El Instituto Universitario Sophialanza una nueva oferta formativa para el año académico 2026/2027, lo que representa un paso decisivo en el crecimiento de la institución y la expansión de su programa académico internacional. El nuevo programa ofrece un plan de estudios universitario integral (3+2), que integra dos ciclos de estudio completamente estructurados: la Licenciatura en Filosofía y Ciencias Humanas (cursos L-5/L-24) y la Licenciatura en Filosofía, Economía de Comunión y Medio Ambiente (Máster, curso LM-78).
El nuevo programa académico del Instituto Universitario Sophia parte de una convicción simple pero radical: el conocimiento no es una colección de información, sino una herramienta concreta para cambiar el mundo.
“En este cambio de época, marcado por la incertidumbre y la fragmentación”, afirma el rector Declan J. O’Byrne, “con este nuevo plan de estudios, Sophia reafirma su misión, asumiendo un papel estratégico en la formación de personas capaces de combinar el pensamiento crítico, las habilidades interdisciplinarias y de planificación, y la responsabilidad por el bien común. Esto sentará las bases para un futuro diferente, trabajando en los ámbitos de la sostenibilidad integral, la economía, la planificación social y territorial, y la innovación”.
Gracias a la colaboración institucional con la Universidad de Perugia (Italia), ambos programas conducen a una doble titulación académica, tanto eclesiástica como estatal, con plena validez en el sistema universitario italiano y reconocimiento internacional.
La Licenciatura y el Grado
La Licenciatura en Filosofía y Ciencias Humanas (L-5/L-24) es un programa de estudios que ofrece una formación interdisciplinaria centrada en la comprensión de la persona en todas sus dimensiones cognitivas, emocionales, relacionales y sociales. Prepara a los estudiantes para continuar sus estudios, acceder a la docencia y desempeñar roles educativos, sociales, de planificación y culturales.
El Máster en Filosofía, Economía de la Comunión y Medio Ambiente (LM-78) desarrolla la metodología interdisciplinaria de Sophia en los ámbitos de la economía, la sostenibilidad integral y la gobernanza, formando profesionales capaces de comprender y apoyar los procesos económicos, sociales y organizacionales. El programa promueve la reflexión crítica sobre los modelos económicos contemporáneos y orienta la búsqueda de soluciones éticas y sostenibles, especialmente en los campos de la ecología, el desarrollo urbano, organizacional y comunitario.
El enfoque en la Economía de la Comunión y la Economía Civil hace que este programa sea único en el panorama académico italiano e internacional, ofreciendo a los estudiantes herramientas para comprender y transformar los sistemas económicos contemporáneos, contribuyendo así concretamente a la construcción de economías sostenibles, inclusivas y generativas. La formación propuesta prepara a profesionales capaces de liderar procesos de responsabilidad social de empresa, desarrollar proyectos de innovación sostenible, trabajar en la regeneración regional, asumir roles en empresas, entidades públicas y el tercer sector centrados en el desarrollo humano y la sostenibilidad integral, y contribuir a la construcción de modelos económicos resilientes adaptados a escenarios complejos.
También se ofrecen programas de doctorado en Ciencias Humanas y Cultura de la Unidad, completando así la oferta académica del Instituto.
Dos sedes en el corazón de la Toscana (Italia)
Con el próximo año académico, Sophia inaugurará un nuevo campus en Florencia (en el Instituto afiliado a la Facultad de Teología de Italia Central), que albergará el programa de licenciatura. Elegir Florencia brinda acceso a las oportunidades académicas, profesionales y culturales de una de las ciudades universitarias más prestigiosas de Europa.
El Máster sigue estando arraigado en el campus internacional de Loppiano, que ofrece un ambiente internacional e intercultural donde estudiantes de muchos países tienen la oportunidad de compartir sus estudios, su vida cotidiana y sus experiencias educativas.
La fuerza de las relaciones académicas: un docente por cada cinco estudiantes
Uno de los elementos distintivos de la vida académica en Sophia es la proporción de estudiantes por profesor, aproximadamente 1:5. Esto permite una atención personalizada, un diálogo constante y un ambiente de estudio que valora las relaciones como parte integral del proceso de aprendizaje. El modelo Sophia trasciende las clases magistrales multitudinarias y promueve una enseñanza interactiva y centrada en el alumno, con énfasis en la calidad del contenido y el desarrollo de habilidades críticas, interpersonales y de planificación.
