20 Ene 2016 | Focolare Worldwide
El 2 de febrero el Padre Susai Alangaram celebrará los 25 años de su sacerdocio. Desde hacía seis años trabajaba como sacerdote en Tiruchirapally, Tamil Nadu, el estado situado más al sur de India sobre el Océano Indio, cuando comenzó un proyecto con el fin de aliviar a los niños de su parroquia de tanta pobreza. Años atrás había conocido el Movimiento de los Focolares y se había comprometido en vivir y testimoniar la unidad con otros compañeros sacerdotes, en una sociedad paralizada por el problema de las castas sociales. Con dos amigos suyos comenzó un proyecto de Apoyo a Distancia para 50 niños, dándole el nombre de Ilanthalir, que en el idioma Tamil significa “tiernos brotes”, recordando el tierno cuidado necesario que hay que brindar para lograr el crecimiento y el desarrollo sano de estos niños. Hoy los niños pobres de varias aldeas de cinco distritos de Tamil Nadu reciben el Apoyo de Ilanthalir, en un territorio que comprende la zona ubicada 125 km al sur de Tiruchirapally hasta 70 km al norte. Después del tsunami del 2004 algunos niños de dos pueblos de la costa fueron adoptados, que ahora ya están estudiando en la Universidad.
El clima en el país es muy cálido y los vientos monzones son imprevisibles, arruinando amenudo los cultivos y aumentando la pobreza de los campesinos. Este año hubo aluviones en el norte y sequía en el centro. La pobreza es la causa del difundido analfabetismo y del trabajo de los menores, dado que la primera preocupación de muchas familias indigentes es la de ganar algo para sobrevivir y pasa a un segundo plano la educación de los hijos. Ilanthalir trata de asegurar a los niños las primeras necesidades, priorizando sus estudios hasta que encuentren un empleo y puedan así ayudar a sus propias familias. Este año 456 niños serán beneficiados directamente por el Apoyo a Distancia de Familias Nuevas y otros 300 recibirán asistencia de Ilanthalir.
Aún perteneciendo a varias religiones se hace de manera que todos los niños puedan festejar juntos las principales fiestas como Diwali (la fiesta de la luz), Pongal (la fiesta de la cosecha), Navidad, etc. El mes de octubre está dedicado al cuidado del ambiente, y cada centro organiza programas para plantar árboles, limpiar los lugares públicos, etc. Lo que impresiona en la experiencia de Ilanthalir es el impacto de la espiritualidad de la unidad en un contexto que de otro modo se presta para favorecer una cultura de sobrevivencia y aislamiento. La Palabra de Vida de los Focolares, que consiste en un comentario sobre cómo vivir las frases del Evangelio, se traduce en el idioma Tamil y se difunde entre los niños y sus padres, que una vez por mes se reúnen para compartir lo que vivieron y renovar su compromiso. Cada año participan todos juntos en una jornada de Mariápolis con unas 300 personas en Tiruchirapally, promoviendo un intercambio fraterno entre todos. El compromiso de los niños de Ilanthalir de vivir de este modo con sus pequeños actos de amor, los transforma en agentes de unidad en sus familias y en sus ambientes, llevando nueva esperanza para muchos.
https://vimeo.com/155646440
18 Ene 2016 | Sin categorizar
En el sitio de la Conexión CH, los días previos a la cita, estará disponible el resumen de las noticias. En el mismo sitio es también posible acceder a las ediciones íntegras y a las noticias particulares de las Conexiones CH anteriores. https://vimeo.com/154703542
18 Ene 2016 | Sin categorizar
Entre el centenar de comunidades que, en el transcurso de los años, se formaron en cada ángulo del mundo en torno a la espiritualidad de los Focolares, la de los Emiratos Árabes tiene su originalidad y particularidad. Se trata, de hecho, de un grupo integrado por personas del Movimiento pero ninguno de ellos es nativo del lugar. Son personas, a menudo familias enteras, que proceden de varios países de Asia o de Medio Oriente, pero también de Europa y América Latina, que llegaron al Golfo Pérsico por motivos de trabajo y que, al finalizar sus contratos, dejarán esta parte del mundo. Los extranjeros, en efecto, constituyen casi el 90% de la población de los Emiratos. Ellos son una presencia fluctuante y el grupo de las personas que viven la espiritualidad de los Focolares es parte de esta porción del país. En uno de los hoteles de esta capital mundial de las finanzas, se reunieron – el viernes 15 de enero- unas ochenta personas. Entre ellas se encontraban las profesiones y los empleos más diversos: ingenieros civiles, empleados de embajadas, maestros y profesores de liceos, enfermeras,ingenieros de informática, investigadores universitarios y también trabajadores, tal vez, de posición más modesta. Algunos viven en Dubai desde hace varios años, crecieron en este mundo y han visto su desarrollo vertiginoso, otros volverán pronto a sus países de origen. Los motivos de estos traslados están a menudo vinculados a situaciones difíciles bajo el punto de vista económico de los países de donde proceden. Ahora reciben sueldos que nunca hubieran podido esperar en sus naciones de origen. Una situación compleja, a menudo subrealista, una vida hecha de trabajo, en el centro de un mundo que es el ápice del consumismo.
