Movimiento de los Focolares
Religiones en un mundo global

Religiones en un mundo global

20150921-01«La Escuela de Verano se realizó en Tonadico, en las Dolomitas, sea por el magnífico paisaje de esta zona como por el vínculo que existe entre Chiara Lubich y esas localidades de montaña. En esos lugares, de hecho, en 1949, con algunas jóvenes que estaban con ella, Chiara vivió momentos que significaron mucho en la historia de la Obra iniciada por ella. La idea de una escuela de verano sobre “Religiones en un mundo global” nació en el pasado mes de abril en la conclusión de un seminario interdisciplinario que tuvo lugar en el Instituto Universitario Sophia, En esa ocasión un grupo de expertos en el tema empezó la elaboración de una reflexión interdisciplinaria, interreligiosa (estaban presentes estudiosos cristianos, musulmanes siítas y sunitas, un experto en budismo además de un representante del pensamiento laico) e intercultural (estaban estudiosos del Norte de África, Turquía, Irán, China y Estados Unidos, además de los europeos) 20150921-aEl programa de la Escuela consistía en seis sesiones generales de las cuales cuatro eran privadas y las otras abiertas a la participación de la ciudadanía. Luego de las clases más polémicas tuvieron lugar momentos de debate y se trabajó en grupos. El espíritu de Sophia es de saldar la dicotomía que existe entre vida y pensamiento, entre experiencia espiritual e investigación científica. En esta perspectiva surgió la necesidad de aclarar cómo armonizar la propia comprensión de la verdad con la verdad de las personas de otras religiones y culturas. Una estudiante eslovaca puso en evidencia que la búsqueda del saber ya no puede ser una búsqueda individual o monodisciplinaria, sino que es un compromiso académico comunitario que une, en el esfuerzo de la investigación, a docentes y estudiantes, y conjuga el compromiso y la vida. Progresivamente, se fue creando un ambiente en el cual los contenidos culturales y las dimensiones de la vida se armonizaron, saldando no sólo las tradicionales dicotomías, sino favoreciendo también la destrucción de barreras culturales y religiosas. También los momentos de relax fueron una ocasión para la comunión profunda, para encarar la profunda diversidad de los propios mundos y dar así una densidad concreta al diálogo, haciéndolo posible y sostenible. En la cima, a 2500 metros, los cristianos se reunieron para la celebración de la Misa, mientras que los musulmanes rezaban sus oraciones rituales. La conclusión de la Escuela vio a estudiantes muy distintos que se sintieron mancomunados en una profunda experiencia de fraternidad. No sólo desaparecieron las diferencias, sino que se puso en evidencia que incluso éstas diferencias pueden ser fuente de riqueza. Una joven musulmana siita, volviendo a su casa, escribió: “Quisiera dedicar mi primer post de Facebook al extraordinario grupo con el que tuve la fortuna de vivir la Escuela de Verano de Sophia. Pude presentar mi fe en su forma auténtica, una oportunidad única frente a las falsas representaciones que se están transmitiendo de mi religión. Asimismo, también yo pude adquirir un profundo conocimiento de sus vidas, de la fe de mis hermanos y hermanas. La experiencia que hice, en el mágico marco de las Dolomitas, me permitió hacer un nuevo descubrimiento de la religión católica: rezo para que podamos continuar este trabajo tan importante” Fuente: Istituto Universitario Sophia (nuestra traducción del inglés)

