26 Oct 2017 | Sin categorizar
Un grupo de jóvenes arquitectos colombianos, estudiantes de la Universidad de “La Salle” de Bogotá e italianos de la Universidad “G.D’Annunzio” de Pescara, están trabajando en Colombia en una nueva etapa del taller itinerante “Habitandando”, organizado por la red del Movimiento de los Focolares Diálogos en Arquitectura. Desde el 24 al 28 de octubre realizarán un recorrido desde Bogotá hacia el interior del país, con etapas en algunos pueblos coloniales y de la llanura amazónica. Desde el 30 de octubre al 5 de noviembre tendrán una semana de estudio-trabajo en el barrio Altos de Cazuca, en la periferia de Bogotá. Es una zona marginal, donde faltan infraestructuras primarias, conocida por los problemas vinculados a la seguridad. El objetivo es el de proyectar y experimentar, a través del diseño creativo y el trabajo en colaboración, soluciones arquitectónicas y urbanísticas orientadas a generar cambios y a crear espacios para la comunidad del lugar. Un contexto extremo, en el límite de los recursos, de las posibilidades tecnológicas, de la sustentabilidad ambiental, social y cultural.
26 Oct 2017 | Focolare Worldwide
Actualmente es uno de los bancos rurales más grandes de Filipinas. Pero cuando Francis Ganzon (67 años), asumió la gerencia, en 1989, tenía sólo una filial. Desde entonces, la Institución se ha dedicado al sostenimiento y potenciamiento de pequeñas y medianas empresas (PMI), mediante la oferta de servicios financieros de calidad, “con una fuerza laboral unida a Dios”, como se lee en la página web del banco, en su “misión”. Después de graduarse en Derecho, Ganzon, se dedicó a salvar una Institución, el Ibaan Rural Bank, Inc. (IRB), que se había visto involucrado en casos de fraude. «Promoví un estilo de trabajo diferente, enfocado en el respeto de la ley, en la profesionalidad y en la centralidad de las personas, y nuevas prácticas en línea con los valores cristianos». Ganzon hizo propio el espíritu de la Economía de Comunión, la red internacional de empresarios comprometidos en poner en práctica la Doctrina social de la Iglesia. «Después, creamos la fundación Ibaan Rural Bank, con el objetivo de extender los programas de microcréditos también a estudiantes destacados pero en dificultad económica, mediante un programa de becas. La crisis financiera asiática de 1997 afectó también a nuestro banco, pero no tuvimos que cerrar gracias a la confianza de nuestros clientes. Ese mismo año, el banco celebró 40 años de vida y le cambiamos el nombre por Bangko Kabayan, haciendo un esfuerzo ulterior para ofrecer a las personas necesitadas de ayuda la posibilidad de tener acceso a microcréditos para elevar su tenor de vida».
«Muchos clientes – continúa Ganzon – no disponían de las garantías subsidiarias, Pero para nosotros seguían siendo personas dignas. Esto creó relaciones de confianza recíproca: el banco confiaba en las personas, concediéndoles préstamos, y los clientes confiaban en el banco. De este modo el Bangko Kabayan ha tenido un fuerte impacto social, mejorando la vida de muchas personas y de tantas pequeñas empresas. Seguidamente, se ha convertido en una proveeduría de crédito preferencial para las PMI de la región, abriendo 23 filiales en las provincias de Batangas, Quezon y Laguna». Para el futuro inmediato, el Bangko Kabayan se ha comprometido a construir una cartera equilibrada de préstamos y tesorería y a invertir ulteriormente en nuevas tecnologías, en especial en el Internet banking. Bangko Kabayan ya recibido varios reconocimientos. En el 2007, el del mejor Capital Build-up en los Premios Landbank y fue incluida entre las mejores 100 instituciones, a nivel mundial, de microcrédito. Del 2008 al 2011 y también en el 2013 y en el 2015, fue nombrada, para la región donde tiene su sede, aliada del Banco de la Tierra de Filipinas. Además ha sido incluida en la lista de entes Micro-financieros que han recibido el premio MF EAGLE por sus servicios bancarios desde el 2003 al 2007 y también en el 2010 y en el 2011. «La determinación y la integridad siempre serán recompensados» concluye Ganzon. «Espero con ansias el día en el cual las transacciones bancarias pueden ser aprobadas con un apretón de mano en lugar de los papeles».
