11 Oct 2004 | Focolare Worldwide
Estamos en Budapest, en un barrio con 4000 habitantes. Un pedazo de mundo secularizado donde más de la mitad es católica sólo por haber recibido el bautismo. La población, formada sobre todo por jóvenes sin ninguna formación religiosa ni moral, está completamente abandonada a sí misma. El régimen comunista, que obstaculizaba toda forma de asociación, además de difundir la cultura atea, no había construido en ese barrio infraestructuras que permitieran el poderse encontrar para hacer deporte y otras actividades recreativas. Mucho menos un espacio para la iglesia.
Iniciar de la unidad – Después de un mes de búsqueda, los dos sacerdotes encargados por el obispo de reavivar la comunidad cristiana del barrio, encontraron alojamiento en una casa prefabricada, cuyas paredes dejaban pasar toda clase de ruidos, también los pleitos y las no raras blasfemias de los vecinos. ¡Una empresa ardua para ellos! La única certeza era vivir en primera persona como verdaderos cristianos, poniendo en práctica el mandamiento del amor recíproco y mereciendo la presencia de Jesús que dice: “donde dos o más…” Será Él el párroco: Jesús en medio de ellos.
La Misa dominical, celebrada en la única sala de reuniones del lugar (la del partido), a pesar de haber puesto invitaciones en todos los caseríos, recoge sólo un centenar de personas, la mitad niños. Los dos entienden que no pueden atraer a las multitudes y apuntan a ese pequeño grupo de personas. En las celebraciones litúrgicas, en los pequeños grupos de catequesis para niños y para adultos y en todos los otros grupos de encuentro subrayan el verdadero motivo del reunirse: vivir el amor fraterno, crear un clima de acogida del otro, de servicio, viendo en cada uno la presencia de Jesús.
Una verdad del Evangelio que enseguida atrae y es puesta en práctica. Las personas que vienen por primera vez no sólo regresan, sino que traen a otras. Y cuando se organizan fiestas o paseos, la finalidad debe ser siempre el amor fraterno para poder gozar de la presencia de Jesús en medio.
A la escuela de la Palabra – La comunidad se forma y crece a la luz de la Palabra de Dios. Se apunta a ella, antes vivida en primera persona y después donada para ser puesta en práctica por muchos y regresar encarnada en las experiencias que se comunican. Es una dinámica que produce frutos, un lenguaje que todos comprenden y son muchos los que se ven involucrados. Los adultos descubren y experimentan que la Palabra ilumina en modo concreto los hechos de todos los días, cambian radicalmente las relaciones humanas, suscita la comunión, da vida a una comunidad cristiana donde todos, sacerdotes y laicos, entran en Su escuela. También los niños de la catequesis se ven involucrados en la vida de la Palabra y hacen las primeras experiencias que los llevan a tener una relación personal con Jesús. El catecismo se convierte en una interesante aventura de convivencia con Él. Se vuelve una costumbre hacer los ejercicios espirituales durante los momentos fuertes del año litúrgico, y de este modo los dos sacerdotes se retiran por cinco días fuera de la ciudad con los adultos y los jóvenes más comprometidos, y después tres días con los demás. Los ejercicios son una experiencia concreta de Evangelio vivido, un entrenamiento para después proseguir en casa, en el trabajo, la misma vida de donación fraterna. Se profundiza en la espiritualidad colectiva.
Vivir y hacer vivir la comunión – Viendo las necesidades concretas de la parroquia, espontáneamente tantos se sienten responsables en las varias tareas. Dan vida a grupos de trabajo con un estilo nuevo, moviéndose en armonía: hay grupos que trabajan en el campo asistencial o en campo litúrgico, otros se encargan de la armonía de los ambientes parroquiales, otros más se dedican a los jóvenes, se encargan del deporte, están comprometidos en la catequesis y mantienen el contacto con otros habitantes del territorio. Las personas redescubren la fe ya no más como una doctrina desarraigada de la vida, sino como una luz que desde lo alto ilumina y conduce la existencia, que da sentido y transforma las realidades que están alrededor, la familia, la sociedad, y llena de alegría.
Entre los frutos: hay padres de familia, antes indiferentes, que han redescubierto la fe a través de sus hijos, y jóvenes que quieren conocer la comunidad por el cambio de sus padres. Lo mismo sucede entre colegas de trabajo y entre compañeros de escuela.
