Movimiento de los Focolares
12 días, 12 países y 25 jóvenes en búsqueda

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Video del viaje "siguiendo las huellas de Jesús"

“Tierra Santa, tierra pisada por los pies de Jesús, de María, de José, de los apóstoles. Sobre estos pasos hemos puesto los nuestros, ¡en un viaje inolvidable! Somos de la India, de Corea, de Canadá, de los Estados Unidos, de Europa y de la misma Tierra Santa, y los idiomas para comunicarnos entre nosotros y con cuantos encontramos en el lugar son inglés, italiano y alemán. No sabíamos mucho sobre las casi dos semanas que estábamos por vivir, pero teníamos una pregunta en común: ¿qué quiere Dios de mí? En el silencio del desierto a las cuatro de la mañana, en la Basílica de la Anunciación en Nazaret, en el lago de Tiberíades, todo se volvió silencio en el alma para acoger Su presencia. Somos Elizaberth, Giovanni, Silvia, Lukas, Youssef… ¡pero qué impacto recorrer este camino de Jesús, con el sentido profundo de deberlo vivir en el amor recíproco que Lo hace estar presente también entre nosotros! (cfr. Mt 18, 20) Luces, sombras, mucha comunión, muchos dolor ante los signos de la división: el muro, los check-point, las armas… y tantas preguntas. ¡Pero cuánta vida se percibía en el pequeño grupo de focolarinas y focolarinos del lugar, que ven su presencia allí, como el realizarse de la propia vocación a la unidad! ¡Y también cuántos encuentros conmovedores vividos con amigos hebreos, cristianos y musulmanes, todos verdaderos constructores de paz y de unidad! He aquí algunas de nuestras impresiones: “He podido entrar más en la vida de Jesús…; quiero escoger a Dios para toda mi vida; he luchado contra Dios en el pasado… ahora le he abierto nuevos espacios a Él…, ahora tengo una gran paz… serenidad para escuchar…, ya no leeré la Biblia de la misma forma; Jesús, cualquier cosa que quieras de mí, la haré…, ahora puedo y quiero dar todo a Dios, al 100%, incluso las preocupaciones, límites, temores, ¡qué sensación de libertad!…”. Una experiencia inolvidable, que no puede terminar aquí, y que marca nuestra alma con el deseo de seguir caminando sobre los pasos de Jesús en el mundo, comprometiéndonos por la paz y por la unidad de la familia humana. Jesús ha hablado a nuestro corazón y le hemos dicho nuestro “Sí”, sintiendo que nos invade una sensación profunda de libertad, de alegría y la certeza de ser amados por Dios. A cargo de los 25 jóvenes “en camino sobre los pasos de Jesús”.


Video del viaje a Tierra Santa  

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Asís 2011: la presencia de los Focolares

