16 Jun 2017 | Senza categoria
Cuando empezamos a tratarnos éramos muy conscientes de las diferencias que existían entre nosotros, sobre todo en materia de doctrina. Pero sentíamos que nuestro amor era más fuerte que cualquier diferencia: esto nos daba la osadía de creer que detrás de nuestro matrimonio podía haber un designio de unidad que iba más allá de nosotros dos. Desde chicos, habíamos aprendido, con la espiritualidad de los Focolares, que para alcanzar la unidad es necesario apuntar a lo que nos une –que es muchísimo-, en lugar de mirar a lo que nos divide. Sin embargo, cuando el domingo cada uno de nosotros toma un camino distinto para ir a Misa, es siempre un dolor, lo mismo que advertimos cuando involuntariamente en nuestras conversaciones sale el “nosotros” y “ustedes”, o cuando alguno critica algo de la Iglesia del otro. En estos casos nos damos cuenta que nada se construye de una vez por siempre y que, entre las muchas ocasiones para hacer crecer el amor entre nosotros, debe estar el compromiso de amar la Iglesia del otro como la propia. Otra oportunidad típica de nosotros las parejas ‘mixtas’ es ofrecer a Dios las pequeñas o grandes desunidades que nos hacen sufrir, por la plena unidad de los cristianos. A veces, precisamente para vivir en forma visible la unidad entre nosotros y en nuestra familia, decidimos ir todos juntos a una o a la otra iglesia, compartiendo también ciertas prácticas espirituales, como, por ejemplo el ayuno. Un momento significativo fue el Bautismo de nuestra primera hija. Habíamos debatido mucho y por largo tiempo, pero no lográbamos decidir qué era lo más justo: el bautismo católico o el ortodoxo. Obviamente, el valor del sacramento es igual en las dos Iglesias, pero las consecuencias habrían sido profundamente distintas. Hani, de hecho, es diácono y ya había sido temporalmente alejado de su Iglesia debido al matrimonio celebrado con el rito católico-mixto. El Bautismo católico de la hija lo habría puesto en una seria dificultad, no lográbamos tomar una decisión. Entonces Liliana decidió ir a explicar la situación a su obispo, el cual, después de escucharla profundamente, le aseguró que entendería y habría apoyado la decisión que tomáramos según nuestra conciencia. Y esta, como en otras mil ocasiones, no se trataba y no se trata de hacer acuerdos, sino de tratar de entender cuál es la voluntad de Dios en las varias situaciones. Está claro que todo implica un esfuerzo mayor, cuesta sudor, también con los hijos, que desde pequeños no podían entender por qué podían recibir la Eucaristía en la Iglesia ortodoxa, pero no en la católica. De hecho, en la Iglesia ortodoxa, junto al Bautismo, se celebran también los sacramentos de la Comunión y de la Confirmación. Un período más bien difícil fue cuando la más grande de nuestras hijas tenía alrededor de 15 años. Ella empezó, con una cierta agresividad, a pedir autonomía, pero nosotros no estábamos preparados para ese cambio repentino suyo. Las discusiones, muy fuertes, eran casi cotidianas. Tratábamos de protegerla de algunas situaciones que considerábamos riesgosas, pero entre más estábamos encima de ella, más se rebelaba. Tampoco fue fácil entre nosotros, porque a menudo la forma con la que cada uno de los dos afrontaba las situaciones no las compartíamos. En medio de toda esta confusión, siempre tratábamos de mantener algunos puntos que nos parecían importantes, como la oración todos juntos, o bien la humildad de pedirnos disculpas, también con los chicos. A un dado momento entendimos claramente que lo primero a los que teníamos que apuntar era a la unidad entre nosotros dos. Al dar este paso, juntos encontramos la luz para decidir darle confianza. La situación en casa mejoró, confirmando que también en el matrimonio ‘mixto’ los dos esposos tienen la posibilidad de ser “una sola cosa en Dios” y dar este testimonio a los hijos y al mundo que nos rodea.