Una red de valiosos socios
La calidad de la vida académica en Sophia también está garantizada por la oportunidad de acceder a una experiencia de estudio personalizada y accesible internacionalmente, gracias a una selecta red de socios que apoyan las actividades educativas y ofrecen oportunidades concretas de prácticas e inserción profesional en contextos internacionales, entre los que se incluyen: ASCES-UNITA, Sophia ALC (Latinoamérica), Together for a New Africa, Economía de Comunión Corea, Ethos Capital y Consulus.
La esperanza cristiana no es huir de la realidad. Nace en un lugar sin luz, en ese punto estrecho que es una tumba amurallada, en donde Dios ha volcado el juicio de este mundo. Justamente por ello se atreve a hablar en un tiempo de guerras (Gaza, Kiev, Darfur, Teherán) y de cientos de millones de personas que no saben cómo llegar al día de mañana.
Nuestros días se encuentran entretejidos con justas esperanzas: salud, un trabajo que no sea precario, un poco de paz o una justicia que no sea solamente una palabra. Pero cuando ellas se vuelven nuestro único horizonte o las sacralizamos como ídolos o, frente a la primera fractura seria, nos refugiamos en el cinismo y en la resignación.
La Pascua no borra esas esperanzas, las quita de su centralidad. Las coloca en un “Otro” y, justamente por eso, las preserva. El amor más fuerte que la muerte no nos quita el peso de tener que actuar; más bien rompe la ansiedad de tener que salvar el mundo únicamente con nuestras manos.
La última palabra sobre la historia no es la nuestra, ni la de los vencedores de turno. Es la palabra pronunciada sobre el cuerpo de Jesús. Y la palabra de la Pascua desmiente con anticipación toda pretensión de la muerte de ser definitiva. Para Pablo, la resurrección de Cristo no es un episodio aislado en la biografía de Jesús. Es la apertura de una escena nueva a la que la humanidad entera se ve arrastrada: «Como en Adán todos mueren, así en Cristo todos recibirán la vida» (1 Cor 15,22). Los Padres siguieron ese rastro sin atenuarlo: la resurrección es la plenitud de la naturaleza humana en su totalidad, no el privilegio de pocos afortunados. En Cristo, Dios contempla ya la plenitud de la familia humana: los rostros de los refugiados en el Mediterráneo, de los que atraviesan el Sahara, de los civiles escondidos en los sótanos de Darfur. Por eso toda herida a la dignidad, todo cuerpo descartado, no es solamente injusticia social; es profanación de una humanidad que fue pensada y amada dentro de la luz del mismo Resucitado.
Pablo amplía aún más la mirada: «toda la creación gime y está con dolores de parto» (Romanos 8,22). No gime solo la conciencia humana, sino también el suelo, el aire y los mares. En 2026 el lenguaje de los “dolores de parto” ya no suena como un piadoso simbolismo: lo leemos en las inundaciones, en la cosecha incierta, en las poblaciones que tienen que trasladarse porque el agua se ha acabado. Este gemido tiene la forma de una protesta; la creación rechaza el hecho de ser tratada como material descartable, y la Pascua le da voz. En Cristo resucitado, toda explotación de la tierra se nos presenta ya como lo que es: una opción en contra del futuro de todos.
Entonces, ¿cómo vivimos entre una realización ya inaugurada y una historia aún atravesada por demasiados fracasos? No con la parálisis ni con un optimismo de fachada. Vivimos sabiendo que nada de lo que es auténticamente bueno debe perderse: un gesto de acogida, la opción por una renuncia o un trabajo honesto encarado en condiciones complicadas. Benedicto XVI recuerda que «toda acción seria y recta del hombre es una esperanza real» e incluye entre esos compromisos también trabajar por un mundo más humano, sostenido por la gran esperanza que se apoya en las promesas de Dios (Spe Salvi, 35). Podemos decir más aún: no es algo que se le añade al Reino desde afuera, sino que es ya un fragmento visible de él. La realización le pertenece a Dios, y sin embargo Dios se empecina también en pasar a través de nosotros. Cuando nos esforzamos en trabajar por los refugiados, por el desarme, por condiciones de trabajo menos deshumanas o por una paz concreta y no retórica, no estamos simplemente “preparando” algo que llegará después. Estamos dejando que la vida del Resucitado tome forma, humilde y frágil, dentro de nuestro tiempo.
