29 Oct 2019 | Sin categorizar
¿Cómo es la situación en Fontem? Siguen llegando solicitudes de información sobre la primera ciudadela surgida en tierra africana, en la región Suroeste, donde todavía está en curso un conflicto armado. Publicamos la reciente carta de los responsables de los Focolares de Etiènne Kenfack y Margarit Long, quienes actualmente residen en Duala, a 300 kilómetros al sur de Fontem, más o menos. ¡Queridísimos amigos de Fontem en todo el mundo! Gracias por el gran interés con el que están siguiendo nuestra situación. Su participación nos da alegría, consuelo y ánimo para seguir adelante. La crisis socio-política en esta zona que ha provocado también actos de violencia todavía no se ha resuelto. Actualmente ya no hay balaceras, pero la situación sigue siendo tensa. A pesar de todo la vida sigue adelante. Y aunque sólo podemos ofrecer un servicio reducido en nuestro hospital, la gente sigue pidiendo ayuda. En los últimos meses, 1894 personas han hecho consultas. 644 de ellas han sido internadas, entre las cuales 36 mujeres has dado a luz a sus niños. Actualmente estamos en la estación de las lluvias y tratamos de darle el mejor mantenimiento posible a la central eléctrica para asegurar la electricidad a las estructuras más importantes. Un pequeño grupo también se quedó en nuestro Centro Mariápolis. Junto a otros forman un equipo maravilloso que cuida los ambientes externos para evitar, a causa del clima tropical, que la selva invada todo el terreno. Hace poco, con gran alegría de todos, el obispo Nkea mandó nuevamente un sacerdote a Fontem. Es una fuerte señal y un signo tangible de la premura del Obispo hacia el pueblo Bangwa. El sacerdote está en estrecho contacto también con los responsables locales de nuestra comunidad focolarina. Su presencia ha dado un nuevo impulso a la participación en los sacramentos, sobre todo en la Santa Misa cotidiana y dominical. En estos meses se recordaron en modo solemne los aniversarios de fallecimiento de dos de los pioneros de Fontem, Pía Fatica y Fides Maciel sepultados en nuestro cementerio. A menudo nos preocupa que hay quien trata de aprovecharse de los medios con motivos políticos. A veces nos damos cuenta de que giran informaciones que no son exactas, por lo tanto les pedimos que reciban con responsabilidad y mucha prudencia las noticias que giran sobre Fontem, también a través de canales personales en las redes sociales, y de verificar las fuentes de tales informaciones. Nuestra “estrategia” en esta crisis es aumentar la comunión y la colaboración entre todos los de la ciudadela para llegar a decisiones compartidas. Como pueden imaginar no siempre es fácil; a veces es necesario intentar una y otra vez, tomarse el tiempo para escucharse recíprocamente. Pero al final todos se dan cuenta de que es el único modo para ir adelante juntos y seguir dando testimonio de la vida que Chiara Lubich ha traído a esta tierra. ___________________ Araceli y Charles son los responsables de la comunidad de los Focolares de la primera ciudadela africana. Hacen el balance de la situación y cuentan cómo se desarrolla hoy la vida. https://vimeo.com/363579241
27 Oct 2019 | Sin categorizar
La historia de Dorotka y su familia “Algo más” es el título de una película que cuenta la historia de Dorotka, una adolescente de Bratislava, Eslovaquia, que padece el síndrome de Down. Una anomalía genética que, a pesar de las dificultades, pronto se convierte en un “valor agregado” para todos los que la rodean.
