Movimiento de los Focolares
En Tonadico con los hindúes

En Tonadico con los hindúes

«Después de tres años, aquí estoy nuevamente en Tonadico, en el valle de Primiero (Italia del Norte). Con nosotros están los amigos hindúes, que han venido de la India para una “peregrinación” a las fuentes del carisma de la unidad. Son viejos conocidos, sobre todo del mundo académico, con quienes desde hace años compartimos momentos de estudio y de vida, el último de los cuales en enero pasado, cuando estuve en Mumbai. Es una alegría volverse a encontrar juntos. Son personas fascinadas por Chiara Lubich, que quieren profundizar en el conocimiento de su experiencia mística. Y ¿qué ambiente puede ser más apto que Tonadico, en donde Chiara en 1949 tuvo una extraordinaria experiencia de luz? El encuentro empieza con una profunda comunión en un gran espíritu de familia. La mística une las religiones en lo más profundo. Los caminos que cada religión recorre, con los medios que pone a disposición, conducen al corazón del Misterio, único para todas ellas. Los caminos y los instrumentos son distintos, pero el punto de llegada es el mismo, por eso en la mística hay convergencia y nos encontramos unidos. Los lenguajes y las formas, también, son muy diferentes, pero los símbolos son comunes: el sol, la llama, el oro, la nada, el todo… y a través de ellos nos entendemos. Sabemos que “el Camino” es Jesús, pero él, de la manera que sólo él conoce, se hace “Caminante” con todos y conduce a todos al Padre. Entonces, ¡nos deseamos un buen viaje!» El Padre Fabio Ciardi es profesor en el Instituto de Teología de la vida consagrada “Claretianum” (Roma) y director del Centro de estudios de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Actualmente es responsable de la Escuela Abba, Centro de estudios interdisciplinarios fundado por Chiara Lubich en 1990, con el aporte del obispo Klaus Hemmerle (3 de abril de 1929 – 23 de enero de 1994), conocido teólogo y filósofo. Su objetivo es profundizar el carisma de la unidad desde diferentes puntos de vista. Fuente: Blog F. Ciardi


Ver video

16 de julio de 1949

16 de julio de 1949

Al comienzo del período de mayores iluminaciones [de Chiara Lubich] podemos ponerle una fecha: el 16 de julio. En efecto, ese día llegó a Tonadico (en las montañas de la zona de Trento, en el Norte de Italia, ndr) Igino Giordani. Se alojaba en el Hotel Orsinger, y tenía que dar una conferencia en la sala de los padres capuchinos. Giordani, «enamorado de Santa Catalina», siempre había buscado una virgen a la cual seguir. Seguro de que la había encontrado en Chiara, le propuso hacerle un voto de obediencia, pensando que de esa manera obedecería a Dios. Agregó que se iban a poder hacer santos juntos, como San Francisco de Sales y Juana de Chantal. Chiara no entendía: el Movimiento no existía, no se hablaba de votos; y además, percibía que ella había nacido para el «que todos sean uno». Estaba tentada de no darle importancia a ese deseo, pero tuvo la impresión de que una gracia era al origen de esas palabras, una gracia que no podía perderse. Le dijo entonces: «Tú conoces mi vida, yo no soy nada. De hecho, quiero vivir como Jesús Abandonado que se anuló completamente. Tú tampoco eres nada porque vives de la misma manera. Pues bien, mañana iremos a la iglesia y a Jesús Eucaristía que estará en mi corazón, como en un cáliz vacío, le diré: “Sobre la nada de mí, haz tú un pacto de unidad con Jesús Eucaristía en el corazón de Foco. Y tú, Jesús, haz que nazca ese vínculo que tú crees debe nacer”. Y tú, Foco, haz lo mismo». Hicieron así. Giordani, de allí, se dirigió hacia la sala en la que debía hablar, mientras que Chiara se sintió impulsada a volver a la iglesia. Delante del tabernáculo, se dispuso a rezarle a Jesús, pero en ese momento sintió que no lo podía hacer, sintió que estaba totalmente identificada con el hijo. Sintió que sus labios pronunciaban una palabra: «Padre». Entendió que su vida religiosa debía ser distinta a la que había vivido hasta ese momento: no dirigida a Jesús, sino al lado de Jesús, Hermano, dirigida al Padre.   Armando Torno, “PortarTi il mondo fra le braccia. Vita di Chiara Lubich”, Città Nuova, Roma, 2011. Cit. pp. 45-46.

