Asís 2011: entrevista a María Voce
Su impresión al término de estos días en Asís y en Roma.
Una impresión muy positiva. Mi pensamiento va sobre todo a Juan Pablo II y a Chiara Lubich por su amplia perspectiva en el campo del diálogo. Ellos entendieron que valía la pena invertir en personas y estructuras para llevar adelante el discurso del diálogo. Me refiero, en especial a los organismos que trabajan en esto: los distintos Consejos Pontificios (para la Unidad de los cristianos, para el Diálogo Interreligioso, para la Cultura, para la Justicia y la Paz, y dentro de la Iglesia) y a los Centros que se ocupan de los varios diálogos en el seno de nuestro Movimiento. Se pusieron de relieve todas las relaciones que se han construido en estos años. Ésta me parece que es la novedad con respecto a los encuentros realizados en el pasado. En estos años cada uno ha hecho mucho, aunque allí podía parecer poco, con respecto al resultado obtenido. En síntesis, me parece que llegamos al punto donde existen auténticas relaciones de amor recíproco. Algunos pequeños hechos significativos que todos hemos notado. Cuando al Patriarca Bartolomé se le cayó el librito, el Primado de la Iglesia de Inglaterra, el Dr. Rowan Williams,se inclinó a recogerlo: el Papa a menudo sonreía y se dirigía a uno y al otro. Perecen pequeñas cosas, pero son actos que todos notan y dan testimonio. Después, la presencia de personas de otras convicciones no religiosas. Ésta es realmente una novedad de sustancial importancia, sobre todo por la forma como la presentó el Papa en el sentido de búsqueda de la verdad común. Subrayó que la verdad nos trasciende a todos y que nadie puede decir que la posee completamente. Fue muy bello como él lo presentó. Ésta es claramente una novedad. Asís 2011 no ha sido sólo un encuentro de fraternidad y paz, para construir algo bello, ha sido también un elevarse en una búsqueda que va más allá de esto. Junto a Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Edigio y a Julián Carrón, actual responsable de Comunión y Liberación, fueron invitados a viajar en el tren del Papa con las delegaciones oficiales. ¿Es un reconocimiento significativo para los Movimientos y, en especial, de los laicos en el diálogo? Muchos cardenales y obispos vinieron a agradecerme por las relaciones delicadas y discretas que construimos con las personas de las distintas religiones. Era, por lo tanto, un reconocimiento por lo que nuestro Movimiento y los Movimientos en general hacen en el campo del diálogo. Sentí un gran aprecio también por la forma como los laicos conocen las situaciones concretas y los distintos contextos y tradiciones de las religiones y de los creyentes. Los laicos viven más fácilmente el contacto cotidiano con quienes siguen otros credos, y por lo tanto conocen aspectos vitales y tradicionales. Esto puede ayudar también a la Iglesia institucional a moverse en las relaciones con los fieles de otras religiones. No todos pueden conocer a todos y todo. Un ejemplo. Me encontré durante el almuerzo con un representante de la delegación sikhs, que no tenía ningún reparo de decir a todos que conoce el focolar y participa en los encuentros que promueve. Y como él, muchos otros. Las relaciones que los Movimientos han construido con estos líderes religiosos se ponían en evidencia de forma espontánea. Me parece que la jerarquía de la Iglesia quedó muy contenta y agradecida. A cargo del enviado Roberto Catalano
Noviembre 2011
«Estad, pues, muy atentos, porque no sabéis ni el día ni la hora». Con estas palabras Jesús nos recuerda sobre todo que Él vendrá. Nuestra vida en la tierra se terminará y empezará una vida nueva que ya no tendrá fin. Hoy nadie quiere hablar de la muerte… A veces hacemos lo que sea para distraernos, nos metemos de lleno en las ocupaciones cotidianas y llegamos a olvidar a Aquel que nos ha dado la vida y que nos la volverá a pedir para introducirnos en la plenitud de la vida, en la comunión con su Padre, en el Paraíso. ¿Estaremos preparados para el encuentro con Él? ¿Tendremos la lámpara encendida, como las vírgenes prudentes que esperan al esposo? Es decir, ¿estaremos en el amor? ¿O bien nuestra lámpara estará apagada porque, inmersos en las muchas cosas que hay que hacer, en las alegrías efímeras, en la posesión de bienes materiales, nos hemos olvidado de lo único necesario, que es amar? «Estad, pues, muy atentos, porque no sabéis ni el día ni la hora». Pero ¿cómo velar? Ante todo sabemos que vela bien precisamente el que ama. Lo sabe la esposa que espera a su marido que llega tarde del trabajo o que debe volver de un largo viaje; lo sabe la madre que está intranquila porque su hijo todavía no ha vuelto a casa; lo sabe el enamorado, que no ve la hora de reunirse con su amada… Quien ama sabe esperar aunque el otro tarde. Esperamos a Jesús si lo amamos y deseamos ardientemente el encuentro con Él. Y lo esperamos amando concretamente, sirviéndole, por ejemplo, en quienes tenemos cerca o comprometiéndonos a construir una sociedad más justa. El propio Jesús nos invita a vivir así en la parábola del siervo fiel que, mientras espera a su señor, se encarga de los criados y de los asuntos domésticos; y en la de los siervos que, en espera también de que vuelva su señor, se esfuerzan por sacar provecho de los talentos que han recibido. «Estad, pues, muy atentos, porque no sabéis ni el día ni la hora» Precisamente porque no sabemos ni el día ni la hora en que va a llegar, podemos concentrarnos más fácilmente en el hoy que se nos da, en el afán de cada día, en el presente que la Providencia nos ofrece para vivir. Hace tiempo me dirigí espontáneamente a Dios con esta oración que quisiera recordar ahora:
Chiara Lubich
Espiritualidad de la unidad: Unidad

En Fiera di Primiero en los primeros tiempos del Movimiento de los Focolares
Asís 2011: En nombre de Dios ¡nunca más violencia!
