25 Oct 2016 | Focolare Worldwide
Sensible a los problemas sociales, el joven Paulo de Lisboa (Portugal) se topó con la pobreza y la degradación humana de los barrios pobres de la ciudad. No pudiendo tolerar esa desigualdad, decidió luchar con un grupo de extremistas, pero muy pronto descubrió que no todo lo que ellos postulaban era digno de ser compartido y, si bien siempre estuvo abierto en su búsqueda, con amargura se alejó de ellos. Cuando conoció a los jóvenes de los Focolares, descubrió que también ellos querían una revolución, pero era la del Evangelio, que te hace salir de ti mismo y de tu comodidad para ponerse al servicio de los demás. Fue un itinerario que condujo a Paulo a realizar una elección todavía más valiente: concluidos sus estudios de economía, se sintió llamado a dejar todo para hacerse discípulo de Jesús y, después de un periodo de formación, entró en la comunidad del focolar. En 1997 se traslada a África: primero a Nairobi y más tarde a Kinshasa. Paulo comparte con estos nuevos hermanos alegrías, sufrimientos, desafíos y entusiasmos, con el amor y la sabiduría que lo caracterizan y observado por los congoleses que aprecian profundamente su obra. Un día de fiesta ellos lo compararon con el colibrí, pájaro totem que simboliza la alegría de vivir, la simpatía, la capacidad de adaptación y de saber responder rápidamente a los estímulos, la resiliencia y la ligereza con que sabía sacudirse de encima la negatividad. Paulo, hombre-mundo, logra inculturarse tan bien con el pueblo africano, que se convirtió él mismo en un hijo de África. Y es como tal que los congoleses, al conocer su muerte imprevista (12.9.2016), quisieron saludarlo y honrarlo.
En varios lugares de Congo se han celebrado misas, «dueil (luto)» y vigilias de oración, contemporáneamente con los funerales en Portugal. «Queríamos testimoniar todo lo que Paulo nos ha enseñado con su vida –escriben desde Kinshasa – por eso, después de la misa celebrada en varios puntos del Congo, en el week end ya no se ha seguido llorando por Paulo, sino que se le ha festejado con misas de acción de gracias y presentando testimonios sobre él. Y así como la tradición y la cultura congolesas piden, lo hemos despedido también con danzas, con una bebida típica y con un pequeño dulce. En Kinshasa la ceremonia se organizó en el terreno de la escuela Petite Flamme (Llamita), una obra social a la que también Paulo dio un gran aporte. Después, muchos testimonios sobre él y una ceremonia tradicional que lo condujo simbólicamente ante los antepasados, a los ancestros, haciendo una fosa en el terreno – que normalmente se escava delante del salón de la casa del difunto – en la cual se echa vino de palma mientras se pronuncian estas palabras: » (…) Aquí estamos para darte las gracias por el tiempo que hemos pasado juntos. Y dado que tú has vivido según las enseñanzas de los antepasados, nuestro clan te toma como modelo. Te prometemos vivir como has vivido tú. Sabemos que has llegado a la aldea de los antepasados. Ahora te pedimos que vengas a compartir con nosotros este vino de palma, como símbolo de nuestros hermosos recuerdos; te saludamos y te pedimos que saludes también a todos los nuestros que están contigo en la aldea de los antepasados (…)»». «¿Cómo es posible no sentir en estas palabras – subrayan los focolarinos del Congo – la expresión de una sabiduría antigua que recuerda la comunión de los santos que une tierra y cielo, y el amor que sigue uniéndonos también más allá de la muerte? Paulo se inculturó tan profundamente con los congoleses, que su extremo saludo quisieron que fuera expresión de las antiguas tradiciones y del Evangelio. En ellos ha prevalecido el amor, también considerando que no han hecho caso de los miedos ancestrales que atribuyen la muerte inesperada de un hombre, en el pleno vigor de su existencia, a las fuerzas maléficas, movidas por alguien que es su enemigo, un culpable del que hay que vengarse sin falta». Significativa la expresión de una pareja: «Con tu llegada allá arriba, sentimos que no nos hemos empobrecido, al contrario, nos hemos vuelto más fuertes. Has estado realmente a nuestro lado, un verdadero apóstol de la unidad, un gran buscador de Dios que sabía dónde encontrarlo: en el hermano».