15 Jun 2017 | Sin categorizar

En el Jubileo de la Renovación Carismática Católica
“John 17” quiere ser una voz que llama a las Iglesias a la reconciliación y a la unidad según la oración de Jesús: “Que todos sean uno” (Jn. 17,21). Se fundamenta en la convicción de que la evangelización es mucho más eficaz si es acompañada por el testimonio de la unidad entre los cristianos. Los miembros de este movimiento desean ser catalizadores de unidad y por esto se comprometen a establecer por doquier relaciones fraternas y de amistad, especialmente entre cristianos de distintas Iglesias. Unos sesenta miembros de este Movimiento, acompañados por Joe Tosini y Mike Herron, dos de los fundadores, vinieron a Roma en ocasión del Jubileo de oro de la Renovación Carismática Católica (RCC). El Papa invitó a la RCC a volver a encontrar sus propias raíces ecuménicas. De hecho, la primera experiencia de efusión y de bautizo en el Espíritu Santo que aconteció en un grupo de jóvenes católicos en la Universidad Duquesne en Pittsburg en 1967, fue también fruto de encuentros con personas pentecostales. Durante la vigilia de Pentecostés en el antiguo Circo Máximo, la presencia de pastores de varias denominaciones en el escenario era un signo visible de estos orígenes. El Papa Francisco les pidió a los carismáticos católicos que fueran en la Iglesia un lugar privilegiado para recorrer el camino hacia la unidad en una “diversidad reconciliada”: «Hoy en día es más que nunca urgente la unidad de los cristianos, unidos por obra del Espíritu Santo, en la oración y en la acción a favor de los más débiles. Caminar juntos, trabajar juntos. Amarnos. Amarnos. … el Espíritu quiere que estemos en camino». 
Foto: © CSC Audiovisivi-Caris Mendes
El grupo John 17, compuesto en su mayoría por líderes de Iglesias pentecostales, quiso aprovechar su estadía en Roma para encontrarse con María Voce, presidenta del Movimiento de los Focolares, conocer y profundizar en el carisma de la unidad de Chiara Lubich. Por esto vinieron al Centro Mariápolis de Castel Gandolfo el 7 de junio, acompañados también por el pastor de la Iglesia Evangélica de la Reconciliación Giovanni Traettino de Caserta. Además este encuentro tenía como finalidad la de prepararse para una audiencia privada con el Papa Francisco, prevista para el 8 de junio; audiencia que se prolongó durante dos horas. La convergencia de intenciones y de espíritu entre los dos movimientos – Focolares y John 17 – era patente y las horas transcurridas juntos fueron momentos de alegría y de alabanza a Dios. El pastor Traettino recordó a todos que la unidad se edifica “empezando por los pies” y no por la cabeza, es decir, poniéndose a servicio del prójimo. Este compromiso fue sellado entre todos los participantes con un rito de recíproco lavado de los pies, acompañado por una oración de los unos por los otros. María Voce y otros miembros de los Focolares, de distintas Iglesias, pudieron darles lo esencial de la espiritualidad de la unidad y sus experiencias de vida a la luz del Evangelio.
