29 Jun 2014 | Sin categorizar
«Amamos a Dios, al Padre, también dando de comer al hermano que tiene hambre. Todo el desarrollo de la literatura sobre este tema –especialmente de la gran literatura patrística- expresa una lucha contra el egoísmo de unos que provoca la miseria de otros, por lo tanto, una reconstitución de la humanidad violada y degradada debe comenzar por el principio: nutrir el estómago, para reconstituir ese cuerpo físico que también forma parte del Cuerpo místico. También él es Cristo vivo […]. No todos pueden hacer milagros –escribía San Agustín- pero todos pueden nutrir a los pobres. “No todos pueden decirle al paralítico: ¡Levántate y camina! Pero pueden decirle: Con la esperanza de que te puedas levantar, toma y come…”. Quien, pudiendo nutrir a los desnutridos, a los mal nutridos, a los hambrientos, no los ayuda, es, según el pensamiento de los Padres de la Iglesia, un homicida. Es más, es un deicida. Hace morir a Cristo. Quien, durante los años de la guerra, condena a los prisioneros a morir de hambre, renueva, desde el punto de vista del Evangelio, la crucifixión. Es un asesino de Dios, por decirlo de alguna forma. Las hordas de deportados, en medio de la nieve y del bochorno del verano, dentro de vagones blindados o en embarcaciones solitarias, cuya monotonía se ve interrumpida sólo por el colapso de los hambrientos, marcan el límite con el ateísmo práctico, aunque sea perpetrado en nombre de Dios. Por eso San Vicente de Paúl subía a las galeras de los cristianísimos reyes, donde los galeotes caían extenuados. De esta forma la obra de misericordia, reconstituyendo la justicia, se presenta no como mero suministro de alimentos o de dinero para comprarlos. “Las obras de misericordia no sirven de nada sin el amor”, dice San Agustín. “Y aunque repartiera todos mis bienes a los pobres, y diera mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no sirve de nada” (1 Cor 13, 3), dice san Paolo (…). Las obras de asistencia social tienen poco significado para la vida religiosa, si quien las realiza no dona también ese alimento divino, ese ardor del Espíritu Santo, que es la caridad […]. La obra de misericordia es un deber moral y material. Nutriendo al que sufre, me nutro a mí mismo pues su hambre es mía y de todo el cuerpo social, del que somos parte orgánica. “Muchos, somos un sólo organismo”: Y no se puede herir un órgano para favorecer a otro. Actuando así se paga con revoluciones, desórdenes y epidemias, y después con el infierno. Tenemos la tentación de pensar que este precepto es más bien superfluo en una época en la que los trabajadores han alcanzado un cierto bienestar. En cambio nunca ha sido tan actual y tan difundido como en esta época de racionamiento, de campos de concentración, de deportaciones y de desocupación generalizada, de guerra y de postguerra (…) Una civilización que tolera al hambriento junto al Epulón es una civilización en pecado mortal (…). Si hay alguien que no tiene ración quiere decir que hay otro que tiene dos […]. Las obras de misericordia las justifica la realidad de la naturaleza humana y realizan el milagro de poner en circulación el amor haciendo circular el pan. El milagro que hace del don del pan una especie de sacramento social, a través del cual se comunica, mediante el amor, a Dios, y se nutre, junta al cuerpo, el alma». (de Igino Giordani, Il Fratello, Città Nuova 2011, pp. 64-67) Para informaciones: Centro Igino Giordani
28 Jun 2014 | Sin categorizar
La imagen de la Iglesia que el próximo Sínodo está llamado a presentar con sus elecciones pastorales es la de “una Madre empeñada en generar, acompañar y sostener a todos los hijos de Dios, sin excluir a nadie”. Lo subrayó el arzobispo Bruno Forte, secretario especial del próximo Sínodo extraordinario sobre la familia, que se realiza por iniciativa del Papa Francisco, Mons. Forte en rueda de prensa presentó el Instrumentum laboris de la asamblea sinodal del próximo octubre, que estará dedicado al tema “Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización”. “La familia se ha convertido en el símbolo de las dificultades, de los sufrimientos de la sociedad” –comenta Anna Friso, responsable junto con su esposo Alberto, de la realidad de “Familias Nuevas”, del Movimiento de los Focolares. “Por lo tanto saber que la Iglesia tiene esta actitud de acogida y de cercanía –prosigue– es realmente magnífico”. El documento es el resultado de una encuesta que incluye un cuestionario de 39 preguntas, que fue difundido en noviembre pasado, y que tuvo un recibimiento muy positivo y una amplia respuesta. “Creo que fue la idea correcta. Empezar por la gente, partir del dato concreto de cómo se vive”, prosigue Anna Friso. “Esta atención a situaciones tan complejas y diversas de tantas familias en dificultad –prosigue Alberto- significa valorar estos sufrimientos para encontrar una luz. El sufrimiento es un valor, un coeficiente importantísimo. Si la Iglesia entiende a las familias, encontraremos recursos interiores para encontrar un camino de reconciliación”.