24 Oct 2016 | Sin categorizar
Este año se conmemora el sexagésimo de la revolución de Hungría de 1956. Es una conmemoración muy sentida en todo el país y vinculada también a algunos hechos importantes del Movimiento de los Focolares, en especial al nacimiento de una de sus ramas: los voluntarios. Pero los ideales del 56, ¿se han quedado vinculados a una situación coyuntural que ahora forma parte del pasado, de la historia de Hungría? ¿O bien celebrar este aniversario puede convertirse en una ocasión para reavivar y actualizar aquellos valores por los cuales millares de personas han dado su vida? Aquí presentamos algunos hechos históricos, a través del testimonio de personas que todavía hoy están comprometidas en ámbito social, fieles a los valores más genuinos del 56, a partir de una opción en consonancia con el Evangelio. Video multilingüe subtitulado https://youtu.be/F-m85VMcI8g https://youtu.be/bpxqy-fYHc8
23 Oct 2016 | Focolare Worldwide
https://vimeo.com/121268206
Hacia la unidad de las naciones y la Unidad de los pueblos «Estamos aquí en la sede principal de un organismo mundial: la ONU, que ve simultáneamente presente entre sus miembros a 185 naciones, “unidas” con la finalidad de “mantener la paz y la seguridad internacionales”.
Una finalidad, como expresa su Carta de constitución, obtenida por medio del respeto de los derechos fundamentales de la persona y de los pueblos, la cooperación económica entre los Estados, el desarrollo social de cada país.
Un acción que mira a eliminar los muchos flagelos que afectan a la humanidad: guerras, la carrera armamentista, la negación de las libertades inherentes a cada miembro de la familia humana, y también el hambre, el analfabetismo, la pobreza.
Es este, lo sabemos, el nuevo concepto de “paz y seguridad” que, a las Naciones Unidas, se le ha confiado: la paz entendida no como ausencia de guerra, sino como el resultado de condiciones que generan la paz.
Una institución, pues benemérita que, además de contar con el consenso de la humanidadtambién tiene la bendición del Cielo si es cierto lo que afirmó Jesucristo, el Príncipe de la Paz:
“Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios” ( ).
Hoy, quien la visita, también representa a una realidad viva en 198 Naciones, y si bien es más humilde y menos conocida que la gran y famosa institución que la acoge, tiene mucho que ver con ella.»
22 Oct 2016 | Focolare Worldwide, Senza categoria
La primera iniciativa del Centro Evangelii Gaudium, que se encuentra en Loppiano (Florencia) para ser “Iglesia en salida”, es un curso de cualificación, en colaboración con el Instituto Universitario Sophia, con el título “Despierten el mundo”. Un eslogan convincente. Porqué son justamente las personas consagrada las que, con su radical elección de vida, contribuyen a realizar en el mundo la verdadera fraternidad y la comunión. Es la historia del Padre Antonio Guiotto en Sierra Leona: un misionero javeriano que desde estudiante se compenetró con la espiritualidad de los Focolares y que ahora festeja su 50º de sacerdocio. Cincuenta años que transcurrió casi todos en el País africano, entre ellos una decena (desde el ’91 al 2001) en primera línea en una guerra civil durísima que aterrorizó y devastó Sierra Leona. Al igual que otros extranjeros, él habría podido volver a su patria, pero el Padre Antonio decidió quedarse en Kabala para compartir con su gente todo lo que sucedía, ayudándola a continuar creyendo en el inmenso amor de Dios, a pesar de todo. Pronto, a su alrededor y junto con el Padre Carlo, un compañero que también vivía el espíritu del focolar, se formó un pequeño grupo que deseaba vivir el Evangelio y compartir las experiencias de vida: una chispa de esperanza que se encendió en medio de tanto odio y violencia. Pero también Kabala fue invadida por los rebeldes y los dos religiosos – fácil presa de raptos con el fin de extorsión porque eran extranjeros- buscaron refugio en los bosques. A pesar de los peligros, su gente los socorrió llevándoles comida y agua, sostenida a su vez por la luz y la esperanza que los dos religiosos infundían. Cuando cesó el peligro inmediato, una familia les abrió las puertas de su propia casa, dado que la casa de los misioneros fue completamente destruida. Después de un mes, durante el cual la familia que los hospedaba compartía con ellos lo poco que tenía y los dos religiosos se ofrecían en las tareas de la casa y en el cuidado de los niños, los dos esposos les dicen que quieren hacerse cristianos y bautizar a los hijos. Mientras tanto la situación empeoró. Escuadras de rebeldes se movilizaron por toda Sierra Leona y los dos Padres tuvieron que trasladarse a Freetown. Un traslado forzado que se conviertió en la ocasión para sembrar el Evangelio también en la capital.
