3 Jun 2017 | Sin categorizar
Un gracias por parte del papa Francisco, una constatación y un deseo: «Gracias por lo que hacen, por trabajar por la unidad de los cristianos, todos juntos, como el Señor quiere. Caminamos juntos, ayudando a los pobres juntos, caridad juntos, educar juntos: todos juntos». Además: «Y que los teólogos trabajen por su parte y nos ayuden. Pero siempre en movimiento, nunca parar, nunca detenerse; y juntos. Es lo que espero, doy gracias porque sé que lo hacen». Palabras que Maria Voce, invitada con líderes evangélicos a participar en la audiencia, comentó: «Ha sido un encuentro muy breve, pero personalizado; el Papa ha saludado a todos, uno por uno y nos ha querido a todos en círculo en el Consistorio justamente para poder saludarnos personalmente. Después se detuvo unos minutos para expresarnos su gratitud por esta visita. Me ha parecido una señal de estima, una muestra de cariño hacia él, del que estaba muy contento. Ha dicho, sobre todo, que el deseo de su corazón es caminar juntos. Decía que este ecumenismo es el de caminar juntos y agradeció a los participantes porque, dijo, sé que lo hacen. Debemos seguir caminando juntos. Los teólogos nos ayudarán a comprender las diferencias, a encontrar el modo de superarlas, pero lo importante es que caminemos juntos, porque la voluntad de Dios es que todos seamos uno. Este es su mensaje. Estaba muy a gusto, muy feliz de saludar a todos». El Papa Francisco ha dado cita para la tarde en el Circo Máximo. En la víspera de Pentecostés, se hará una vigilia por los 50 años de la Renovación Carismática Católica, organizada por el International Catholic Charismatic Renewal Services y por la Catholic Fraternity. Comunicado de prensa
3 Jun 2017 | Sin categorizar
« Es increíble lo que el Espíritu Santo realiza: miren a los apóstoles. La Iglesia había sido fundada por Jesús en la cruz, pero en realidad ellos estaban atónitos, tímidos, asustados, encerrados en casa. Desciende el Espíritu Santo y helos ahí con un valor inmenso por las calles y plazas hablando con un fuego tal, que parecían ebrios: afrontan intrépidos todas las persecuciones y se lanzan por el mundo. Éste es un ejemplo, si bien de extraordinaria magnitud, de lo que realiza este Espíritu divino. Por no hablar de todo lo que ha sucedido bajo su impulso durante 20 siglos de vida de la Iglesia: milagros de luz, de gracia, de transformación, de renovación. Pensemos en los Concilios, pensemos también en los distintos Movimientos espirituales que siempre suscitó en el momento oportuno […]. Aunque con las debidas proporciones, ¿no ha sucedido algo similar también en nuestra Obra, también en nosotros, cuando este Espíritu divino nos revistió con el don de uno de sus carismas? ¿Qué horizonte tenía nuestra vida, antes de que eso sucediera, sino el de personas que no veían más allá de su propio barrio, con afectos limitados casi exclusivamente al ámbito de la propia familia […]. Si poco o mucho se ha renovado a nuestro alrededor, ¿acaso no es por obra del Espíritu Santo, que sabe renovar la faz de la Tierra? Sí, ha sido Él. Es misión suya mover e impulsar las cosas, hacer trabajar la gracia, la vida divina que Jesús nos procuró. Es característica suya infundir fuerza y ánimo. Entonces, si es así, si le debemos tanto, tenemos que dejar más espacio al Espíritu Santo en nuestra vida. […]. Que éste sea, por tanto, el pensamiento que ilumina nuestro próximo camino: «Honremos al Espíritu Santo amando, respetando y sirviendo a cada prójimo nuestro». (15/9/1983) «¿El Espíritu Santo está dentro de nosotros? ¿Habla a nuestro corazón? Seamos discípulos atentos y asiduos de este gran Maestro. Prestemos atención a sus misteriosos y delicadísimos toques, no desperdiciemos ninguna de sus posibles inspiraciones […]. Recordemos que las ideas que florecen en la mente de una persona que se ha propuesto amar, son a menudo inspiraciones del Espíritu Santo. Y, ¿para qué nos las da? Para beneficiarnos a nosotros y al mundo a través de nosotros, con el fin de que llevemos adelante nuestra revolución de amor. Atención pues: cada idea, sobre todo si creemos que puede ser una inspiración, considerémosla como una responsabilidad que hay que acoger y poner en práctica. Haciendo así, habremos encontrado un modo excelente para amar, honrar y agradecer al Espíritu Santo». (1/9/1983) Chiara Lubich, de LA VIDA UN VIAJE – Ciudad Nueva, 1984, págs. 126-129
2 Jun 2017 | Sin categorizar
