Movimiento de los Focolares
«Mira que hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5).

«Mira que hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5).

El libro del Apocalipsis, del que está tomada la Palabra de Vida, cierra la compilación de los escritos del Nuevo Testamento. El título significa revelación, y la intención del autor es dar a entender las cosas últimas, el retorno de Jesús a la tierra, la derrota definitiva del mal y el surgimiento de un cielo nuevo y una tierra nueva.

No es un texto fácil de entender. Son los años 81-96 d. C. La persecución de los cristianos es feroz. El clima de las comunidades cristianas es de miedo: ¿qué será de nosotros y del mensaje que se nos ha encomendado? ¿Por qué Dios no interviene?

En estas circunstancias, el autor es mandado al exilio por los romanos, a la isla de Patmos. Es aquí donde empieza a tener una serie de visiones y recibe la orden de escribirlas.

«Mira que hago nuevas todas las cosas».

El libro del Apocalipsis quería dar esperanza a las comunidades perseguidas: a pesar de que el presente es difícil y lleno de violencia, a pesar del futuro incierto, al final el bien triunfará y Dios hará nuevas todas las cosas.

También hoy, mirando «el telediario o la portada de los periódicos, hay muchas tragedias, donde se encuentran noticias tristes ante las cuales todos corremos el riesgo de acostumbrarnos. […] Pero hay un Padre que llora con nosotros; hay un Padre que llora lágrimas de infinita piedad por sus hijos… Un Padre que nos espera para consolarnos, porque conoce nuestros sufrimientos y ha preparado para nosotros un futuro distinto. Esta es la gran visión de la esperanza cristiana, que se dilata todos los días de nuestra existencia y nos quiere levantar» [1].

«Mira que hago nuevas todas las cosas».

No podemos saber cuándo ni cómo sucederá esto, y es inútil querer indagar. Pero es seguro que ocurrirá.

«Las páginas finales de la Biblia nos muestran el horizonte último del camino del creyente: la Jerusalén del Cielo, la Jerusalén celestial, imaginada ante todo como una inmensa tienda en la que Dios acogerá a todos los hombres para habitar definitivamente con ellos (Ap 21, 3). Y esta es nuestra esperanza. Y ¿qué hará Dios cuando por fin estemos con Él? Tendrá una ternura infinita con nosotros, como un padre que acoge a sus hijos que durante mucho tiempo se han esforzado y han sufrido. «Esta es la morada de Dios con los hombres […] Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado […] ¡Mira que hago un mundo nuevo!» (Ap 21, 3-5). 21,3-5). ¡El Dios de la novedad!» [2].

«Mira que hago nuevas todas las cosas».

¿Cómo vivir la Palabra de Vida de este mes?

«Esta nos asegura que nos encaminamos hacia un mundo nuevo que preparamos y construimos ya desde ahora. O sea, es todo lo contrario de una invitación a despreocuparnos y huir del mundo. De hecho Dios quiere renovarlo todo: nuestra vida personal, la amistad, el amor conyugal, la familia; quiere renovar la vida social, el mundo del trabajo, la educación, la cultura, el tiempo libre, la sanidad, la economía, la política…, en una palabra, todos los sectores de la actividad humana. Pero para hacer eso, Él nos necesita. Necesita personas que dejen vivir en sí mismas su Palabra, que sean su Palabra viva, otros Jesús en sus ambientes»[3].

Alice, una joven cristiana, comprendió que seguir su vocación requería un cambio profundo para permitir a Dios actuar plenamente en su vida y hacerla nueva. Como un don inmenso, tuvo la oportunidad de vivir una experiencia en la India. Allí saboreó una alegría auténtica y se sintió inmersa en la gracia de Dios, incluso en los momentos difíciles. Así, dedica sus días a la oración, a la vida comunitaria y al servicio de voluntariado. Los niños del orfanato la impresionaron profundamente: aun sin poseer nada, mostraban un entusiasmo increíble y le enseñaron mucho de la vida. No fue un simple viaje, sino una peregrinación, un camino a base de «subidas y bajadas», en el que tuvo que «vaciar la mochila» y se encontró enriquecida y liberada.