«Una inspiración –afirma la presidente de los Focolares, María Voce, en el Osservatore Romano – que dará seguramente una nueva aceleración y profundidad en el vivir las propias convicciones religiosas al servicio de la paz. Urgente precisamente hoy, cuando, paradójicamente, se difunde el temor hacia la religión, que por naturaleza es fuente vital de paz, imputándole la causa principal de muchos conflictos, tensiones, fobias, intolerancia y persecuciones por motivos religiosos que pululan en el mundo». Las delegaciones, numerosas y de alto nivel, partirán desde Roma, en tren, la misma mañana del 27 de octubre, junto con el Papa. En el tren Frecciargento junto a los líderes de todas las principales religiones del mundo, estará presente también María Voce, en representación de un Movimiento que –fundado sobre el carisma de la unidad de Chiara Lubich- desde sus orígenes se ha moldeado esencialmente para el diálogo. El Movimiento cuenta dentro de sus miembros con cristianos de 350 Iglesias y comunidades eclesiales. Por su expansión universal, hoy en día mantiene un diálogo abierto con todas las principales religiones del mundo, no sólo con algunos seguidores o líderes religiosos, sino también con líderes y seguidores de vastos movimientos: como el Movimiento budista Rissho Kosei-kai que cuenta con seis millones de adherentes (Japón), o el Movimiento de los afroamericanos (USA) o varios Movimientos de inspiración gandhiana del sur de India. Son miles los seguidores de otras religiones que viven, en la medida de lo posible, el espíritu del Movimiento y se comprometen a colaborar con sus fines. El diálogo se ha abierto también a personas sin una fe religiosa como agnósticos, indiferentes y ateos. Este diálogo nace a partir del encuentro entre personas creyentes y personas sin una referencia religiosa, pero unidas por el deseo de colaborar para que se recomponga en fraternidad la familia humana. Desde este punto de vista es emblemático el hecho que Benedicto XVI quiso también invitar a Asís a un grupo de no creyentes que “a pesar de no profesar una religión, están en el camino de la búsqueda de la verdad y advierten la común responsabilidad en pro de la justicia y de la paz en este mundo nuestro”. Son cuatro los invitados que aceptaron la invitación de Benedicto XVI. Son filósofos, historiadores, profesores de varias partes del mundo. Entre ellos está también Walter Baier: un economista austríaco, coordinador de la red «Transform!», un foro de investigación europeo que reúne revistas y «think tanks» de izquierda. Es miembro del Partido Comunista Austríaco además de colaborar en el “Centro internacional para el díálogo con personas de convicciones no religiosas” del Movimiento de los Focolares. Así se vislumbra el horizonte. «Una ciudad-mundo sin murallas se perfila en el horizonte, rica de esperanza”. Así se entrevé el evento de Asís 2011. “Hoy – afirma todavía María Voce – el diálogo entre las religiones no puede limitarse a los líderes, a los expertos. Debe convertirse en un diálogo del pueblo, un diálogo de la vida, que se vuelve cada vez más indispensable para la pacífica convivencia en nuestras ciudades y países, más teniendo que vivir cara a cara con musulmanes y budistas, hindúes y sijs. Es una crónica por descubrir y quizás por inventar, sin dejarnos amedrentar por el ruido que causan hechos de violencia e intolerancia. Es el testimonio cotidiano el que abre los caminos”. Seguimos y rezamos desde ya por esta gran cita de Asís del próximo octubre. A la espera de las nuevas sorpresas que nos reservará el Espíritu Santo”.

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Costa de Marfil: la fuerza de una comunidad unida

