promueve un camino basado en la responsabilidad, el crecimiento personal y la autonomía, ayudando tanto a padres como a hijos a avanzar hacia una vida más digna y esperanzadora.
Las actividades de la escuela se desarrollan en una pequeña construcción de chapa conocida como St. Anna Chapel. En ese espacio sencillo se realizan actividades educativas para niños de distintas edades, se distribuyen meriendas, se organizan encuentros con los padres y se crean momentos de convivencia comunitaria. Fue allí donde Erica y el grupo escucharon las historias de las familias y de los educadores, construyendo poco a poco relaciones de confianza y amistad.
“Cuando se acercaban mis 50 años, sentí un fuerte deseo de compartir esta alegría también con nuestros amigos de Nairobi”, explica Erica. “Junto con mi esposo Fabrizio escribimos en la invitación una pregunta muy sencilla: ‘¿Quieres hacerme feliz?’ En lugar de regalos, propusimos apoyar el proyecto.”
Desde hace años, la familia conserva una alcancía muy especial: un cerdito rosa dedicado a Mikael, el niño al que acompañan a distancia desde hace unos cinco años. Sus hijos, hoy adolescentes, crecieron colaborando en este gesto familiar. En la alcancía puede leerse una frase sencilla: “Mikael es nuestro hermano.”
“Así, Mikael se convirtió en parte de nuestra vida cotidiana”, cuenta Erica. “Nos enseñó que compartir significa tener presentes tanto nuestras propias necesidades como las de los demás.”
Con motivo de la fiesta, aquel gesto familiar se transformó en una iniciativa colectiva. Sobre la alcancía apareció una nueva inscripción: “Erica & Friends por el proyecto Magnificat Nairobi”.
Cada persona pudo colaborar libremente, según sus posibilidades. “Lo importante no era la cantidad recaudada, sino compartir mi alegría con los amigos de Magnificat”, explica Erica.
Durante la celebración, Erica también mostró las fotografías del viaje a Nairobi a quienes habían vivido esa experiencia junto a ella. A través de aquellas imágenes, los rostros, las historias y los encuentros permanecieron vivos en el corazón de todos.
“Después de haber visto esas realidades y conocido a esas personas, es imposible olvidarlas”, afirma. “Yo he recibido muchísimo en la vida. Por eso quería que mi regalo de cumpleaños fuera para ellos: una manera de seguir haciendo de mi vida un don y no algo reservado solo para mí.”
La iniciativa nació con el deseo de ser sencilla y accesible para todos.
“No todos podemos aportar grandes cantidades, pero eso no es lo esencial”, dice Erica. “La alcancía es un símbolo de libertad: cada uno ofrece lo que puede y lo que desea. Lo verdaderamente importante es sentirnos una sola familia junto con nuestros amigos de Nairobi.”
La propuesta fue acogida con entusiasmo por amigos, familiares y compañeros de trabajo, muchos de los cuales quisieron conocer más de cerca tanto el proyecto Magnificat como AFN, una realidad nacida en el ámbito de Familias Nuevas que desde hace años promueve una visión inclusiva y solidaria de la familia, inspirada en el bien común y la fraternidad universal.
“Hasta ahora hemos reunido más de 1.600 euros y todavía siguen llegando aportaciones”, concluye Erica. “Pero más allá de la cifra, mi mayor deseo es que esta experiencia pueda inspirar también a otras personas. Para nosotros ha sido una alegría inmensa.”