La esperanza pascual no queda como una idea o un pensamiento; sino que adquiere corporeidad. La resurrección dice que las lógicas de muerte no tienen la facultad de decidir el resultado final, y por ello toda guerra, todo sistema de explotación, toda indiferencia lúcida ya ha quedado desenmascarada y desprovista de sentido último por la tumba vacía. En el sepulcro de este mundo, algo ya ha cambiado para siempre: la vida ha comenzado a remontar las grietas de la historia. No cómo consuelo vago ni como “recompensa” en otro lugar indefinido, sino como una realidad que, en Cristo, ya ha sido entregada a la humanidad y a la creación entera. En el juicio de Dios revelado en Pascua –un juicio que libera, que no aplasta– se ha decidido una vez para siempre que la muerte no podrá jactarse de tener la última palabra sobre nadie y sobre nada.
Esta es la gran esperanza.
¡Felices Pascuas!: es una esperanza que no queda encerrada dentro de una iglesia, sino que pone sus manos en la historia.
Cuarenta y cinco participantes de nueve países europeos se han encontrado del 30 de enero al 1 de febrero en la ciudadela ecuménica de los Focolares de Ottmaring, cerca de Munich, para reflexionar acerca de la necesidad de renovar una pasión por Europa y un diálogo capaz de unir. En el paisaje nevado de la ciudadela fundada por Chiara Lubich en 1968, conviven focolarinos y miembros de la Fraternidad de vida comunitaria que tiene sus orígenes en el mundo evangélico.
Jesús Morán, copresidente de los Focolares, dio comienzo al evento recordando que el motivo del Congreso Europeo es para pensar a la luz del carisma de la unidad, del que también ha nacido el Focolare Cultura Ottmaring –un grupo de focolarinos de varios países europeos que se dedican al diálogo entre las culturas–. «Sin embargo, no estamos reunidos –subrayó Morán– para elaborar un programa operativo, pues las acciones concretas ya existen, como la experiencia de Juntos por Europa, la formación de los jóvenes y de los políticos en Bruselas, o el diálogo con los políticos de izquierda, llamado Dialop. No necesitamos tampoco hacer una declaración de intenciones. Estamos aquí sobre todo para cultivar la pasión por Europa, convencidos de que el carisma de la unidad es un regalo para Europa, así como Europa lo es para el carisma». El corazón del método propuesto es la escucha recíproca: «Dar hospitalidad al Espíritu y los unos a los otros», dejar que el diálogo nazca de la relación.
Muchas reflexiones se refirieron a la fractura entre Europa occidental y oriental. Una frase, referida por Peter Forst y pronunciada por una joven del Este, resume la tensión que hoy atraviesa el continente: «Ya no nos queremos». De allí nace el interrogante: ¿Europa occidental escucha realmente la voz del Este? ¿Lee sus autores? ¿Comprende sus heridas?
Anja Lupfer insistió en el método de la escucha creativa. No hay que buscar respuestas inmediatas, sino dejar a un lado prejuicios para encontrarnos con el otro, «No buscamos el diálogo como objetivo –remarcó– buscamos al otro». Es una invitación a una comprensión no competitiva, capaz de descender «a los abismos del otro», superando la ilusión de un espacio cultural neutro. Incluso dentro de los Focolares surgen diferencias que exigen relatos compartidos y una confrontación más sincera.
Klemens Leutgöb recordó el entusiasmo de los años de la década de 1990, tras la caída del Muro de Berlín y advirtió que la fractura ha vuelto a aparecer. Para superarla hay que afrontar incluso los temas que dividen –desde la teoría de género al problema nuclear– sin evitarlos. La diversidad se vuelve recurso solamente cuando se la atraviesa juntos. Forst agregó un episodio: durante un viaje al Este europeo en 2023, muchos hablaban del pasado, acusando al Occidente de que habían erosionado valores como la familia y la fe. «El presente puede dividir –comentó– pero nuestro pacto de unidad tiene que ser más fuerte». «La evaluación de los eventos –concluyó– puede ser distinta, pero en la experiencia de Chiara Lubich, conocida como Paraíso ’49”, ella habla de una verdad que acoge las contradicciones en la unidad. Dice Chiara: “Cuando estamos unidos y él (Jesús) está presente, entonces ya no somos dos sino uno. De hecho, lo que yo digo no soy yo quien lo dice, sino yo, Jesús y tú en mí. Y cuando tú hablas no eres tú, sino tú, Jesús y yo en ti”».
Francisco Canzani recordó una pregunta recurrente: «Si tú me quieres, ¿por qué no conoces mi pena?». A menudo falta tiempo o coraje para escuchar en serio. El diálogo nace de la vida concreta, no de programas. Concluyó con un cuento judío: dos hermanos durante la noche le llevaban al otro trigo de manera escondida, tomándolo de sus respectivos almacenes. No entendían por qué el nivel de sus graneros estaba siempre igual. En ese lugar, una noche, se encontraron, entendieron y se abrazaron. Allí se construiría el Templo de Salomón. Es la imagen perfecta de la fraternidad.
