Asís (Italia) es una ciudad de paz. A 800 años de la muerte de San Francisco, conserva el encanto de sus callejuelas y de su geografía, que casi hace esperar que el Pobrecillo de Asís (Il Poverello di Assisi) aparezca en cualquier esquina. Su presencia, su inmensa capacidad de amar a los pobres y al prójimo, a quien es diferente de uno mismo, es tan fuerte que convierte a esta ciudad de Umbría (región italiana en donde se encuentra Asís) en un centro de profunda espiritualidad viva.
Tres jornadas iluminadas por un amable sol otoñal convirtieron a Asís en la capital del diálogo interreligioso, con representantes unidos en la oración por la paz. Ya desde el domingo 25 se podía escuchar una infinidad de idiomas y contemplar la diversidad de colores y vestimentas de los representantes de las distintas religiones que habían llegado para participar en estas jornadas. Unas 5.000 personas participaron en los numerosos foros temáticos que se desarrollaron en diferentes salas de la ciudad.
Margaret Karram y Roberto Almada, presidenta y copresidente del Movimiento de los Focolares, respectivamente, junto con una delegación, participaron en las jornadas de este encuentro, que celebraba los 40 años de la oración interreligiosa en el Espíritu de Asís, iniciada por Juan Pablo II.



El 26 de octubre, Margaret participó en el foro «Mediterráneo: mar del diálogo». «San Francisco no aceptó la postura de que hablar con quien era considerado un enemigo significara traicionar al propio bando», comentó. «Hoy, el “diálogo” puede parecer un término frágil, pero precisamente cuando parece imposible se vuelve aún más necesario, para poner en comunicación ese bien que ya existe».



Durante la mañana del 27 de octubre, en la Sala Cimabúe de la Colina del Paraíso (Colle del Paradiso), donde se encuentra el complejo de la Basílica franciscana, el foro con el Patriarca ecuménico de Constantinopla concentró la atención de los participantes. «La Iglesia que proclama la Resurrección debe proclamar al mismo tiempo la paz», destacó Bartolomé I. Esta reflexión se vio confirmada también por la presencia, entre el público, de numerosos representantes de las Iglesias cristianas, entre ellos la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally; el patriarca de la Iglesia asiria, Mar Awa III; el patriarca armenio de Constantinopla, Sahak II; el obispo de Asís-Nocera Umbra-Gualdo Tadino y de Foligno, Felice Accrocca; y el metropolita Emmanuel de Calcedonia, junto con la presidenta del Movimiento de los Focolares, Margaret Karram. Una presencia numerosa y significativa, que permitió recuperar el sentido mismo del encuentro: Iglesias y tradiciones diferentes que se reúnen para reconocer en el otro a un hermano y dar testimonio de que el diálogo es posible.






Luego, durante la tarde, tuvieron lugar emotivos momentos de oración por la paz, con la presencia de numerosos líderes de distintas religiones, y la ceremonia de clausura, realizada en la explanada de la Basílica inferior. «No existe la guerra santa, solo la paz es santa», afirmó el papa León XIV en un mensaje en video enviado especialmente para la ocasión. En un sereno atardecer, el encendido de las antorchas transmitió a todos los presentes la certeza de que la paz es verdaderamente posible.
Texto y fotografías: Carlos Mana




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