Glolé es un pueblo de Costa de Marfil de aproximadamente 1000 habitantes, está situado a 30 km de Man. La población está compuesta en su mayoría por agricultores, muchos de ellos sin ningún tipo de instrucción. La comunidad del Movimiento nació de la Palabra de vida puesta en práctica, primero por una persona, y luego por un grupo que ha ido creciendo siempre más. Actualmente, unas sesenta personas del pueblo se organizan en grupos para realizar muchas acciones en vista del bien común. Gilbert cuenta: “Las iniciativas concretas florecen de la Palabra de Vida vivida. No podíamos sólo escucharla para luego quedarnos con los brazos cruzados. Cada vez que un forastero venía al pueblo, alguno de nosotros le cedía la propia cama y dormía en el piso. Un día decidimos juntos construir monolocales de hospedaje. Nosotros mismos fabricamos los ladrillos y levantamos las paredes entre cantos de alegría. Actualmente tenemos 12 monolocales. Está en vías de construcción uno más, cerca de la calle asfaltada, para que pueda pernoctar quien no logre hacer el trayecto durante el día hasta Man (7 km a pie y 30 en carro), y poder llegar al hospital más cercano. Se trata de construcciones muy sencillas. Una vez tuvimos que llevar al hospital a una parturienta en una carretilla. Esto nos motivó a hacer algo nuevo: un pequeño “reparto maternidad” con lo indispensable para casos de emergencia, con algunas parteras, y útil también para las campañas de vacunación. El personal trabaja allí gratuitamente y, en cambio, recibe dones de la comunidad. Teníamos también un grave problema por la mortalidad infantil causada por la desnutrición, no tanto debido a la negligencia, sino por la falta de instrucción de las madres. Un proverbio de nuestra tradición dice que “el niño pertenece a la comunidad”. Así que, con la ayuda del “Centro Nutricional” que tenemos en Man, nos organizamos para dar formación a las madres. Cuando un grupo de ellas se forma, el mismo se ocupa de la formación de las otras mamás. Nos dimos cuenta que si estamos unidos, podemos hacer mucho. Logramos incluso cambiar algunas prácticas culturales del pueblo, que no eran conformes con la dignidad humana. En el ámbito agrícola, instauramos un “Banco del arroz” que consiste en un granero de reserva al servicio de todos, para los tiempos de penuria. Son más de 100 las familias que colaboran y que se benefician con este banco. Muchos pueblos de los alrededores han querido adoptar esta práctica. Gracias al don de una hectárea de pantano, ofrecido por una persona de la comunidad, pudimos cultivar un campo de arroz que ayuda a 12 pueblos. Se trata de un campo comunitario. Lo recaudado sirve para financiar la formación sanitaria, los costos para transportar a los niños al hospital, y para otros proyectos como la escolaridad de los niños que se recuperan de la desnutrición. Además, producimos el aceite rojo de palma para solventar nuestras necesidades. Lo que nos queda lo guardamos como depósito en vista de los períodos difíciles o lo vendemos cuando el precio es ventajoso. Recibimos como regalo un panel solar, muy útil para el “pequeño reparto maternidad” y un tractor que sirve, tanto para algunos trabajos agrícolas, como para transportar a los enfermos hasta la calle asfaltada. Todos estos dones los recibimos sólo con la condición de que sirvan para hacer crecer la fraternidad entre nosotros. La comunidad de Glolé ha hecho de la fraternidad su fuerza, y no quiere perderla. De hecho, la comunidad fue capaz de rechazar una donación considerable de dinero que amenazaba con traer la división. Durante una reciente visita pastoral del obispo, nos presentamos a él de esta manera: “Aquí en Glolé, gracias al espíritu de fraternidad, cristianos, animistas y musulmanes, vivimos todos en armonía.” [nggallery id=75]

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Año de la Fe

«Con sorpresa y gran alegría y gratitud hemos acogido el anuncio del próximo “Año de la fe” convocado por el Papa Benedicto XVI. Y todavía más su Carta Apostólica “Porta fidei”, con la que convoca dicho año, que comenzará el 11 de octubre de 2012, con motivo del 50° aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. Una vez más se siente el fuerte impulso del Espíritu Santo en esta iniciativa que llega con puntualidad en este momento de la historia. Los jóvenes de la JMJ, las familias, los trabajadores y los jóvenes que bajan a las plazas, inauguran nuevas primaveras e invocan profundas reformas sociales; son signos que dicen hasta que punto la humanidad busca hoy el cambio. También me lo han confirmado los recientes viajes que he hecho a Estados Unidos, Santo Domingo, Rusia, Eslovenia, Gran Bretaña. “No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta” , escribe el Papa. Es una urgencia que también nosotros advertimos intensamente y que pide una conversión: vivir con particular intensidad la Palabra de Dios. Impulsados con mayor vigor por el ‘mandato’ del Papa, nos hemos comprometido a volver a la radicalidad de los comienzos del Movimiento para, antes que nada, volvernos a evangelizar nosotros mismos y luego irradiar el Evangelio, con su fuerza de transformación, sobre la humanidad que nos rodea. Todavía hoy – como Chiara Lubich escribía en 1948 – “el mundo necesita una cura de Evangelio”. Además, profundo eco ha encontrado en nosotros la apremiante invitación del Papa a dar testimonio público de la fe, de la Palabra vivida “como experiencia de un amor que se recibe” y “se comunica como experiencia de gracia y gozo” . En los primeros años de vida del Movimiento de los Focolares era una novedad la comunión de las experiencias de la vida de la Palabra. Éstas resultaban irrefutables, porque eran ‘vita’, fecundas, capaces de engendrar el encuentro vivo con Jesús, de hacer que personas dispersas formaran una comunidad. Benedicto XVI nos ha recordado que no se afronta esta empresa solos, sino en compañía. Queremos intensificar esa experiencia de comunión y de fraternidad en nuestros ambientes: en los parlamentos, en las fábricas, en los barrios, en las universidades, en las familias, porque en la comunión es el mismo Resucitado quien está espiritualmente presente, toca los corazones y los transforma. El Papa nos ha reforzado en la convicción de que éste es un momento de gracia especial para la Iglesia, en el que el espíritu de renovación del Concilio sigue actuando como nunca».

