Movimiento de los Focolares
Inicia el Instituto Universitario «Sophia» del Movimiento de los Focolares

Inicia el Instituto Universitario «Sophia» del Movimiento de los Focolares

El Instituto Universitario “Sophia”, nace de la intuición de la fundadora y presidente del Movimiento de los Focolares (Obra de María), Chiara Lubich. Promovido por ella y por un grupo internacional de docentes, fue erigido oficialmente por la Santa Sede mediante decreto del 7 de diciembre de 2007. Sede – El Instituto tendrá su sede en Loppiano, ciudadela del Movimiento, en Incisa in Valdarno (Florencia). A partir del curso 2008/2009 ofrecerá una especialización de dos años de duración (Master) en “Fundamentos y perspectivas de una cultura de la unidad”. En esta fase inicial contará cada año con 50 estudiantes. Más adelante se podrá cursar el correspondiente doctorado. Qué ofrece – Durante el primer año del Master se impartirán cursos comunes en cuatro áreas fundamentales: teología, filosofía, ciencias del vivir social y racionalidad lógico-científica. En el segundo año, el estudiante podrá elegir entre las enseñanzas específicas según las vertientes filosófico-teológica o político-económica. Características – Se trata de un laboratorio académico de formación, estudio e investigación con una fuerte relación a la luz del Evangelio; una ocasión innovadora de crecimiento humano y cultural, que conjuga estudio y experiencia dentro de una comunidad de vida y pensamiento, en la que la relación entre las personas es la base de la relación entre las disciplinas. El estudio, la investigación y las clases se orientan a instaurar un diálogo constante entre los docentes y entre los estudiantes y los docentes. La consecuencia que se deriva es un tipo de enseñanza con distintas perspectivas por parte de los profesores y la activa y personal aportación de los estudiantes en la búsqueda común. Las clases teóricas estarán integradas con prácticas, visitas guiadas, encuentros con testigos privilegiados, períodos de aprendizaje o stages en varios ámbitos, en particular en puestos de compromiso profesional, cultural y social que son expresión de una “cultura de la unidad”, como, por ejemplo, las empresas de la “Economía de Comunión”. También están previstos encuentros con realidades civiles y eclesiales, con comunidades de distintas tradiciones cristianas, con exponentes de varias religiones y con representantes de las expresiones multiformes de la cultura contemporánea. Objetivo – El curso tratará de otorgar una sólida capacidad cultural, de carácter humanístico y antropológico, dando valor a los conocimientos universitarios adquiridos con anterioridad en las distintas disciplinas y promoviendo su integración con aptitudes nuevas y específicas de signo interdisciplinario, intercultural, relacional. El objetivo del Instituto es formar líderes y académicos, preparados para afrontar el complejo mundo de hoy, con un bagaje de capacidades intelectuales y competencias interdisciplinares, interculturales y relacionales. Cuerpo docente – El Presidente del Instituto es Piero Coda, actualmente Profesor titular de Teología sistemática en la Universidad Pontificia Lateranense di Roma y presidente de la Asociación Teológica Italiana; entre los profesores residentes que desarrollarán actividades de enseñanza y de investigación sobre las principales disciplinas, se encuentran Antonio Maria Baggio, Profesor asociado de Ética social en la Universidad Pontificia Gregoriana; Luigino Bruni, Profesor asociado de Economía Política en la Universidad de Milano-Bicocca; Judith Povilus, Profesora de Matemáticas en la De Paul University de Chicago y coordinadora del grupo internacional de investigación Mathzero en el campo de la lógica formal; Sergio Rondinara, Profesor de Filosofía de la Ciencia en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma y de Ética ambiental en la Universidad Pontificia Gregoriana; Gerard Rossé, Profesor de Exégesis del Nuevo Testamento en el Instituto Mystici Corporis de Loppiano (Italia) y en el Ecole de la foi de Friburgo (Suiza). Decreto pontificio – El decreto de erección fue firmado por el Card. Zenón Grocholewski, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica que, en la carta de acompañamiento a Chiara Lubich, subraya la novedad del Instituto “que ahonda sus raíces en la espiritualidad de la unidad y en las ricas experiencias del Movimiento”, expresando sus mejores deseos para “este importante proyecto bien enraizado en la tradición académica, pero, al mismo tiempo, audaz y con perspectivas”. Sobre este nuevo Instituto académico se ha pronunciado también el Cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, con motivo de un encuentro con los sacerdotes diocesanos focolarinos (Centro Mariápolis de Castelgandolfo, 15.01.2008), definiéndolo “un don para la Iglesia y para la sociedad de nuestro tiempo”. Ha destacado sus “objetivos de comunión”, en particular el carácter marcadamente interdisciplinario, la influencia sobre la “formación de los líderes”, y las perspectivas de incidir en los campos más variados: “político, económico, científico y filosófico”.