Alberto y Anna Friso
“Es sin duda una apertura del corazón y del alma de la Iglesia a la acogida”, comenta Alberto Friso. “Pero no es sólo un modo para iluminar las situaciones difíciles, sino también para iluminar todo el contexto general de la familia, porque ella nace precisamente del amor de Dios por la humanidad y en este amor encuentra su sentido”. Gran parte del documento está dedicado a situaciones pastorales difíciles como la convivencia, las uniones de hecho, las separaciones, los divorcios o las uniones entre personas del mismo sexo. “Tenemos que entender –comenta Anna Friso- que la verdadera cuestión no es quitar la paja del ojo del otro, sino ayudarlo a crecer en la conciencia de que Dios nos ama inmensamente a todos. Es un anuncio dirigido a todos, no sólo a quien está en situaciones irregulares”. “No está en discusión la doctrina de la Iglesia”, aclaró en la rueda de prensa Mons. Forte, sino su aplicación, su propuesta, el acompañamiento de su recepción y práctica. “En la doctrina de la Iglesia hay una verdad que es bella. Es alegría, posibilidad de realización. En el fondo nadie quiere un amor “desechable” o considera a los hijos algo opcional”, comenta Anna Friso. “La Iglesia nos habla precisamente de aquello que ya está escrito en nuestro corazón. Pero hay que presentarlo sobre todo con el testimonio”. “Nuestra esperanza es que el Sínodo aumente la conciencia de todas las familias, no sólo de las cristianas”, concluye Alberto Friso. “Yo creo que la Iglesia está realizando un acto de amor histórico. En un momento en el que domina el individualismo, es un gran mensaje de confianza y de esperanza no sólo para la antropología cristiana”. Fuente: it.radiovaticana.va/news
27 Jun 2014 | Focolare Worldwide
Como ápice de un año de celebraciones por el 60° aniversario del Movimiento de los Focolares en Francia, el 4 de junio pasado se desarrolló, en el Instituto Católico de París, un simposio sobre el aporte del Movimiento a la Iglesia y a la sociedad francesa. Ante un público variado, se trató de responder a las preguntas:”¿Quiénes son los Focolares?” y “¿Cuál es su participación en el mundo de hoy?”. Sin obviar algunos puntos críticos, como el hecho de que el Movimiento no es tan conocido en París, los relatores resaltaron el aporte positivo de los Focolares a la sociedad francesa. «No son muchos los Movimientos que han llegado a los sesenta “saludables” años de existencia, afirmó en su intervención, el sociólogo de la religión Jean-Louis Schlegel.

Padre Lethel
El simposio empezó con las palabras del padre François-Marie Léthel, carmelita y profesor de Teología en el Teresianum de Roma. El sacerdote hizo una comparación entre Santa Teresa de Ávila y su “castillo interior” (es decir, la oración, el centro del alma) y Chiara Lubich, con su “castillo exterior” (el amor al prójimo). No dudó en considerar a la fundadora de los Focolares como «una de las más grandes místicas de todos los tiempos». No dudó en considerar a la fundadora de los Focolares como «una de las más grandes místicas de todos los tiempos».
Laurent Villemin, profesor de Teología en el Instituto Católico de París, evocó la pasión de Chiara por el diálogo entre los cristianos, «muy pronto traducida en ecumenismo práctico» y que «no renunció ni en el último momento de su vida al trabajo por la unidad visible de la Iglesia». Trayendo como ejemplo concreto la dinámica de «Juntos por Europa«, Gérard Testard, miembro del Comité Internacional, declaró que «Los Focolares tienen una influencia y dan un aporte decisivo a la comunión entre los Movimientos».
