22 Feb 2013 | Sin categorizar

Del 10 al 13 de mayo de 2013 la “ciudadela Piero”, en Nairobi (Kenya), hospedará la Escuela de Inculturación, un taller que este año tiene como tema principal “la persona” en las varias tradiciones africanas. Un grupo de jóvenes participará además en la primera etapa del Proyecto “Sharing with África”. Seguidamente presentamos la narración del Giuglia, después de su experiencia en Uganda.
«Aeropuerto de Malpensa, 2 de agosto de 2011: destino “Kampala – Uganda”. La emoción es mucha, si bien no puedo imaginar que esas cuatro semanas se convertirán en una de las experiencias más bellas y más importantes de mi vida. Durante un mes comparto mi casa y mi cotidianidad con otra chica italiana y tres ugandesas y esto me obliga desde el primer momento a dejar de lado toda costumbre “occidental”, los hábitos y la forma de pensar, para abrirme a ellas y a su vida: pero esos que al inicio eran pequeños sacrificios, pronto se convierten en una riqueza, una nueva forma de pensar y de relacionarme con quien tengo alrededor.
Me impresiona mucho la concepción que los africanos tienen de la persona: para ellos el centro de todo está en la persona, en el otro, y no en el tiempo, en la prisa, en los compromisos. Entonces, por ejemplo, una reunión empieza cuando todos llegan, y no cuando lo dice el reloj, y el autobús arranca cuando está lleno y todos subieron y no según un horario preestablecido. “¿Cómo pueden ustedes occidentales basar sus jornadas en la forma como transcurre el tiempo, que nos les pertenece y no pueden controlar de forma alguna?”: es una pregunta que todavía resuena dentro de mí cuando me dejo arrastrar por el frenesí de las jornadas, corriendo el riesgo de ignorar a las personas que tengo alrededor.
El concepto de “Ubuntu” es típico del África subsahariana, es una expresión que puede ser traducida como “Yo soy lo que soy por mérito de lo que somos todos”. A propósito de esto Nelson Mandela dijo: “Ubuntu no significa pensar en sí mismos; significa más bien preguntarse: ¿quiero ayudar a la comunidad que tengo a mi alrededor a mejorar?”. ¡Cuánta sabiduría en estas palabras! Y no se trata sólo de palabras sino de vida auténtica, de cotidianidad vivida en la perspectiva del “nosotros” y no sólo del “yo”: todo en común, todo hecho juntos, los hijos de los vecinos son como los tuyos y también el huésped más desconocido que llega por error a tu casa se convierte inmediatamente en parte de la familia.
Nunca olvidaré la conmoción que sentí cuando fui invitada a almorzar donde una familia de una de mis compañeras de apartamento: en una casa sin baño en una zona no muy diferente de un barrio marginal; sin embargo habían preparado un banquete y comida abundante. Porque no importa cuánto sacrifico cueste invitar a almorzar a las amigas de la hija: la hospitalidad, la reciprocidad, el compartir con el otro cuentan más que cualquier otra cosa.

Volví de Uganda sintiéndome más rica que antes. Durante semanas fui la extranjera, la que tenía un color de piel diferente, idioma diferente, costumbres diferentes; sin embargo siempre fui acogida, siempre encontré una sonrisa y un apretón de mano, nunca me sentí discriminada o fuera de lugar.
Ahora, encontrando por la calle a muchos emigrantes que viven en mi ciudad, me parece que los veo con ojos nuevos: trato de ponerme en su lugar. Esta parte de África que todos los días desembarca en Europa merece esa misma gran acogida que yo, en primera persona, aun siendo extranjera y blanca, recibí en Uganda: es compartir, es reciprocidad, es Ubuntu, es algo que va mucho más allá del simple respeto por quien “es diferente”. Que después, ¿es distinto de quién? Pocas horas de avión y “el distinto” eres tú, por otra parte te das cuenta de que todos somos mucho más similares de lo que creemos».
10 Feb 2013 | Sin categorizar

Fontem
«Hoy merece que contemos algo [de la historia] de Fontem, en Camerún. Su título podría ser: «A mí me lo hicisteis». Es una historia que parece un cuento.
En la selva de Camerún había un pueblo que había sido muy numeroso. Era casi todo pagano, pero con una gran dignidad, moralmente sano y rico de valores humanos. Era un pueblo naturalmente cristiano, podríamos decir. Se llamaba Bangwa, pero ahora estaba disminuyendo a causa de las enfermedades. El 98 % de los niños, en efecto, moría durante el primer año de vida.
No sabiendo qué hacer, esos africanos, con los pocos cristianos que había entre ellos, se preguntaron: «¿Por qué Dios nos ha abandonado?». Y concluyeron: «Es porque no rezamos». Entonces, todos de acuerdo, decidieron: «¡Recemos durante un año, tal vez Dios se acordará de nosotros!».