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Editorial: vivir la espiritualidad de la unidad en los Estados Unidos

Dos historias, la del Focolar y la de los Estados Unidos. En Trento, en un refugio antiaéreo en 1944, Chiara Lubich y otras jóvenes mujeres redescubren como meta de sus vidas ese pasaje del Evangelio: “Que todos sean uno” (Jn. 17, 21), 150 años antes, los fundadores de los Estados Unidos escriben en la bandera “E pluribus unum”, de muchos uno. Las dos frases indican una tensión fundamental: tener en cuenta las diversidades, aspirando a la unidad. La introducción del volumen “Focolare: living a Spirituality of Unity in the United States”, Thomas Masters, Amy Uelmen – New City Press (NY 2011), nos presenta enseguida seis cuadros de jóvenes que ponen en práctica la espiritualidad. Como Rebecca, de Ohio, quien se sintió animada por la espiritualidad de la unidad a decidirse a prestar un servicio voluntario de ayuda a Sierra Leona. O Nick, quien creció en Baltimore, en Maryland, y después de terminar una maestría en asuntos internacionales se encontró en la situación de tener que confrontar su elección a favor del diálogo y la relación con los demás, con un ambiente fuertemente competitivo como el de la especialización universitaria. Elisabeth una auténtica campeona de natación. Gracias a una jornada deportiva organizada en su ciudad Indiana, encontró el focolar: “Cuando estos muchachos que conocían el Focolar vinieron a mi escuela, me impresionó el tipo de interacción que había entre ellos. La variedad de culturas –para mí que crecí en la Indiana rural- esto provocó un fuerte impacto. Sentí que todo el mundo estaba en mi jardín”. “No era fácil explicar a mis amigos quienes eran estas personas, la mayor parte de origen europeo, dónde íbamos y qué hacíamos” – cuenta Keith, crecida en un barrio negro de Nueva York. Pero con ellos todo era especial, me sentía atraída. Hacía las mismas cosas que en casa con mis amigos: deporte, juegos, pero había un clima distinto, tratábamos de querernos”. La ciudadela de los Focolares en Hyde Park, Nueva York – Mariápolis Luminosa – ofrece  programas veraniegos de formación para adolescentes. Naomi, una chica de dieciséis años de  Chicago, cuenta: “Antes de ir a la Luminosa era la típica adolescente: escuela, amigos, compras, diversión. Me resultaba difícil pensar en los demás. Bien, todo esto cambió. Volviendo a casa, empecé a compartir mis cosas, tendía la cama en la mañana, trataba de preparar al menos una vez al día la comida, escuchaba a mi hermanito de 8 años, en la escuela trataba de ser sociable con todos, ya no iba a las tiendas donde una camiseta costaba 100 dólares. Trataba de hacer todo por Dios, de hacer que fuera feliz. Entonces mi mamá se preguntó qué había sucedido”. Por último David, de Nueva York, conoció el Focolar durante la JMJ del 2002 en Toronto. Para él ha significado no encerrarse en prácticas “devocionales”, sino tratar de poner en primer lugar el amor a Dios y al prójimo. “Redescubriendo así mi fe, sentí el llamado del Espíritu Santo a ser sacerdote, y ahora estoy en el seminario”. Las seis experiencias reportadas sugieren que la espiritualidad de los Focolares puede ser mejor entendida mediante el ejemplo de quienes tratan de ponerla en práctica. A partir de la vida de Chiara Lubich y de aquellos primeros que se unieron a su camino, sigue el ejemplo de estadounidenses jóvenes, adultos, familias, este libro cuenta una experiencia compartida de vidas transformadas – en forma única, como es única cada persona, y al mismo tiempo igual- por la luz del amor de Dios.