25 Oct 2017 | Sin categorizar
Se está realizando en estos días la gira brasilera del conjunto musical Gen Rosso “Toda vida tiene esperanza”, organizado por la Fazenda da Esperança. Ahora, luego de una primera etapa en Joinville, en el Estado de Santa Catalina, la gira prosigue en el Centro y Norte del país. Joinville, a diez horas de bus de San Pablo, es una ciudad moderna, punto de referencia para todos los amantes del baile, no sólo suramericano. A parte de Moscú, es la única ciudad en el mundo que alberga una escuela del Teatro Bolshói, donde se enseña con el antiguo método ruso. En la ciudad de la danza, del 24 de septiembre al 1 de octubre pasado, nueve bailarines y bailarinas del Bolshói y otros cuatro de la escuela del Centro de Cultura contribuyeron a la realización del musical. Streetlight es un proyecto original, que involucra en el escenario a más de 200 jóvenes con problemas de adicción a las drogas. Tres días de intenso trabajo, aprendiendo y puliendo pasos y música, codo a codo artistas y jóvenes, bajo el lema el uno por el otro. Al finalizar, se abre el telón y el espectáculo empieza. No se trata de un trabajo “para” los jóvenes, sino “con” ellos, como puso de relieve TV Globo – el canal de televisión con más audiencia en Brasil – que dedicó una promo y entrevistas al proyecto. Simultáneamente, en un taller dedicado a los educadores y a los trabajadores sociales de la ciudad, se afrontaron temas que se refieren a los procesos psicológicos, sociales y familiares relacionados con la recuperación de las distintas formas de adicción.
Padre Luiz, actual presidente de la Fazenda, Angelucia, Nelson e Iracì, entre los pioneros de la “fábrica” de esperanza que desde Brasil se ha difundido en toda América Latina, y hasta en Filipinas, África, Rusia y Europa central, trabajan codo a codo con el Gen Rosso, que para esta ocasión se presenta con una conformación más amplia, que involucra también a otros miembros de la comunidad del Focolar del lugar. El entusiasmo de los jóvenes que se desempeñan en el escenario, llega a las nubes. «¡Vale la pena tratar de superar los propios límites! Agradezco a la Fazenda por habernos brindado esta oportunidad de trabajar con el Gen Rosso». Tomado por la música y el ritmo, un joven, quien fue jefe de una pandilla violenta, observa: «Para mí, la adrenalina que experimentaba cuando hacía el mal, era lo máximo. Sin embargo me he dado cuenta que se puede ser aún más felices cuando se hace el bien, sin drogas ni alcohol. Para mí es una novedad».
William, de la escuela del Bolshói: «Aprendí que se puede bailar, además que con la técnica y la disciplina, también con el corazón. Una experiencia de alegría y al mismo tiempo de armonía que se expresa también con la sonrisa». Una bailarina del Centro de Cultura: «Nuestra profesionalidad se encontró con la fuerza de la experiencia de vida de muchos jóvenes: una sorpresa para mí y un milagro del arte el uno por el otro». También de parte del público llegan comentarios que expresan sorpresa y entusiasmo: «Vi toda la ciudad involucrada». «Éste es arte que se convierte en servicio a la sociedad». «Ustedes han consolidado la unidad entre las distintas comunidades civiles. Una experiencia muy valiosa que tenemos que continuar en el futuro». Además, en cada una de las ciudades incluidas en la gira, se ha constituido un grupo de trabajo para conectar entre ellas las distintas instituciones sociales que se encargan de formación y recuperación de las drogas y de las adicciones. Después de los conciertos estos grupos se consolidan y fortifican. Para que no se apaguen las luces encendidas por el camino. Video de Streetlight
24 Oct 2017 | Sin categorizar
Los autobuses repletos de jóvenes transitaban con esfuerzo por las estrechas callejuelas que suben desde Incisa Valdarno (Florencia) hacia Loppiano. Una fila interminable e inesperada que ponía en riesgo la organización prevista, pero ¡nadie esperaba que llegaran 10.000 personas a la que que se convertiría en una gran fiesta destinada a repetirse durante años en ciudades distintas del planeta! Fue una auténtica invasión, que dejó con la boca abierta y los ojos desorbitados a los pocos habitantes de ese pequeño pueblito toscano.

P. Pasquale Foresi leyó un mensaje de Paulo VI
¡Nació, en un día primaveral, bajo un fuerte sol que quemaba los rostros y los corazones (después de una vigilia de lluvia y viento), el primer Genfest de la historia! Y ¡yo estaba! Sí, ¡yo estaba! “Vivir para contarlo” diría, García Márquez. Recuerdo ese anfiteatro natural de Loppiano, repleto de jóvenes provenientes de Italia y de algunos países europeos (que traían a sus espaldas muchas horas de viaje), así como de representantes de muchos países del mundo. Como yo, que venía de Argentina. La fiesta de la “generación nueva” (de ahí el nombre Genfest) que se auto-convocó siguiendo la invitación de Chiara Lubich de vivir para construir un mundo unido, empezó con una canción del conjunto internacional Gen Rosso, del que formaba parte. Canciones, danzas, testimonios, intervenciones… todo era motivo de fiesta, mientras se instalaba en el corazón la certeza de que el mundo un día será unido, también gracias al aporte de cada uno de nosotros. 