Rezaron, día tras día, teniendo en la mente sólo esta idea: «Pedid y se os dará; llamad y se os abrirá»(Mt 7,7). Y rezaron todo el año. Pero a fin de año no había sucedido nada.

Chiara Lubich, Fontem, 19.1.1969
Sin desanimarse, los pocos cristianos dijeron al pueblo: «Dios no nos escuchó porque no rezamos lo suficiente. ¡Recemos un año más!». Entonces, rezan otro año, un año entero. Pasa el segundo año y no sucede nada. Entonces se reunieron y se preguntaron: «¿Por qué Dios nos ha abandonado? Porque nuestras oraciones no valen delante de Dios. Somos demasiado malos. Hagamos una colecta, una recaudación de dinero, y mandémosla al Obispo para que haga rezar a una tribu más digna que la nuestra, para que Dios se apiade de nosotros».
El Obispo se conmovió, empezó a ocuparse y los fue a visitar y les prometió un hospital. Pero pasaron tres años y el hospital no aparecía. En un momento dado llegaron algunos focolarinos médicos. Y el pueblo de los Bangwa vio en ello la respuesta de Dios. A los focolarinos los llamaron: ‘los hombres de Dios’.
Estos se dieron cuenta de que en este lugar no valía hablar. No se puede decir en esas circunstancias: «Id en paz, calentaos y hartaos» (St. 2, 16). Aquí había que arremangarse y actuar. Y abrieron un consultorio en medio de dificultades indecibles.
También yo fui a visitarlos tres años después. Aquella multitud reunida en una vasta extensión, ante la casa del rey, el Fon, me pareció tan unida, tan ansiosa de elevación espiritual, que me pareció un pueblo preparado desde hacía tiempo, por María, para el cristianismo en su forma más íntegra y genuina. En aquel momento la zona ya era irreconocible. No sólo por los caminos y las casas que habían construido, sino también por la gente.
La obra precedente de los misioneros, que solo raramente podían visitar la región, había establecido bases muy sólidas. Ya habían nacido pequeños núcleos de cristianos aquí y allá, como una semilla que espera germinar. Pero ahora la marcha hacia el cristianismo había adquirido las proporciones de una avalancha. Cada mes los bautismos de adultos que nuestros sacerdotes debían administrar eran centenares, a pesar de una selección muy rigurosa.
Un inspector del gobierno, que había recorrido la región para inspeccionar las escuelas primarias, al final afirmó: «Todo el pueblo está fuertemente orientado hacia el cristianismo, porque ha visto cómo lo viven concretamente los focolarinos».
Y hay que destacar que la acción evangelizadora de los focolarinos durante esos tres años fue casi exclusivamente una cuestión de testimonio. Ha habido que trabajar mucho, es más, casi sólo trabajar y en condiciones muy difíciles: por la falta de medios adecuados, de personas capacitadas en el lugar, y por las dificultades de las vías de comunicación y de abastecimiento. Por tanto, nada de reuniones, nada de grandes jornadas o discursos públicos. Solamente algún diálogo personal en encuentros ocasionales. Sin embargo, todos los domingos, el ‘galpón – iglesia’ se llenaba cada vez más de gente. Junto al grupo de los cristianos, aumentaba el número de los animistas que querían acercarse al cristianismo. La iglesia ahora estaba repleta y era más la gente que participaba desde afuera que la que estaba adentro. Miles de personas oían la Misa, centenares se acercaban a comulgar.
La de Fontem, para nosotros, fue una experiencia sin igual. Nos pareció que revivíamos el desarrollo de la Iglesia en los primeros tiempos, cuando el cristianismo era aceptado por todos integralmente, sin límites y compromisos. Y la experiencia de Fontem empezaba a despertar el interés de muchas otras comunidades africanas, como la de Guinea, de Ruanda, de Uganda y de Kinshasa en Zaire[1],, de esta manera Fontem adquiría cada vez más su función de centro propulsor de una evangelización característica. Hoy Fontem es un pueblo grande, con todo lo esencial que comporta un pueblo. Y tiene también una parroquia.
Creyeron en los focolarinos, porque hicieron a Jesús lo que hicieron a los Bangwa, dando, en primer lugar, testimonio del amor entre ellos y luego hacia todo el pueblo».
Chiara Lubich
Fragmento de una coversación en el congreso del Movimiento de los religiosos – Castel Gandolfo, 19 de abril de 1995
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[1] Atual República Democrática del Congo.
14 Ene 2013 | Sin categorizar

“Jesús, estamos aquí (…) para pedirte ante todo una cosa grande ¡Señor!