Augusto Parody Reyes y el equipo de la Palabra de Vida


[1]FRANCISCO, Audiencia general, 23-8-1917: Llamados a sembrar esperanza, Ciudad Nueva, Madrid 1917, pp. 154.155.
[2] Ibid.
[3] C. LUBICH, Palabra de Vida de abril de 1989: EAD., Palabras de Vida/1 (1943-1990), Ciudad Nueva, Madrid 2020, p. 454.

Foto ©Shelby-Murphy-Figueroa-Unsplash

Protagonistas de un nuevo futuro

Protagonistas de un nuevo futuro

Desde tiempos remotos, la humanidad cultiva el deseo de conocer el futuro, a través de ritos mágicos o de la interpretación de los signos de la naturaleza. Algunas de las más grandes obras de la Antigüedad de las diversas culturas y religiones están marcadas por esta tensión. A menudo nacen en los períodos históricos de mayor sufrimiento de un pueblo.

Pero ¿es realmente útil saber qué sucederá? ¿Qué nos ofrece el conocer de antemano los acontecimientos que viviremos, o la manera en que los viviremos? Ninguna de las tradiciones legendarias lo revela plenamente y, más a menudo, el simbolismo oculta una búsqueda muy concreta y la espera de un mañana mejor que dé sentido a los sufrimientos de hoy.

Podría decirse que, cuando las cosas van bien, el futuro no nos preocupa; mientras que cuando van mal, nos sostiene y nos anima la esperanza de que mañana puedan cambiar para mejor. Es la necesidad profunda de esperar un mundo nuevo, diferente, no solo para mí, sino para todos.

El mundo de hoy expresa un “grito” que concierne a toda la humanidad. Aunque no nos afecte directamente, basta con mirar los informativos o hojear los periódicos para darnos cuenta de tragedias de todo tipo. ¿Cómo las vivimos nosotros? ¿Nos acostumbramos y tratamos de sobrevivir o por el contrario, nos dejamos interpelar por el futuro y actuamos en consecuencia?
El mundo que imaginamos, ciertamente, aún no existe; y, sin embargo, como recordaba George Orwell, es posible. Pero ¿cuál, entre los posibles mundos? ¿Qué podemos hacer nosotros? Una respuesta la encontramos en el pensamiento de Albert Camus: «La verdadera generosidad hacia el futuro consiste en darlo todo al presente» [1]

El futuro, por tanto, no es solo algo que hay que esperar, sino que puede prepararse y, en cierto modo, anticiparse ya desde ahora. Depende de nuestra actitud y de nuestras acciones cotidianas. No sabemos cuándo veremos los frutos del cambio: es como una semilla silenciosa que crece sin que nos demos cuenta y que, con el tiempo, se convierte en una planta capaz de nutrir, proteger y generar vida a su alrededor.

La sorpresa es que no podemos imaginar las consecuencias: la novedad está garantizada. Será un futuro imprevisible, nacido de relaciones transformadas, de sentimientos compartidos y de una solidaridad que se hace acción.

Para convertirse en motor de cambio y de renovación de la sociedad se necesita valentía, dejarse interpelar por quien sufre, por quien está solo, por quien necesita nuestra ayuda o nuestro consejo. No estaremos exentos de dificultades y de luchas interiores, pero tampoco faltarán momentos de alegría y de auténtica plenitud.

Recientemente, en Florencia, tuvo lugar un evento para sensibilizar e implicar a los participantes en una caravana de fraternidad: una ocasión para reflexionar y compartir experiencias sobre cómo construir un futuro de paz desde distintos ámbitos: económico, sindical, reconversión industrial, ecológico, etc. Una acción que se quiere extender como una mancha de aceite a otras ciudades y países.

¡Ánimo! Seamos actores y no espectadores para que el futuro sea un presente de fraternidad, concordia y paz.

[1] (L’Hommerévolté, 1951).

Foto © Thophilong-Pixabay