Una comunidad en crecimiento – Los miembros de la comunidad, de un centenar pasan a ser alrededor de 800 y los que frecuentan regularmente la catequesis de 80 a 350. Se debe construir una iglesia, que le dedican a la Santísima Trinidad, con el deseo de vivir el amor trinitario que Jesús ha traído a la tierra.
Apertura a las otras Iglesias y religiones – También personas de otras iglesias cristianas e incluso hebreos y musulmanes se han sentido atraídos por el testimonio de vida de parientes o conocidos. Un musulmán que acompaña a su esposa a la Misa dijo: “Yo no tengo en este barrio una mezquita, pero en medio de ustedes siento la presencia de Dios, puedo rezar y me siento más cercano a mi fe musulmana”.
Las dificultades: un trampolín de lanzamiento – Hay también días difíciles. Ha sido sustituido uno de los sacerdotes y en el seno de la comunidad han nacido algunas tensiones entre personas y grupos, pero de este dolor la comunidad en su conjunto se ha consolidado y la comunión entre todos ha echado raíces más profundas. A quien pregunta cuál es el secreto de tanta vitalidad responden: Jesús en medio nuestro. Pero agregan también que esto se verifica cuando, aceptando la desunidad, las debilidades y los errores de cada uno, se trata de ir más allá, transformando el dolor en amor. Porque Jesús ha resucitado pasando a través de la muerte.
7 Oct 2004 | Sin categorizar
Un deporte para la paz Sportmeet 21/10/2004
Por una cultura del deporte orientada a la fraternidad universal �Qué pueden tener en común una maestra de esquí y un periodista deportivo, un médico del deporte y un trabajador social, un entrenador y un docente de pedagogía? Los une el proyecto de Sportmeet, una joven realidad internacional del Movimiento de los Focolares, nacida en el mundo del deporte, para contribuir, cada uno desde el propio ámbito específico, a elaborar una cultura del deporte orientada a la construcción de la fraternidad universal.
En Viena para “Educarse a educar a través del deporte”. Para ello se dieron cita en Viena, a mediados de septiembre para un congreso internacional (130 participantes de 17 naciones, 6 extra-europeas) sobre el tema Educarse y educar a través del deporte. La Unión Europea ha designado el 2004 como Año Europeo de la Educación a través del Deporte, considerándolo, tal como se lee en los documentos comunitarios, «un componente esencial de nuestra sociedad”, capaz de transmitir “todas las reglas fundamentales de la vida social” y de ser portador de valores educativos fundamentales como la “tolerancia, el espíritu de equipo, la lealtad”. Cuando el deporte puede llenar de tensión moral Pero ante las contradicciones del deporte de hoy �se le puede realmente conceder al mismo tal crédito?“Como otras actividades humanas el deporte es poliforme y ambivalente: -admitió, en el discurso de apertura, Paolo Crepaz, especialista en medicina deportiva y coordinador de Sportmeet- es una liberación de energías psicofísicas latentes, pero también es servilismo ante los ídolos del prestigio y de la ganancia; es don de sí, pero también es ocasión de egoísmo y de engaño; es lugar de encuentro pero también de desencuentro”. La educación del cuerpo implica favorecer que la corporeidad, expresión emblemática del deporte, esté en capacidad de mostrar y acreditar el espíritu. Pero �cuándo estará el deporte en capacidad de encender el espíritu? “Cuando será capaz de conferir, a quien lo practica, dominio de sí, -explicó Crepaz- de sus actos, una meta siempre en devenir, y cuando sea capaz de teñir la acción del atleta con la tensión moral”. Chiara Lubich: el deporte es capaz de revelar dimensiones esenciales del hombre Este es el concepto subrayado por Chiara Lubich en el saludo que dirigió a los participantes: “El deporte puede revelar la dimensión esencial del hombre sea como ser finito ante las dificultades y las derrotas, sea como ser llamado al infinito, capaz de superar los propios límites”. Pero �quién sabe educar en este modo? “Así como es necesaria la primavera para que florezca un jardín –concluyó Chiara Lubich-, del mismo modo es necesario el calor del amor para hacer germinar las verdades que están grabadas en el hombre. En una atmósfera de amor recíproco, hasta experimentar las palabras de Jesús: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos”, les deseo que puedan hacer la experiencia que Él mismo, Jesús, sea su maestro, también en el deporte”. Una inversión de tendencia ya en acto en el deporte. La lección de los más jóvenes De los participantes se tuvo la confirmación que quien cree en los valores del hombre, aunque no esté unido a referentes religiosos, puede compartir y experimentar cuán educativo puede ser una actitud de confianza recíproca, sincera y profunda, entre quien educa y quien es educado a través del deporte. En este sentido, numerosas reflexiones y testimonios concretos, han revelado una inversión de tendencia ya viva y difundida en el deporte, sobre todo entre los más jóvenes.