Tú que has dicho: «Donde dos o más están reunidos en mi nombre [en mi amor], yo estoy en medio de ellos» (Mt 18,20), provoca en todos nosotros un gran respeto fraterno, una profunda escucha recíproca, enciende ese amor recíproco que permita, más aún, que merezca tu presencia espiritual en medio de nosotros. Porque, lo sabemos, Señor, sin ti no podemos hacer nada.
Pero, contigo en medio nuestro, podremos recibir la iluminación con tu luz, y podemos ser guiados durante este día (…).
Tú conoces (…) la llamada única aunque distinta, que cae sobre nosotros: trabajar, junto con otros muchos en el mundo cristiano, para que la comunión plena y visible entre las Iglesias se haga un día realidad. Sabemos que esto exige casi un milagro. Por eso te necesitamos a Ti, Jesús.
Nosotros por nuestra parte (…) no podemos dejar de abrirte nuestro corazón y desvelarte los sentimientos más profundos.
Sobre todo sentimos la necesidad de pedirte perdón, en nombre nuestro, y en el de nuestras hermanas y hermanos cristianos de todos los tiempos, perdón por haber roto sin consideración tu túnica y haberla convertido en tantos pedazos: y por la indiferencia de haberla mantenido así. Al mismo tiempo no podemos dejar de alimentar una ardiente esperanza en tu misericordia, mucho mayor que nuestro pecado, y capaz no sólo de perdonar sino de olvidar. De la misma manera no podemos negar una fe grande en tu inmenso amor, que sabe sacar bien de todos los males, si se cree en Ti y se te ama.
Todo esto nos quema en nuestro corazón, en este momento, Jesús, junto con el agradecimiento por todo lo que, con tu gracia, desde hace casi un siglo, los cristianos de muchas Iglesias, empujados por el Espíritu Santo, han hecho para un acercamiento recíproco mediante un diálogo de amor fecundo, un intenso trabajo teológico y una sensibilización general del pueblo por la necesidad de la unidad.
Por ello, – déjanos decírtelo, Señor – si bien ante la siempre viva y dolorosa situación de la todavía no plena comunión, sentimos ese optimismo cristiano que tu infinito Amor no puede dejar de provocar. De esta manera empezamos nuestro trabajo con la seguridad de que Tú, que sabes vencer al mundo, sabrás también ayudarnos y ayudarte a que un día mostremos Tu testamento realizado aquí en la tierra. Todo ello, por haber alcanzado la unidad, podrá dar testimonio al mundo de que Tú eres Rey y Señor de los corazones y de los pueblos. Amén”.
Chiara Lubich al Consejo Ecuménico de las Iglesias
Ginebra, 28 de octubre de 2002
Publicado en Città Nuova Editorial en el volumen titulado Il dialogo è vita Roma 2002, p.47-49 (la recogida de diversas intervenciones de Chiara Lubich durante su viaje a Ginebra en el 2002, con una fuerte signo ecuménico).
27 Dic 2012 | Focolare Worldwide
Todavía duele fuerte en el alma de los keniatas el dolor por las luchas sangrientas en las elecciones del 2007, más de 1000 personas perdieron la vida.
“No otra vez y nunca más” es ahora el grito que brota del corazón de todos, mientras que el País se prepara a las elecciones presidenciales de marzo del 2013.
Muchos jóvenes de convierten en conductores de iniciativas a favor de un año de paz. Suor Bernadette Sangma (directora del Istituto de la Pastoral Juvenil) y un grupo del Movimiento de los Focolares que trabaja en la Universidad Católica de Nairobi, se hacen eco de esta exigencia y lanzan la idea de crear una imaginaria “caravana de la paz” que una las voces de los universitarios de Nairobi y haga brecha en la opinión pública. Como símbolo de este “terremoto de paz”, piensan en una canción ¡que se escuche fuerte en toda la nación!
Este es el pedido que le llega al Gen Rosso. Con el Tangaza College nos une una amistad profunda, gracias a la gira del 2007 y la vuelta a Kenia de algunos de nosotros en el 2009 para dar clases y workshop bajo la consigna de una “música con valores”. Colaborar se ha convertido en una tradición. ¿Cómo no responder entonces a esta nueva invitación?
Rápidamente nace la canción:
“Jivunie nchi yako, kabila si silaha
Nyuma twasema, kamwe haturudi
wito wetu ni umoja”:
“¡Debes estar orgulloso de tu nación! La tribu no es un arma. Al pasado no volvemos más. Nuestra aspiración es ser uno”
El Tangaza College y la Universidad Católica comienzan a “reclutar” chicas y chicos de varias universidades de la capital.
Otros jóvenes de otras localidades se unen al proyecto. Crece el entusiasmo. Magdalene Kasuku, joven periodista, presenta “Jivunie” en la ceremonia oficial de las Funciones de Estado y de la gran celebración del 49º año de la Independencia de Kenya, el 12 de diciembre en el “Nyayo Stadium” de Nairobi. La canción es recibida con entusiasmo y propuesta por el gobierno para la gran manifestación, en presencia del presidente Emilio Mwai Kibaki.