Un ejemplo concreto de este espíritu es el focolar “Proyecto Europa” de Bruselas, narrado por Luca Fiorani, Letizia Bakacsi y Maria Rosa Logozzo: una ex pizzería trasformada en casa de diálogo entre parlamentarios, refugiados, funcionarios y jóvenes, en el silencio de las redes sociales y en la simplicidad del encuentro. Una iniciativa que ha sido posible también por el diálogo estructurado previsto por el Tratado sobre el funcionamiento de la Unión Europea.
El grupo del diálogo multipolar ha dado testimonios fuertes de las heridas del Este. Palko Tóth recordó a los jóvenes soldados rusos sepultados en Budapest: «Ellos también son hijos nuestros». Muchos del Este viven una desilusión respecto del Oeste. Para sanar esas heridas nacerán nuevos talleres de diálogo, como el encuentro internacional en Transilvania sobre las identidades relacionales.
Franz Kronreif y Luisa Sello ilustraron acerca de Dialop, un recorrido de diálogo entre la izquierda europea y el mundo católico, inspirado incluso en el “Paraíso ’49”. El proyecto, alentado por Benedicto XVI y por el papa Francisco, trabajó sobre grandes temas éticos con la lógica del “consenso diferenciado y disenso cualificado”.
Muchos testimonios enriquecieron el encuentro. Una pareja rusa dividida por relatos opuestos acerca de la guerra en Ucrania; una pareja de la región Tirol del Sud en Italia, acostumbrada a convivir con idiomas y culturas diferentes; un sacerdote eslovaco preocupado por la pérdida del sentido religioso en Europa occidental.
En las conclusiones, Morán les recordó a todos el misterio de Jesús Abandonado como clave de la identidad europea. Mencionó también el crucifijo de San Damián –“el Dios que viene de Europa”–. Europa ha universalizado el Evangelio pero lleva consigo también sombras históricas como la colonización, las guerras y el nihilismo. Pero justamente allí nace el carisma de la unidad. «No se trata de superioridad –dijo– sino que es cuestión de custodiar lo que Europa aún puede donar al mundo; sobre todo pueda dar a Jesús Abandonado».
Por eso es necesaria una “mística relacional cotidiana”, hecha de diálogo, redes vivas e iniciativas culturales y políticas. Todo lo que existe –Juntos por Europa, el diálogo multipolar, el Focolar Cultura, “Proyecto Europa” de Bruselas, Dialop– forma parte de una única trama que hay que custodiar y hacer que crezca. «Hay que ir adelante, mantener viva la red, cada uno en su propio compromiso».
Desde el 26 de enero hasta el 1 de febrero de 2026 Roma ha hospedado a 100 jóvenes líderes políticos de 36 países para la conclusión del I año del programa bienal de formación a la política “Una humanidad, Un planeta: liderazgo sinodal”, el desafío de un estilo diferente de governance a partir del paradigma de la fraternidad.
Tras este recorrido de trabajo online en 16 comunidades de aprendizaje, se han encontrado para un hackathon político –literalmente una maratón creativa y de colaboración– dedicada a lo que hoy hiere mayormente el tejido social global: corrupción, desigualdades, violencia difundida, transición digital sin ética, emergencia ecológica, participación cívica en decadencia. El programa, promovido por el Movimiento Político por la unidad y por la ONG New Humanity con la Pontificia Comisión para América Latina, apunta a restituir a los jóvenes un rol activo en los procesos decisionales, desde lo local hasta lo global.
Mira el vídeo con las entrevistas a jóvenes de diferentes países. Activa los subtítulos y luego elige el idioma que prefieras.
«Los exhorto a cooperar cada vez más en el estudio de formas participativas que involucren a todos los ciudadanos… Sobre estas bases será posible edificar esa fraternidad universal que ya entre ustedes jóvenes se anuncia como signo de un tiempo nuevo».
Con estas palabras, el Papa León no alentó simplemente a cien jóvenes líderes políticos reunidos en Roma; “reconoció” su misión. Vio en ellos lo que muy a menudo a la política tradicional le cuesta ver: que el futuro nacerá de procesos inclusivos, no de contraposiciones. Nacerá de comunidades vivas, no de estructuras rígidas; de una fraternidad que no es un sentimiento ingenuo, sino una categoría política concreta.