Misericordia: el cemento de la civilización

«En los otros veo y descubro mi misma Luz, mi verdadera Realidad; en los otros, mi verdadero yo (a veces enterrado o secretamente camuflado por vergüenza). Y tras encontrarme a mí misma, me reúno conmigo resucitándome.» Chiara Lubich, La resurrección de Roma. «La misericordia es el cemento con el que hemos aglutinado nuestra civilización durante siglos. Sin conocer y amar la misericordia no es posible entender la Biblia, la Alianza, el Éxodo, el libro de Isaías, el evangelio de Lucas, ni tampoco a Francisco de Asís, Teresa de Ávila, Francesca Cabrini, don Bosco, las obras sociales cristianas, la constitución italiana, el sueño europeo, la vida y el amor después de los campos de concentración, las familias que viven unidas hasta el final. La misericordia hace que nuestras relaciones sean maduras y duraderas; transforma el enamoramiento en amor, la simpatía y la sintonía emocional en proyectos fuertes y grandes; da cumplimiento a los “para siempre” que pronunciamos en la juventud, e impide que la madurez y la vejez se conviertan en una simple y nostálgica narración de sueños rotos. La misericordia vive de tres movimientos simultáneos: el de los ojos, el de las vísceras (el racham bíblico) y el de las manos, la mente y las piernas. En primer lugar, el misericordioso es capaz de ver con más profundidad. La primera misericordia es una mirada que reconstruye, en el interior de la persona misericordiosa, la imagen moral y espiritual de aquel que le suscita misericordia. Antes de “ocuparse de él” con actos, el misericordioso le ve con una mirada distinta: ve el “todavía no”, más allá del “ya” y de lo que “ya ha sido” que todos ven. La misericordia es, antes que una acción ética, un movimiento del alma, que permite ver al otro en su diseño original, anterior al error o la caída, y amarle con el fin de recrear su naturaleza más verdadera. Permite reconstruir dentro del alma la imagen rota y recomponer la trama interrumpida. Ver que existe una solidaridad humana más profunda y verdadera que cualquier delito. Creer que ningún fratricidio puede anular la fraternidad. Después de Caín, ver de nuevo al Adam. Mientras la pureza aparece en la impureza, la belleza en la fealdad, la luz en la oscuridad, el cuerpo también se mueve y la carne se ve involucrada. Las vísceras, las entrañas, se conmueven. La misericordia implica a todo el cuerpo, es una experiencia total, parecida al alumbramiento de una nueva criatura. Si no existiera la misericordia, la experiencia del parto sería totalmente inaccesible para nosotros, los varones. Sin embargo, podemos intuir algo de este misterio, el mayor de todos, cuando volvemos a dar la vida con la misericordia. La misericordia se siente, se sufre, es trabajosa. Es una experiencia encarnada, corporal. Por este motivo, los que conocen la misericordia también conocen la indignación. No podemos ser misericordiosos sin sufrir visceralmente por la injusticia y el mal que nos rodea. Con las mismas entrañas que se mueven hoy con indignación y rabia por los niños muertos de asfixia en un camión o ahogados en un brazo de mar y mañana por la traición de un amigo necesitado de perdón. (leer más) de Luigino Bruni Publicado en el diario italiano Avvenire el 06/09/2015

Si estamos unidos, Jesús está entre nosotros

Si estamos unidos, Jesús está entre nosotros

ChiaraLubich_primi_compagniSiguiendo la costumbre inaugurada ya por Chiara Lubich, los Focolares esparcidos por el mundo, profundizan cada año un punto de la espiritualidad de la unidad. Después de haber meditado y vivido un punto central, la Eucaristía, ahora se concentran sobre el punto específico de ellos: la unidad. Existen muchísimos escritos de la fundadora que se refieren a este punto esencial de la espiritualidad focolarina, que permanecen como un precioso legado y como puntos de referencia claros. Proponemos uno de ellos: «Si estamos unidos, Jesús está entre nosotros. Y esto vale. Vale más que cualquier otro tesoro que pueda poseer nuestro corazón: más que la madre, que el padre, que los hermanos, que los hijos. Vale más que la casa, que el trabajo, que la propiedad; más que las obras de arte de una gran ciudad como Roma, más que nuestros asuntos, más que la naturaleza que nos rodea, con las flores y los prados, el mar y las estrellas: ¡más que nuestra alma! Él es quien, inspirando a sus santos con sus verdades eternas, hizo época en toda época. También ésta es su hora: no la de un santo, sino la de Él; de Él entre nosotros, de Él viviente en nosotros, que construimos – en unidad de amor – su Cuerpo místico. Pero es preciso dilatar a Cristo; hacerlo crecer en otros miembros; hacerse como Él portadores del Fuego. ¡Hacer uno de todos y en todos el Uno! Vivamos momento a momento en la caridad la vida que Él nos da. El amor fraterno es el mandamiento básico. Por lo cual todo vale en cuanto es expresión de sincera caridad fraterna. Nada vale de todo cuanto hacemos si en ello no está el sentimiento de amor por los hermanos; porque Dios es Padre y tiene en su corazón siempre y sólo a sus hijos». Chiara Lubich, La doctrina espiritual, 2002 Ciudad Nueva, Madrid, pág. 151

Chile: ¿Cómo no amarlo?