En el 2000 un intento de golpe de estado puso nuevamente en riesgo sus vidas, tanto que el embajador italiano decidió transferirlos de urgencia con un pequeño avión a Guinea. No obstante estas adversidades, la espiritualidad de los Focolares transmitida con su vida iba caminando a grandes pasos. Apenas les resultó posible, se organizó una Mariápolis de tres días con 170 personas, en la que está presente también el obispo de Makeni. «Puedo verdaderamente afirmar – escribe el Padre Antonio- que la promesa de Jesús “Cualquiera que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o campos en mi nombre, recibirá cien veces más” se cumplió verdaderamente. En la misión encontré padre, madre, hermanos y el céntuplo en esta vida como garantía de la vida futura. Nacieron nuevos cristianos, muchas parejas se casaron en la iglesia, nacieron comunidades de los Focolares en Freetown, Makeni, Kamabai, Kabala y también en pueblos perdidos. Se construyeron nuevas iglesias y nuevas escuelas católicas. Ahora, después de un período en Italia, el Señor me dio la gracia de volver a mi amada Sierra Leona para continuar gastando mi vida por mi gente» Desde octubre de 2016 a marzo de 2017 el curso del Centro Evangelii Gaudium, dirigido a los formadores, animadores y estudiantes de Teología pastoral misionera, prevee módulos mensuales de dos días durante los cuales, las lecciones se alternan con ejercicios prácticos, con el fin de convertirse – como está escrito en el dépliant- en “expertos en comunión”, que como el Padre Antonio “despiertan al mundo”. El módulo de octubre se concluyó con una veintena de inscriptos, el segundo se desarrollará desde el 13 al 15 de noviembre. Los responsables del curso son dos personas de gran experiencia académica en Roma: la Hermana Tiziana Longhitano sfp, presidente de la Pontificia Universidad Urbaniana y el Padre Theo Jansen ofmcap, docente de la Potificia Universidad Antonianum. * Para info y eventuales inscripciones en el curso de Loppiano “Despierten al mundo”. Celular de Sr. Tiziana . +39.329.1663136, Celular del P. Theo . +39.338.6845737.
21 Oct 2016 | Focolare Worldwide, Senza categoria
Dar y recibir sin poner medidas y con gran generosidad. Esto es lo que los Jóvenes por un Mundo Unido de Managua (Nicaragua), han experimentado durante su visita a la pequeña comunidad de La Cal, una aldea que se encarama a 1200 metros de altitud en las cercanías de Jinotega, que es llamada la capital del café. Cargados con algunos sacos de vestuario, alimentos, medicinas, juguetes, recolectados con la ayuda de la comunidad de Managua, llegaron, primero, a Jinotega (tres horas de autobús) para después recorrer, con un pick-up, 8 km. de un camino que cada vez se vuelve más accidentado, hasta tal punto que incluso un todo-terreno se rinde. Para llegar a la aldea todavía falta 1 km y medio de bosque, lleno de piedras, encrespadas y empinadas laderas, que resultan inaccesibles incluso a los caballos. Y los jóvenes han tenido que enfrentarlos a pie y con los sacos en los hombros, poniendo a prueba su forma física. «No se puede imaginar la alegría y el entusiasmo con los que hemos sido recibidos», cuentan los jóvenes los cuales, desde el primer impacto, se dan cuenta del estado de precariedad en que se encuentra La Cal. Sus casitas, todas de madera y llenas de niños, no tienen energía eléctrica, agua corriente y no cuentan con un ambulatorio médico. En la aldea hay un pequeño almacén con artículos de primera necesidad, una escuelita con una única aula y con un solo maestro y una minúscula capilla en el caso de que llegue un sacerdote para la misa. Si no fuera por algunos pequeños paneles solares instalados en las casitas, la entera aldea estaría en la más absoluta obscuridad.
Con los Jóvenes por un mundo unido, había también dos médicos. Una de éstos, odontóloga, inició el día con una demostración de higiene oral a una trentena de niños, muy felices de poder usar dentífrico y cepillos traídos por la doctora. A la hora del almuerzo una familia quiso ofrecer buenísimas tortillas todavía calientes, mientras los jóvenes se entretenían con las personas y hacían jugar a los niños. Por la tarde se habló a los adultos sobre la prevención de la parasitosis. La jornada, muy intensa, terminó con la lectura de la Palabra de Vida, un momento de fuerte espiritualidad que involucró a todos. Fue conmovedor el gesto de un señor que al final quiso dar a todos su bendición. A continuación distribuyeron todo lo que habían traído para ellos. Para pasar la noche, habían preparado un local obtenido limpiando para la ocasión un ex-gallinero. «Fue una gran emoción para nosotros – escriben – poder revivir la experiencia de los focolarinos de Trento cuyo primer focolar había sido preparado en un ex-gallinero. La mañana siguiente, después de un buen desayuno preparado por las señoras de la aldea, y los caloroso saludos de todos, que nos pedían que volviéramos pronto, hemos partido en dirección a Jinotega. En la Catedral hemos ido a dar gracias a Dios por una experiencia que nos ha cambiado tan profundamente, que nos ha hecho conocer personas generosas que con dignidad luchan para ir adelante, con la alegría de sentirse inmensamente amadas por Dios. Y por haber construido, incluso en medio de aquellas montañas, un fragmento de fraternidad».