Aquí los cristianos se reencuentran según las comunidades idiomáticas y según los países de procedencia y, sobre todo, se reúnen en las iglesias de Dubai, cada viernes, día de fiesta tratándose de un país musulmán. Las personas que se reunieron en estos días provenían también de otros puntos de la zona: de Doha en Qatar o de Abu Dhabi, Sharja y Fujera, siempre dentro de los Emiratos, de Omán y de Bahrein. La ocasión para este encuentro, fue el paso de María Voce y de Jesús Morán, al comienzo de su viaje a India. Un momento para compartir con esta original comunidad. La mañana transcurrió velozmente, entre la presentación de la historia de las personas del Movimiento presentes, caracterizada también por visitas de focolarinos de Paquistán, de India o de Filipinas o por otros focolarinos de Medio Oriente. Continuaron después con algunas experiencias que manifestaron la verdadera realidad de cómo se vive en este aparente paraíso del consumismo dominante, lejos de la propia cultura, corriendo el peligro de ser absorbidos por una mentalidad impregnada de comodidad, ganancia e intereses. Tuvieron que dejar aparte las experiencias vividas en los años de la juventud cuando fueron inspirados por la espiritualidad de comunión para reencontrar, inesperadamente y en momentos de grandes dificultades, a otros hermanos y hermanas que comparten el carisma de Chiara Lubich. Dificultades de relaciones laborales, pero también el riesgo de familias que se vuelcan por el camino del consumismo y se alejan de los valores del país de origen. Sienten soledad. Sin embargo, también en esta parte del mundo un grupo de personas continuó encontrándose en torno a la Palabra de Vida gracias al espíritu del Focolar.
A partir de aquí, llegaron a un segundo momento de diálogo con María Voce y Jesús Morán que se centró en estos desafíos y sufrimientos, sobre los riesgos que se corren y sobre la necesidad de una comunidad viva que sepa ser cuna de los valores de comunión, fraternidad y sobriedad evangélica. La presidente y el copresidente de los Focolares recordaron que las primeras comunidades cristianas estaban dispersas en el gran imperio romano y que los cristianos, a menudo solos y aislados, lograron resistir las tentaciones del mundo gracias a sus comunidades también pequeñas. La imagen de las flores del desierto a menudo se repetía en el transcurso del diálogo, recordando que fue la misma Chiara quien en los años noventa expresó con esta imagen a los primeros miembros del Movimiento que se encontraban viviendo en los Emiratos Árabes. Y, luego, recordaron la necesidad de ser los primeros en amar en un ambiente que pone en primer lugar valores muy distintos. Surgió el desafío de permanecer bien enraizados en el presente. No se puede pensar de modo distinto, comentaba María Voce en la conclusión del diálogo. El país no da garantías sobre largos plazos, los contratos de trabajo pueden terminar, un empleo puede desvanecerse por movimientos financieros. Entonces, es importante poner profundas raíces también para aquéllos que vendrán después, tal vez cuando los que viven hoy en los Emiratos ya no estén. Esta comunidad debe continuar. En la conclusión de la mañana transcurrida impresionaba ver en muchos rostros la conmoción y también la alegría y el entusiasmo: el haber encontrado o reencontrado a una familia espiritual y saber que también aquí forman parte de esta gran familia mundial.
18 Ene 2016 | Sin categorizar
Igino Giordani fue un precursor del ecumenismo. Su sensibilidad ecuménica nace cuando, en el lejano 1927, se embarcó en una nave hacia los Estados Unidos de América, para estudiar Biblioteconomía, por indicación del Vaticano. Aquí descubrió aquello que todavía no conocía: a los cristianos de varias denominaciones, y quedó impresionado de su religiosidad. En muchos de sus escritos posteriores Giordani afirmó que el diálogo, y por lo tanto, el diálogo ecuménico, tiene su modelo en las relaciones trinitarias, es decir coloca a todos en el mismo plan de amor. La comunión llama a todos al diálogo, de la misma manera hay que donarse para construir la unidad. «Para eliminar las divisiones, en el pasado, se polemizaba; hoy se prefiere el intercambio respetuoso de las ideas, se busca la convergencia, la reconciliación. Hoy se comprende mejor que la unidad no es algo estático, sino que es dinámico, y crece en cantidad y calidad. Por lo tanto con el diálogo, que marca una “transformación histórica innovadora, se termina la polémica, los choques, la excomunión, y en cambio comienza la comprensión, y la conquista de la verdad y el conocimiento de las virtudes de los otros. El diálogo por el cual se encuentran expositores de dos o más iglesias, no es propaganda ni academia. La posesión de la verdad no impide la penetración en los inagotables misterios, ni el real progreso de los dogmas. El dogma se profundiza, se reinterpreta.