Chile: ¿Cómo no amarlo?

20150918-01«“He perdido todo” confiesa entre lágrimas un pescador de Guanaquero –un pueblito a 450 km al norte de Santiago, en el Pacífico. “Pero nos restableceremos, como hemos hecho siempre nosotros chilenos”. El camarógrafo lo abraza con un gesto solidario. Son algunas de las reacciones después de la noche del terremoto. La noche del miércoles 16 de septiembre, poco antes de las ocho de la noche, empezó la cadena de movimientos sísmicos de los cuales el primero fue uno muy fuerte de 8,4 grados en la escala Richter. Los siguientes, de asentamiento, llegaron a superar los 7 grados. La longitud del movimiento sísmico nos llevó a buscar refugio en el jardín de casa. Los vecinos del barrio también salieron a la calle. “¿Cómo estás? ¿Todo bien?”. “Todo ok, no te preocupes. ¿Y vos?, se preguntaban recíprocamente. “¿Necesitas algo?”. No hay temor ni nerviosismo. Incluso los niños ya saben qué hay que hacer. En Chile lo enseñan en las escuelas y en los grandes edificios, las escuelas y los supermercados está bien señalada la zona de seguridad que protege de eventuales derrumbes. Después de la experiencia del 2010 el país está más preparado. Estamos en La Serena, a 480 km al norte de la capital chilena, Santiago. El epicentro del terremoto evidentemente fue cerca de nosotros por la intensidad del sisma. La luz se fue y sólo cuando encontramos una radio de pilas supimos que el epicentro había sido más o menos a 100 km de aquí. En un triángulo de pequeñas ciudades, de 20/30 mil habitantes. Illapel sufrió fuertes daños. Pero los grandes centros no. Pasa menos de una hora y por radio confirman que hay alerta de tsunami. En todo el país empiezan la evacuación de 6 mil km. de costa, del desértico norte al frío sur: un millón de personas tienen que buscar refugio en lugares más altos, por lo menos a 30 metros sobre el nivel del mar. Las olas llegan, en forma de una masa de agua que avanza elevando cuatro metros el nivel del mar. El puerto de Coquimbo, con 150 mil habitantes queda sumergido en parte. También llegan noticias de las víctimas. Las más esperadas. Estamos a pocas horas de los tradicionales festejos por la independencia chilena, el 18 y el 19. Doce personas este año no participarán en la cita. Hay cinco desaparecidos. De los muertos, tres fallecieron por un infarto, a otros tres se los llevó el mar, el resto perdió la vida debido a la caída de rocas de la montaña, o al derrumbe de algún muro. El gobierno declaró estado de emergencia en algunas provincias de la IV Región. La presidente Michelle Bachelet, le habló al país: el operativo de rescate ya está en marcha. El pensamiento se dirige a quien lo ha perdido todo: aldeas de pescadores, los habitantes de la zona del epicentro. Es la octava emergencia en menos de dos años. El terremoto en el norte el año pasado, y este año, las inundaciones. En marzo se inundó la región más árida del planeta: el desierto de Atacama. Después los volcanes: uno el año pasado y una erupción hace algunos meses; la tremenda sequía de sur a norte, y todavía Valparaíso que se vio afectada dos veces por los incendios en zonas de los alrededores, y ahora nuevamente el terremoto y el tsunami… Terminando el terrible balance, recordamos al viejo pescador de Guanaquero. “¡Nos restableceremos!”. En sus ojos brilla un destello de tenacidad y perseverancia. La misma que te explica cómo en las laderas áridas y escarpadas de los montes del norte, repentinamente aparezcan manchas verdes. Son los cultivos de aguacate y de uva. Literalmente arrancadas a la tierra, aprovechando cada gota de humedad para su irrigación. Sólo la tenacidad y la perseverancia puede sacarle frutos a una naturaleza que, aquí, no te regala nada. Y es que es así como se ha construido este país. ¿Cómo no amarlo?». De Alberto Barlocci, desde Chile