Mons. Teissier, arzobispo emérito de Argelia, recordó lo que se vive en este país donde los musulmanes, en especial los jóvenes, «han encontrado en el Movimiento de los Focolares una respuesta a su expectativa interior» permaneciendo «fieles a su identidad musulmana». El presidente de las Semanas Sociales de Francia, Jérôme Vignon, subrayó el carácter «precursor y fecundo de la Economía de Comunión», definiendo como una «visión revolucionaria» el aporte de los Focolares a la evangelización: no tanto la de «hacer que nuestros hermanos se hagan cristianos», sino la de «hacerles probar la alegría del amor recíproco, la preocupación por el prójimo». Todos son aspectos en los que los Focolares pueden enriquecer al cristianismo social francés, con la condición de que no se “escondan”. «No tengan miedo – concluyó Laurent Villemin – lleven adelante la búsqueda de una auténtica espiritualidad para laicos auténticos».
26 Jun 2014 | Focolare Worldwide
«Gracias a mi trabajo como diplomático, con mi familia aprendimos a reconocer la riqueza de una humanidad más amplia, a amar a la patria del otro como la propia, a amar a Dios en la persona de nacionalidad y cultura distintas de la nuestra. Muchos me preguntan si es posible vivir como cristiano en un ambiente que te lleva a estar en contacto con la riqueza, pero también con el sufrimiento de la humanidad más variada. Es mi desafío cotidiano. En mi trabajo trato de inspirarme en el ideal de la fraternidad que propone Chiara Lubich. Hay un escrito suyo sobre la diplomacia, que me guía. Dice entre otras cosas: “Hacerse uno con el prójimo, en el total olvido de sí, que vive quien se acuerda del otro, del prójimo, sin percatarse ni buscarlo. Esta es la diplomacia de la caridad (…). La diplomacia divina (…) motivada por el bien del otro y libre de toda sombra de egoísmo”. Y continúa: “Si la actividad de todo diplomático está motivada por la caridad hacia el otro Estado tanto como hacia su patria, será iluminado hasta el punto que Dios lo ayudará a establecer y mantener relaciones entre los Estados así como deben ser entre las personas”. Siento que esta afirmación es muy verdadera y concreta y la he podido experimentar en muchas ocasiones. Por ejemplo, mientras veía las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos y Paraolímpicos, se me ocurrió mandarle a mi colega homólogo, un mensaje de celular y le escribí: “Tu país presenta toda su belleza”. Él enseguida me respondió: “Gracias”. Con ese sencillo gesto expresé todo mi aprecio por su país.
A veces el trabajo se transforma en una verdadera lucha. Recuerdo que cuando a mi país le tocó la presidencia de la Unión Europea, yo estaba encargado de presidir un grupo de trabajo al que se le propuso la adopción de un “Programa Diplomático Europeo”. Se trataba de un programa de formación para jóvenes en servicio en las sedes diplomáticas de los países miembros. Tenía un fuerte apoyo por parte de algunos países y fuerte resistencia por parte de otros. El programa preveía la inclusión de un idioma dejando de lado (les parece?) otros idiomas, que también habrían podido ser tomados en consideración. En esa situación a mí me tocaba buscar una solución. Hablé con los representantes de cada país, escuchando a fondo las motivaciones de cada uno. Como presidente, quería actuar al servicio de todos. Me fui convenciendo de que era más ventajoso para todos tener un programa de formación común, y que sería más útil tener contemporáneamente dos idiomas oficiales, cosa que no impedía la realización del programa. Hice mi propuesta que fue aprobada por todos y el Programa Diplomático Europeo hoy es una realidad consolidada. Desarrollo mi misión en un país disgregado, dividido, con reconocidos problemas desde todo punto de vista. En estos tiempos, lucho por amar concretamente a las personas, vivir las divisiones, no evadirlas, amar al hombre y a la mujer sin Dios y dar testimonio de Él allí donde se lo desconoce. Ser con mi vida un puente para unir. Aunque para ser “puentes” no es necesario ser embajadores. Si amamos al otro podemos hacerlo todo. San Agustín nos lo recuerda y el testimonio de Chiara Lubich y de todos nosotros que queremos vivir su mismo ideal de unidad en el mundo, son la prueba más tangible».