No palabras, sino nuevos proyectos deportivos en acto El congreso permitió sobre todo dar a conocer numerosos proyectos deportivos con dimensión social ya desarrollados, en los diversos continentes, afines o suscitados por Sportmeet. Todo un equipo de fútbol de muchachos de una difícil periferia de Bogotá “adoptada” a distancia gracias a la ayuda de un club profesional del sur de Italia; el proyecto de promoción deportiva SportFontem, iniciado en el colegio de la ciudadela de Camerún donde el Movimiento de los Focolares está presente desde hace tiempo, Deporchicos, una “mini Olimpiada” con implicaciones deportivo-sociales en Buenos Aires, la planificación de la promoción deportiva como instrumento de rescate social en las regiones de San Pablo en Brasil y en especial en Jardim Margarida; el proyecto escolar Café con Leche, ya activo en una zona marginal de Santo Domingo, que se desarrollará con la construcción de una cancha. Pero Sportmeet ha dado espacio durante el congreso también a otros proyectos deportivo-sociales de valor, como el InterCampus, promovido por el Inter de Milán, o Vivas, Vivir los valores del deporte, surgido por la tenacidad de un profesor de educación física, en Piacenza, o El Gran Reto, de Verona, un evento deportivo que pone en evidencia la riqueza de los discapacitados.
Sports4Peace, en Austria involucra a 20.000 jóvenes Entre los tantos proyectos, el más interesante resultó ser Sports4Peace, realizado precisamente en Austria durante el último año escolar 2003 – 2004. Entraron en contacto con la iniciativa alrededor de 20.000 jóvenes de distintas escuelas superiores austriacas, quienes pudieron experimentar un deporte que no mueve solamente… balones, sino un deporte que es camino hacia una sociedad solidaria y orientada a la paz. Guiados por seis sencillas normas (juega seriamente, juega honestamente, no aflojes nunca, mantén los ojos abiertos a las necesidades de los demás, juega para jugar, haz tú la diferencia) impresas en las caras de un dado, expresiones de una única regla, la “regla de oro”, presente en toda religión: “Haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti”, los muchachos involucrados practicaron deporte, organizaron torneos, eventos deportivos y musicales y recogieron firmas por la paz olímpica. Todo evento o expresión deportiva vivida después de haber lanzado el dado, permitía a los muchachos coleccionar “anillos olímpicos”. En cambio, cada paso hacia la paz, a través de pequeñas o grandes acciones de comunión o de perdón, permitía conquistar “anillos de oro”. El objetivo final: llegar a los 51.000 anillos olímpicos y de oro y envolver así, simbólicamente, la superficie de 510 kilómetros cuadrados de la tierra con una red de paz. La iniciativa tuvo el patrocinio y el apoyo de las más grandes organizaciones deportivas y escolares austriacas y de diversos campeones deportivos, entre los cuales Ralf Schumacher, Hermann Mayer, Michael Walchhofer y otros, quienes aceptaron ser testigos, considerando la idea del dado muy original y eficaz. El proyecto de Sports4Peace si reveló particularmente contagioso: después del congreso Sportmeet se difundirá en otras naciones. Cultura – Deporte – Paz: el interés de docentes universitarios de Europa y de Brasil Los distintos proyectos deportivos presentados por Sportmeet han suscitado un interés especial en los 8 docentes universitarios, de distintas universidades (Viena, Innsbruck, Téramo, la Católica de Milán, Buenos Aires) y de diversas disciplinas en el campo del deporte, presentes en el congreso precisamente para profundizar la posible relación entre el deporte y la paz.
3 Oct 2004 | Sin categorizar
30 Sep 2004 | Palabra de vida, Sin categorizar
Los discípulos le hacen a Jesús un pedido que los angustia. Ellos también han vacilado. ¡Cuántas veces encontramos en el Evangelio que él les reprocha su poca fe! El mismo Pedro, la “piedra” sobre la cual Jesús edificaría su Iglesia, fue tratado de “hombre de poca fe”. Jesús tuvo que pedir por él, para que su fe no flaqueara.