14 Jun 2017 | Sin categorizar
Se encuentra on line el sitio web de preparación al Sínodo de los Jóvenes 2018 sobre el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. El sitio publica un cuestionario en cinco idiomas con el fin de “promover una más amplia participación de todos los jóvenes del mundo, no sólo recibiendo información sobre el evento sinodal sino también dando la posibilidad de interactuar y participar en el camino de preparación” “Hagan sentir vuestro grito, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores”, exhortó el papa Francisco a los jóvenes. Agregando: «San Benito recomendaba a los abads que consulten también a los jóvenes antes de cada decisión importante, porque “a menudo es precisamente el más joven el que tiene la mejor solución revelada por el Señor”»
14 Jun 2017 | Sin categorizar
«No existe una receta para el éxito, pero hay una receta para el fracaso. La receta para el fracaso es la violencia “en el nombre de Alá”». Así empieza el fuerte llamamiento a los musulmanes europeos, escrito el día después de los sangrientos ataques de Londres y Manchester, por el Gran Muftí emérito de Bosnia Herzegovina Mustafa Ceric, presidente honorario, así como Chiara Lubich lo fue en el pasado y actualmente lo es también María Voce, de la Conferencia de las Religiones por la Paz. «Éste no es mi credo. No es el de Alá en quien creo. Mi fe no es un cuchillo, no es terror. Mi Alá es Amoroso y Misericordioso». «Confieso – afirma el Gran Muftí, distinguido entre otros, en el 2003, con el Premio Unesco por la Paz Felix Houphouet-Boigny y con el premio Sternberg del Consejo Internacional de los Cristianos y de los Judíos “por su excepcional aporte a la comprensión entre los credos”. En el 2007 recibió el Premio Theodor-Heuss-Stiftung por su aporte a la difusión y la consolidación de la democracia. En el 2008, el premio Eugen Biser Foundation por su esfuerzo en promover la comprensión y la paz entre el pensamiento cristiano y el islámico – nunca me he sentido tan confuso y tan inerme al tratar de explicar lo que está sucediendo dentro y fuera de mi comunidad de fe. Me consuelo pensando que se trata de actos de minorías extremistas, sólo un juego político de las grandes potencias para ganar la riqueza musulmana». Mustafa Ceric usa palabras fuertes: « Mi comunidad de fe tiene muchos problemas. El más grande es delegar a otros la resolución de sus problemas. En cambio, mi Comunidad de Fe (mi Umma) debe ser quien resuelva el problema dentro de sí misma, antes de poder resolver los problemas del derredor». Hay quien afirma, sostiene Ceric, que los ataques contra inocentes civiles en Manchester o en Londres son más importantes que aquellos ocurridos en Palestina, en Kabul, Mosul, Sa’an y Misurata. «No son más importantes, pero ciertamente sí más peligrosos para los musulmanes en Europa, la mayoría de ellos han escapado de los países musulmanes buscando en Europa paz y seguridad para sus hijos. La paz y la seguridad que hasta ahora habían experimentado están siendo amenazadas». Después de Manchester, sucedió lo de Londres, pero antes estuvo lo de Berlín y Zúrich «los musulmanes europeos deben ser fuertes y claros no sólo para condenar la violencia “en nombre de Alá”, sino también para adoptar medidas concretas contra el abuso del Islam en cualquier forma. Deben tener una voz clara, única e unívoca en la lucha contra la violencia perpetrada “en nombre de Alá”. No es una cuestión de buena voluntad de personas o grupos que trabajan por el diálogo interreligioso. Es una cuestión existencial del Islam y de los musulmanes en Europa». El Gran Muftí lanzó por lo tanto un llamado a los musulmanes de Europa a «reunirse inmediatamente alrededor de una “palabra común” entre nosotros y con nuestros vecinos, independientemente de su credo, raza o nacionalidad, y hacer un juramento delante de Dios, ante sí mismos y ante nuestros propios vecinos en Europa, el de amar y promover la paz, la seguridad y la cooperación así como nos obliga nuestra cultura y el credo islámico. Debemos jurar que haremos todo lo que sea necesario para combatir juntos la violencia contra personas inocentes. Nosotros, actual generación de musulmanes europeos, le debemos esto a nuestros descendientes. No debemos dejarle nuestras deudas a nuestros descendientes que no tienen la culpa». «¡No hay tiempo para titubear!» – el gran Muftí, al final de su llamamiento, expresó con vehemencia toda la esperanza y el deseo de cambio. «No hay espacio para ponerse a hacer cálculos! ¡No hay excusas para postergar, o justificaciones para esperar! ¡No hay salvación en el silencio! ¡No hay futuro para el Islam o para los musulmanes en Europa si no en la convivencia y en la tolerancia con nuestros vecinos europeos!». Lee el llamamiento completo