Como última actividad en mi estadía en Jordania, visité la cárcel femenina, en la periferia de Amman. En el corredor donde se encuentra el control, a Omar, el amigo que me acompaña, le piden que se quite el reloj y los lentes de sol. También quieren que deje mis lentes, pero le pido a la joven de la guardia que se los pruebe y se da cuenta que sin ellos, veo mal. Llegamos a la primera sala de espera, después de haber atravesado un largo patio. Es un día de verano. Superamos el enésimo control y dejamos el papel con el nombre de la persona que queremos visitar. En la sala de espera, otras dos jóvenes mujeres esperan su turno de visita. ¿A quién van a visitar?, ¿a una hermana?, ¿a la madre?. Un hombre de unos cincuenta años, de rasgos árabes muy definidos, acomoda sus zapatos gastados. También él está esperando. Mi amigo trata de sentarse, pero la silla se rompe. Ante esta situación, en cualquier otro lugar, todos se habrían reído. Pero allí, en esa sala, nadie se anima a reír, están tomados por su dolor. El clima que se respira es semejante al de alguien que espera el diagnóstico de un médico sobre una enfermedad grave de una persona querida. Por el ruido crepitante del parlante y por el salto que da el hombre al levantarse, comprendo que llegó su turno. Poco después nos llaman a nosotros. Un pequeño corredor, por el lado derecho, cada celda tiene una ventanita con los clásicos viejos teléfonos de cada lado del vidrio. Nuestra amiga, inesperadamente alegre, se agita y gesticula, nos dice por el receptor que podemos pedir que el encuentro se pueda desarrollar en otra sala, “cara a cara”. Es Pascua y para los cristianos hoy está permitida una visita. Salimos del edificio y volvemos a la entrada oficial. Otra vez los pasaportes, preguntas, y el nombre de la persona que vamos a encontrar. Esperamos en una sala, mientras presenciamos el trabajo de algunos empleados que guardan documentos dentro de unas carpetas enumeradas. La espera es larga. También para ella, el camino está hecho por muchas puertas que se abren y cierran. Aquí está, llegó. Margari es una mujer de unos cuarenta años, de Sud América, alegre. «¡Qué envidia tendrán mis compañeras de celda!». Es una mujer dulce, reconoce que se equivocó, sabe que dentro de algunos meses podrá salir, cuenta los días en el calendario que se armó. En estos dos años se convirtió en abuela y no conoce todavía a su nietito. De sus cuatro hijos, los primeros dos ya dejaron la escuela para trabajar, y ella está sin marido. «Cuando vuelva me reprocharán, es justo que estén enojados conmigo. De vez en cuando los escucho por teléfono. Mi deseo –continúa- era el de abrir un horfanato para los niños de la calle. Aquí dentro la vida es dura, a veces pensé en terminar con todo. Te haces malo. Pero yo no logro, si se enojan o me pegan me quedo tranquila, no logro reaccionar. Mi amigas están aquí, algunas desde hace varios años. Fernanda desde hace ocho años, pero saldrá pronto. A los 29 años una grave enfermedad se la está llevando. Entró muy jovencita por una estupidez más grande que la mía. Ella, los rollos de aquella basura, se los tragó. Yo agradezco a Dios, a pesar de todo Lo siento cerca y por este motivo me siento privilegiada». Margari me confía a sus hijos, me pide que les escriba que la visité y que no ve la hora de volverlos a ver. Nos dejamos con un gran abrazo, difícil describir lo que siento en ese momento. Quisiera que fuese un pequeño gesto, para tomar sobre mí mismo su dolor. En un día tan soleado, tal vez un rayo de Su amor pasó a través de las rejas y esos muros grises. Es una mañana de Pascua especial, >no puedo hacer otra cosa más que agradecer a Dios por lo que me hizo vivir: resurrección es verdadera libertad. Encontré en la cárcel a una mujer libre, porque es consciente de ser amada por Dios. (Ago Spolti, Italia)
1 Jun 2017 | Sin categorizar
El primero de junio en muchos países del mundo se celebra el Día Internacional del Niño, instituido en 1925, durante la “Conferencia Mundial sobre el bienestar de los Niños” en Ginebra (Suiza), para poner en evidencia los muchos tipos de violencia que la infancia sufre cotidianamente. Es una ocasión para reflexionar sobre la condición de los niños, demasiado a menudo víctimas de las guerras, de la violencia de abusos, explotación, discriminación a causa de su credo religioso, de su pertenencia étnica o por alguna discapacidad. Pero también para solicitar al mundo adulto –familia, escuela, sociedad e instituciones- un determinado compromiso de tutela y para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, atenta, respetuosa de la dignidad y de los derechos de la infancia.