El 31 de enero pasado eran cien, en la audiencia, de 36 países; en Roma para la semana conclusiva del primer año de la escuela política plurianual “One Humanity, One Planet” (una humanidad, un planeta). Siete días que han confirmado en ellos que la fraternidad no es un ideal. Es un método ya, un estilo, una práctica cotidiana. Provenían de un recorrido de trabajo online en 16 comunidades de aprendizaje, se encontraron para un hackathon político – literalmente un maratón creativo y colaborativo– dedicado a lo que hoy hiere más el tejido social global: corrupción, desigualdades, violencia difundida, transición digital sin ética, emergencia ecológica, participación cívica en decadencia. El programa, promovido por el Movimiento Político por la Unidad y por la ONG New Humanity con la Pontificia Comisión para América Latina, que apuntaba a devolver a los jóvenes un rol activo en los procesos decisionales, desde lo local hasta lo global.
El Santo Padre ofreció una visión tan exigente como liberadora. Les pidió a los jóvenes que miraran al mundo a través de la lente de la escucha y de la colaboración entre culturas y credos diferentes; que buscaran la paz no como concepto abstracto, sino como opción cotidiana en los lugares en donde viven, estudian y trabajan. Les dijo que construyeran políticas capaces de involucrar a todos los ciudadanos, hombres y mujeres, en las instituciones. Recordó que la paz es un don, una alianza y una promesa al mismo tiempo, y que ninguna sociedad se podrá llamar justa si sigue excluyendo a los débiles, ignorando a los pobres, si sigue siendo indiferente a los refugiados y a las víctimas de la violencia.
Jesús Morán – Pasquale FerraraEmilce CudaJavier Baquero – Margaret Karram
La presidenta de los Focolares, Margaret Karram, cuando se vio con ellos, les habló de una cultura política nueva, fundada en la fraternidad, siguiendo la línea de lo que Chiara Lubich había dicho, la fundadora de los Focolares. Los alentó a “vivir” un liderazgo que ponga en el centro el nosotros, que genera confianza, que busca convergencia en la diversidad. No es un método para pocos, sino un enfoque exportable a todas partes, a los partidos, a los movimientos sociales, a la sociedad civil.
Los testimonios de los participantes lo confirman con fuerza. Cristian, de Argentina, cuenta: “Es la experiencia de fraternidad universal más importantes de mi vida… cada uno de nosotros, con su idioma, con sus danzas y su carisma, ha creado la sinfonía de una armonía global”. Para Joanna, polaca residente en Italia, la experiencia ha sido “un estímulo al compromiso concreto”, alimentado por talleres, buenas prácticas y encuentros con parlamentarios italianos y coreanos. Zé Gustavo, de Brasil, habla de una “experiencia intensa y provocadora”, capaz de volver a encender una esperanza adulta, lúcida, nacida no de la ingenuidad, sino de las cicatrices de la política vivida. Y Uziel, de México, lo resume todo en una frase simple y verdadera: “Esta es la verdadera globalidad”.
Ahora la escuela entra en su segunda fase, involucrando a 600 jóvenes de los cinco continentes para continuar compartiendo visiones, instrumentos y acciones de impacto real.
Roma, durante una semana, ha sido un laboratorio vivo de lo que la política podría volver a ser: un lugar generador. Una palestra de fraternidad. Un espacio en el que las diferencias dejan de ser muros y se vuelven la materia prima del futuro. Un testimonio, concreto y visible, que otra política no solo es posible, sino que ya ha empezado.
Un momento para compartir y de intercambio que desde Trento, su ciudad natal, hasta la región de los Castelli Romani y también hasta Roma, ha trazado el camino de la Fundadora de los Focolares haciendo visibles los frutos en los territorios y en las comunidades.
Durante el evento intervinieron: Franco Ianeselli, alcalde de Trento; Mirko Di Bernardo, alcalde de Grottaferrata (cerca de Roma); Massimiliano Calcagni, alcalde de Rocca di Papa (cerca de Roma); Francesco Rutelli, exalcalde de Roma, que en el año 2000 le entregó a Chiara Lubich la ciudadanía honoraria de la capital; Mario Bruno, exalcalde de Alghero e corresponsable del Movimiento Humanidad Nueva de los Focolares; Giuseppe Ferrandi, director de la Fundación Museo histórico de la región Trentino. La exposición, instalada en el Focolare Meeting Point (Via del Carmine 3, Roma) y realizada por el Centro Chiara Lubich con la Fundación Museo histórico de la región Trentino, permanecerá abierta durante todo el año 2026.
Vea el vídeo con las entrevistas a los alcaldes presentes. Original en italiano. Para otros idiomas, active los subtítulos y seleccione el idioma.