El pacto de unidad

El pacto de unidad

En el siguiente texto, publicado integralmente en la Revista Nuova Umanità XXXIV (2012/6) 204, Chiara Lubich describe el “pacto de unidad” estrechado con Igino Giordani (a quien ella llamaba Foco) el 16 de julio de 1949, que fue el preludio de la experiencia espiritual y mística de ese verano. «Vivíamos esta experiencia cuando vino a la montaña Foco.Foco, enamorado de Santa Catalina, siempre había buscado en su vida a una virgen a la cual poder seguir. Y ahora tenía la impresión de haberla encontrado entre nosotros. Por eso, un día me hizo una propuesta: hacerme el voto de obediencia, pensando que, haciendo así, habría obedecido a Dios. Añadió también que, en este modo, podíamos hacernos santos como San Francisco de Sales y Santa Giovanna de Chantal. Yo no comprendí en aquel momento ni el porqué de la obediencia, ni esta unidad entre dos. Entonces no existía la Obra y entre nosotros no hablábamos mucho de votos. La unidad entre dos, además, no la compartía porque me sentía llamada a vivir el «que todos sean uno». Pero al mismo tiempo me parecía que Foco estuviese bajo la acción de una gracia, que no se debía dejar perder. Entonces le dije más o menos así: «Puede ser verdaderamente que cuanto tú sientes venga de Dios. Por eso tenemos que tomarlo en consideración. Pero yo no siento esta unidad entre dos porque todos deben ser uno». Y añadí: «Tú conoces mi vida: yo soy nada. Quero vivir, de hecho, como Jesús Abandonado que se ha anulado completamente. También tú eres nada porque vives de la misma manera. Pues bien, mañana iremos a la Iglesia y a Jesús Eucaristía que vendrá a mi corazón, como en un cáliz vacío, yo diré: ‘Sobre mi nada pacta Tú unidad con Jesús Eucaristía en el corazón de Foco. Y haz, Jesús, que surja ese vínculo entre nosotros que Tú sabes'». Después añadí: «Y tú, Foco, haz lo mismo»». Continua en: Centro Chiara Lubich

Dios no es un personaje lejano

Dios no es un personaje lejano, al que uno se puede acercar sólo a través de un protocolo. Él escucha a quienes son especialmente pobres, especialmente pequeños, especialmente humildes con especial atención. (Del volumen Elegido por los hombres, p. 113) Cuantas más cosas tengo que hacer, tanta más necesidad tengo de la oración. Y entonces descubro una cosa: cuando yo empleo, “malgasto” mi tiempo en permanecer en Dios, sucede una “milagrosa multiplicación del tiempo”; gracias al tiempo donado a Dios, tengo más tiempo a mi disposición o por lo menos, un tiempo mejor, más disponible, más rico de amor para donar a los demás. El tiempo se convierte como en un collar de perlas, hecho de momentos preciosos que puedo vivir, y llevar a plenitud en el recogimiento y la dedicación a los demás. (Del volumen Elegido por los hombres, pp. 109-110) Se podría definir “grano de sal” de la oración cristiana el punto en el que la distinción que caracteriza lo que es cristiano parece más claro y evidente: es decir, cuando en la oración dirigida a Dios está presente siempre el hermano, el otro; cuando al decir yo en el orante está siempre incluido el decir nosotros. (Del volumen Elegido por los hombres, p. 114) Quizás a veces es bueno no querer otra cosa que permanecer en silencio. Sólo entonces, de hecho, notamos el flujo de pensamientos, de impresiones, de ideas que nos atraviesan. Estamos como inmersos en una marea que crece y que incesantemente nos aleja de nosotros mismos, no nos permite llegar a nosotros mismos. Para la oración no es determinante que alcancemos este silencio absoluto. Ella puede ser incluso “justa” si, a pesar de todo nuestro esfuerzo, no lo logramos. De hecho, en cierto modo comprendemos que también en ese flujo indistinto, confuso, imperfecto e incompleto, soy siempre yo mismo, yo que me doy y me aban-dono a mí mismo, no soy yo quien me conozco, no soy yo quien me poseo, sino tú en mí, en lo más profundo de mi yo interior, Tú que me conoces y me escrutas, tú quien sabes quién soy y qué es bueno para mí y me respondes con tu sí, te diriges a mí diciéndome: Tú. (Del volumen Das Wort fur uns, pp. 91s.)                                                                  De: Klaus Hemmerle, “La luce dentro le cose, meditazioni per ogni giorno”, (“La luz dentro las cosas, meditaciones para cada día”) Città Nuova, 1998.