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Card. Bertone: La comunión, base de la Iglesia

Un diálogo intenso, espontáneo, profundo, ha marcado el encuentro del Card. Tarcisio Bertone, con más de 600 sacerdotes diocesanos focolarinos, procedentes de 54 naciones en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo. Era la primera vez que, como Secretario de Estado, el Cardenal hacía una visita al Movimiento de los Focolares, en este centro internacional. Había sido invitado para un diálogo con los sacerdotes, reunidos para su encuentro anual. El Cardenal escuchó los testimonios de algunos “focolares sacerdotales” sobre los efectos que el “carisma de la unidad” vivido provoca en distintos contextos eclesiales y socio-culturales: en Irlanda donde, en un panorama de cresciente secularización, se injerta una relación renovada con el obispo y los demás sacerdotes, un fuerte compromiso en las universidades, en el campo ecuménico e interreligioso, una presencia eficaz en el mundo de los medios de comunicación; en Suiza, el testimonio de unidad hace que la vida en común entre sacerdotes se convierta en punto de referencia para varios presbíteros y antídoto para la crisis de vocaciones, así como causa de crecimiento en la asistencia dominical; la colaboración entre sacerdotes y laicos animados por la espiritualidad de comunión en Ascoli Piceno (Italia), infunde una nueva vida en la ciudad como sucedió durante el pasado mes de octubre cuando, con motivo de un evento promovido por los jóvenes de los Focolares, se logró involucrar a las instituciones civiles y a la ciudadanía. Sacerdotes de distintas partes del mundo, hicieron seis preguntas al Secretario de Estado: sobre la actuación del magisterio de Benedicto XVI, los desafíos de la Iglesia en el mundo de hoy, sobre las “lagunas” existentes en las comunidades eclesiales, así como sobre la prioridad en las elecciones pastorales. Y, luego, el papel de los Movimientos eclesiales, la realización de la “Iglesia-comunión”, la formación en los seminarios, la ayuda a los sacerdotes en dificultad. Y finalmente, sobre la relación personal, cotidiana, del Cardenal con el Papa. «La irrelevancia de la fe» y «el aislamiento y la soledad». Estos son los dos mayores desafíos que se encuentran los cristianos hoy. El Cardenal recordó una reflexión del entonces Card. Ratzinger, publicada en un reciente libro, en la que afirma que «la prueba extrema de la soledad incomunicable es el infierno». «Y esto dice que la soledad nosotros la comenzamos aquí y, por lo tanto, el infierno lo comenzamos aquí». Indicó dos citas. Sartre: “Los demás son para mí el infierno”. Gabriel Marcel: “Los demás son para mí el cielo”. Y añadió: «Entonces, el cielo, el paraíso lo comenzamos aquí con la espiritualidad de comunión, con el carisma de comunión. Lo contrario de la soledad». Como contestación al relativismo, «no hay que cansarse de buscar la verdad y los testigos de la verdad». Una pregunta personal: «Usted es un ilustre hijo de San Juan Bosco. ¿En qué modo esta ‘filiación carismática’ le ayuda en su actual ministerio?». «El carisma salesiano me ha ayudado siempre en mi vida, desde que era un muchacho» – ha respondido. «Después entré en la congregación, asimilé un poco este espíritu de familia, la capacidad de escucha y de acogida, de convivencia y de confidencia…». A propósito de la presencia de los Movimientos eclesiales: «Los Movimientos tienen ciudadanía plena en la Iglesia. Su presencia, viva, eficaz, transformante, suscita atención incluso entre los no cristianos». Dirigiendo una mirada a los carismas antiguos y nuevos: «El Señor sigue siendo creativo; la creación está presente en el universo, en el cosmos…, está presente, sobre todo, gracias a la acción del Espíritu». E invitó a que se «incremente el espíritu y la praxis de la comunión entre nuevos carismas e institutos históricos». El Secretario de Estado envió un «saludo calurosísimo» a Chiara Lubich, después de haber reconocido el papel fundamental de los fundadores en la vida de la Iglesia.

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“ColoreAmos la ciudad”: en todos los continentes una acción de los Muchachos por la Unidad

El programa es comprometedor: la “conquista” de la ciudad. Desde hace algunos años los Muchachos por la Unidad, han decidido arremangarse las mangas, en sus propias ciudades, donde, como sabemos, se juega el reto de la convivencia humana. El lema está hecho con dos palabras en una: “ColoreAmos”. El campo de acción mantiene una preferencia: los rincones más grises de ciudades y pueblos.  El objetivo: colorear con la fantasía del amor, en los cinco continentes, con un método que se expresa con el lema think globally, act locally ya que precisamente es lo que hace, pensar globalmente y actuar localmente, como exige la sociedad de hoy. En Milán los muchachos ponen en la mira un campo Rom . En Ruanda los objetivos son un instituto para niños huérfanos, el reparto de pediatría de un hospital, los enfermos de SIDA. En California, en una escuela donde hay un clima muy racista, fundan un club para difundir la cultura del respeto de la diversidad. En India, juntos, muchachos cristianos e hindúes ayudan a sus coetáneos con discapacidades. Pero pongamos el lente en lo ocurrido a un grupo de muchachos de África que decidieron ir a visitar a las detenidas en la cárcel de Iringa, en Tanzania: «La primera dificultad era convencer a los vigilantes de que nos dejaran entrar. La segunda era lograr llevar los regalos que habíamos puesto en común: fruta, sal, jabón… pero también la ‘Palabra de Vida”, nuestras experiencias y canciones. Caminamos tres kilómetros antes de llegar frente a los militares que custodiaban la entrada. Estaban armados y en sus rostros ¡ni la sombra de una sonrisa!  Recordándonos de que también en ellos debíamos reconocer el rostro de Jesús los saludamos, sonriendo nosotros primero. “¡No todos pueden entrar! Y los que elegiremos de entre ustedes, de todas formas no podrán cantar allá dentro”.  En cambio nos permitieron llevar nuestros regalos. Con las reclusas leímos la Palabra de vida y testimoniamos cómo ella cambió nuestra existencia. Mientras hablábamos del amor de Dios que es para todos y que también nosotros podemos corresponder, los guardias nos escuchaban en silencio. Al final la alegría de las prisioneras estalló en cantos y danzas: era su modo para agradecernos. El personal de vigilancia, sin palabras, se preguntaba: “¿Pero quiénes son estos muchachos?” Regresamos a casa felices con fuerzas nuevas para seguir coloreando la ciudad».

