Una aventura llamada Escuela Loreto 2022

 

“Escuela Loreto”, es la experiencia en la Mariápolis Lía destinada a la formación de las familias en la cultura de la unidad.

Desde hace más de 20 años, se viene realizando la “Escuela Loreto” para Familias en la Mariápolis Lía en O’higgins, Pcia de Buenos Aires. Durante dos semanas de enero, familias provenientes de Ecuador, Paraguay, Argentina (Misiones, Chaco, Formosa, Córdoba, Salta y Rio Negro) y Chile, comenzaron esta aventura llamada Escuela Loreto 2022.

En esta oportunidad damos la palabra a Coté, Ángel, Samuel y Sofi (provenientes de Chile) que nos cuenten de esta experiencia única y que se prolongó por unas semanas más!!!!

“Durante dos semanas pudimos compartir la vida, los distintos trabajos, meditaciones, espacios de formación (que nos ayudo a profundizar en el carisma y adquirir herramientas prácticas para nuestro matrimonio y el acompañamiento a otras familias), la misa diaria (donde pudimos cantar), tardes recreativas, comidas varias, etc.

De lunes a sábado, cada uno tuvo la oportunidad también trabajar pintando, regando árboles y plantas, desmalezando, limpiando, reparando, ordenando, etc, nos pusimos a disposición  para construir la ciudad a través de estos trabajos concretos. Nos turnabamos de modo tal que, quien se quedaba en casa estaba con los niños y preparaba el almuerzo.

Cuando faltaban pocos días para terminar la escuela, miembros de algunas familias comenzaron a sentirse mal de salud… esto nos alertó y tomamos algunas medidas de autocuidado mientras se esperaban los resultados de los respectivos hisopados, que lamentablemente, dieron positivo. Eso hizo que termináramos la escuela en modalidad presencial y algunos online.

Nosotros como familia, extendimos nuestra estadía en la Mariápolis debido al alto número de contagios en Buenos Aires, cambiando los planes de un principio de querer conocer la ciudad, sin duda, sería una oportunidad para ir decantando la experiencia vivida.

El martes 25 de enero, cuando se fueron las últimas familias, nosotros partimos en la mañana a Junín a hacernos el pcr para poder viajar de vuelta a Chile. Para nuestra gran sorpresa uno de los cuatro resultó positivo, por lo cual no podíamos viajar… Esto nos obligó a quedarnos 12 días más… ¡Sí, doce días!

Uno de nosotros se mantuvo aislado en una casa de al lado, mientras que el otro se quedó con los niños. Fueron días difíciles, especialmente el primero… pero poco a poco fuimos ofreciéndole a Jesús esta nueva realidad; estábamos separados pero muy unidos. Serían días de mayor exigencia para uno pero también un regalo.

Terminado el aislamiento, los días siguientes han sido para compartir en familia y de modo especial con algunos miembros de la Mariápolis. Cada día nos ofreció la oportunidad de reconocer la presencia de Jesús en cada encuentro,  de disfrutar lo sencillo: las caminatas a Campo Verde y a los juegos de Villa Blanca; hemos podido lanzar el dado del amor y examinar en la noche cómo nos fue con la invitación durante el día, y para los niños, ¡ni qué hablar! cada día aprendían más canciones; Sofía (2 años) se volvió la dispensadora oficial de alcohol en spray cuando ibamos a misa (a ella no le bastaba con que la gente se eche alcohol al entrar al auditorio, sino que pasaba puesto por puesto rociando spray a todos).

Han disfrutado la naturaleza, entretuviendose largos ratos jugando con barro, buscando huesos de dinosaurios y estos últimos días, han compartido preciosos momentos con Honorio y María Inés Rey una de las primeras familias estables de la Mariapolis, ellos eran nuestros vecinos. Ya no sólo han alimentado a los lagartos, si no que en más de una oportunidad Honorio ha salido con ellos a recolectar plumas de los distintos pajaritos que andaban por estos lados: palomas, loros, horneros, teros, picaflores, aguiluchos, etc.

Esta preciosa escena, que no podemos dejar de compartir, nos muestra cómo la creación une generaciones, cómo el contacto con lo simple nos invita a amar y llena el corazón, porque nos permite salir de nosotros mismos para encontrarnos con el otro. Por lejos, mucho más entretenido que estar viendo series de netflix o videos en el celular…

A pocos días de terminar esta aventura que duró más de lo que esperábamos y volver a nuestro hogar, sólo nos quedó decir: ¡Gracias Jesús!”.

Familia Martínez Bravo

(Coté, Ángel, Sofi y Sami)

 

 

 

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