En la Tierra hay una sola humanidad

En la Tierra hay una sola humanidad

«Los muros dividen naciones, culturas y personas. Crecí frente al muro que separa por un lado los Estados Unidos y por otro México. Me llamo Noé Herrera y nací en una ciudad de México, cuyo nombre, Mexicali, viene de México y California. Desde pequeño, me preguntaba por qué es tan difícil atravesar la frontera con los Estados Unidos. Estos dos países tienen muchos rasgos comunes en su cultura, como la comida, la lengua e incluso aspectos económicos. Tengo muchos amigos en ambos lados y mucha gente, como yo, va y viene de México a Estados Unidos y viceversa. Sin embargo, he visto que esta frontera representa un motivo de grandes sufrimientos para nuestros países. Lo vi en muchas familias que se separaron, en los inmigrantes que luchan por encontrar un futuro mejor, en los muchos prejuicios que hemos creado. Pero he visto que la gente es indiferente a esta situación. ¿Por qué? Porque nos hemos acostumbrado a ver esta división». «No hice la misma experiencia que Noé con el muro, puedo decir que desde los Estados Unidos es más fácil atravesar la frontera, que al revés. Me llamo Josef Capacio. Vivo en una ciudad del sur de California, San Diego, cerca de la frontera. Yo también vi la división en los Estados Unidos, pero por suerte aprendí, desde cuando era muy joven, a vivir por la unidad. A lo largo de los años una nueva percepción del mundo se abrió camino dentro de mí. Creciendo, expuesto a la multiculturalidad, no sólo la tolero ahora, sino que la he hecho mía. Pienso que es parte del motivo por el cual Noé y yo nos hicimos amigos. Yo no soy solamente Josef, norteamericano, nacido en una familia emigrada de las Filipinas, y él Noé, de la gran estirpe mexicana. Somos todo esto y algo más aún. Somos dos ciudadanos del mundo. Y no olvidaré nunca cómo nos conocimos. Tras haber pasado un año lejos de mi casa, y habiendo estado en una escuela de formación para jóvenes de los Focolares en Italia, me había entusiasmado con la idea de volver a casa y sostener nuestras iniciativas en California. Un amigo me sugirió que me uniese a un proyecto en Mexicali. Siendo honesto, al principio, no me gustaba la idea. Pero me mordí la lengua y lo escuché. Afortunadamente, después de haber conocido a Noé, me decidí a ir con algunos amigos. Ese día no se puede describir con palabras; fue una maravilla.» «El objetivo era mostrar nuestra visión de un mundo unido a través de una carrera simultánea a lo largo del muro. Había unas 200 personas de los dos lados, con un único mensaje: “Podemos estar divididos por un muro, pero estamos juntos para construir un mundo unido”. Mucha gente, de todas las edades, adhirieron y desde entonces se ha vuelto una cita anual en la que hemos involucrado a los gobiernos locales, de ambos lados. Después de ese primer gran evento, nuestro objetivo se volvió más visible. Josef y yo, con otros amigos de nuestros países, tuvimos la oportunidad de trabajar juntos en muchas actividades sociales, y también con el tiempo, hemos desarrollado relaciones de fraternidad y de verdadera amistad con nuestros vecinos más allá de la frontera. Descubrí que nuestros valores, objetivos y visión del mundo son muy similares. Somos todos iguales y puedo amar a su país como al mío». «Saqué esta foto durante uno de nuestros eventos, que me inspiró esta idea: “Hay, por distintos motivos, fronteras físicas, geopolíticas, económicas, de seguridad. Pero en nuestros corazones no hay barreras. Somos un único pueblo y queremos un mundo unido”. Los que tuvieron el privilegio de mirar a nuestro planeta desde el espacio hablan a menudo de una nueva percepción de la vida humana, en la Tierra. Desde allá arriba no hay fronteras. Desaparecen. Son invisibles, inexistentes. Los motivos por los que seguimos haciendo guerras se vuelven pequeños. Un astronauta llegó a decir incluso: “Desde aquí se ve claramente que sobre la Tierra somos una única humanidad”».