La bruma que cubría Asís en la mañana, permaneció durante todo el día y acompañó a Benedicto XVI y a “los peregrinos de la verdad y de la paz” que se dieron cita para una jornada de reflexión, diálogo y oración en la ciudad de Francisco y Clara. Después del frugal almuerzo en el convento de la Porziuncula, adyacente a la Basílica de Santa maría de los Ángeles, Benedicto XVI y los varios líderes tuvieron la posibilidad de transcurrir más de una hora de reflexión, meditación y oración. A cada uno se le ofreció una habitación para que pudiera hacerlo según su propia conciencia y las enseñanzas de su propia religión. Mientras tanto grupos de jóvenes caminaron en peregrinación hacia la Plaza San Francisco, delante de la Basílica inferior en la ciudad alta. Allí, tal como fue en 1986 y en el 2002 se preparó un palco para el acto final de la jornada. La llegada de Benedicto XVI y de las varias delegaciones fue acogida con gran entusiasmo. La plaza estaba repleta y presentaba una gran variedad de colores, desde el naranja de los hindúes al negro de los monjes japoneses, el blanco de muchos musulmanes y zoroastrianos, el gris y el marrón de los monjes y monjas católicos: una vista realmente única. Fue un momento solemne, de compromiso a favor de la paz, marcado por breves participaciones en distintos idiomas: francés, punjabi, ruso, inglés, en árabe hablado por un obispo siro-ortodoxo y también, en chino, tailandés, japonés, para terminar con el español. Detrás de cada lengua se escondía una forma de creer y un modo de hablar a Dios y a los hombres, sobre todo de la paz. Quien asumía el compromiso de vivir por la paz provenía, a menudo, de rincones del mundo con un alto ptencial de violencia. “Nosotros nos comprometemos” eran las tres palabras con las que iniciaba la declaración, para presentar un compromiso común más allá de las religiones, de la proveniencia geográfica y cultural. Un compromiso que se refiere a la decisión de erradicar las causas del terrorismo, de educar a las personas al respeto y la estima recíprocas, y de promover una cultura del diálogo, de defender los derechos de todas las personas de vivir una existencia digna, de reconocer que confrontarse con la diversidad puede convertirse en una posibilidad para mejorar la comprensión recíproca, de perdonar recíprocamente los errores y prejuicios, de estar del lado de quien sufre, Y así hasta llegar a Guillermo Hurtado, un profesor mexicano quien, a nombre de los humanistas laicos, proclamó el compromiso de todos los hombres y mujeres de buena voluntad de construir un mundo nuevo. Benedicto XVI sintetizó el llamado coral retomando las invocaciones de Pablo VI y Juan Pablo II: “¡Nunca más violencia! ¡Nunca más guerra!. En nombre de Dios que toda religión traiga a la tierra Justicia y Paz. Perdón y Vida. Amor!”. El símbolo de la luz concluyó la jornada al igual que la del 2002. Pequeñas lamparitas fueron pasando entre los presentes, seguidas por el intercambio de un signo de paz. Todo en la más grande sencillez y sobriedad, como enseñaron Francisco y Clara por los caminos de piedra de esta pequeña ciudad simbólica, que desde hace siglos le dice al mundo que los hombres y las mujeres pueden ser hermanos y hermanas. Del enviado Roberto Catalano Lee el artículo completo: http://www.cittanuova.it/contenuto.php?TipoContenuto=web&idContenuto=331098 Entrevista de Radio Vaticana a Michele Zanzucchi, director de Cittá Nuova: http://www.cittanuova.it/audio_dett.php?TipoContenuto=audio&idContenuto=331082