Grabamos “Jivunie” con el coro para que sea “keniata” con todos los efectos y para dejarla como audio constante para todas las iniciativas que se realizarán desde ahora hasta el próximo marzo. Ponsiano Pascal Changa crea una coreografía para la “performance” del 12. Queremos un coro que dance y despliegue fuerza y alegría con los movimientos de los jóvenes.
Logramos grabar todo, realizar el mensaje y preparar la coreografía ¡en apenas tres días!
Para esa ocasión se forma el grupo “Kenya Youth for peace” (Juventud de Kenya por la paz), integrado por 120 jóvenes. La coreografía entusiasma por su fuerza y frescura. Los jóvenes cantan y danzan en el estadio colmado de gente. “Jivunie: “¡Sean valientes! Somos hermanos y hermanas de una única nación!”
Nosotros sentimos la alegría de haber dado a los jóvenes de Kenia un palco escénico donde decir a todos quienes son, expresar su infinito deseo de un mundo de paz. Nos hemos hecho familia con ellos. Familia: experiencia que Africa puede donar a la humanidad completa».
Beni Enderle
15 Dic 2012 | Sin categorizar
«En la situación que Siria está viviendo – desgarrada por un conflicto alimentado por la ignorancia, por la división y el sectarismo confesional-, como padre y marido tuve que decidir si quedarme en el País que amo o emigrar por el bien de mi familia.
Hacía algunos meses que había comprado los boletos de avión y comenzado los trámites necesarios para irnos, pero, en el fondo del corazón, no estaba tranquilo, aunque tenía una oportunidad de trabajo en Beirut. Sentía que tenía una misión que ofrecer por mi gente y por mi País. En ese momento la situación en Aleppo, mi ciudad, no era tan grave pero todos sentíamos que lo peor estaba por llegar. Y, fue así, la situación se precipitó rápidamente.
Al principio, decidí que se irían para Beirut mi esposa y mis hijos y que yo me quedaría solo en Aleppo. Pero mi esposa no estaba de acuerdo: “¡O nos vamos todos o nos quedamos todos juntos!” Por eso, en lugar de dejar el País para protegernos del caos y de la muerte, elegimos juntos como familia, quedarnos.
No soy una persona acostumbrada a rezar, pero sentí en ese momento que Dios me pedía algo. Fui a la Iglesia y le ofrecí a El mi vida y la vida de mi familia: «Nuestro futuro está en Tus manos». Me sentí inundado por una gran paz interior a pesar de la tensión que se respiraba.
Con algunos amigos cristianos tratamos de comprender las necesidades de nuestra comunidad tratando de responder con ayudas, incluso simples. Un día, mientras estaba trabajando en la reparación de la Iglesia, me puse a hablar con el párroco de las difíciles condiciones de vida de muchas familias y del problema de encontrar la leche para los niños. Enseguida nos pusimos a buscar este alimento básico, pero en los supermercados no había más. Al final, logramos conseguir solo cuatro cajas. ¿Cómo hacer para asegurarle la leche a los niños de esas familias que pertenecían a la clase media pero que ahora no tenían ningún ingreso? Sin programas en la cabeza comenzamos a anotar las necesidades. Al principio, en la lista figuraban 300 familias! Pedimos donaciones a mucha gente, recibiendo solo 300 L.S. (equivalente a cuatro dólares). Era imposible hacer algo con una cantidad tan irrisoria, pero fue justo en ese momento que una persona, que conoció esta situación, intervino cubriendo todas las necesidades urgentes a través de la Caritas de Siria!
Un día preparé una canasta de alimentos, como si fuese para mi familia. Luego se lo llevé a una persona que, con sorpresa, no lo quería. Pero cuando le dije: «Esta canasta la preparé para mi y lo que es mío es tuyo», conmovida lo aceptó.
Mientras tanto, las familias más necesitadas habían aumentando, pasando de 300 a 1.500, por lo que no lográbamos asegurarles ni siquiera los productos de primera necesidad. Pensamos, entonces, pedir ayuda a la organización humanitaria “Media Luna Rosa”. Cuando nos preguntaron si ofrecíamos ayuda a gente de todas las confesiones religiosas, estaba presente, por casualidad una persona que conocía el Centro para los niños sordomudos que dirijo con mi esposa y sabía que nos ocupamos de los musulmanes y de los cristianos del mismo modo. Hizo así un gesto de consentimiento al responsable de la Asociación que nos permitió tener acceso a sus almacenes. ¡Fue grande la sorpresa por la gran cantidad de ayuda recibida!»
Jean – Aleppo
Fuente: Città Nuova online