Su madre Viera cuenta lo que sucede en el corazón de una familia cuando se encuentra esperando a un niño con síndrome de Down: ¡Fue un shock! No lo esperábamos y nunca antes habíamos visto a una persona así. Pero Dorotka se parecía a los otros cuatro niños, y sabíamos que ante una situación desconocida el pánico no ayuda, hay que mantener la cabeza fría. Pero en secreto, en algún lugar de mi alma, tenía miedo de que no pudiéramos amarla. Con el tiempo, comenzaron a suceder cosas extraordinarias. Muchas personas preciosas han llegado a nuestras vidas, nos han ayudado mucho y todavía nos están ayudando hoy. Las relaciones en la familia se han fortalecido. Nuestros cuatro hijos mayores se han vuelto más sensibles, amorosos y toda la familia está unida como nunca antes. ¿Cómo se pasa de la sorpresa a sentir esto como un regalo? El nombre Dorotka significa don de Dios. Ya le dimos este nombre durante el embarazo, seguros de que Dios nunca da malos regalos. Habíamos recibido algo que no entendíamos pero lo sentimos como prueba para nuestra confianza en Dios. Claramente sentimos que esta era la voluntad de Dios para nosotros. Un amigo nuestro nos envió una nota con este texto: “Esta es la verdadera felicidad porque está construida sobre el dolor”. ¿Por qué decidieron compartir esa experiencia con otras familias? Un médico nos presentó a otras familias que tenían niños pequeños con síndrome de Down. Juntos hicimos varias terapias, compartimos nuestra experiencia y fundamos una asociación llamada “Up-Down syndrome”. Queríamos que los niños crecieran juntos, para que no estuvieran ligados solo a su familia, para prepararlos para una cierta independencia. Así fundamos el teatro «Dúhadlo», que abre nuevos horizontes para los niños a través de la dramaturgia. ¿Cómo surgió la colaboración con la Universidad de Bratislava? Un amigo nuestro enseña ética médica en la Facultad de Medicina. Hace nueve años me invitó a contar nuestra historia a los estudiantes y hacerles conocer mejor el síndrome de Down. Estoy muy agradecido por esta posibilidad. Sentimos que los médicos jóvenes aún podían ser influenciados y con los años siempre hemos tenido reacciones positivas de los estudiantes.
“Algo más” es el título de la película que cuenta la vida de Dorotka en su vida cotidiana, entre alegrías y dificultades. ¿Por qué este título? Al principio, la intención era hacer un video corto para el Día Mundial del Síndrome de Down. Pavol Kadlečík, el director, no tenía experiencia con estas personas y estaba tan asombrado que decidió hacer una película más larga. Ninguno de nosotros sabía que se produciría un documental tan hermoso. El síndrome de Down es una enfermedad genética en la cual el cromosoma 21 no forma un par, sino un triplete. Por lo tanto, este diagnóstico también se llama Trisomía 21. Esto significa que estas personas tienen un cromosoma adicional y a menudo se lo conoce como el cromosoma del amor. Hay algo más en ellos que tienen esta capacidad especial de amor incondicional. En la película no hay ficción narrativa, cuenta la vida cotidiana de la protagonista junto con su familia, compañeros de clase, de teatro y de música, con luchas, alegrías, conquistas, decepciones. Un testimonio del amor recíproco en esta familia y del sí a la vida. Dorotka, ¿te divertiste actuando en una película completamente dedicada a ti? Cuando estaba parada frente a la cámara a veces estaba un poco ansiosa y tenía miedo del escenario, por lo que era difícil no mirar directamente a la cámara. Pero el camarógrafo fue genial y me encantó. Pavol ha hecho felices a todos con la idea de esta película y me gustaría continuar con una nueva. ¿Qué te gustaría decir a las personas que leen esta entrevista? Me convertí en actriz para hacerte feliz. Busca el amor por los demás.
Claudia Di Lorenzi
25 Oct 2019 | Sin categorizar
Los Chicos por la Unidad de Oceanía fueron al Lago Mungo para conocer la vida y la cultura de los aborígenes. Una experiencia única que ha abierto de par en par el corazón y los brazos. https://vimeo.com/363578698
23 Oct 2019 | Sin categorizar