«El diálogo ecuménico no nace de las diferencias doctrinales que existen entre dos (o más) partes, sino de la unidad que ya existe entre ellos, del patrimonio común de todos. El clima psicológico del diálogo es la simpatía, o mejor dicho, la caridad. Dice Maritain: “Una perfecta caridad hacia el prójimo y una perfecta fidelidad a la verdad son no sólo compatibles sino que se atraen mutuamente” Por la función profética del Pueblo de Dios, el cristiano debe comunicar las verdades que posee y acoger las verdades que posee el otro. Por tal función profética, el cristiano no debe limitar el diálogo al aspecto teológico (y hacer el trabajo de un especialista). La unidad no es sólo un problema técnico y teológico sino que es problema de caridad. «Los interlocutores deben tratarse de igual a igual. Mantener la estima mutua, nada de supuestos ni engaños, ninguna palabra ofensiva. Esta paridad no significa confusión o equiparación de doctrinas. Significa conciencia de pertenecer ambos al Cuerpo Místico de Cristo. Deben aceptar el pluralismo, reconociendo cada diversidad como legítima. Son más fuertes las cosas que unen a los fieles que aquellas que los separan (Gaudium et Spes, 92). De lo contrario el diálogo se reduce a monólogos alternados. Todos los cristianos están llamados a ejercitar el diálogo. Pueden gozar así de cada encuentro (de trabajo, de turismo, de estudio, etc). No se admiten barreras entre una confesión y la otra, sino que se abren todas las puertas para llegar al encuentro y al diálogo. La tarea es larga y difícil, pero Dios la quiere».
17 Ene 2016 | Focolare Worldwide
«Queremos dar testimonio de una experiencia transformadora que hemos vivido, del 11 al 13 de diciembre de 2015 con algunos miembros de la comunidad judía Bet-El y los habitantes de la ciudadela de los Focolares, rezando los unos por los otros», escriben la rabina argentina Silvina Chemen, Carlos Becaría y Nanni Espinosa de la ciudadela Lía. Un Sabbat especial. «Empezamos amasando juntos el pan ritual –cuenta Silvina-; después, hemos (participado) compartido el momento en el que se encienden las candelas del Janucá, y recordamos el histórico pacto celebrado entre Chiara Lubich y los judíos de Buenos Aires, en 1998. Bajo los árboles, cantando juntos, esperamos el atardecer para recibir las estrellas que anuncian la llegada del Sabbat; y así, abrazados, entramos en el salón que estaba transformado en una sinagoga para la ocasión. Rezamos juntos las vísperas del Sabbat y el sábado compartimos la oración de la mañana y la lectura del libro de la Torá. Fue un momento sagrado.
Comunión y diálogo. «En la tarde, un momento igualmente importante para los judíos –cuenta Carlos- participar en la celebración de la Misa, que se anticipó para responder a su deseo de participar. En la oración de los fieles hubo una en especial, que pedía la paz y el diálogo entre nosotros (Comunidad Bet-El y Focolares) que nos conmovió a todos. Este sentimiento de unidad continuó durante toda la tarde en un workshop sobre el diálogo, con la participación de todos los jóvenes cristianos que asisten a las escuelas de la ciudadela. Compartimos preguntas, dudas, expectativas sobre el diálogo y sobre nuestras distintas tradiciones, con libertad y profundidad. Concluimos elaborando juntos los adornos para el árbol de Navidad que contenían escritos nuestros deseos». Despedida del Sabbat. «Nuevamente nos reunimos todos al aire libre –cuenta Nanni-, para encender las candelas los unos de los otros hasta formar un círculo de luz; el sonido del cuerno de Shofar, como explica la Biblia, acompañaba el rito porque era todavía un momento sagrado». No es sólo rezando, sino que también compartimos los talentos artísticos en «una velada llena de alegría, de armonía, donde nuevamente Chiara Lubich estaba presente a través de una pintura de Sofía, de la comunidad de Bet-El, que ofreció como regalo a la ciudadela. Ella participó también el año pasado y se sintió interpelada por el mensaje y la figura de Chiara», agrega Carlos. El domingo recorrimos la ciudadela. «Después de haber profundizado en algunos puntos de la historia y de la espiritualidad del Movimiento – dice Nanni –, participaron en la visita a los distintos sectores de la ciudadela y la conclusión se realizó en el Auditorio Vittorio Sabbione. Tenía un nuevo espesor la lectura del Antiguo Testamento y la presencia de Dios en medio nuestro. Los que quedamos en la ciudadela no somos los mismos de hace tres días, y los que regresan a Buenos Aires parten con la alegría de haber encontrado otros hermanos. Y la confirmación de lo que vivimos fue la expresión de una participante judía: “Es la tercera vez que vengo a la ciudadela Mariápolis Lía. Cada vez regreso con el deseo de volver. Hoy, en cambio, siento que soy parte de esta experiencia, esta ciudadela hace parte de mí y yo de ella”. ¡La cita para el próximo año ya quedó fijada!». Gustavo Clariá