En realidad el pedido de aumentar la fe es una invocación de todos los cristianos porque, en la vida de cada uno de nosotros, puede haber oscilaciones. Incluso Santa Teresa de Lisieux, por más que a lo largo de toda su vida mantuvo una profundísima relación filial con Dios, en los últimos dieciocho meses se vio asediada por la “prueba contra la fe”: ella misma cuenta que tenía la impresión de que un muro se elevara hasta los cielos y cubriera las estrellas.
«Auméntanos la fe»
Lo cierto es que, aún sabiendo que Dios es Amor, muchas veces vivimos como si en esta tierra estuviéramos solos, como si no existiera un Padre que nos ama y nos cuida; que conoce todo de nosotros ¡hasta cuenta los cabellos de nuestra cabeza!; que hace que todo contribuya a nuestro bien: tanto lo bueno que hacemos como las pruebas que pasamos.
Tendríamos que poder repetir como propias las palabras del evangelista Juan: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”.
En efecto, creer es sentirse mirados y amados por Dios, es saber que cualquier pedido nuestro, cualquier palabra, cualquier gesto, cualquier acontecimiento triste, alegre o indiferente, cualquier enfermedad, todo, todo, todo, tanto esas cosas que nosotros llamamos importantes como las mínimas acciones, pensamientos o sentimientos, todo es mirado por Dios.
Ahora bien, si Dios es Amor, la confianza plena en él no es más que una consecuencia lógica. Podemos entonces tener esa confidencia que nos lleva a hablar a menudo con él, a exponerle nuestras cosas, nuestros propósitos, nuestros proyectos. Cada uno de nosotros puede abandonarse a su amor, seguro de ser comprendido, confortado, ayudado.
«Auméntanos la fe»
Ante el pedido de los discípulos, Jesús responde: “Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, ella les obedecería”. Jesús no pide una fe más o menos grande, sino auténtica, basada en él, del cual se puede esperar todo, sin contar únicamente con las propias capacidades.
Si creemos, y creemos en un Dios que nos ama, toda imposibilidad puede superarse. Podemos creer que se “arrancarán” la indiferencia y el egoísmo que suelen rodearnos y que se oculta también en nuestro corazón; que se resolverán situaciones de conflicto en la familia; que nuestro mundo se encaminará hacia la unidad entre generaciones, entre categorías sociales, entre cristianos separados por siglos; que florecerá la fraternidad universal entre los fieles de las distintas religiones, entre las razas y los pueblos… Podemos creer también que esta humanidad nuestra llegará a vivir en paz. Sí, todo es posible, si le permitimos a Dios que actúe. A él, el Omnipotente, nada le es imposible.
«Auméntanos la fe»
¿Cómo vivir esta Palabra de vida y crecer en la fe? En primer lugar, pidiéndola, especialmente cuando sobrevienen dificultades y nos asaltan las dudas: la fe es un don de Dios. “Señor –podemos pedirle–, haz que permanezca en tu amor. Haz que no viva ni un instante sin que sienta, que advierta, que sepa por mi fe, o también por experiencia, que tú me amas, que tú nos amas”.
Y luego podemos vivirla amando. A fuerza de amar, nuestra fe se volverá inquebrantable, solidísima. No solamente creeremos en el amor de Dios, sino que lo sentiremos de manera tangible en nuestra alma, y veremos realizarse “milagros” a nuestro alrededor.
Eso es lo que experimentó una joven de Gran Bretaña: “Cuando mi madre me comunicó que había decidido dejar a papá y mudarse a otro departamento quedé casi desesperada, shockeada por la noticia, pero no le dije nada. En otras ocasiones habría buscado alguna excusa para escapar o me habría encerrado en la habitación a escuchar música, pero esta vez estaba decidida a vivir el Evangelio y me sentía llevada a permanecer allí, en medio de ese sufrimiento, y declararle mi ‘sí’ a la cruz. Para mí era una oportunidad de creer en su amor más allá de cualquier apariencia. A partir de ese momento traté de escuchar a mamá con amor cuando se desahogaba de todo lo que tenía que decir de mi padre, y de dejar mi opinión de lado. Traté también de encontrar la manera de estar cerca de mi padre.
Pasaron unos meses y cuando mis padres ya estaban volviendo a reconstruir la relación entre ellos, me sorprendió una frase de mamá: ‘¿Recuerdas cuando te dije que me habría separado? Tu reacción me hizo pensar que estaba tomando una decisión equivocada’. Yo no le había dicho nada, solamente un ‘sí’ a Jesús en silencio, segura de que él se habría ocupado de todo.”
Chiara Lubich
29 Sep 2004 | Sin categorizar