Un gran designio sostiene la familia

Cuando Dios creó el género humano plasmó una familia. Cuando el Autor sagrado quiso manifestar el ardor y la fidelidad del amor de Dios hacia el pueblo elegido, se sirvió de símbolos o analogías familiares. Cuando Jesús se encarnó, se rodeó de una familia y cuando comenzó su misión en Caná, estaba en las bodas de una nueva familia. Son sencillas constataciones que revelan lo importante y valiosa que es la familia en el pensamiento de Dios. Él no solo le ha dado una gran dignidad, sino que ha querido que sea “a Su imagen”, entrelazándola con el misterio de Su misma vida, que es Unidad y Trinidad de Amor. Por lo tanto, un gran designio sostiene la familia y la pone tras las huellas de la Santa Familia de Nazaret. La familia, lugar de un amor que va y vuelve, de comunión, de fecundidad y ternura, es signo, símbolo y tipo de cualquier otra forma de humanidad asociada. No es retórico afirmar que la familia es el primer bien social. En la gratuidad cotidiana que da sentido y valor a sus funciones de generación y educación, la familia introduce en el tejido social ese bien insustituible que es el capital humano, poniéndose de esa manera come recurso eficaz de la humanidad. Pero no solo esto. La familia sabe abrir casa y corazón a los dramas que sufre la sociedad y sabe llevar el calor familiar allí donde las estructuras e instituciones, aun con toda la buena voluntad, no pueden llegar. Pero si es grande su designio, igualmente grande tiene que ser el compromiso para llevarlo a cabo. Hoy, más que nunca, vemos que la familia manifiesta al mundo su fragilidad. Vemos esposos que, ante las primeras dificultades de la vida en pareja, dejan de creer en el amor que se tenían. Vemos hijos que, privados de la cercanía de unos padres unidos, encuentran dificultad para alzar el vuelo hacia un futuro comprometido. Vemos ancianos que, alejados del núcleo familiar, han perdido su ciudadanía y su identidad. Hoy más que nunca la familia tiene que ser amada, protegida y sostenida. Es necesario, no dejar de acudir nunca, al designio originario de la familia, que la ve unida caen un ‘para siempre’ que la consolida y la realiza. Es necesario llenar de significado la vivencia familiar con una espiritualidad de comunión, inherente a la familia, pequeña comunidad de amor. Son necesarias corrientes de opinión fundadas sobre los valores, y políticas familiares adecuadas. Este es el ardiente deseo que pongo en las manos de María Santísima, sede de la sabiduría y ama de casa, para el bien de la familia hoy y para la realización de toda la familia humana.   Chiara Lubich

En Madrid, la belleza de la familia

“Las expectativas y las esperanzas de los últimos días se han viso ampliamente superadas. Toda la celebración se ha desarrollado en un clima de profunda comunión y de alegría. Cada intervención ponía de relieve la difícil realidad en la que la familia vive hoy y, al mismo tiempo, se veía la esperanza, la fuerza, que tiene la vida de la ‘familia cristiana’ para la Iglesia y como fundamento de la sociedad”. Así escriben desde Madrid algunos miembros del Movimiento de los Focolares que han participado activamente en la preparación de este acontecimiento junto a los Neocateumenales, San Egidio, Carismáticos, Comunión y Liberación, y otros Movimientos, en comunión con las diócesis españolas. Un acontecimiento que ha superado cualquier expectativa, también por la participación que ha alcanzado el millón y medio de personas. Las intervenciones de 5 fundadores y presidentes estas realidades eclesiales, el mensaje de Chiara Lubich, los testimonios de las familias han exaltado la belleza de la familia unida, en la que cada generación da su específica e indispensable aportación: desde los niños – numerosísimos –, a los jóvenes, a los adultos de todas las vocaciones, a los abuelos, que mostraban el valor de la fidelidad. “Impactante” el momento de conexión en directo con el Papa durante el Angelus en la Plaza de S. Pedro: un nuevo y vivo aliento para que las familias “inspirándose en el amor de Cristo por los hombres, den testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia”.