1 Jun 2017 | Sin categorizar
Bautismo «Es casi la hora del almuerzo, cuando un hombre toca a la puerta de la parroquia para fijar la fecha de un bautismo. Como no es un parroquiano, le pido unas aclaraciones. La situación es compleja: tuvo un hijo con una compañera, y su hermana insiste para que el niño sea bautizado. Trato de anotar rápidamente sus datos y me despido. Saliendo, vuelvo a pensar en la manera tan apresurada con la que lo atendí. Ya que tengo su dirección, sin pensarlo dos veces me voy a su casa y encuentro un pequeño apartamento muy desordenado. Él se queda sorprendido y preocupado: ¿surgieron problemas con respecto al bautismo? Lo tranquilizo: es sólo para verificar si anoté todos los datos necesarios. Él y la compañera se abren con confianza y me invitan a la mesa con ellos para un almuerzo frugal. De esta manera me entero de una situación de marginación, pero sobre todo recuerdo mi único derecho: estar al servicio de los demás». (K. L. – Polonia) Banco de prueba «Administro un almacén de artículos de regalo en un barrio popular. Para mí cada persona que entra al almacén es más que un cliente: considero importante la relación con él, más allá del hecho de que tengo que vender. A veces hay quien viene simplemente para confiarme sus problemas. Yo lo escucho y, si puedo, trato de decir lo que siento. Mi padre me toma del pelo: «Esto en vez de un almacén parece un confesionario». El hecho es que para mí el trabajo es el banco de prueba de mi ser cristiana».(Rachele – Italia) Portera «Trabajo como portera en dos edificios, donde las personas se conocían sólo por apellido. Buscando ocasiones para construir relaciones, empecé a informar a una pareja de la vida de la parroquia. El marido, aunque estaba alejado de la Iglesia, apreció este gesto. Familiaricé también con una tailandesa quien, agradecida, me regaló unos chocolates. Luego los invité a todos a un asado, una velada muy bien lograda, que repetimos otras veces. De vez en cuando les ofrecía un café a los que volvían del trabajo. Gestos simples, pero poco a poco alguien se sintió libre de confiarme también asuntos más personales. Por ejemplo ese inquilino que consideraba la oración como una pérdida de tiempo. Cuando le prometí que rezaría yo por él, me contestó: «Hasta ahora nunca nadie me había hablado así. No lo olvidaré». Una pareja de italianos, al regresar a su país, invitaron a todos los vecinos a degustar una comida típica de su nación antes de partir». (Maria Rosa – Suiza) Basura «Saliendo del colegio, me di cuenta que en el otro andén había un perro que, buscando comida, estaba destruyendo y abriendo unas bolsas de basura. Seguí caminando sin dar importancia al asunto, pero dentro de mí una voz me impulsaba a hacer algo por los demás. Aunque me daba vergüenza, volví atrás y arreglé las bolsas. Acababa de doblar la esquina, cuando a lo lejos vi llegar el camión de la basura. Me quedé muy contento, porque en nuestra ciudad sucede que si los recolectores de basura encuentran demasiado desorden, no recogen las cosas». (M. B – Argentina)