Volar bien alto

 
Simples actos de amor que pueden cambiarle el día (y por qué no la vida) al otro.

El regalo

Fui a visitar a unos vecinos que viven cerquita del río. Pensando en los chicos, les llevé algunos cuadernitos para que pudieran escribir y dibujar durante las vacaciones. Uno de ellos enseguida arrancó una hoja. Por dentro pensaba: “se los traje para escribir”, pero después me dije “qué importa, el cuadernito ahora es suyo y disfruta como más le gusta”. Después de unos minutos, con esa hoja había hecho un hermoso avioncito. “¿Te gustan los avioncitos”, me pregunta. “Me encantan”, fue mi rápida respuesta. Y me lo regaló con una mirada llena de ternura y amor, diciendo: “vos me regalaste el cuadernito”.

Un simple gesto, que no se borra nunca más. Cuando volvía a mi casa pensaba que no podía haber recibido mejor regalo en este día, para seguir volando bien alto, detrás de nuestros sueños, junto a cada uno de quienes tengo a mi lado. ¡Que no nos falten avioncitos!

Patricia Valussi (Paraná)

No hay vacaciones para amar al otro

Fuimos de vacaciones con mi familia a una casa donde la anfitriona, Edenir, fue muy amable. Era todo servicio, siempre lista para solucionar cualquier problema. Desde un principio pensé en dejarle un regalo antes de regresar. Y mientras disfrutaba de las vacaciones pensaba qué podría ser.

consejos-macetas-jardineriaUn día ella decidió hacer jardinería, pero sufrió un tirón y su ciática se hizo sentir. Quedó muy mal. Ella, siendo tan activa, ya casi no podía hacer nada. Pensé entonces que esa era la oportunidad que el Eterno Padre me daba para regalarle también mis servicios.

Fui con mi nieto a plantar unos cuantos esquejes de arbustos que ella había traído para hacer un seto vivo. Al terminar vino, como bendición, una breve lluvia de verano. El amor se sentía en todo momento.

Cuando regresamos tuve la oportunidad de dejarle un presente, algo que le servía para el momento que estaba viviendo. Salimos de madrugada, ella nos despidió y lloraba. Lágrimas abundantes que mojaron mi brazo. Fue muy fuerte para mí, nunca desperté un cariño tan grande y tan rápido.

Encontré una nueva amiga. Mientras escribo me viene al corazón, como ella dijo: “Saudades” (te extraño).

¡Qué hermoso comprobar que sólo debemos amar, amar desinteresadamente!

Carmen Vear
(Extraído de www.facebook.com/groups/experienciasquecontagian)

Un empujón

emergencia-carreteraTarde de muchísimo calor, de aquellos días previos a la Navidad, en los que todos corremos sin saber bien por qué, pero nos sumamos al vértigo común que vemos en la calle. Iba en mi auto por una avenida muy transitada. De pronto veo a dos hombres que, parados a un costado de la avenida, hacían señas. Tenían el auto detenido, como si estuviera en doble fila, pero en realidad no les arrancaba. Entendí que lo que precisaban era un empujón. Así que frené detrás de su auto. Efectivamente necesitaban eso. Entonces lo empujé con mi coche. Primer intento, nada. “Dale un poco más fuerte a ver qué pasa”, me pide uno de ellos. Esperamos que el semáforo se pusiera en verde y ahí fuimos. ¡Y arrancó nomás! Al semáforo siguiente, en rojo, el hombre se detiene a mi lado. “¡Gracias! Hacía dos horas que estaba tratando de que alguien me empujara”. Enseguida me salió el juicio: “¿Cómo puede ser que nadie haya frenado?”, pero preferí quedarme con la alegría de su rostro.

Santiago (La Plata)

Testimonios publicados originalmente en la revista Ciudad Nueva

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