Salir de la dependencia del juego, pero no solo. La historia de Christian Rigor, filipino, quien en la Fazenda de la Esperança encontró también a Dios y el sentido más profundo de su existencia. Cuando pensamos en la idea de “apuntar a lo alto” nos vienen a la mente distintas metas. Objetivos laborales, proyectos personales, sueños por los cuales luchar. Esos “desafíos” son a menudo totalizantes y les dedicamos buena parte de nuestra vida. Pero hay metas y metas, con un valor subjetivo o colectivo. Metas que para alcanzarlas debes hacer un camino, dejarte confrontar, desarrollar un sentido de responsabilidad hacia la colectividad, abrir tus horizontes a mundos lejanos. Y metas que llevan a encerrarse en uno mismo, que atascan a la persona dentro de sus intereses personales, que la aíslan y a veces se vuelven destructivas. Los objetivos que nos planteamos marcan el camino de nuestra vida. Pero se puede cambiar de camino. Bien lo sabe Christian Rigor, treintañero de Filipinas. Tuvo una infancia serena en una familia acomodada que le aseguró estudios universitarios y una especialización en Europa. Un chico con una vida social plena, pero vivida con el deseo de “hacer dinero” fácilmente, sin esfuerzo. Una superficialidad que le resultó fatal la primera vez que entró en un casino. Allí empezó su dependencia del juego de azar, cuando tenía 20 años. Un chico embriagado por las primeras victorias, que pronto cayó víctima de la exaltación del juego, atrapado por la necesidad de recuperar las inevitables pérdidas. Fue un capítulo oscuro de su vida en el que se enfocó en metas equivocadas, a lo largo del cual perdió amigos, el trabajo, a su novia, y la confianza de sus familiares. También dejó de buscar el bien para sí mismo, y arriba de una cornisa del 24° piso de un edificio llegó al punto más bajo de su existencia. El cambio empezó cuando, animado por su madre, decidió entrar en la Fazenda de la Esperança – un proyecto con estructuras en varios países del mundo y que lleva en su ADN la espiritualidad de la unidad, en la que se inspiraron sus fundadores. Allí empezó a hacer un programa de rehabilitación dedicado a personas con distintos tipos de dependencias. “A lo largo del programa aprendí a ver más allá de mí mismo, más allá de mis egoísmos y superficiales deseos mundanos, a vivir por un fin superior. Aprendí a mirar hacia lo alto y encontré a Dios… Es así que aprendí a amar, a Dios y a los demás, en lo que hago en el momento presente, también cuando es difícil y doloroso”. En la Fazenda de la Esperança la vida transcurre marcada por tres dimensiones: la espiritual, la comunitaria y la laboral. Cada una ofrece una posibilidad de maduración personal. “Como católico, aprendí a profundizar mi relación personal con Dios, a escuchar y vivir Su Palabra, a buscar la unidad con Él en la Santa Misa, y a rezar como cuando se habla con un amigo”. La vida comunitaria le enseñó que “para amar plenamente a Dios necesito amar a las personas que tengo a mi alrededor, y ver a Jesús en ellas”. Lo entrenó a ir más allá de las diferencias para servir a cada hermano. A compartir la comida, a escuchar a los compañeros tristes, a hacer los quehaceres domésticos. En el trabajo, fatigoso u ordinario, Christian aprendió a dar lo mejor de sí, “sin importar lo difícil, físicamente exhaustivo, aburrido, sucio o desagradable que podía ser”. A lo largo del camino de recuperación le pidieron que fuera coordinador de sus compañeros: “Fue difícil para mí modular la gentileza y firmeza, sobre todo cuando había peleas. Una vez fui acusado injustamente de un robo, no me sentía amado. Quería rendirme, pero después decidí quedarme porque quería sanar de la dependencia y ser una persona nueva. Me puse a amar en cada momento, a pesar de los juicios de los demás. Le pedí ayuda a Dios y lo sentí todavía más cercano”. Hoy Christian afronta el desafío de la vida fuera del contexto protegido de la Fazenda, y delante de las tentaciones del juego de azar encuentra refugio en Dios. De hecho ha descubierto que la felicidad auténtica la encuentra apuntando a metas altas: “Me di cuenta de que la felicidad la encuentro cuando amo a Dios, cuando lo siento presente en la oración, en las personas que encuentro, en la actividad que desempeño, cuando amo en el momento presente. Para apuntar hacia lo alto no hace falta hacer grandes cosas, basta hacerlas con amor. Éste es hoy mi estilo de vida”.