14 Jun 2017 | Sin categorizar
«Desde el inicio de nuestro camino juntos, quisimos poner a Dios en el primer lugar. En práctica, cada día decidimos elegir el perdón, el recomenzar, el ser los primeros en amar, el amar a todos, también cuando cuesta y de pronto estamos cansados. Tratamos de no esperarnos nada del otro, sino ante todo de nosotros mismos y, de consecuencia, podemos siempre contar el uno con la otra. A los niños tratamos de entregarles valores sólidos para la vida – explica Damijan –. Esto exige paciencia y perseverancia en el amor, ¡no sólo caricias! De hecho, a veces, el amor hacia ellos nos impulsa a exponer muy claramente nuestra línea o decidir lo que es blanco y lo que es negro, aunque esto, a veces, lleva a su insatisfacción o a su rebeldía. Nos parece importante que nuestros hijos sean lo más posible autónomos e independientes. Es por esto que los involucramos en todos los trabajos de la casa (cocinar, limpiar, planchar, organizar la ropa lavada, etc.). Al inicio siempre es todo muy interesante, pero luego, cuando el trabajo hay que hacerlo con regularidad y cuidado, algo se bloquea. Es entonces que nos animamos a vivir los puntos del arte de amar, si queremos que reine la armonía entre nosotros. Ahora ya los niños saben que, si nos ayudamos, acabamos más rápido y tenemos más tiempo para jugar y hacer muchas otras cosas».
«Hace casi un año – continúa Natalija – vivimos una prueba particular. En el verano, el más pequeño de nuestros hijos tuvo una consulta con el psicólogo para un examen que se hace cuando llegan a los tres años. Su opinión y el diagnóstico que luego nos escribió, realmente nos dejaron sorprendidos: trastorno por déficit de atención. Como pedagoga y ex docente, vi pasar ante mis ojos a todos los niños con este tipo de problema y las grandes dificultades que acompañan este diagnóstico. Volví a mi trabajo asustada. Por ese entonces, Damijan y yo trabajábamos juntos en el preescolar Rayo de Sol. Hablamos largo y tendido y entendimos que, para cuidar bien de nuestro hijo, uno de los dos tenía que dejar el trabajo». «Para ayudarlo de la forma correcta – continúa Damijan – era necesario dedicarle tiempo y energías. Estábamos conscientes de que teníamos un préstamo por pagar, que éramos seis en familia y que no teníamos sueldos adecuados. Analizamos todas las posibilidades financieras y, a pesar de la incertidumbre, dejé el trabajo creyendo que Dios no nos abandonaría. Les explicamos la situación y la consecuente decisión a nuestros colegas de trabajo. Estamos muy agradecidos con cada uno de ellos por haberla aceptado y por habernos apoyado. Ya la semana siguiente nuestra elección se demostró la correcta. Mi mamá, de noche, tuvo un ictus y se quedó paralizada. Fue un shock para todos. Durante los primeros dos meses lograba comer sola. Pero luego tuvo otro ictus que le produjo ceguera y, más tarde, demencia. Cada vez más, por tanto, necesitaba de nuestros cuidados. Aunque era más complicado, respetamos su deseo de quedarse en casa. Y así fue. Mientras tanto la situación de nuestro hijo iba mejorando sensiblemente. Las cosas proceden ahora con más calma porque, cuando los niños vuelven del colegio, hay alguien que los espera y que preparó el almuerzo. Así también Natalija, cuando vuelve del trabajo, se puede dedicar a los niños y a mí. Podemos decir que en todo este tiempo, aunque con un solo sueldo, no nos ha faltado nada, y si tuvimos que renunciar a algo no lo vivimos como una privación. Estamos agradecidos con Dios por habernos sostenido y enseñado a gustar los efectos del arte de amar, que nos han completamente conquistado».