31 Oct 2012 | Palabra de vida, Sin categorizar
Por lo tanto, su presencia puede realizarse desde ahora en los cristianos y en medio de la comunidad; no es necesario esperar el futuro. El templo que la acoge no es tanto el de paredes, cuanto el corazón mismo del cristiano, que así se torna un nuevo sagrario, habitación viva de la Trinidad.
Pero, ¿cómo puede el cristiano llegar a tanto? ¿Cómo se puede a llevar a Dios mismo en uno? ¿Cuál es el camino para acceder a esta profunda comunión con él?
El amor para con Jesús.
Un amor que no es mero sentimentalismo, sino que se traduce en vida concreta y, precisamente, en la fidelidad a su palabra.
A este amor del cristiano, que puede ser verificado en los hechos, Dios responde con su amor: la Trinidad viene a habitar en él.
“…será fiel a mi palabra”.
¿Cuáles son las palabras a las que el cristiano está llamado a ser fiel?
En el Evangelio de Juan, “mis palabras” son a menudo sinónimo de “mis mandamientos”. Por lo tanto, el cristiano está llamado a observar los mandamientos de Jesús. Los cuales no deben ser entendidos como un catálogo de leyes. En todo caso, hay que verlos sintetizados en lo que Jesús ilustró con el lavado de los pies: el mandamiento del amor recíproco. Dios le ordena a todo cristiano que ame al otro hasta la entrega completa de sí, tal como enseñó e hizo Jesús.
¿Cómo vivir bien esta Palabra? ¿Cómo alcanzar el punto en el que el Padre mismo nos amará y la Trinidad habitará en nosotros?
Poniendo en práctica con todo el corazón, con radicalidad y perseverancia el amor recíproco entre nosotros.
Principalmente allí el cristiano encuentra el camino de esa profunda ascética cristiana que el Crucificado exige de él. En efecto, es con el amor recíproco como florecen en su corazón las diferentes virtudes y se puede corresponder al llamado de la propia santificación.
Chiara Lubich
Publicación mensual del Movimiento de los Focolares
* Este texto fue publicado por primera vez en 2001.
16 Oct 2012 | Focolare Worldwide
«Tienen por protagonistas a jóvenes y adolescentes, familias, profesionales, obreros, directores, religiosas, sacerdotes, que enfrentan con el Evangelio las situaciones cotidianas y los desafíos de la sociedad. Un pueblo que cree, vive, se mueve, arrastra, en el respeto de las convicciones y de la experiencia de los demás, conscientes de que cada persona puede dar una contribución a la gran familia humana». Así se presenta el libro, editado por Città Nuova, a cargo de Chiara Favotti.
Publicamos, uno pequeño áperitivo´, una de las historias recogidas en “Una buena noticia, gente que cree, gente que mueve”.
Soy africano y estoy estudiando en el Norte de Italia. Hace tiempo había leído en una revista un artículo, en el cual el autor dice que una “noche” está prevaleciendo en la cultura occidental en todos sus ambientes, llevando a la pérdida de los auténticos valores cristianos.
Sinceramente no comprendí mucho el sentido de este escrito, hasta que me sucedió un hecho que me hizo abrir los ojos. Un sábado en la noche. Algunos muchachos, vecinos de casa, me proponen salir con ellos y pasar la tarde juntos. Quieren hacer algo distinto. Somos seis o siete. Para comenzar, vamos a bailar a un local. Al principio me divierto, me dicen que tengo la música en la sangre, que sé bailar bien. Pronto me doy cuenta que a mi alrededor algunos bailan sin ningún respeto hacia sí mismos ni tampoco hacia los demás. No bailan por diversión, sino para lanzar mensajes ambiguos. Dentro de mí advierto una voz sutil, que me dice que vaya contra corriente y que baile con dignidad y por amor.
Después de algunas horas, mis compañeros proponen cambiar de local. Confío en ellos, al fin y al cabo son amigos míos, acepto. Entramos en otro lugar. Después de un rato me doy cuenta dónde estoy, entre música a un altísimo volumen, luces sicodélicas y un olor acre que entra fuerte en la nariz, enseguida me siento perturbado. Esta no es una discoteca normal, aquí las chicas se prostituyen. Estoy muy decepcionado y enojado. Sin decir una palabra me doy vuelta y salgo del local. Uno de mis amigos me sigue. Me insulta, me dice que soy un retardado. No le respondo. Pasan pocos minutos, sale otro, este muchacho no me insulta sino que me da la razón. Finalmente otro amigo sale del local y también él me da la razón. Quedo sorprendido, había creado una cadena de “ir contra la corriente”. Sin haber hablado ni de los ideales cristianos en los que creo, ni de Dios, los otros me habían visto y habían comprendido. Pasa un mes. No recordaba aquel episodio. Un día un muchacho, que había estado con nosotros aquella noche, se me acerca y me dice que está arrepentido y que no quiere frecuentar más ese tipo de locales. Esta experiencia me ayudó a comprender más radicalmente la necesidad de arriesgar y decir ‘no’ a algunas propuestas”. (Yves, Camerún)
¿Tienes también tú una buena noticia para darnos?
30 Sep 2012 | Palabra de vida, Sin categorizar
“Si tú lo dices, echaré las redes”
Después de una noche infructuosa, como experto pescador que era, Pedro hubiera podido sonreír y rechazar la invitación de Jesús a echar las redes de día, en el momento menos propicio. Por el contrario, yendo más allá de su razonamiento, confió en él.
Se trata de una situación típica por la que también hoy todo creyente, precisamente porque lo es, está llamado a pasar. En efecto, su fe es probada de mil maneras.
Seguir a Cristo comporta decisión, compromiso y perseverancia, mientras que en el mundo en que vivimos todo parece invitar al relajamiento, a la mediocridad, al “dejar pasar”. La tarea parece demasiado grande, imposible de alcanzar, ya fracasada desde el vamos.
Es necesaria, entonces, la fuerza para ir adelante, para resistir el ambiente, el contexto social, los amigos, los medios de comunicación.
Es una prueba dura que hay que combatir día tras día, o mejor dicho hora tras hora.
Pero si se la enfrenta y se la acepta, nos hará madurar como cristianos, nos hará experimentar que las extraordinarias palabras de Jesús son verdaderas, que sus promesas se realizan, que se puede emprender en la vida una aventura divina mil veces más fascinante de lo que puede imaginarse, y que podemos ser testigos, por ejemplo, de que mientras en el mundo la vida es a menudo penosa, chata e infructuosa, Dios llena de todo bien a quien lo sigue, le da el céntuplo en esta vida, además de la vida eterna. Se renueva la pesca milagrosa.
“Si tú lo dices, echaré las redes”
¿Cómo poner en práctica esta Palabra?
Haciendo nosotros también la opción de Pedro: “si tú lo dices…”. Tener confianza en su Palabra; no dudar de lo que nos pide. Es más, apoyar nuestra conducta, nuestra actividad, nuestra vida sobre su Palabra.
Construiremos así nuestra existencia sobre lo más sólido que hay, lo más seguro, y contemplaremos asombrados que precisamente donde todo recurso humano desaparece interviene él; y que donde es humanamente imposible, nace la vida.
Chiara Lubich
Este texto fue publicado por primera vez en enero de 1983.