Participantes de Sud Africa

El grupo argentino
Entre todos, se destacó la intervención del p. Pasquale Foresi quien nos leyó un mensaje de Pablo VI en el que el Papa se manifestaba complacido por el Genfest y manifestaba el augurio de que el evento “contribuyera a formar una conciencia siempre más clara de la responsabilidad que el Evangelio comporta en la propia vida”. Eran los tiempos de la contestación juvenil y el Padre Foresi presentó el Evangelio como la más grande “revolución” social. Pensé en mis primas, quienes también perseguían una revolución social, siguiendo las huellas del Che Guevara, algunos años después “desaparecidas” (se habla de 30.000 “desaparecidos” en Argentina, la mayoría jóvenes). Quizás por este hecho una canción me impresionó mucho. Había sido compuesta y cantada en la explanada dos años antes por Paolo Bampi, un joven trentino muerto poco después a causa de una grave enfermedad. Aun no habiéndolo conocido personalmente, a través de su canción, había nacido con él una relación ideal, que me parecía que me vinculaba con el Cielo: “¿Qué quieren, qué buscan… ¿Quieren un Dios? ¡Soy yo! ¿Quieren un Hombre? ¡Soy yo!”. Sentía que, como él, en Jesús había encontrado el Camino. Recuerdo que en un momento dado subió al escenario una mujer con una sonrisa serena y actitud titubeante ante el micrófono. Su silencio se esparció como una mancha de aceite en el prado y los 10.000 jóvenes parecían una sola persona. Empezó a hablar con una fuerza increíble: “Dios es amor y nos ama inmensamente”. Era Renata Borlone, una de las primeras que siguieron el camino del focolar, hoy declarada sierva de Dios. Con Antonio, también él argentino, cantamos Humanidad. “Una nueva aurora que se acerca…, despierta Humanidad, saluda al nuevo sol que se levanta…”. Concluíamos dirigiéndonos a Dios con un “grítanos bien fuerte: crean en el Amor”. Los rostros enrojecidos por el sol, a pesar de los sombreritos chinos que habíamos improvisado en tiempo récord, evidenciaban la “marca” fortísima que había quedado en nuestras almas. Regresamos con la certeza de que “se acerca una nueva aurora”, que un mundo unido es posible porque lo experimentamos entre nosotros en ese histórico 1° de mayo de 1973.
Gustavo Clariá
23 Oct 2017 | Sin categorizar
Regreso «Papá murió cuando tenía 14 años. Mi mamá, mucho más joven que él, nos hacía sufrir mucho a nosotros, sus hijos: ella salía con los amigos, tomaba… Hasta que nos abandonó, para juntarse con una persona que se dividía entre ella y otra familia. Cuando mis hermanos se casaron, me encontré viviendo sola y culpaba a mi madre de todos mis sufrimientos. No lograba perdonarla. Sin embargo yo decía que era cristiana. Cuando me di cuenta que ella no podía darme lo que ella a su vez no había recibido, me resultó claro que era yo quien debía tomar la iniciativa, dado que yo había recibido la gracia de conocer la vida del Evangelio. Fue un proceso lento. Comencé llamándola por teléfono de vez en cuando, la visitaba llevándole algún regalito, y rezaba por ella. Si bien antes me sentía víctima de las circunstancias, ahora estaba descubriendo que la verdadera felicidad es amar sin esperar nada a cambio. También la relación con su compañero poco a poco es más serena y trato de no condenarlo. Ahora estoy haciendo de puente entre mis hermanos y mi mamá, con la seguridad de que poco a poco también ellos volverán a ella» (Alenne – Brasil) Una taza de te «Estaba en una cafetería cuando vi que una señora anciana pedía una taza de té. Era muy pobre y el dueño del local, imaginando que ella no habría podido pagar, se la negó. En el bolsillo tenía poca plata, pero alcanzaba: así habría hecho Jesús, pensé. Entonces le dije al dueño del bar: «Dale el te a la señora, yo pagaré». Con gran sorpresa mía, respondíó: «No sería justo. Tu generosidad me hizo comprender que es mucho más simple para mi, que soy el dueño del local, yo se lo ofrezco». ¡Sólo hacia falta comenzar!». (John Paul- Paquistán) Amor centuplicado «Hace varios años que trabajo en un centro para drogadictos, casi todos jóvenes, que a pesar de su fragilidad y sufrimientos, luchan para reinsertarse en una vida normal. Cada jueves trabajamos juntos en la cocina, preparando el almuerzo. Pensaba que yo sería útil para ellos. En cambio me di cuenta que el amor que daba se me devolvía centuplicado. Comprendí que si nos esforzamos en recibir al hermano así como es, con sus debilidades y sus momentos dolorosos, como haría Jesús, con ojos de misericordia, podemos experimentar la esperanza en un futuro más sereno». (Graziella – Italia) Mi límite «Cuando hablo en público me tiemblan las manos y se me nubla la mente. Traté de aceptarlo y me puse, en cambio, a hacer algo concreto por los demás. Comencé con pequeños gestos: ayudar a mi madre en las tareas de la casa, o a mis hermanos en sus tareas escolares, o también llamando a mi abuela que vive sola o yendo a visitarla para llevarle flores o una torta. En la universidad trato de preocuparme por los que tienen menos éxito en los exámenes. Haciendo así mi vida no solamente cambió sino que además casi me olvidé de mi límite» (J.M. – Alemania)