Claudia Di Lorenzi
21 Oct 2019 | Sin categorizar
El video-blog de Ana Clara Giovani, periodista brasileña, que participó en el evento. https://vimeo.com/363578362
20 Oct 2019 | Sin categorizar
Diez días ininterrumpidos de protestas, con centenares de detenidos y cinco víctimas fatales. Un llamado al diálogo por parte de los obispos y de la ONU/Ecuador que finalmente da sus frutos. El compromiso de los Focolares para dar un aporte a la paz. Desde el pasado 2 de octubre, día en el que el presidente del Ecuador Lenín Moreno anunció un paquete de medidas de austeridad, dejando sin efecto, entre otras cosas, los subsidios al combustible con el consiguiente aumento del precio de numerosos bienes de consumo, en Ecuador las protestas no cesan y se ha declarado el estado de emergencia. El país sudamericano, con más de 17 millones de habitantes (el 71.9% mestizos, el 7.4% montubios, el 7.8 % afro-ecuatorianos, el 7.1 % indígenas y el 7 % blancos), se encuentra en buscando un equilibrio entre protestas pacíficas, pero basta muy poco para que se vuelvan violentas y provoquen la acción represiva de las fuerzas del orden. “La paz ha terminado”, me escribió ese día un joven ecuatoriano, mandándome un video que mostraba los tanques anti disturbios en la plaza. También me escribió una amiga algunos días después: “He oído frases xenófobas y algunas historias de mestizos e indígenas engañados y luego atacados. Experimenté un fuerte dolor por la muerte de mujeres y niños. Al amanecer bombardearon por sorpresa y dicen que hay 5 muertos. A pesar del dolor encontré una población pacífica, que durante la protesta usaba las siguientes armas: agua en grandes cubos para apagar los incendios causados por las bombas, bicarbonato, vinagre, máscaras para proteger el rostro de los gases, ramas de eucalipto En la primera línea había jóvenes entre los veinte y los treinta años que no tenían miedo de morir. Por la noche ya no estaban los indígenas, pero llegaron a la plaza personas de toda edad y color, tal vez unas 30 mil, toda gente desilusionada porque el Gobierno no responde, e incluso la Asamblea nacional se ha declarado de vacaciones. Por todo ello, falta un canal de diálogo”. En este escenario delicado, los primeros en hacerse oír fueron los obispos junto con la ONU/Ecuador con una propuesta de diálogo, en particular entre los indígenas y el Gobierno. Después de haberse encontrado con las partes, convocaron a una reunión el domingo 13 de octubre. “Tenemos confianza en la buena voluntad de todos para establecer un diálogo de buena fe y en poder encontrar una rápida solución a la compleja situación que vive el país”, escriben. El Movimiento de los Focolares también se ha comprometido a construir la paz. “En estos días vivimos esta dolorosa situación haciendo gestos de generosidad, yendo más allá de los temores y de nuestras convicciones, tratando de ponernos en el lugar del otro. Experimentamos una sensación de impotencia frente al choque entre hermanos. Queremos que nuestro actuar sea un compendio de corazón, mente y manos, preguntándonos: ¿lo que siento, pienso y hago es expresión de amor para con el otro, cualquiera que sea el otro? ¿Mi actuar contribuye al diálogo, a la paz? Creemos que todo ciudadano tiene el derecho de manifestarse en favor de la justicia y la democracia, rechazamos toda forma de violencia, de cualquier sector de donde provenga, y queremos que nuestro accionar ponga en luz la predilección por los menos privilegiados, como nos lo enseña el Papa. En el amor a Jesús en su abandono, que hoy se nos presenta con el rostro sufriente del hermano indígena, del agente de policía herido, del joven con el rostro ensangrentado, de los que sufren por sus seres queridos injustamente muertos, del periodista agredido, del que ataca al otro porque piensa distinto, del apático que prefiere ignorar lo que sucede, del que difunde noticias falsas, de los inmigrantes estigmatizados, queremos vivir con más radicalidad el Evangelio”.
En Ecuador los Focolares están trabajando en el diálogo entre las numerosas culturas presentes en el país. Un diálogo que hoy pareciera comprometido. “Esta situación difícil –nos siguen contando– podría hacernos pensar que todos los esfuerzos que hemos hecho, en gran parte con fatiga, en favor de un diálogo intercultural y de la unidad, hayan sido en vano. ¡Pero no! Tal vez Dios hoy nos convoca a cada uno de nosotros a intensificar nuestra vida cristiana y actuar como constructores de paz allí donde nos encontramos”. Y concluyen: “Pidámosle al Espíritu Santo que nos ilumine a todos para entender cómo proceder en estos momentos difíciles”. La cita es todos los días para el “time-out” por la paz. Mientras escribo (con más de 700 detenidos y 5 muertes), las partes en conflicto han llegado a un acuerdo y ha sido derogado el decreto anunciado el 3 de octubre, con el compromiso de emitir uno nuevo que involucre a las dos partes en su redacción. Ahora nos queda esperar que cesen las protestas y que vuelva la paz social.
Gustavo E. Clariá