La noticia llegó de improviso e inesperada, la mañana del 10 de agosto. Kala Acharya acababa de apagarse dentro del campus de la Somaiya University en donde vivía y en donde, por deseo de su fundador, Shri Karamshi Jethabhai, dedicó a la institución cuarenta años de su vida. Como la definió Samir Somaiya, sobrino del fundador y actual Presidente de esa prestigiosa institución académica, Kala era ella misma una institución con su presencia y su personalidad. De acuerdo con el Doctor Shantilal Somaiya, que mientras tanto había asumido de su padre la dirección del fideicomiso que administraba la institución académica, había fundado el Somaiya Sanskriti Peetham, un instituto para la formación de docentes formales e informales a los valores morales y religiosos. Al mismo tiempo, se había involucrado junto al Doctor Somaiya en el diálogo interreligioso, colaborando, ya a mediados de la década de 1990, en el Seminario Católico San Pío X de Mumbai y con varios profesores e instituciones extranjeras, entre las cuales algunas italianas.
En septiembre del año 2000, a los pocos meses del primer viaje de Chiara Lubich a la India, Monseñor Félix Machado, subsecretario del entonces Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso (hoy Dicasterio para el Diálogo Interreligioso), les pidió a Marina Pracchia y a Roberto Catalano, responsables de los Focolares en la India, que se pusieran en contacto con la profesora Kala Acharya a quien consideraba como una hermana y que esperaba pudiera participar en algún momento del viaje de Chiara Lubich. El primer encuentro en Vidhyavihar, en el gran campus de la Somaiya University, fue muy cálido desde el primer momento. Kala aceptó inmediatamente la invitación a participar en la ceremonia del otorgamiento del Premio Gandhi, Defensor de la Paz, que Chiara Lubich recibió del Shanti Ashram en Coimbatore, en los primeros días de enero de 2001. Justamente en Coimbatore, poco antes de partir para Mumbai, Chiara Lubich tuvo un encuentro personal con la académica india: se entendieron al instante. La fundadora de los Focolares escribió en su diario, al día siguiente: «Ayer, día de Reyes, he tenido un encuentro muy especial, tal vez con una criatura que posee un designio de Dios, Kala Acharya. […] Siendo muy culta, ha profundizado el diálogo hindú-cristiano, conoce muy bien el Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso y fue recibida dos veces personalmente por Juan Pablo II. Entrando en la sala donde nos encontramos, enseguida dijo que se sentía bendecida…: “El amor de Dios viene a mí. Trabajaré siguiendo la línea que tú me des. ¡Te lo prometo!”. […] ella quiere que me encuentre con un grupo de personas altamente cualificadas de varias religiones en Bombay: “tu palabra debe llegar directamente a todas las religiones –me dijo– es importantísimo el significado que tú le das al amor”. Habrá profesores, estudiantes, ‘queremos que todos ellos se vuelvan los vehículos de tu palabra’ «.



En las fotos: De izquierda a derecha: Chiara Lubich y Kala Acharya. En la segunda foto, entre Chiara y Kala, la profesora Shubada Joshi, y a la derecha, el Dr. Shantilal Somaiya. En la tercera foto: el Dr. S. Somaiya, Kala Acharya, Chiara Lubich y el cardenal de Bombay, Iván Dias.
De hecho, algunos días más tarde, en Mumbai debajo de una shamiana (una gran cortina decorada) en la explanada que está en el centro del gran campus universitario, había 600 personas que esperaban la palabra de Chiara Lubich. Ella contó su experiencia cristiana y su anhelo y compromiso en el diálogo. Poco antes, el Doctor Shantilal Somaiya le había asegurado a Chiara que quería transformarse en un soldado a sus órdenes, para llevar el espíritu de la unidad y del diálogo a todas partes. Fue el comienzo de una temporada única en la experiencia de los Focolares; y ello no solo porque todo se organizó siempre con los nuevos amigos hindúes y conjuntamente con el Dicasterio vaticano para el diálogo interreligioso y con la Diócesis de Mumbai. El Movimiento, por primera vez en su historia, se abrió a un diálogo interreligioso también a nivel académico. Y todo eso fue por mérito propio de la Profesora Kala Acharya quien le sugirió a Chiara proseguir la amistad juntas, a través de simposios para reflexionar sobre temas comunes. Justamente durante el primero de estos simposios Chiara Lubich sintió el impulso interior de compartir su experiencia espiritual más íntima. La respuesta entre los hindúes fue notable y Chiara continuó esta experiencia de comunión durante su segundo viaje a la India en 2003. En esa ocasión transcurrió toda una mañana junto a unos veinte de esos académicos para compartir realidades espirituales muy profundas en un clima de comunión difícil de describir.
Chiara y Kala se consideraron siempre ‘hermanas’ espirituales y Kala continuó, como pudo, pero con gran fidelidad, llevando adelante en su ámbito el diálogo interreligioso que había nacido de su relación con Chiara. Había comprendido –junto con otros hindúes como Minoti Aram y Suresh Uppadhyaya– la naturaleza profética del carisma que ella expresaba en estos términos: «En el hinduismo nosotros tenemos tres caminos para llegar a Dios: el Bhakti Yoga nos hace rezar, el Karma Yoga nos hace actuar, el Jnana Yoga nos hace pensar y meditar para llegar a conocerse a uno mismo y a Dios. Chiara Lubich nos propone un cuarto camino, el Prem Yoga, el camino del amor al hermano y entre nosotros «.
Roberto Catalano
Foto: © Marcello Casubolo e Horacio Conde – CSC Audiovisivi




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